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Siria: a la espera de alguien llamado Obama

Fuentes: Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Incluso mientras el ministro de Exteriores alemán Guido Westerwelle, de visita en China, se desvió a Estambul en una misión el sábado a fin de calmar las tensiones entre Turquía y Siria, la revista Der Spiegel informó con toda la calma de que la información sobre la «carga no civil» que condujo a la interceptación de un avión sirio por la Fuerza Aérea turca el miércoles anterior por la noche, fue realmente transmitida a Ankara por los servicios de inteligencia de EE.UU.

Además Der Spiegel reveló perentoriamente: «Ankara solo obligó al avión a aterrizar después de un estrecho contacto con sus aliados occidentales».

La pregunta surge naturalmente: ¿Fue un accidente coreografiado por Washington a fin de cambiar la dinámica de la situación siria? En la historia se han encontrado modos más extraños para iniciar guerras. ¿O tenía otro motivo EE.UU.?

El modelo de la retórica puede suministrar algunas pistas. Rusia, por supuesto, negó de forma rápida y vehemente que haya violado el derecho internacional. El ministro de Exteriores, Sergey Lavrov, de hecho, presentó una explicación detallada como si estuviera rogando a los turcos que no se dejasen engañar por cualquier cosa que hubieran oído:

Después de todo tipo de insinuaciones difundidas respecto al aterrizaje del jet sirio, quisiera subrayar que no tenemos secretos sobre el asunto. Hemos aclarado la situación y la verdad es que, naturalmente, el jet no transportaba armas y ciertamente no podría transportarlas.

La carga fue suministrada por un proveedor ruso legal de manera legítima a un cliente legal. Es equipamiento de ingeniería para una estación de radar, un equipo de doble uso que no está prohibido por ninguna convención internacional. Los conocimientos de embarque aéreo se completaron cumpliendo estrictamente los requerimientos internacionales. El transporte de estas cargas por jets de la aviación civil es práctica normal, y lo confirma el hecho de que las autoridades turcas ofrecieron a la tripulación que cambiara de ruta o aterrizara en Ankara antes de entrar al espacio aéreo de Turquía. El capitán decidió aterrizar porque sabía que la tripulación no estaba haciendo nada ilegal.

Es interesante Turquía se haya negado explícitamente a discrepar de la narrativa de Moscú. En realidad la declaración turca fue evasiva y locuaz, señalando que Ankara había actuado sobre la base de «información de que el avión llevaba carga de una naturaleza que posiblemente no podía cumplir las reglas de la aviación civil».

Mientras tanto, Ankara y Moscú no perdieron tiempo antes de transferir el tópico al canal diplomático, lejos del centro de atención pública. Gazprom de Rusia ha anunciado desde entonces que aumentará el suministro de gas a Turquía para compensar la disminución de las entregas de Irán durante el invierno.

Ankara también ha revelado desde entonces, con casi ocho semanas de anticipación, que el presidente ruso Vladimir Putin visitará Turquía el 3 de diciembre. Es el primer punto.

Maniobras hábiles

Ahora, lo intrigante es que fue una tercera parte la que recurrió a una retórica estridente, EE.UU. La portavoz del Departamento de Estado en Washington utilizó un lenguaje duro para afirmar que Moscú mantiene una política «en bancarrota moral» respecto a Siria.

Victoria Nuland dijo: «Ningún país responsable debería ayudar y secundar a la maquinaria bélica del régimen de Asad, y particularmente aquéllos con responsabilidades en la paz y seguridad globales como es el caso de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU».

La portavoz agregó: «Nosotros [EE.UU.] no tenemos dudas de que se trataba de equipamiento militar importante». Evidentemente Nuland obedecía instrucciones de concentrarse en el tema del avión sirio. ¿Por qué estaría tan abiertamente interesado EE.UU. en la introducción de una polémica semejante? Es el segundo punto.

