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En un discurso en la Universidad de Haifa, el escritor criticó la subida de la tensión por la creciente radicalización del gobierno

Sami Michael afirma que Israel es el Estado más racista del mundo desarrollado

Fuentes: Revital Jobel

Traducido para Rebelión por J. M. y revisado por Caty R.

«La cultura israelí está envenenada y nos alimentamos de odio»

 

El escritor Sami Michael criticó el racismo y la división étnica en Israel, criticó a la izquierda y la política del gobierno y habló contra el extremismo religioso cada vez mayor. «Israel está frente a un peligro si el liderazgo actual no llega a entender que Israel no está ubicado en el norte de Europa, sino en el centro del sacudido Oriente Medio», dijo Michael. «No tenemos ningún lugar en el Oriente Medio después de que nos encerramos en nosotros mismos, después de que día y noche, marcamos nuestra aversión hacia ellos. Podemos perder todo. El Estado de Israel puede ser un fenómeno transitorio similar a lo que ocurrió en las épocas del primer y segundo Templo. La terrible tragedia es que nuestros vecinos están en la misma situación, ellos no tienen un Gandhi y nosotros no tenemos en el medio a un pequeño Roosevelt».

Michael dio un discurso en el acto de apertura de la Conferencia Internacional de la AIS, la Asociación Internacional para Estudios de Israel, que se celebró este año en la Universidad de Haifa. En esa oportunidad también se refirió a la profundización de la división étnica en Israel. «Hasta la fecha, más de 60 años después del establecimiento de Israel, la brecha entre los judíos de Europa y los judíos de Oriente nunca se ha salvado. Conscientemente se aceptó el racismo que se expresa en las diferencias en las clases sociales. ¡Qué raro!, dos corrientes diferentes, que acentuaron las distancias. La izquierda de salón, que nunca salió de ese lugar, se desentendió de los judíos orientales y los trató como materia prima. Hasta hoy vemos que las instituciones estatales más importantes, en especial las instituciones académicas y culturales, tienen poca representación de los judíos originarios de los países árabes.

«La izquierda de Israel continuó con la política racista hasta su suicidio y se convirtió en una secta elitista en la sociedad israelí. Otro bastión del racismo está en el efecto sorpresa de la población judía. Si la izquierda hizo uso de la negación, la ultraortodoxia ashkenazí -europea- fue vocera de un descarado racismo. A los ojos de los judíos ultraortodoxos de ese origen, la judeidad oriental significaba un peligro».

Michael se refirió también a la política de ocupación y la definió como la encarnación de la tragedia de Israel. La visión del Gran Israel fue el origen del entusiasmo para conquistar, dominar y asentarse en el corazón de la población palestina. El obstáculo que implica esta visión crece justo en el regazo del sionismo, que se considera ilustrado, laico y socialista. El concepto del Gran Israel no se desarrolló en el Likud, tampoco en las reuniones de los judíos religiosos. Fue acuñado en el kibutz Ein Jarod por poetas, escritores e intelectuales, casi en su totalidad laicos y moderados. Con el correr de los años, la izquierda y la derecha han radicalizado sus posiciones hasta que en ambas corrientes surgieron dos ilusiones que contienen intereses opuestos con la realidad. La izquierda dibujó a los árabes como ángeles inocentes, la derecha cultivó un odio hacia los árabes, como si fueran monstruos sin barreras».

«Muchos condenan las declaraciones escandalosas del ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, pero Lieberman tiene razón cuando afirma que está expresando en voz alta lo que otros piensan. No nos engañemos, esta cultura no está menos envenenada que las sectas extremas del Islam. Desde el jardín de infancia hasta la vejez alimentamos en nuestros hijos el odio, la sospecha y el aborrecimiento al extranjero y el diferente, y en particular hacia los árabes. También el deterioro de la situación de seguridad y la ruptura del sueño imposible de alcanzar la paz al mismo tiempo que se continúa con la ocupación, hacen que más y más personas crean que sólo un milagro o la gracia divina pueden salvarnos de la catástrofe. Cabe señalar que aunque con la fuerza de 45 años, Israel no ha ganado ninguna victoria en el campo de batalla, ni tampoco en la simple fraseología. Luego se armaron comisiones de investigación para evaluar dónde hemos fallado.

