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¿Qué está provocando el fracking bajo la superficie de Long Beach?

Fuentes: Counterpunch

Siempre me he preguntado, ¿cómo un derrame de petróleo puede ser llamado un accidente cuando sabemos que son inevitables? El reciente desastre en Santa Bárbara es un ejemplo de ello. El rotativo Los Ángeles Times informó que la base de Plains-Pipeline, ubicada en Texas, donde ocurrió una ruptura de una tubería en la costa – […]

Siempre me he preguntado, ¿cómo un derrame de petróleo puede ser llamado un accidente cuando sabemos que son inevitables? El reciente desastre en Santa Bárbara es un ejemplo de ello. El rotativo Los Ángeles Times informó que la base de Plains-Pipeline, ubicada en Texas, donde ocurrió una ruptura de una tubería en la costa – que provocó un derrame de 105 mil galones de petróleo – contaba con no menos de 175 infracciones de seguridad y mantenimiento desde el año 2006- . Sin embargo, Plains-Pipeline no fue sacada del negocio, de hecho la estación petrolera continuó dando » beneficios» . En 2014 la empresa registró unos 43 mil millones de dólares en ganancias, condenando así al medio ambiente. El mes pasado, el portal web OC Weekly publicó un artículo de investigación que escribí sobre el fracking (fracturación hidráulica) y producción de petróleo en Long Beach, en California, donde expongo que una catástrofe similar sólo podría ser un pequeño terremoto a la distancia…¿Hay alguien por ahí escuchando?- JF

Tal vez usted haya conducido junto a esta instalación durante la noche: se trata de varios paneles imponentes que están iluminados como una instalación de arte psicodélico, son una cascada de 45 pies de cantos rodados, que dan más bien la impresión de ser una isla artificial. Las estructuras pintadas de colores vivos, lucen bastante inofensivas, si embargo, su apariencia esta fuera de lugar, si tomamos en cuenta que lo que sucede detrás de la fachada de palmeras, algo que es profundamente controvertido y potencialmente peligroso.

Construidas en 1965, las cuatro islas conocidas como «Thums», nombre que le viene por las empresas que desarrollaron dichas instalaciones, y que cuentan en su haber con el diseño del primer sitio de la Texaco, Unocal, Mobil y Shell, todas creadas por el reconocido arquitecto y paisajista Joseph Linesch, quien tenía el don de convertir lugares detestables en vistosas estructuras.

Mientras que el Departamento de petroleo y gas (LBGO) de Long Beach opera las islas, una subsidiaria de propiedad de Occidental Petroleum (conocida como Occidental Long Beach Inc.) fue la encargada de llevar a cabo el trabajo de extracción de combustibles fósiles por debajo del suelo marino.

Las islas Thums incluyen porciones de Pier J. en el puerto de Long Beach, y se construyen a partir de un colosal suministro de piedra proveniente de la isla Catalina, de donde se extraen alrededor de 64 mil toneladas de piedra junto a 3.2 yardas cúbicas de arena. El propósito era explotar las vastas reservas del campo petrolero de Wilmington, que se extiende 13 millas de largo y 3 millas de ancho, desde la costa de San Pedro hasta aguas adentro en Seal Beach. Desde que fue descubierto por primera vez en 1932, los 6.150 pozos han sido taladrados en ese yacimiento petrolífero, actualmente casi 1.550 siguen activos.

Se estima que las reservas Wilmington contenían originalmente 3 mil millones de barriles de crudo, hoy en día se contabilizan alrededor de 300 millones de barriles que quedan en el tanque. En 1940, Long Beach empezó a hundirse como resultado de tanto aceite que se drena desde el subsuelo de la ciudad.

A principios de la década de 1950, el fenómeno llamado «hundimiento» estaba causando que el nivel de elevación de la ciudad descendiera aproximadamente 2 pies por año. Los resultados fueron destructivos: las calles agrietadas, tuberías deformadas y los edificios se volvieron inseguros. El hundimiento causó incluso movimientos sísmicos. En 1953, en Long Beach se iniciaron tareas de inyección de agua en los yacimientos de petróleo, y la subsidencia se detuvo.

