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Siria, algo más que un conflicto interno

Fuentes: Rebelión

Rusia, por medio de su ministro de Asuntos Exteriores, ha acusado recientemente a Occidente de exacerbar la ya de por sí tensa situación en Siria. El ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, ha afirmado a comienzos de semana que los llamamientos al derrocamiento del régimen de Bashar al-Assad no son más que una provocación. «En […]

Rusia, por medio de su ministro de Asuntos Exteriores, ha acusado recientemente a Occidente de exacerbar la ya de por sí tensa situación en Siria. El ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, ha afirmado a comienzos de semana que los llamamientos al derrocamiento del régimen de Bashar al-Assad no son más que una provocación.

«En Siria, estamos viendo en estos momentos una situación en que la Liga Árabe ha pedido que se ponga fin a la violencia y se inicie del diálogo, y los países occidentales y las capitales de algunos países de la región están haciendo llamamientos en sentido opuesto, recomendando expresamente a la oposición de que no entre en conversaciones con el gobierno de Assad», declaró Lavrov a Russia Today. «Se trata de una provocación política a escala internacional. Sí, hay que detener la violencia, pero la demanda tiene que ir dirigida a las autoridades y a los grupos armados de la oposición siria», argumentó.

Moscú ha establecido relaciones de confianza con las partes, por un lado el régimen de Assad y por otro los grupos armados de oposición. Así pues, es potencialmente la única tercera fuerza capaz de obligar a las partes a llegar a un acuerdo. Sin embargo, como el ministro ruso señala, la posición de ciertos países extranjeros es hacer lo posible para evitar las negociaciones de paz.

Las intenciones de los países occidentales, Francia en particular, a la vez de bloquear la posibilidad de un acuerdo interno y de llevar este asunto ante el Consejo de Seguridad de la ONU evoca sin lugar a dudas, entre otros, el tipo de intervención que se llevó a cabo en Libia. Asimismo, implica equiparar las aspiraciones democráticas del pueblo sirio con los objetivos de una fuerza armada de origen y composición incierta, que se ha dotado ya de un Consejo Militar cuyo único objetivo es el derrocamiento del régimen sirio. En un movimiento que favorece la intervención exterior, la Liga Árabe consiguió hace unos días una mayoría que expulsó de su seno a Siria.

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores británico, William Hague, dijo el lunes que la comunidad internacional hará todo lo posible para aumentar la presión sobre Siria. «Vamos a aumentar la presión sobre el régimen de Assad. Hablé de esto con el Secretario de la Liga Árabe ayer y creo que querrá hacerlo en su reunión de mañana más», dijo a BBC Radio. Hague se extendió en otras medidas que la llamada comunidad internacional ha adoptado para presionar al gobierno de Assad, incluyendo el cese de las exportaciones de petróleo a Siria, entre otras nuevas sanciones.

Mucho más prudentes se han mostrado los primeros ministros de Turquía e Iraq, Recep T. Erdogan y Nuri Al-Maliki, que han pedido la implementación de reformas en Siria, aunque afirmando que la intervención militar de otros países no puede ser de ninguna ayuda para resolver el conflicto entre Damasco y los grupos armados de oposición.

En una entrevista concedida después de haber recorrido algunas de las principales ciudades del país, el periodista norteamericano Webster Tarpley afirma que Occidente está haciendo todo lo posible por desestabilizar la situación en Siria. Tarpley asegura que, según testimonios recogidos, se trata de una operación masiva de desestabilización. «Lo que nos dicen al respecto los sirios de la calle, de todos los grupos étnicos, es que están siendo atacados por francotiradores. La gente dice que hay francotiradores terroristas que están disparando contra civiles, practicando un terrorismo ciego, simplemente con el propósito de desestabilizar el país. (…) Se trata de una producción conjunta de la CIA, el MI6, el Mossad, con dinero procedente de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar», opina Tarpley.

Otras fuentes han informado también de la infiltración y actuación en Siria de comandos armados en los últimos meses. Conn Hallinan señala en Antiwar.com que «Estados Unidos está ya extraoficialmente en guerra con Siria. En los últimos seis meses, efectivos de los Army Rangers y Delta Force han entrado en Siria, supuestamente para «interceptar» a los terroristas que estarían pasando de Siria a Iraq.» Asimismo, en fechas recientes el Departamento de Estado ha pedido a todos los ciudadanos estadounidenses en Siria que abandonen el país.

A pesar de mantenerse hasta ahora en un discreto segundo plano, Estados Unidos está jugando sus cartas con vistas a alcanzar sus objetivos a largo plazo. En contactos con representantes del gobierno sirio, los estadounidenses han dejado claro que la condición indispensable para relajar la presión sobre Siria es que este país rompa totalmente con Irán. «Si eres incapaz de derrotar a Irán, la segunda mejor opción es destruir Siria», afirma el investigador iraquí Ghassan Attiyah, quien destaca asimismo lo absurdo que resulta que un régimen opresor como Arabia Saudí esté intentando desempeñar el papel de defensor de los derechos humanos en Siria.

Según Patrick Cockburn, «el reparto de papeles en la oposición al gobierno sirio debería dejar claro ante cualquiera que lo que está en juego aquí es mucho más que la preocupación árabe e internacional por los derechos humanos.» «La alianza que se está organizado contra el gobierno de Assad es a la vez antiiraní y antichií, y se basa en el supuesto, correcto, de que la caída del actual gobierno sería un golpe para ambos.»

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.