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Entrevista con Yasser Munif, miembro de la junta editorial de la "International Socialist Review"

Siria tras la conquista de Alepo

Fuentes: Socialist Worker

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Ashley Smith entrevista a Yasser Munif, izquierdista sirio y profesor del Emerson College (Massachussets), sobre la situación en Siria tras la ofensiva a tierra quemada del régimen sirio de Asad contra la ciudad de Alepo y su revolución

 

Huida de residentes en el este de Alepo durante el ataque final del régimen de Asad

-Ashley Smith (AS): Las fuerzas del dictador sirio Bashar al-Asad, junto a las de Rusia e Irán, reconquistaron el este de Alepo a finales de 2016. La ciudad era muy importante para la Revolución siria tanto a nivel estratégico como simbólico. ¿Qué fue lo que sucedió y cuáles son las consecuencias de la victoria de Asad?

-Yasser Munif (YM): Los revolucionarios sirios liberaron el este de Alepo en mayo de 2012. Los activistas formaron consejos revolucionarios y empezaron a crear instituciones vitales para aliviar el sufrimiento de la población y conseguir que su ciudad fuera habitable.

Conservaron algunas de las instituciones existentes, por ejemplo, las del sistema educativo y del ayuntamiento, y crearon otras nuevas, como medios de comunicación, hospitales provisionales y tribunales revolucionarios. En determinados casos abolieron las instituciones más coercitivas, como las prisiones y las cámaras de tortura, abriéndolas al público para recordarles las atrocidades del régimen sirio.

Desde entonces, el régimen ha tratado siempre de recuperar Alepo no sólo por su importancia simbólica, sino también porque es un importante enclave económico y, posiblemente, la mayor ciudad siria en otro tiempo.

Asad y sus aliados estuvieron bombardeando Alepo durante cuatro años. La principal arma utilizada por el régimen fueron las bombas de barril, que es un arma no guiada que sólo sirve para destruir infraestructuras y matar civiles. El principal objetivo de esa campaña de bombardeos era castigar a la población civil por su rechazo al régimen y por permitir que el Ejército Libre Sirio (ELS) operara en la ciudad.

La campaña de bombardeos del régimen asesinó a muchos civiles, destruyó la mayor parte de los hospitales y voló los mercados. Barriadas enteras quedaron destruidas y la inmensa mayoría de la población tuvo que abandonar el este de Alepo.

El desplazamiento interno de los alepinos no sólo fue una tragedia para ellos, también provocó una crisis grave en las regiones liberadas que les iban recibiendo. El régimen de Asad estuvo empujando deliberadamente a gran número de personas hacia las zonas liberadas para agobiar esas regiones y agotar sus recursos.

Además, el uso masivo de bombas de barril vació barriadas enteras, haciéndolas más vulnerables y fácilmente accesibles para las milicias de Asad. Más recientemente, Rusia se incorporó al ataque contra Alepo, ayudando al régimen a imponer un asedio y bombardear todo lo que quedaba en pie de las instituciones más vitales de la ciudad. La población sufrió bajas masivas, los restos que quedaban de hospitales no podían tratar a los heridos y los que no estaban heridos empezaron a pasar hambre.

Asad, Rusia e Irán consiguieron finalmente recuperar la ciudad y volver a imponer el brutal gobierno del régimen. Sabemos que mataron a muchos civiles. Algunos se suicidaron ante el temor a lo que pudiera hacerles el régimen. La ONU publicó un mapa que muestra la escala de la devastación de la destrucción en el este de Alepo. Y muestra también que el oeste de Alepo, bajo control del régimen, está prácticamente intacto.

Algunas de las personas que intentaron escapar de la ciudad fueron arrestadas y encarceladas, mientras otras fueron obligaron a incorporarse al ejército sirio. Y miles de ellas fueron forzosamente reubicadas en otros lugares de Siria.

–AS: Gran parte de la izquierda que defiende a Asad afirmaba que los rebeldes de Alepo eran de al-Qaida o de algún otro grupo yihadista similar. ¿Cuál es la verdad?