Los pozos han sido una de las fuentes de ingresos para Long Beach, que representa 5% del presupuesto, casi el total de la ciudad, que durante los dos últimos años asciende a 80 millones de dólares. Esta ciudad ha utilizado casi todas las técnicas existentes para extraer el botín líquido fuera de la tierra, incluida la práctica conocida como fracturación hidráulica o fracking. El proceso consiste en disparar un virulento coctel de agua, arena y productos químicos a gran profundidad para forzar al petróleo y al gas natural a salir a la superficie. Fracking se utiliza normalmente en áreas geológicas difíciles donde otros métodos de extracción no pueden hacer el trabajo.

En marzo, el rotativo Weekly obtuvo un documento de dos páginas producido por LBGO, el cual estaba destinado para ser visto únicamente por los 11 miembros de la Comisión para la sostenibilidad de la Ciudad, que depende de la oficina del alcalde y asesora al ayuntamiento. Bajo el título » fracturación hidráulica en Long Beach «, la nota afirma que el fracking se inició en las islas Thums en la década de 1970 y se ha practicado constantemente en Long Beach desde mediados de la década de 1990, con un total de 196 pozos «fracturados» hasta ahora. El documento continúa diciendo que «LBGO ha seguido todas las normas federales y estatales (…) ha llevado a cabo de manera segura una operación de fracturación hidráulica y, al mismo tiempo, atiende con éxito muchas de las preocupaciones públicas».

Con esta nota extraña, LBGO parece estar tratando de defenderse de las críticas internas referidas a la contaminación de fuentes acuíferas, la proliferación del aire tóxico y terremotos asociados con las operaciones de fractura hidráulica que ellos han ejecutado en lugares como California, Oklahoma, Texas y Pensilvania, donde este tipo de problemas han sido bien documentados.

Ciudadanos de todo el país, incluyendo a muchos de California, quieren prohibir la práctica del llamado «fracking«. Su opinión sobre el daño al medio ambiente que genera este tipo de operaciones, es compartida por la comunidad científica.

El geólogo jubilado Dr. Tom Williams considera que el fracking no es lo único de lo que hay que preocuparse en Long Beach sino también de todas las operaciones petroleras y de gas. Con información privilegiada sobre la industria petrolera ahora asesora a varios grupos en Los Ángeles que se oponen al fracking. «Long Beach se encuentra sobre una bomba», asevera Williams, un hombre sensato que trabajó por más de 20 años en Parsons Oil & Gas y 10 años con el Gobierno de Dubai. «(Un terremoto causado por) la falla de Palos Verdes eventualmente golpeará, y las plataformas explotarán, y habrá un derrame masivo».

Esta predicción de Williams no es tan descabellada como podría pensarse. Un terremoto de 6,4 grados de magnitud sacudió significativamente a Long Beach en 1933, el mayor terremoto jamás registrado, que golpeó la costa sur de California (la línea de la falla de Palos Verdes, que corta directamente a través del puerto de Long Beach, tiene un potencial de movimiento telúrico equivalente a 7,25 de magnitud). Según los geólogos, no es una cuestión de si sucederá o no, sino, de cuán pronto ocurrirá. Cuando un sismo de tal fuerza golpea, no se puede realmente cuantificar el daño que causará a los proyectos de combustibles fósiles de Long Beach, en especial a las tuberías que transportan el petróleo bajo el lecho marino, las cuales movilizan hasta 155 mil barriles por día, desde las islas de petróleo a las refinerías en tierra en Torrence. (Los derrames ocurren. En 2013 se produjo una fuga en el puerto de Long Beach, hecho que dejó a las líneas de Thums temporalmente fuera de servicio).