No es difícil comprender la geopolítica. Es probable que EE.UU. haya estado esperando todo el tiempo que Siria sea la cuña que aparte la cooperación entre Rusia y Turquía, que ha aumentado notablemente durante la última década, ayudada en gran parte por el entendimiento y la relación personal a nivel de dirigentes entre Putin y el primer ministro turco Recep Erdogan.

Rusia ha expandido significativamente su cooperación energética con Turquía, cubriendo dos tercios de sus necesidades de gas. Rusia está determinada a construir la primera planta nuclear de Turquía; el proyecto, de 25.000 millones de dólares, podría ser un hito en la relación general de los dos países. Se planea que el gasoducto South Stream de 63.000 millones de metros cúbicos pase por aguas turcas para alimentar los mercados europeos.

Es evidente que se está desarrollando un alto nivel de interdependencia entre los dos países, que sería realmente histórico en vista de su problemática relación centenaria, y que tiene el potencial de impactar profundamente la geopolítica de una vasta región que incluye el Mar Negro, el Cáucaso, el Caspio, Asia Central «túrquica» y el Mediterráneo Oriental.

Basta con decir que Moscú y Ankara han hecho bien al separar la relación bilateral rusa-turca del problema sirio. Sin embargo, queda por ver si esto es realizable en el futuro cercano, mientras comienza en Siria «jugada final».

La retórica estadounidense subraya el anuncio de futuras trampas explosivas. Es el tercer punto.

Tres vectores entrelazados

La primera trampa explosiva fue colocada por manos desconocidas cuando Erdogan estuvo en Moscú a finales de julio cuando iba a su reunión con Putin en el Kremlin. El informe del ataque terrorista de alto perfil en Damasco que mató al ministro sirio de Defensa y a otros altos funcionarios de la seguridad acababa de llegar, lo que prácticamente saboteó la misión de Erdogan orientada a allanar las diferencias entre Turquía y Rusia respecto Siria y a explorar una fórmula aceptable para trabajar en conjunto a fin de encontrar una solución a la crisis.

Curiosamente, el incidente del avión sirio también coincidió con una visita a Ankara que Putin había planificado a fin de reunirse con Erdogan para una conversación de seguimiento sobre la propuesta de este último. Informes anteriores mencionaron que Putin visitaría Turquía el 14 y 15 de octubre.

Putin tuvo una reunión el viernes con los asesores del Consejo de Seguridad respecto a la situación siria. Obviamente, Moscú se da cuenta de que aparece una nueva urgencia en el impasse turco-sirio, que también es muy evidente en la creciente beligerancia de la retórica de Ankara hacia Damasco así como sus despliegues militares en las regiones fronterizas de forma operacional.

Existen en este caso tres o cuatro vectores entrelazados y su interacción va a ser crucial en las próximas semanas. Primero, mucho depende de cómo se desarrolle la situación en el terreno. El periódico The Guardian informó de que la ciudad turca de Antakya en el Mediterráneo Oriental se ha convertido en un lugar de encuentro de traficantes de armas de Catar, Arabia Saudí y Líbano y es el centro de equipamiento y armamento de los rebeldes de Siria.

Tal como están las cosas, las fuerzas del gobierno sirio han comenzado a enfrentarse a los rebeldes en todo el país. Han tenido éxito en Damasco, pero enfrentan resistencia en Alepo y en las provincias norteñas. Por lo tanto la suerte de la guerra depende en gran parte de Turquía. Y cada vez hay más señales de que los partidarios de la línea dura en Ankara están prevaleciendo.

Al analizar el viaje del fin de semana de Westerwelle a Estambul, Deutsche Welle advirtió de manera muy clara de que Turquía «se arriesga verse envuelta» en el conflicto sirio después de haberlo «evaluado mal». El comentario critica a Erdogan:

Las entregas de armas procedentes de Turquía siguen siendo el apoyo más importante que reciben los rebeldes sirios, lo que ha ayudado al Ejército Libre Sirio contrario a Asad a fortalecer una franja de territorio de casi 20 kilómetros en el lado sirio en la frontera con Turquía.