YS: Pongamos las cosas claras: el Frente Nusra, afiliado a al-Qaida en Siria, no estaba en la ciudad antes del asedio. Incluso los mapas utilizados por los medios prorégimen muestran que al-Qaida no estaba en este de Alepo antes del asedio de la ciudad.

La ciudad estaba mayoritariamente controlada por el Ejército Libre Sirio (ELS) y algunos otros grupos yihadistas -por ejemplo, Ahrar al-Sham- que no estaban afiliados a al-Qaida. Los grupos presentes en el este de Alepo se oponían a cualquier alianza con al-Qaida. Por esa razón había dos ejércitos en la provincia de Alepo: Jaish al-Fatah, que luchaba fuera de Alepo y estaba dirigido por al-Nusra, y Fatah Halab, presente en la ciudad pero que no pertenecía a al-Nusra.

Por lo tanto, al-Qaida estuvo ausente de la ciudad hasta febrero de 2016, cuando Rusia inició una campaña de bombardeos masivos sobre Alepo.

Al-Qaida envió combatientes a Alepo poco antes del asedio. La presencia de al-Nusra es un resultado directo del asedio y no puede utilizarse como pretexto para justificar la guerra del régimen contra Alepo. Al-Nusra controlaba ciertas instituciones en la ciudad, pero no tenía una presencia real en la línea del frente en el interior de Alepo.

A principios de agosto de 2016, el Frente al-Nusra -ahora renombrado como Fateh al-Sham y supuestamente independiente de al-Qaida- entró en la ciudad de nuevo tras romper el asedio impuesto por las milicias del régimen. El asedio quedó roto durante un mes, a lo largo del cual Fatah Halab permitió que permanecieran en la ciudad entre 300 y 900 combatientes de al-Nusra. El resto de los 8.000-10.000 combatientes pertenecían en su mayoría el Ejército Libre Sirio. Por eso, incluso después de entrar al-Nusra en la ciudad, al-Qaida representaba un pequeño porcentaje de la resistencia al régimen dentro de Alepo.

Sin embargo, el régimen sirio y sus partidarios describieron siempre a toda la resistencia, tanto civil como militar, como compuesta por yihadistas y terroristas de todo el mundo. Bashar al-Asad y sus medios de propaganda han venido haciendo estas afirmaciones desde los primeros días de la revolución. Pero no podían estar más lejos de la verdad.

En 2012 y hasta mediados de 2013, los activistas civiles tuvieron mucha fuerza sobre el terreno en Alepo. A pesar de las muchas dificultades, organizaron elecciones, crearon un sindicato revolucionario de estudiantes y formaron un consejo revolucionario y otras instituciones para gestionar la ciudad y apoyar el proceso revolucionario.

Pero esa situación, con el paso del tiempo, cambió por varias razones.

La principal fue que el régimen se dedicó a atacar a los activistas civiles y a las instituciones revolucionarias, permitiendo que los grupos yihadistas más radicales actuaran como les vino en gana. Hasta finales de 2014, el régimen sirio evitó cualquier tipo de enfrentamiento con el ISIS, mientras el grupo yihadista iba tomando a la oposición ciudades y pueblos liberados en el norte de Siria. En resumen, fue la estrategia del régimen lo que facilitó que los yihadistas entraran en Alepo en 2013.

A principios de 2014, los activistas civiles y sus fuerzas militares expulsaron al ISIS. Al-Qaida había dejado también la ciudad porque no fueron bien recibidos.

Desde luego, había otras fuerzas fundamentalistas islámicas que operaban en la ciudad y formaron alianzas con la oposición popular y el ELS. La campaña de bombardeos rusa resultó eficaz a la hora de debilitar a ciertos grupos militares en Alepo mientras fortalecía al Frente al-Nusra.

A esas relaciones no se llegó por acuerdo político, sino por desesperación y autodefensa contra la carnicería del régimen. Esto está muy lejos de la propaganda pro-Asad que descartaba como yihadista a toda la oposición. Dicho eso, tenemos que admitir que esas alianzas eran compromisos de principios en las primeras fases de la revolución.

-AS: ¿Qué implicará la victoria de Asad en Alepo? ¿Y cuál es su valoración del alto el fuego que el régimen, Rusia, Turquía e Irán han acordado con algunas de las fuerzas rebeldes?