La lucha contra el fracking se está extendiendo a través de California, con el apoyo brindado por los votantes que respaldan las medidas electorales que prohíben esta práctica en los condados de San Benito y Mendocino. Entre tanto, en las áreas de Los Ángeles y Beverly Hills se ha proscrito la práctica, y los residentes de Culver City, Carson y Baldwin Hills están presionando para aprobar resoluciones similares, de igual forma que los grupos de ciudadanos en Brea, del Condado de Orange.

Es un fresco domingo por la tarde, seis miembros del pequeño equipo de luchadores denominados «Detengan el Fracking en Long Beach (SFLB)» se reúnen, como cada dos semanas, en una cafetería en el pintoresco centro de Green House, con el objetivo de intercambiar ideas. La organización creada hace seis semanas y que ya cuenta con cerca de 300 miembros en su página de Facebook, se ha comprometido a averiguar lo que está pasando en, o más bien, por debajo de su ciudad. Ellos no creen el cuento del gobierno estatal que alega que el fracking es inofensivo y que no tienen de qué preocuparse.

«Sabemos a lo que nos enfrentamos», insiste Peggy O’Neil Rosales, una residente de Long Beach y miembro del SFLB. «Long Beach es la única ciudad en el país que cuenta con su propio Departamento de petroleo y gas. Eso te dice algo…? Claro, ellos nos explican que el fracking es una práctica segura, pero no hay absolutamente ninguna supervisión pública del proceso. Sabemos muy poco acerca de lo que realmente está pasando y cómo está afectando a nuestra comunidad», detalló Rosales.

Las autoridades municipales están haciendo todo lo posible para que siga siendo así.

Roberto García, el nuevo alcalde de Long Beach, a quien muchos consideran como un demócrata progresista a favor de la defensa del medio ambiente, ha sido durante mucho tiempo un defensor de la transición de los combustibles fósiles, con el fin de luchar contra el cambio climático. Sin embargo, García no parece estar demasiado preocupado por los efectos más inmediatos de la producción de petróleo aquí en la ciudad.

De acuerdo con Daniel Brezenoff, portavoz de García «el alcalde apoya los esfuerzos del gobernador Jerry Brown para combatir el cambio climático, así como el estudio del impacto del fracking, las afectaciones del medio ambiente y las consecuencias económicas (…) nuestras operaciones son evaluadas regularmente por varias agencias estatales y federales», explicó.

No obstante, los activistas ambientales argumentan que ese es exactamente el problema, aducen que de esta manera Brown justifica su cálido abrazo a la producción de petróleo y gas en California.

En febrero, varios grupos protestaron durante el discurso pronunciado por Brown en la Marcha de Oakland para el liderazgo real en la lucha por preservar el clima. Esta manifestación coincidió con la entrega al gobernador de Sacramento de una petición que contó con más de 184 mil firmas donde se le instaba a prohibir el fracking en todo el estado.

Según Tim Molina, miembro de Courage Campaign (La Campaña del Valor): «El gobernador Brown ofreció una visión audaz para hacer de California el estado líder en materia de cambio climático, sin embargo, no ha hecho mención de los peligros extremos del fracking o al menos ha intentado hacerle frente».

La Campaña del Valor, con sede en California, cuya organización ha sido la responsable por la recolección de firmas, se quejó a través de un comunicado: «Nos reunimos con el gobernador Brown para instarle a seguir el ejemplo de Andrew Cuomo gobernador de Nueva York y reconocer la amenaza real que el fracking supone para la salud y la seguridad de nuestras comunidades e implementar una prohibición estatal contra esta practica».

¿Por qué los activistas ambientales están tan preocupado? Para empezar, argumentan, que el fracking contamina las aguas subterráneas y desperdicia demasiados suministros preciosos. El año pasado durante una sequía severa, al menos unos 70 millones de galones de agua fueron desviados para el empleo del fracking, sólo en California. De hecho, la Agencia de Protección Ambiental de California admitió a principios de febrero, que los funcionarios estatales se les permite la perforación de más de 2.500 pozos, bajo la modalidad del fracking, para volcar las aguas residuales en los acuíferos subterráneos protegidos, en su mayoría en el Condado de Kern. Sin embargo, Brown anunció a principios de abril que la explotación de petróleo y el desarrollo de gas están exentos de las restricciones de agua obligatorias.