«Hace muchos años, Salman Rushdie escribió que hay dos países teocráticos en el mundo, Irán e Israel. Mientras tanto la lista se extiende debido a la primavera árabe decepcionante que golpeó en el rostro de la juventud. Mi amigo, el escritor A.B. Ieshua sostiene que un judío solamente puede ser normal en Israel, y creo que la declaración de la independencia del Estado secular de Israel debe de estar revolviéndose en su tumba viendo cómo el Estado abandona voluntariamente su destino en manos demoníacas. Netanyahu llegó al puesto de primer ministro en las alas de la consigna de la ultra-ortodoxia «Netanyahu es bueno para los judíos», que a los oídos de los religiosos implica la destrucción de la democracia secular y la vigencia de un Estado con normas religiosas depredadoras. El triunfo de estos nacionalistas depredadores es impresionante y da miedo. Miles de profesionales de alto nivel educativo huyen de Israel cada año y prefieren mantener una vida normal, semejante a los conceptos que sostiene A.B. Ioshúa en tierras lejanas pero normales. Yo nunca los envidio, pero soy demasiado viejo para intentar de nuevo el trauma de un inmigrante, por lo que prefiero quedarme como un inmigrante en mi país».

Michael se refirió a las manifestaciones de racismo en las escuelas en la colonia Emmanuel y dijo: «En la distante Bagdad judíos y no judíos pagaron con sus vidas en la lucha contra el maldito racismo. ¿Cómo hemos arrastrado la despreciable resaca del racismo hasta nuestras casas de aquí? ¡Cuán chocante es darnos cuenta de que el pueblo que pagó un alto precio de sangre el siglo pasado por la ideología racista que lo circundaba, permite que se erija en su Estado esa obscenidad! Sabemos muy bien cuándo y dónde sucedió tal inmundicia; también nos acordamos muy bien del precio que pagó nuestro pueblo por la tipología y la separación por el color. Si alguien en otro país erigiera una situación tan vergonzante, los judíos de aquí saldríamos en ruidosas manifestaciones y aquí en Israel la izquierda calla. La clase dirigente no levantó un dedo, el tribunal falló para detener la construcción del muro, pero quienes lo pergeñaron anunciaron abiertamente que continuarían, aun cuando el costo pueda ser la cárcel. Ahora, con el colapso de la falsa izquierda y la ascensión generalizada de las fuerzas de derecha, y en particular de los partidos religiosos, la división racial se convirtió en una conclusión casi inevitable. El racismo se afianza y se naturaliza en la sociedad israelí con la intensificación del poder político de la derecha religiosa».

Michael se refirió a las iniciativas legislativas en contra de las organizaciones de derechos humanos y las declaraciones de varios miembros de la Knesset contra los inmigrantes procedentes de África y la comunidad homosexual y lesbiana: «el nivel de racismo continúa aumentando a medida que los integrantes de la Knesset y el gobierno alientan para expresarlo, ya sea en inaceptables declaraciones en público o por la aprobación de leyes draconianas contra la democracia, el diferente y el extranjero, y en contra de las organizaciones de derechos humanos. En cualquier caso, Israel puede presumir del título del Estado más racista del mundo desarrollado».

Además, criticó Michael el cierre del caso contra los distribuidores de un libro religioso según el cual se puede «escapar de la justicia penal por el delito de incitación al odio racial y la violencia». Michael dijo que el Procurador General Yehuda Weinstein cerró el caso en contra de ellos, lo que «permite la venta de este libro repugnante».

 

Fuente original: http://www.haaretz.co.il/news/education/1.1740434