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¿Quién se cree esa consideración hacia el pueblo sirio?

Fuentes: Al-Quds

No me creo la consideración que los países del Consejo de Cooperación del Golfo han mostrado por la sangre del pueblo sirio ni el afán por concederle una democracia que contradice la ley hereditaria de clanes. Tampoco creo que quieran conferirle el vasto margen de libertad por el que ha tomado las calles y por […]

No me creo la consideración que los países del Consejo de Cooperación del Golfo han mostrado por la sangre del pueblo sirio ni el afán por concederle una democracia que contradice la ley hereditaria de clanes. Tampoco creo que quieran conferirle el vasto margen de libertad por el que ha tomado las calles y por el que suspira desde la oscuridad de las cárceles hasta en este mismo momento en el que mueren hijos de este enraizado pueblo.

No me creo que los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) hayan retirado sus embajadores de Damasco en protesta por el asesinato de manifestantes pacíficos en Siria. Sus decisiones no parten de una democracia consolidada y transparente como la de Suecia, construida a lo largo de decenios de paso por las urnas y alternancia política, y cuyos ciudadanos tienen una vida digna garantizada. Los países árabes hermanos y los países islámicos subyugados desean disfrutar de una democracia como la sueca, reflejo de las enseñanzas del noble Corán, según el versículo sagrado: «Se consultan mutuamente» (42; 38), o del dicho del Califa ortodoxo Omar ibn al-Jattab: «No esclavicéis, nacemos libres».

Por diversas razones me muestro muy escéptico con lo que subyace tras la llamada de los ministros del CCG a convocar una reunión urgente de la Liga Árabe para estudiar la situación en Siria. Me parto de risa al ver las lágrimas de cocodrilo que brillan en sus ojos mientras melodramáticamente sueltan un discurso que contradice lo que sus acciones armadas nos tienen acostumbrados: frustrar las esperanzas, sueños y aspiraciones de nuestra nación desde que Gamal abdel- Náser gritó con fuerza a millones de árabes sometidos: «Levanta la cabeza hermano, la era del vasallaje ha terminado».

Quizá os haga falta recordar. Ayudasteis a truncar la primera unión árabe, entre Siria y Egipto, financiando la separación de los dos países árabes pioneros en dar una respuesta al acuerdo de Sykes-Picot. Reclutasteis mercenarios para abortar la revolución dirigida por Abdalá al-Salal, debilitasteis al pueblo yemení y frenasteis el impulso naserista de Egipto cuyo ejército estaba combatiendo para sacar a Yemen de la edad de piedra y conducirlo hacia la libertad; llevarlo de la oscuridad a la luz y poner las llaves de Sanaa y el futuro del país en las manos del pueblo, quitándoselas al imam Ahmad Hamid Al-Din y sus descendientes. (El Imam cerraba las siete puertas de Sanaa todas tardes y las llaves se depositaban en una caja suya, después, por la mañana se las entregaba a sus esbirros para que abriesen de nuevo las puertas, y así sucesivamente).

Conspirasteis contra Iraq, financiasteis y alargasteis la guerra contra Irán, luego os disteis la vuelta, dejasteis que lo asfixiaran y lo metisteis en el infierno de la guerra yanqui criminal que lo destrozó por completo. Desgarrasteis al pueblo iraquí sometiéndolo a una guerra confesional orquestada por agentes que regresaron como libertadores a lomos de los tanques yanquis. Desde las bases estadounidenses que están en vuestro suelo despegaron los aviones que destrozaron Iraq devolviéndolo a la edad de piedra, tal como prometieron Rumsfeld, Bush y Schwarzkopf.

Despilfarráis las petrofortunas sin cuenta ni vigilancia mientras el pueblo vive en la prehistoria. Despilfarráis millones de millones mientras que otros millones de jóvenes árabes no encuentran trabajo ni tienen ante ellos más que un futuro incierto que los lleva al desánimo, las drogas, esoterismos y a convertirse en derviches o explotar sin pensarlo.

Conspiráis contra Palestina, causa primera de los árabes, para servir a los sionistas y al imperio yanqui, y para terminar con el despertar árabe que unifica ideas, aspiraciones y sentimientos de millones de árabes que se oponen a un gobierno de conspiradores frívolos e incapacitados.

No engañáis a nadie con el falso discurso de consternación por la sangre siria derramada. No escuchamos vuestros discursos cuando el pueblo de Bahréin se rebeló exigiendo justicia e igualdad, más bien mandasteis agraciados y rápidos tanques, como camellos y camellas, escopetados hacia Manama para aplastar al pueblo que había salido a la calle en protesta por la opresión, la segregación y la discriminación.

