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Qué República vamos a construir y a qué le temen los fachas

Fuentes: Rebelión

La soberanía es del pueblo y el pueblo no es un algo revolucionario, es la gente, pura y simplemente, la gente que vive y tiene el derecho y también el deber de coger las riendas de su destino cuando los gobiernos los lesionan continuamente, no respetan ni sobre lo que el papel (la Constitución, por […]

La soberanía es del pueblo y el pueblo no es un algo revolucionario, es la gente, pura y simplemente, la gente que vive y tiene el derecho y también el deber de coger las riendas de su destino cuando los gobiernos los lesionan continuamente, no respetan ni sobre lo que el papel (la Constitución, por ejemplo) consta y se firma como pacto social, ni lo que se ha presentado en los programas electorales como «ley», ni nada de nada: un mínimo derecho a techo, pan y, para ello, trabajo, por supuesto, independencia. Un mínimo de enseñanza y sanidad de calidad, un mínimo de respeto.

Bueno, pues este pueblo que ha de recuperar la soberanía, va a decidir, está decidiendo. Y el pueblo no parará en la historia hasta conseguir un máximo, en su afán legítimo y natural por acercarse al ideal humano, armónico y deseable. Es lo que se llama el progreso, en fin, lo que se llama ir progresando.

Esta gente distinta que nos gobierna no tiene equilibrio, armonía, sentido de la medida, ni ideales. Son enfermos tíos gilitos, con las manos manchadas. Tío Gilito no va a la tienda Disney a comprarse ya guantes blancos porque se ensucian contando el vil metal y es tirar el dinero y total, le da igual que se vean públicamente sus vergüenzas y avaricia, su crueldad y su dictadura, su mierda al fin y al cabo, porque cree que tiene a los sobrinos en un puño. Y ya digo, ha renunciado a comprarse guantes blancos del caballero que no es; no disimula. Con el vil metal se compran otras cosas más rentables: voceros, medios, propaganda. De ahí que lo que veamos y oigamos, por el momento, sea ese espejismo, ese espectáculo dantesco de infierno; sea un caos, un otra vez ganaron los de la corrupción hasta el cuello, siguen con mucho poder, etc., en fin, esas cosas que se dicen para condicionarnos y que nos resignemos.

Pero en la calle se escuchan muchas otras cosas. Lo que podemos pagar y lo que es un despilfarro y de lo que podemos prescindir; lo que tenemos que hacer y lo que vamos a lograr. Y ni anormal, ni extraño, ni horroroso, sino todo lo contrario, es de lo que estamos hablando. Verán, como ya dijo Azaña en la proclamación de la República segunda que nos robaron a sangre y fuego: «la República es un acto de voluntad soberana». Que se va a producir como ya fue: «en medio de un orden maravilloso y por voluntad y vías perfectamente legales», resolviendo así «el problema de su revolución latente y cambio indispensable su estructuración». Que no se hagan ilusiones esos seres del ordeno y mando y de la fuerza, siempre sedientos de violencia.

Nada hay que inventar, la historia del pensamiento, de la evolución humana nos da los modelos y hasta los buenos ejemplos de otros pueblos que se tomaron en serio eso que dicen las propias leyes de la naturaleza: así no podemos seguir.

«Será un programa de justicia social y reformas administrativas de supresión de injusticia, depuración de responsabilidades y restablecimiento de la ley». Dijo Azaña en aquella ocasión. Bueno, pues no suena sino a sensato. Y esto es lo que haremos, el pueblo. «Un acto de iniciativa del país sin el menor trastorno». Pues ahí lo tienen. Los españoles pueblo somos muy sensatos y hemos sido muy pacientes, pero ya toca hablar de normalidad.

Y hablar de la ley sin arbitrariedades, de la ley para la gente. De la Ley. Lo que hay ahora no son todo leyes, son normas a medida muchas (algunas con muchas ambigüedades) que se aplican de manera arbitraria para según quiénes y según cómo: según éste o el otro interese que vote o que no vote, que exista o no como partido con posibilidades de gobierno un cierto partido…. O según éste o el otro acepte corromperse, participe de las mordidas y trapicheos del poder, de la suciedad reinante, de la explotación esclavista a los trabajadores, de la adormidera de la televisión basura toda, del negocio de las drogas consecuencia del cual se está dopando a media población joven y no tan joven bajo excusa de terapias para que estemos todos asumiendo esta realidad de los locos y psicópatas que dominan el mundo y nos acogotan, del negocio de armas, de negocios de pederastas pedófilos (plaga execrable), de negocio de la miseria inducida, provocada… Y, en fin, la lista sería larga.

