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Renovación de la izquierda y frente amplio

Fuentes: Rebelión

Comunicación de Sociología Política al XIV CONGRESO DE SOCIOLOGÍA, 30 de junio de 2022.

Introducción

Esta Comunicación tiene dos partes. En la primera, analítica, señalola relevancia de este rasgo ideológico y sociopolítico, convenientemente renovado y combinado con otras identificaciones, para explicar las características de las fuerzas progresistas y sus electorados de una forma multidimensional, junto con las particularidades de las izquierdas estatales: Partido Socialista, Unidas Podemos y sus confluencias y Más País-Mès Compromís. Se trata de valorar no solo quién está a la izquierda de quién y su paradójico significado, sino los rasgos diferenciadores entre ellas.

El análisis lo realizo a partir de los datos del estudio 3344, del Barómetro de diciembre de 2021 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), diferenciando las dos dimensiones de la percepción ideológica con la que se ubican las personas, el eje izquierda / derecha y las diez opciones político-ideológicas: conservadora, demócrata cristiana, liberal, progresista, socialdemócrata, socialista, comunista, nacionalista, feminista, ecologista

En la segunda parte expongo varias valoraciones sobre el proyecto del llamado frente amplio, liderado por Yolanda Díaz que, a mi parecer, debería articular tres dinámicas combinadas respecto de la izquierda y su experiencia reciente: ampliación, renovación y superación. Así, pongo el acento en la identificación igualitaria, democrática y solidaria y la dimensión transformadora de las izquierdas.

1. La izquierda social y política

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) proporciona los estudios demoscópicos más amplios para analizar la sociedad española. En particular, en sus sucesivos Barómetros y estudios electorales, nos proporciona abundantes datos sobre la percepción de los principales problemas de la población vinculados a sus perfiles político-ideológicos, con sus preferencias de voto y sus características sociodemográficas.

Hace un año, en el libro Cambios en el Estado de bienestar publiqué una amplia investigación sobre ello, centrándome en el análisis de los electorados progresistas (según su voto en las elecciones generales de noviembre de 2019) y, específicamente, en la comparación de las bases sociales de Partido Socialista y Unidas Podemos y sus confluencias. Así mismo, en el libro Perspectivas del cambio progresista, detallo las características sustantivas del espacio violeta, verde y rojo en el marco de las dinámicas sociopolíticas transformadoras en España.

Ahora profundizo esos análisis con los datos del estudio 3344, de su Barómetro de diciembre de 2021. El CIS diferencia, adecuadamente, dos dimensiones de la percepción ideológica con la que se ubican las personas.

En primer lugar, la constatación de la dimensión de los tres grandes bloques ideológicos en el convencional eje Izquierda (1) / Derecha 10), sobre el que se define el 94% de la población (sólo el 6% contesta que No sabe / No contesta); significa que, a pesar de ciertos cambios en la cultura política, sobre todo, en la menor densidad dada a esos conceptos, todavía esa referencia es relevante para definir las identificaciones culturales y sociopolíticas y su influencia en el comportamiento electoral.

En el primer gráfico expongo la distinta dimensión de los diez segmentos (más el de No sabe / No contesta) según su autoubicación ideológica en el eje Izquierda (1) / Derecha (10).

Fuente: CIS. Estudio 3344-Barómetro de diciembre 2021, con elaboración propia.

En el segundo gráfico expongo los tres grandes bloques ideológicos en los que se auto ubica casi la totalidad de la población (93,4%), con una pequeña proporción (6,6%) que responde No sabe / No contesta. Es decir, la gran mayoría ciudadana se define claramente en ese eje como identificación político-ideológica: Izquierda (40%), Centro (25,6%), Derecha (27,9%).

Fuente: CIS. Estudio 3344-Barómetro de diciembre 2021, con elaboración propia.

Las izquierdas constituyen un conglomerado más amplio que el de derechas. Es el típico centro y su diversidad, ambivalencias e inclinaciones hacia un lado u otro, el que ayuda a conformar las mayorías político-ideológicas, su polarización y transversalidad y su traslación al campo político electoral. O bien, intenta imponer su pretensión de prevalencia y centralidad, a uno u otro campo contrapuestos. La identificación de las derechas como centroderecha es más perentoria para ellas que para las izquierdas llamarse de centro izquierda, así como para el centrismo (y las derechas) es decisivo achicar el espacio de las izquierdas.

Por otra parte, hay que aludir a otro desglose del CIS en diez corrientes las opciones políticas, con la conveniente oportunidad de poder elegir, de forma complementaria, dos de ellas: conservadora, demócrata cristiana, liberal, progresista, socialdemócrata, socialista, comunista, nacionalista, feminista, ecologista. Se definen en torno al 85% de las personas y, por tanto, las que No saben/No contestan, Otras respuestas y Apolíticas suman en torno al 15% restante.

Podemos asociar las tres primeras a la actitud política de la gente de derechas, las tres segundas a la identificación de las izquierdas tradicionales, el nacionalismo se sobreentiende que es el periférico (el nacionalismo españolista no se percibe a sí mismo como nacionalismo) y las tres últimas son preferencias políticas emergentes de las nuevas izquierdas, incluido la utilización del progresismo como diferenciado de las tradicionales nominaciones de las izquierdas socialistas o comunistas, aunque estas dos últimas identificaciones siguen significando minorías sustantivas en las fuerzas del cambio.

