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Continuar movilizadas

Reflexiones desde la perspectiva del activismo feminista y LGTBI ante la urgencia electoral

Fuentes: Rebelión

Las organizaciones políticas de la izquierda viven tiempos de agitación, de prisas y urgencias, todas somos conscientes de ello. La acumulación de citas electorales no nos ayuda a la hora de reflexionar sobre nuestras prácticas y nuestras propuestas, pero también sabemos que no es este el momento de la reflexión. Una campaña electoral es un […]

Las organizaciones políticas de la izquierda viven tiempos de agitación, de prisas y urgencias, todas somos conscientes de ello. La acumulación de citas electorales no nos ayuda a la hora de reflexionar sobre nuestras prácticas y nuestras propuestas, pero también sabemos que no es este el momento de la reflexión. Una campaña electoral es un período demasiado breve para generar grandes debates, demasiado agitado para producir nuevas ideas, las ideas se han de construir entre todas y mediante una labor constante y colectiva. Sin embargo, esto períodos son de algún modo necesarios, al menos, mientras gran parte del pueblo siga entendiendo la democracia exclusivamente como votación y representación. Algunas, convencidas de ello por nuestra experiencia como activistas sociales, creemos que la lucha política y la construcción de la democracia es la tarea de todos los días y que lo electoral es sólo una pequeña parte de lo político, tal vez la parte más vistosa, la más mediática, pero también, tal vez, la menos profunda, al menos en lo que se refiere la producción de grandes cambios en nuestras vidas. ¿Qué efecto tiene en nuestras conciencias y en nuestro compromiso votar si se compara con participar en parar un solo desahucio?

Sin embargo, que sea la menos profunda no significa que sea menos necesaria. Hay ámbitos de movilización en los que hemos experimentado esta tensión de forma continua: las que hacemos de la movilización feminista y LGTBI, el eje estructurante de nuestra actividad militante somos plenamente conscientes de la necesidad de una lucha política que nunca termina, que nunca descansa. Nuestra condición, sujeta a determinaciones constantes provenientes de la normalidad hetero-patriarcal provoca que nunca podamos dejar de sentirnos como agentes de movilización. ¿Qué puede ser sino la vida de alguien cuya existencia es una impugnación del orden heteronormativo?

Las activistas feministas y LGTBI han demostrado sus capacidades en las calles, en las casas, en los centros educativos y en los centros de trabajo, pero es necesario ir un paso más allá. Acceder a las instituciones es necesario, no para institucionalizarnos, sino para movilizar las instituciones, para introducir la necesaria fractura en el discurso heteronormativo que domina el ámbito de la política institucional. Sigue siendo necesario movilizar las instituciones en la dirección de la libertad y la igualdad. Una política institucional en la que tenga el protagonismo necesario el enfoque feminista y LGTBI es un instrumento básico en la construcción de una sociedad libre e igual. Sabemos del valor de la movilización de lo próximo, sabemos del valor de desarrollar dinámicas cercanas de sororidad, pero también somos conscientes que nuestra lucha tiene un componente político-institucional ineludible.

Las luchas sociales que atraviesan nuestros cuerpos y nuestras vidas las vivimos como luchas políticas. Nuestra demanda de determinación se construye desde la consciencia de la necesidad de abrazar la actividad política, de producirla nosotras de modo que no seamos «producidas» contra nuestra voluntad y nuestros derechos. Ser, para nosotras, es ser visibles. Y esto no es estrategia, sino pura y simple supervivencia. De muy poco nos serviría el acceso a las instituciones, sino lo percibimos como lo que es, un instrumento; poderoso, pero no es más que una herramienta que solo tiene sentido para continuar un trabajo que ya venimos realizando.

El trabajo que realizamos como activistas consiste en abrir espacios para el reconocimiento de la singularidad, de la singularidad que compartimos, por eso han de ser espacios abiertos a todas. Pero la experiencia del activismo nos ha enseñado que a aquellos lugares donde tal vez sea más necesario llegar mediante la activación y la concienciación es más difícil llegar. Las activistas feministas y LGTBI somos conscientes de que allí donde no llega nuestro discurso es donde más necesario resulta; allí donde alguna padece de explotación, de discriminación, de violencia… sin ser capaz de identificarlo es donde nos puede permitir llegar lo institucional. Por ello, no nos planteamos la práctica de lo institucional como la representación de unos intereses concretos, sino que creemos que el verdadero sentido de lo institucional es dotarnos de unas herramientas que nos permitan hacer uso de los resortes del poder en favor de aquellas que viven privadas de la autonomía necesaria para hacer valer sus derechos.

Ser de izquierdas consiste en creer que es posible otra realidad, otra política, otra sociedad; pero construir la izquierda es querer ir más allá de creerlo, es no conformarnos con desearlo, sino hacerlo posible, hacer de nuestra práctica militante y política un ejercicio de ternura y de revolución, ser cambio y construir entre todas lo colectivo del cambio. La movilización feminista y LGTBI ha demostrado que es capaz de asumir la enorme responsabilidad que han de afrontar las fuerzas y organizaciones que se dicen de izquierda para ser verdaderamente un elemento de transformación social. Y esta capacidad la ha demostrado al generar una práctica de igualdad y libertad, que transcendieran las retóricas, sin olvidar la importancia del discurso como espacio de dominación e instrumento de liberación. Las activistas feministas y LGTBI han producido el método de la izquierda que queremos para el futuro: una integración de discursos y prácticas; pero no se han quedado ahí. Han contribuido a construir las bases del programa de la izquierda futura: que no es posible sostener por más tiempo la dicotomía libertad/igualdad, sino que la liberación completa es la de todas y que la igualdad de todas es el único fundamento posible de la libertad y de la democracia.

Rosana Montalbán Moya, candidata de EUPV a las Cortes Valencianas

Esther Sanz Selva, candidata de EUPV a las Cortes Valencianas

Mireia Biosca Ordaz, Co-coordinadora Federal ALEAS-IU

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