Este no es el tipo de liderazgo que el alcalde García debería seguir, afirma Alexandra Nagy, una trabajadora comunitaria de Food & Water Watch, una organización no lucrativa que está luchando contra el fracking. Nagy cree que la comunidad no sólo debe preocuparse por la contaminación de las aguas, sino, que debería estar alerta porque: «Si usted vive en un entorno de 1.500 pies de petróleo y gas, se le considera un receptor sensible, lo que significa que está siendo expuesto a productos químicos tóxicos y cancerígenos procedentes del yacimiento de petróleo y gas, y está expuesto a un mayor riesgo de sufrir enfermedades crónicas», explicó la trabajadora. Además señaló que «de todos los pozos fracturados en California, la mitad están a 1.500 pies de un receptor sensible. En efecto el condado de Los Ángeles es el segundo distrito más «productivo» después de los campos petroleros de Kern y de Wilmington, que se encuentran a través de Long Beach, según las estadísticas es el campo más productivo del Condado de Los Ángeles, y el tercero en el país».

Docenas de estudios recientes respaldan las afirmaciones de Nagy. El año pasado, un artículo publicado en Environmental Health Perspectives encontró que las personas que residen cerca de pozos de gas natural tenían más del doble de probabilidades de tener afectaciones respiratorias y lesiones en la piel, que aquellas que vivían en zonas retiradas de los yacimientos.

El estudio fue argumentado por un informe de 56 páginas del Movimiento de Tierras, un grupo de interés público que observó con películas infrarrojas varias instalaciones de petróleo y gas en California.

Tomaron muestras de aire en los sitios y encontraron la «presencia de 15 compuestos conocidos por tener efectos negativos para la salud humana, así como 11 elementos para los que no existen registros disponibles». El informe también señaló que los residentes en estas áreas reportaron percibir fuertes olores, probablemente relacionados con la explotación petrolera, además la población de las zonas aledañas a las instalaciones petroleras registran una tasa superior de afectaciones cutáneas, así como sinusitis, dolores de cabeza, hemorragias nasales y otras dolencias.

Mientras Long Beach, en los últimas dos décadas, ha dado importantes pasos para limpiar su aire de desechos contaminantes, la mayor parte del distrito aún se ubica como uno de los más contaminados en todo el país, según la Asociación Americana del Pulmón y el Distrito de Administración de Calidad del Aire de la Costa Sur (SCAQMD).

Los problemas locales de calidad del aire se han asociado con las plataformas de diesel y los grandes buques porta-contenedores que viajan dentro y fuera del bullicioso puerto de Long Beach, pero sin duda la extracción de petróleo y gas local ha contribuido al problema. Cuando se le preguntó cómo el Departamento de Salud de Long Beach gestiona los riesgos asociados con la producción de petróleo y gas, la agencia no respondió.

Elliot Gonzales, un miembro de 27 años de edad del SFLB y co-fundador de Long Beach Verde, dice que se dedicó a causas de justicia ambiental y social de la zona tras su llegada a la ciudad costera proveniente de Florida, su estado natal. «Estaba totalmente indignado por la calidad del aire cuando llegué por primera vez aquí», dice. «Mucha gente aquí sólo acepta la contaminación como la norma, pero no tiene que hacerlo. Necesitamos limpiar a Long Beach para convertirla en una mejor ciudad para todos».

La tenacidad y el compromiso de Gonzales a favor de la preservación del medio ambiente llamaron la atención del personal del ex alcalde Bob Foster, y pronto fue nombrado integrante de la Comisión para la sostenibilidad de la Ciudad de Long Beach, desde esta plataforma ha trabajado arduamente, al respecto Gonzales explicó, entre risas: «Siempre estoy molestando al ayuntamiento, así que supongo que no me podían ignorar por más tiempo».