¿Podemos creer a quien no le duele, ni le altera el sueño, la sangre del noble pueblo yemení que derrama vuestro hombre Ali Abdalá Sáleh? Ahora no podéis dar un salto abismal, cruzar el espacio y soltar un sentido discurso de pesar y rabia por las víctimas civiles, por el destino y futuro de Siria.

¿No os basta con el sufrimiento que habéis impuesto a los iraquíes? ¿No es suficiente entregar la tierra y las riquezas de Iraq, como un apetitoso manjar, a los yanquis y sionistas para que se diviertan con su seguridad y unidad territorial?

Vuestra interesada forma de pensar funciona por pieza, no rehacéis cuentas porque sois dueños del momento que vivís, ejecutáis lo que conspiráis, los beneficios del petróleo tienen su precio, el lujo y las rentas astronómicas giran en órbitas que os marean. ¿Qué os importa la arabidad, Palestina y la unión árabe?

Encontraréis mercenarios de la escritura que os harán los desarrollos teóricos oportunos, aquellos cuyas plumas están en compra y venta continuamente, cuya palabra es indigna y están desacreditados moralmente. La moral para ellos es un valor anticuado, es el arma del derviche tonto que no sabe salir adelante; ellos, por eso, saben aprovechar las ocasiones.

No nos fiamos de aquellos en cuyos países no se conoce la libertad política, ni los sindicatos, ni organizaciones civiles e incluso en el país del Jefe no se permite que la mujer conduzca.

Esos países no saben nada de libertad política, libertad de prensa, gobierno de la ley, elecciones libres a todos los niveles, alternancia política. Nada de esto saben aquellos que han despertado la Liga Árabe, en muerte clínica desde hace decenios, para convocar una reunión urgente de los ministros de exteriores árabes y estudiar el caso sirio. No el yemení, ni el bahreiní, ni el libio, ni la judaización de Jerusalén que se aleja ante la mirada de los valedores del islam y señores de la Meca ¿No merecen ser tratadas el resto de causas de forma urgente y al mismo tiempo? Tal vez eso no complazca a Estados Unidos.

No estamos tan confundidos como para creernos vuestro llanto por el pueblo sirio. Aunque entre la oposición siria hay quien suspira por una intervención a nivel del Golfo, y del no-golfo, y aplaude cualquier paso que se dé en la dirección de entrometerse en los asuntos sirios, nuestra lectura es que habéis reunido a la Liga Árabe -el decreto no ha salido exactamente como queríais- para allanar el camino a una resolución estadounidense y europea que ampare una intervención de la OTAN que empezaría con un embargo, una zona de exclusión aérea, prohibición de vuelo a los aviones sirios y después, con la excusa de proteger a la población civil, destruir Siria.

Cierta oposición antinacional les dará la bienvenida, los opositores de los canales vía satélite saldrán maravillados y los países del CCG querrán ir mucho más lejos de lo que los propios sirios exigen. El cerco a Irán empieza por Siria, es decir, por destruir Siria. Es el primer paso para cortar los tentáculos de Irán; reducir su área de influencia y aislarlo de Hizbulá. En cuanto a Siria, su pueblo, su arabidad y su futuro; ¡Que comparta el mismo destino que Iraq!

La mentalidad beduina rechaza las regiones árabes sedentarias que se encontraban miles de años antes del descubrimiento del petróleo y en cuyas cuencas creció la civilización, bajo su sol, bebiendo las aguas del Éufrates, el Barada, el Jordán y el Nilo. El CCG quiere controlar la región para utilizarla en la guerra estadounidense y sionista contra Irán.

No pretendáis engañar a los manifestantes sirios pacíficos que quieren soberanía nacional, libertad, democracia y acabar con la corrupción.

Siria corre peligro. Si continúa la opción militar para reprimir el movimiento popular pacífico Siria se asoma a un precipicio. Bien al precipicio de una guerra confesional porque parte de la oposición tome las armas, bien al de la injerencia extranjera que reclama parte de la oposición a través de los canales vía satélite, o los neo-chalibíes de Siria.

El pueblo sirio exige sus derechos. Ni la demora ni la represión van a detener los sacrificios por la consecución de dichos derechos.

El actual régimen en el poder en Siria tiene en su mano frustrar los planes de intervención extranjera: Tiene que detener en seco la represión y conceder al pueblo sirio todos sus derechos sin demora. Y este pueblo defenderá Siria de las tramas exteriores en cuanto conquiste la libertad.

Traducción de Antonio Martínez Castro

Artículo: http://www.alquds.co.uk/index.asp?fname=data20111010-1818qpt998.htm

rCR