La mayoría de la población turca muestra poca simpatía por la posición de Erdogan respecto al conflicto sirio. Por primera vez en sus 10 años en el poder, el primer ministro enfrenta una oposición amplia. La mitad del electorado del país votó por su partido AKP en la elección parlamentaria del año pasado, en gran parte porque se pensaba que ofrecía estabilidad al país.

Desde entonces Turquía ha gozado de altas tasas de crecimiento y ahora forma parte de las 20 principales economías del mundo. Mientras amplios sectores de la población han logrado una relativa prosperidad, muchos turcos temen ahora que la posición agresiva de Erdogan hacia Siria la esté poniendo en peligro.

Conocidos comentaristas turcos también han expresado inquietudes semejantes. Mehmet Ali Birand, uno de los más prestigiosos observadores políticos de Turquía, escribió en el periódico Hurriyet el fin de semana: «La guerra civil de Siria no amenaza los intereses vitales de Turquía. En otras palabras, no es nuestro deber. No debería ser nuestro deber salvar al pueblo sirio de Asad. Defendámoslo, apoyémoslo, pero tiene que haber límites».

Esperando con impaciencia

De nuevo, en artículo en el periódico islamista pro gubernamental Zaman, el destacado comentarista turco Abdullah Bozkurt escribió el viernes:

El gobierno [turco] parece estar dividido con respecto a la cuestión de hasta dónde debe llevar Turquía el asunto con Siria. El incansable lobby de la guerra busca un «hecho consumado» que comprometa al gobierno y al país a una guerra permanente en Siria… Los partidos de oposición se oponen a la arriesgada aventura mientras el público se opone abrumadoramente a la idea de la guerra.

Evidentemente, Erdogan está dividido en su opinión (lo que también explica la decisión de Putin de consultarle). Pero en parte su postura se debe a su persistente esperanza de que una vez que hayan pasado las enervantes distracciones de la elección en EE.UU. el 8 de noviembre, el presidente Barack Obama reconsidere la cuestión siria.

Pero dicho eso, los turcos son lo bastante listos como para oír los tambores que resuenan ahora en las capitales occidentales, tocando a retirada del campo de batalla sirio incluso antes de que la batalla haya empezado realmente. Westerwelle dejó claro en Estambul durante el fin de semana que Alemania espera que Turquía no precipite la crisis siria.

Sin duda, el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, expresa su solidaridad con Turquía, pero al mismo tiempo, también subraya que es solo es una «hipótesis» que Turquía pudiera invocar el Artículo 5 de la carta de la OTAN para una intervención en Siria; luego agrega rápidamente que Siria solo puede tener una solución política.

Irónicamente, lo único bueno para la paz mundial de la semana pasada fue que la Unión Europea se ve ahora con la carga adicional del Premio Nobel de la Paz, que prácticamente excluye incluso una opción residual de que financie una guerra en Siria, es decir si encuentra suficientes excedentes en sus ahorros.

Pero para ser justos, el gobierno de Obama ha dejado claro consistentemente que no está dispuesto a involucrarse en una intervención militar directa. Su aversión a una intervención probablemente aumentó desde que se supo que varios grupos salafistas y afiliados de al Qaida han entrado a la caldera siria.

La Casa Blanca tiene problemas para explicar lo que sucedió realmente en Bengasi. Los republicanos han iniciado un fuego de artillería pesada por el asesinato del embajador de EE.UU. en Libia. La secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton (la más ardiente partidaria del cambio de régimen en Siria) está bajo presión.

Además, la falta de unidad entre los grupos rebeldes sirios causa auténtica desesperación en Washington. Mientras tanto, los Hermanos Musulmanes avanzan en la cercana Jordania y cualquier cosa puede suceder en ese país, que es un punto central en la estrategia regional de EE.UU.