Si bien, la Comisión para la sostenibiliad de la Ciudad carece de músculo regulatorio, si consta del cuerpo pertinente para presentar temas y exponer situaciones ante el Consejo de la Ciudad, justamente entre sus funciones esta servir como una caja de resonancia para el público. Al respecto, Gonzales admite que el «fracking es un atolladero político para el consejo de la ciudad (…) pero eso no es una razón para ignorar la preocupación de muchos de nosotros».

En diciembre, Gonzales pidió que el tema del fracking fuese colocado en la agenda de la comisión; la respuesta llegó en enero. Fue lacónica, por decir lo menos. «Con la Comisión de sostenibilidad, (el fracking) toca otros asuntos que lo hacen altamente sensible«, dijo Larry Rich, de la Oficina de sostenibilidad, durante la reunión sostenida en enero. «Así que por eso no está en nuestra agenda de esta noche (…) y, a menos que tengamos alguna dirección específica emanada del consejo de la ciudad (ayuntamiento) para tomarla como un problema, no la vamos a colocar en nuestra agenda».

Gonzales, quien estuvo ausente de esa reunión, no recibió gratamente la respuesta de Rich. «Todo lo que realmente queremos es una mayor responsabilidad y un foro abierto para discutir los temas del fracking en un lugar público«, dijo. «Creo que es injusto para las comunidades que hacemos vida aquí en Long Beach, que ni siquiera nos permitan abrir el compás para dar una discusión sobre los impactos potenciales de fracking en la calidad del aire y el agua, ¿cómo puede el gobierno de la ciudad ignorar este tipo de preocupaciones de salud pública?»

El 26 de marzo, durante la reunión mensual de la comisión, los miembros SFLB y otros grupos afines presentaron sus quejas y temores sobre el fracking, por su parte Gonzales consignó una copia del documento donde se pedía que el tema fuese incorporado al programa. En la reunión unos seis residentes locales tomaron el podio para alertar sobre la necesidad de hacer frente a lo que consideran es crucial para presionar tanto al ayuntamiento como a García para que el tema sea considerado como de debate público.

«Estoy aquí hoy para suplicarle que lleve el tema de fracking al ayuntamiento», dijo el residente de Erin Foley, «sabemos que el fracking nos afecta, ya sea como la práctica propiamente como sucede aquí o reconocido como un peligro por la industria de petróleo y gas (…) Este es un tema local, estatal y federal, y siento que el abordaje desde el nivel local es muy importante (…) sabemos que hay tuberías que van por debajo de Long Beach a San Pedro, y sabemos que estas prácticas llevan más de una década… todo esto hace que los residentes de la zona estén muy alertas sobre el tema».

Durante una entrevista al rotativo Weekly , Christopher J. Garner, director del Departamento de Gas y Petróleo de la ciudad, minimizó la denuncia y los riesgos de fractura hidráulica y señaló: «La última vez que se realizó un trabajo de fracking en Long Beach fue hace más de un año (…) y les puedo asegurar que la opinión de los expertos es que nuestras operaciones están muy bien reguladas por varias agencias de controles federales y estatales. Hemos tenido extrema precaución para eliminar o minimizar los riesgos para el medio ambiente».

Sin embargo, el diario publicó datos exclusivos recogidos por FracTracker (una organización sin fines de lucro que comparte mapas, imágenes, datos y análisis relacionados con la industria del petróleo y del gas) que evidencian que en Long Beach se han registrado no menos de 22 fracturas hidráulicas desde 2012.

En una versión preliminar del informe encargado por la Agencia de Recursos Naturales de California y publicado en enero, los autores estimaron que de acuerdo con los «datos integrados se muestra una tasa de 16 operaciones de fracturación hidráulica por año, ejecutados en alta mar en aguas de California, todos en la parte de la costa del campo Wilmington en Long Beach».


Josué Frank es jefe de redacción de CounterPunch. Es autor del libro «Izquierda excluida, cómo los liberales ayudaron a la reelección de George Bush» .

Traducido por Verónica Morales

Original en inglés: What the Frack Is Happening Under Long Beach, CA?