Así he explicado que la base social de progreso, es decir, de las fuerzas alternativas es la siguiente: Joven, urbano, de clase trabajadora y estudios medios, y su cultura política: progresista, feminista, ecologista y de izquierdas. Choca con la composición del electorado del Partido Socialista, en el plano sociodemográfico (envejecido y de todos los territorios y niveles poblacionales) y político (socialdemócrata/socialista), con una composición similar por estatus socioeconómico o de clase social y de sexo, aunque caben dos matizaciones.

Esa actitud renovadora y de firmeza transformadora no tiene que ver con una izquierda radical o extremista, como pretenden algunos dirigentes socialistas y muchos portavoces mediáticos, sino con una reformulación de la democratización (institucional y territorial) y la justicia social, adecuada ante las nuevas desigualdades, con esos cuatro ejes identificadores combinados: feminista, ecologista, progresista y de izquierdas, y cabría añadir democratizador y plurinacional.

Por tanto, es unilateral la identificación exclusiva de este espacio alternativo del cambio de progreso con la izquierda (economicista) y menos con una izquierda extrema o radical; pero también lo es la pretensión de que no tiene nada que ver con las izquierdas, que nace y se forma de cero, a la espera de su relleno por una élite discursiva, cuando es un componente relevante de su identificación múltiple y su experiencia relacional y sociohistórica.

La cuestión es que no hay una palabra que agrupe el sentido político-ideológico y cultural de esa nueva experiencia sociopolítica en este nuevo contexto de la última década, con elementos comunes pero diferenciada de la de otras épocas. Y su identificación no se resuelve bien añadiendo ‘nueva’ a izquierda o a socialdemocracia, así como es una solución falsa renunciar a su calificación ideológico-política y sustituirla con palabras ambiguas y genéricas, o con solo un significado sociodemográfico (como pueblo, gente o ciudadanía).

En definitiva, en términos de autoubicación ideológica o pertenencia colectiva tenemos una identificación múltiple a partir de tres características como se define, prácticamente, toda la población y que están interrelacionadas: una, en el eje ideológico izquierda / derecha; otra, a través de la pertenencia a dos corrientes sociopolíticas, ya que una sería excesivamente rígida y unilateral. Así, como mínimo habría que aludir a esos seis grandes rasgos político-ideológicos antedichos, con combinaciones variadas. Esa multiplicidad y combinación nos expresa un muestrario más acorde y multilateral con la realidad sociológica, particularmente de las bases sociales de progreso, aunque, por supuesto, más complejo e interactivo, lo que exige un pensamiento realista, abierto y crítico.

2. Los electorados progresistas según el eje izquierda / derecha

En el tercer gráfico expongo la distribución del voto progresista por ideología en el eje Izquierda (1) / Derecha (10). He seleccionado el voto directo a las tres fuerzas progresistas estatales, que me parece más consolidado, dada la lejanía de unas elecciones generales, que el voto + simpatía, usual para calibrar los pronósticos de voto pero que hoy todavía pueden ser más volubles. Por otra parte, he sumado los datos de Más País y de Més-Compromís que aparecen por separado, considerando que en Unidas Podemos están integrados los de sus confluencias, En Comú Podem y Galicia en Común.

Se pueden agrupar esos segmentos, cuya distinta dimensión he detallado anteriormente, en tres categorías de la izquierda: izquierda radical (1), izquierda transformadora (2 y 3) e izquierda moderada (4). El punto medio es 5,5, así que considero el segmento (5) como centro ideológico, y el resto de los segmentos (de 6 a 10) como las derechas, que no entro a matizar.

Fuente: CIS. Estudio 3344-Barómetro de diciembre 2021, con elaboración propia.

Destaco algunos rasgos. La gran mayoría de los electorados progresistas se auto ubica en la izquierda, más del 80% en el caso del PSOE y más del 90% en el de UP y MP. Pero hay que resaltar algunas diferencias significativas, bien representadas en el gráfico. Curiosamente, en la izquierda radical (1) tiene mayor representatividad el PSOE que las dos fuerzas del cambio, y donde coge una mayor ventaja es en la izquierda moderada (4), mientras en la izquierda transformadora está más equilibrada, especialmente en el segmento (2) en que se da un sorpasso solo con UP, 36,7% y más con la suma de ambas (40,5%) respecto del PSOE (33,9%).

Dicho de otro modo, el segmento en mayor desventaja representativa, de disputa competitiva y en el que en los últimos años se ha desplazado un sector importante hacia el PSOE desde Unidas Podemos (en torno a dos millones) es el de la izquierda moderada, con más de 20 puntos porcentuales de diferencia. Pero las dos partes tienen significativa representatividad y compiten en los cuatro segmentos de las izquierdas, con una presencia minoritaria en el centro (y más en las derechas), que sería el espacio para incrementar apoyos por todas las partes progresistas, atendiendo a otros componentes transversales.