Por cierto, que ya anuncian ciertos padres maravillosos como el padre Ángel hasta en las televisiones progres como La Sexta, negocios de este último tipo que les digo. ¡Porca miseria! Dice el padre que primero el pescado y luego la caña de pescar para que los pobres tomen algo, por ejemplo, un cafelito en los bares Robin Hood que va a promover. Antes eran Banús y los otros franquistas los promotores…, ahora quieren volver a eso con entradas por turnos para ricos y pobres para que estos prueben menús de chefs buenos con los desperdicios de los señores: caridad de tener a los necesitados bajo su sotana y bien amarraditos, a su caridad y lo que quieran, en un apartheid. ¡Menudos derechos humanos son esos! El turno de comidas, por lo oído, será para los pobres de noche, cuando se hayan retirado a sus mansiones los comensales del barrio de Salamanca, los ricachones. Eso si los ricos no protestan porque el plato, la cuchara y tal lo han lamido los miserables de Víctor Hugo una vez anochecido, cuando tratados como las ratas, puedan pisar los salones, entrando por el aro que han previsto los más espabilados. Y ya les digo, con espacio televisivo y todo para que se explayen en semejante plan delirante los de siempre.

«Libertad y creencia de cultos». Nuestro programa alternativo, el del pueblo. Y un techo y un trabajo para que cada cual coma en el turno que le salga de sus ganas a cualquier hora, sin sentirse un paria, sino una persona. Como a ti mismo; ama al prójimo como a ti mismo, queridos padres ángeles… Con derecho a los mismos negocios, a los mismos caprichos, a los mismos conocimientos… ¡Que son muy listos, coño, todos ustedes! Déjense de hipocresías, la filfa de lo melifluo, que estamos en la era del Internet y el que más y el que menos podemos acceder al latín y hasta al sánscrito que les daba antes a ustedes el poder del brujo de la tribu, con sus magias. «Igualdad», señores ángeles custodios; que Dios no les necesita para este viaje, sea lo que sea Dios, y de ser cierta la leyenda, son ustedes los que no pasarán por el ojo de la aguja… Igualdad y libertad personal y nada de sus caridades. Y más fraternidad verdadera. Como a ti mismo que no necesitáis lamerle las botas a los de Serrano, ni limpiarle sino las fortunas cuando se dejan, ¡Ay Blasco!, Ay, arañas negras…

Pero «España ya puesta en otras manos», sigo la cita del Presidente, pondrá las cosas en su justo sitio. «Dignidad del Estado y del ciudadano, cumplimiento del deber de cada cual, restablecimiento de la conducta inspirada en el bien de la patria» y no en el bien de la chusma y los habilidosos sin escrúpulos que quieren crear un nuevo lumpen proletariat, unos esclavos de misa que comulguen con sus vicios y amoralidades. «Que ningún pueblo se sienta oprimido» y «reine entre todos la confraternidad» y no éstos reyes que retrata el valiente, corajudo, teniente Segura, que son lo que son.

Y yo me pregunto: ¿puede temer a este plan tan sensato y digno la derechona, los fachas que también serían personas fraternalmente tratadas, justamente tratadas, dignamente tratadas, a los que se les exigiría el cumplimiento de su deber? Pues claro que sí. Por eso han trazado una hoja de ruta demencial que se pilla en un pis-pas y que está hecha con la connivencia vergonzosa de un PSOE que va de mal en peor. Se trata señores de que el PSOE sea juez y parte. Lo están ya aplicando. Me explico, se trata de facilitar el gobierno pepero, la legislatura, pero hacer que se es oposición todo el rato poniendo aparentemente palos en la rueda de la gobernabilidad todo el rato para que parezcan también oposición, mejor dicho: La oposición con mayúsculas, para que no se crezca ninguna otra, vaya, que no haya otra oposición. Un juego macabro que el PP conoce, que el Gobierno aprueba: vale, tú dame por culo de cara a la galería que ya sé yo que es puro teatro.

Un inciso por si a alguien le queda vergüenza: Los socialistas que han luchado y luchan de verdad no se merecen eso. Un partido como el PSOE podría ser necesario en un futuro inmediato si no echa todo a perder y por la borda, sus últimas gotas de honor. Sus militantes y luego sus votantes tendrán la última palabra, a ver qué pasa… 

Y ¿por qué esta hoja de ruta? Porque no soportan a los rojos de Podemos, ni que la izquierda haya decidido dejar de ser pija, de pega, de postureo, que Garzón hable de una izquierda a la altura del momento histórico, con praxis y no solo de filosofía; no soportan tampoco a los chichos que como Rufián dice las cosas de una vez y bien claritas, no soportan las nuevas generaciones que no entran por el rollo de rezar tres padrenuestros cara a la pared sosteniendo libros pesados (hipotecas pesadas) en ambas palmas de la mano, ni el reglazo en los nudillos de sor Sáenz de Santamaría ni de ninguna Celia Villalobos, tan prontas a mandar sobre la corrección y a decir lo que se debe hacer y parecer, esa maldita compostura (dijo la sartén al cazo: «quítate, ay, que me tiznas…»).

 La realidad se impone. La Reacción será fuerte: tendrán millones, posesiones y amiguetes en todo lo alto, pero la pobreza puede más y la necesidad vence al miedo, estén seguros. La interpretación adecuada del mundo conduce a la transformación del mismo tal como lo concibió Lenin, un pensador y hombre de acción (no fue el demonio). La filosofía y Lenin despiertan, la realidad se impone.