Para colmo de males, el primer ministro iraní Nouri al-Maliki visitó Moscú para ultimar detalles respecto a un acuerdo de armas de 4.300 millones de dólares. No es sorprendente que las compañías petroleras chinas hayan aparecido por doquier en los campos de petróleo iraquíes, que supuestamente iban a ser el corralito de las grandes compañías petroleras de EE.UU. después de que ese país hizo tan inmensos sacrificios en hombres y recursos. Y Maliki también está haciendo señas a las compañías petroleras rusas para que retomen los hilos desde donde quedaron en la era de Sadam Husein.

Evidentemente, hay una clara señal de que la crisis siria tiene «secuelas». Los sondeos indican que la opinión pública estadounidense apoya más sanciones contra el régimen sirio y una zona de exclusión aérea pero ninguna intervención directa o el armamento de rebeldes sirios.

Pero entonces, para ser el abogado del diablo, también existe la opinión belicista. El influyente experto Anthony Cordesman del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington argumenta que Obama no debería seguir atrapado en dilemas políticos y en «posturas vacías» sino que debería «ayudar a cumplir la tarea» activamente, es decir adoptar una estrategia como en los años ochenta cuando se entregaron los famosos misiles Stinger («ecualizadores») a los muyahidines afganos.

Escribió la semana pasada que si EE.UU. pudiera proveer de ese tiepo de «ecualizadores» a los rebeldes sirios, se aseguraría de que los combatientes rebeldes «infligirían daños mucho más graves» a las fuerzas gubernamentales, les ayudarían a expandir sus propias zonas seguras y con ello «aprovechar zonas de  exclusión aérea o de restricción de movimientos impuestas con un uso limitado de fuerzas de EE.UU. o aliadas, y que los rebeldes podrían ser rápidamente mucho más efectivos con entrenamiento limitado por Fuerzas Especiales estadounidenses u otras».

Comienzo de la jugada final

Cordesman puede estar haciéndose eco de una opinión del establishment de EE.UU. Pero es probable que para Obama, el argumento decisivo esté en otra parte.

Entrelazado con toda esta intrincada tapicería de la Primavera Árabe, otro nuevo hilo amenaza con dominar el «gran cuadro», la división entre los propios árabes respecto a la crisis en Siria. Han aparecido diferencias entre la posición de, por ejemplo, Omán y Kuwait por una parte y Arabia Saudí y Catar por la otra, o entre Arabia Saudí y Egipto y entre Arabia Saudí e Irak.

Cuando el enviado de las Naciones Unidas, Lakhdar Brahimi, visitó recientemente Riad, el rey Abdullah se quejó tanto del presidente egipcio Mohamed Mursi como del presidente sirio Bashar al-Asad. No es sorprendente que el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad vaya a Kuwait esta semana. El ministro de Exteriores Ali Akbar Salehi acaba de visitar Catar. Ya no es posible ignorar el aislamiento de los saudíes. El destacado periódico pro saudí Al-Hayat escribió con amargura el sábado:

Ahora los países del CCG [Consejo de Cooperación del Golfo] no tienen la alternativa de dirigirse a la Liga Árabe y luego al Consejo de seguridad [de la ONU]… El bloque de seis países tal vez no tenga la opción de dirigirse a la OTAN y solicitar su intervención… De hecho, puede que ni siquiera sea posible llegar a un acuerdo unánime entre los seis, debido a diferencias en sus posiciones.

Resumiendo, los aliados regionales de EE.UU. están a la expectativa como los dos hombres del drama de Samuel Beckett, esperando en vano que alguien llamado Godot llegue poco después del 8 de noviembre. Para mantenerse ocupados mientras tanto, comen, duermen, conversan, argumentan, cantan, juegan, se ejercitan, se hacen los suecos, y piensan en el suicidio, de hecho, cualquier cosa «para evitar el terrible silencio».

Podrán, parece, bloquear un avión o dos. La jugada final comienza en Siria.

El embajador M. K. Bhadrakumar fue diplomático de carrera del Servicio Exterior de la India. Ejerció sus funciones en la extinta Unión Soviética, Corea del Sur, Sri Lanka, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía.

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Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Central_Asia/NJ16Ag01.html

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