Por otro lado, la estimación del CIS, sobre el voto válido refleja una representatividad muy desigual. El porcentaje del PSOE, 28%, duplica el de UP (y confluencias), 13,7%, y éste multiplica por seis el de MP/Compromís,2,2%.

Hay que precisar que no existen dos bloques completamente diferenciados por su nivel de radicalidad o moderación (y rigidez o flexibilidad ideológica), tal como han expresado algunos dirigentes socialistas empeñados en adjudicar a las fuerzas del cambio solo una representatividad en la izquierda extrema y minoritaria, dando por supuesto que la izquierda (transformadora y moderada), mayoritaria, la ocupa el propio Partido Socialista.

Otro plano es el de la diferenciación de la gestión y las estrategias políticas entre las dos representaciones. Ahí es evidente la posición más firme y transformadora de las fuerzas del cambio de progreso y la propia Yolanda Díaz, que la actitud del Partido Socialista y su representación gubernamental, más timoratos y ambivalentes respecto de ciertas políticas públicas que no hace falta mencionar, y aunque haya un acuerdo compartido del Gobierno de coalición.

3. Conclusiones. Ampliación, renovación y superación de la izquierda

La palabra izquierda refleja una diversidad de posiciones que hay que valorar según los contextos, combinada con otras identificaciones, y que conlleva una triple dinámica: ampliación, renovación y superación.

El sentido de pertenencia o autoubicación de izquierdas (y de derechas y de centro), con los cambios a gran escala antedichos, todavía constituye un componente fundamental para la identificación ideológico-política de la población. Se puede y se debe vincular con otros rasgos sociodemográficos y de cultura política, pero las formaciones políticas progresistas o de izquierdas deben contar con ese bagaje de experiencia y cultura sedimentadas esta década que conforma una nueva actitud democrático-igualitaria, en defensa del bienestar social, de lo público y lo común.

El factor clave es el papel transformador sustantivo de las relaciones desiguales y dominadoras que constituyen, para las mayorías populares, la principal trayectoria vital a revertir. Y esa experiencia popular se conecta con unos valores que no son otros que la igualdad, la libertad y la solidaridad de la tradición de izquierdas, democrática y republicana, convenientemente reinterpretada y renovada. Por tanto, estamos ante un proceso complejo de combinar continuidad, renovación y superación de las prácticas sociales y las identidades colectivas que configuran los nuevos sujetos o espacios transformadores.

Ante las dificultades para levantar una identificación ideológica nueva y aparte de echar mano, más o menos reactiva o utópica, de las identificaciones fragmentarias existentes, se ha solido sustituir el relativo vacío y la diversidad ideológica por menciones a su adscripción sociodemográfica (gente, pueblo…) a efectos de legitimación cívica sin una identificación ideológica fuerte, aunque la autoubicación mayoritaria era y sigue siendo de pertenencia a las izquierdas, aun en una densidad débil y con mezclas diversas de su identidad múltiple.

Esa desideologización o eclecticismo tiene su parte positiva, al adaptarse de forma pragmática y multilateral a la realidad, pero también su inconveniente de posibilismo adaptativo y disperso, al infravalorar un proyecto común, una articulación solidaria y una estrategia compartida, sustituidos, a veces, por un hiperliderazgo y un activismo discursivo. Sin avanzar en ese ámbito de perfil ideológico o proyecto estratégico de país, lo que queda es el utilitarismo inmediatista o la pelea por el ventajismo organizacional, que hay que superar por una dinámica progresiva, igualitaria-emancipadora e integradora, y un modelo social y democrático avanzado, lo que supone renovación y superación de lo existente.

El eje articulador de las tendencias sociopolíticas de fondo, asociadas a esas tres grandes opciones ideológicas, es el alcance transformador de las políticas públicas y su orientación progresiva (o regresiva). Por tanto, el sentido real y sustantivo de los cambios político-institucionales se vincula a cómo se afrontan los problemas y las demandas persistentes de las mayorías ciudadanas, principalmente las condiciones vitales y sociolaborales de la ciudadanía, articuladas en un proyecto reformador democrático-igualitario de país. Problemas que el propio CIS también señala y cuya interpretación y conversión en políticas públicas y legitimación de actores están sometidas a fuerte pugna por su legitimación y gestión.

Su desarrollo dependerá del reequilibrio de fuerzas en el próximo gobierno progresista de coalición y el nivel de activación cívica y popular para empujar en ese proceso transformador. Es la perspectiva para la triple dinámica: reafirmación, renovación y superación de las izquierdas y avanzar en un cambio de progreso.

Y llegamos al proyecto anunciado de Frente amplio, con una pertenencia colectiva progresista transformadora y un perfil ideológico de izquierda renovada con componentes transversales con un encaje todavía por determinar. Esas dos palabras reflejan unidad de un conglomerado de fuerzas y aspiración mayoritaria. Su sentido histórico-contextual lo da la experiencia democrática progresiva de esta década sobre la articulación alternativa en España (y otros países del sur europeo) y, salvando las distancias, la referencia política en varios países latinoamericanos. Veremos su dimensión e impacto.

Antonio Antón Morón. Profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.