El número de parados señores fachas, sigue creciendo, siento ser tan pesada, ya me gustaría a mí que no fuera así, no tener que recordarlo a cada rato. Y ya no es que haya atonía industrial como en los tiempos de la pre II; es que no hay industria que valga, somos camareros, comerciales engaña bobos y engaña personas vulnerables desde cualquier punto del mapa: bancos, calle, oenegés, comercios, compañías de seguros, compañías de teléfono, restaurantes, tiendas de crema, medicina privatizada, asuntos de relax y robin hoodes y chiringuitos de como se dice ahora ridículamente «mejorestar…», etc. Y todo. Ya no es que sea el derecho agrario el que «debe responder a la función social de la tierra», como dijo el presidente de la República. Es que son todos los derechos que no se están cumpliendo y nos están chupando, los que deben responder a la función social de los mismos: el primero el de mi caña de pescar y la suya y la de los miles y miles de personas que no vamos a parar aunque nos llamen parados, señores. No somos parados, nos condenan a que nos paremos. ¡Ja!

Caminos que no llevan a ninguna parte son los que han tomado ustedes, señores capadores, señores de la Reacción, señores bomba-trampa que nos arruinan y quieren hacernos volar por los aires. Vaya el rey a donde vaya a buscar apoyos, que del pueblo no los tiene. Vayan los gobernantes donde vayan o hagan el mayor de los papelones felones los socialistas entreguistas que haya y hagan, que esto no tiene solución. «Los procesos políticos no dejan solución favorable al régimen que los promueve, cuando a más de estar la razón ha pasado ya la fuerza de la voluntad nacional del lado de los reos. Así le sucedió a la monarquía respecto de nuestra causa y del influjo de ésta sobre las elecciones convocadas para el 12 de abril». Y ahora cito a don Niceto, Alcalá-Zamora, que como bien sabemos, no era un revolucionario de los de la toma del Palacio de Invierno.

El republicanismo tiene su legado democrático. Y miren, señores fachas: «España fundada en sangre», de la que ya habló Fernando de los Ríos, no puede ser. Y «para echar a andar», como entonces, solo hay un remedio, como entonces, y es tan lógico como entonces ante los desmanes que también se producían entonces y que ahora sobresalen y es: «democracia». Un orden social para que vivamos todos sin tener que ir a tomar la sopa de los bobos con los curas, a escondidas, de noche, sin dejar que magreen a nuestros hijos los pedófilos ni los maten los esclavistas, sin pagar a tanto bandido.

Ante la represión y el totalitarismo de este Régimen monárquico-pseudofranquista, solo queda la libertad y la soberanía popular. Como dijeron los anarquistas en la II «nuestra adhesión a la República no es un acto protocolario…. Nace de una noción de valores que sólo pueden confirmarse por la historia». Que se confirmó y que necesitamos para poder seguir respirando y hacerlo antes de que nos privaticen el aire.

Ante este río del tráfico ilícito con nuestras riquezas, el tráfico y trata de personas, y las laceraciones constantes en nuestra carne, la esclavitud propuesta, solo procede, solo será, llegar a la mar de la razón. Como le dijo López Pacheco a Alberti en unos versos «todo está ocurriendo todavía»:

Hay guerras que se pierden

y nunca están perdidas.

Bajo la paz impuesta por la guerra,

el pueblo calla, espera y no se olvida.

Hay muertos que no han muerto,

Ideas siempre vistas.

Te escribo Rafael para decirte, que todo está ocurriendo todavía.

Es «la civilización española», la civilización, la que estamos recuperando bajo los trampantojos que el mundo del crimen, el hampa y la represión, nos expone cada día la televisión comprada para que ciegos caminemos.

No estamos ciegos, ni tontos. La izquierda recuperará el derecho a su nombre; los hombres y mujeres dignos de tal nombre, os demostraremos que la dignidad, que de nuestra tenemos y jamás hemos perdido, prevalecerá. No sois ejemplo, avaros, retiraos con lo que os quede de pizcas de honor.

¡Salud y República!

Enriqueta de la Cruz es escritora y periodista, colaboradora del Colectivo de militares Anemoi.

Nota del Colectivo:

Enriqueta de la Cruz ha publicado «El testamento de la Liga Santa», sobre la Transición española; «Nada es lo que parece», sobre las tramas de corrupción política y medios de comunicación»; «Memoria Vigilada», con el robo de niños y niñas en el franquismo como argumento; «El amor es de izquierda», en el que aborda la corrupción, el tráfico de personas, la memoria histórica y el nazismo; y el más reciente «César Navarro, vida y testimonio de un Francmasón» un libro excepcional, como todos los anteriores.

Recomendamos la lectura de la ya extensa obra de esta excelente escritora, auténticamente comprometida con nuestro tiempo. Desde Rebelion en los cuarteles la animamos a continuar su generoso e imprescindible esfuerzo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.