-YM: Supone una derrota devastadora para lo que queda de la revolución. Es también una derrota para los yihadistas reaccionarios, que han empañado la imagen de la revolución y han vuelto a grandes sectores de la población civil en su contra. Es una victoria para Asad y sus patrocinadores, desde Irán a Rusia a Hizbollah y a las milicias iraquíes.

Es esencial que los segmentos democráticos y progresistas de la oposición siria, así como los movimientos populares, denuncien el papel desastroso de los grupos de la oposición no democráticos y yihadistas. Además, es fundamental que esas fuerzas democráticas contrarresten a la oposición oficial siria y a los grupos militares que han entregado el destino del pueblo sirio a fuerzas regionales e internacionales.

El alto el fuego impuesto por Rusia y Turquía tiene pocas posibilidades de mantenerse por varias razones.

El objetivo último de Rusia es empujar a la oposición a unir fuerzas con el régimen y luchar contra al-Nusra y el ISIS. A Turquía le gustaría que la oposición le ayudara a reforzar la zona-tampón que está creando en el norte de Siria combatiendo a los kurdos y al ISIS. Estos objetivos son obviamente incompatibles con las aspiraciones de millones de sirios que llevan casi seis años combatiendo para derrocar al déspota sirio.

Hay otros factores diversos que socavan el alto el fuego. El régimen ha demostrado que no está dispuesto a alcanzar compromisos o compartir el poder con la oposición. Tras la caída de Alepo, y con el apoyo incondicional que el régimen sirio está teniendo de Moscú e Irán, se muestra más envalentonado y desafiante que nunca.

Además, la oposición está extremadamente fragmentada y debilitada tras la pérdida de Alepo. Ha perdido el apoyo de Turquía y sabe que, a pesar de su lamentable petición para que Trump apoye el alto el fuego, el papel de la entrante administración estadounidense será más perjudicial para la revolución que la de Obama.

Lo que hará que sea más difícil aún mantener el alto el fuego es la fuerte oposición de algunas de las principales facciones de la oposición. En el caso de Ahrar al-Sham, el mayor grupo yihadista, el alto el fuego podría dividir el grupo en dos debido a que un segmento radical se opone a los términos del acuerdo.

-AS: Este parece ser el momento para sacar algunas lecciones de la marcha hasta ahora del proceso revolucionario. ¿Cuáles son las principales?

-YM: Este debería ser un momento importante para que la oposición reflexionara sobre lo sucedido, elabore nuestras estrategias y aprenda de los errores. No podemos limitarnos a luchar hasta que el último hombre quede en pie. Tenemos que tomarnos un tiempo para sacar lecciones y volver a pensar nuestra estrategia.

Una de las lecciones es que las fuerzas de la oposición fracasaron en el intento de unirse. Secciones enteras de la misma perdieron también su independencia y se encontraron vinculadas a diferentes Estados de la región y a varias potencias imperiales en vez de permanecer leales, ante todo, a la población siria y a sus intereses.

Y ahora hemos visto cómo los Estados que irónicamente se denominaban a sí mismos «Amigos de Siria» están sólo preocupados por sus propios intereses.

Al permitir la caída de Alepo, Turquía ha demostrado que su único objetivo en Siria es reprimir a los kurdos e impedir la aparición de una entidad kurda independiente, en absoluto apoyar el proceso revolucionario. Por ejemplo, hizo un trato con Rusia en función del cual impediría que llegaran armas a la asediada Alepo a cambio de que Moscú le ayudara a contraatacar la autonomía kurda en el norte de Siria.

Esto está directamente conectado con la cuestión de la financiación de la revolución. Ha quedado muy claro que el apoyo de cualquiera de las potencias regionales o de los Estados imperialistas nunca sale gratis y sí vinculado a un montón de condiciones.

Hemos visto cómo los supuestos Amigos de Siria cortaban la financiación y el flujo de armas para pasar a financiar a otros grupos que les eran más leales y, a menudo, más corruptos. Es un recordatorio a la oposición militar y política de que no pueden tomar decisiones sobre el destino de su país sin conseguir antes la aprobación de sus patrocinadores. Muchas luchas revolucionarias -palestinos, kurdos, nacionalistas árabes, etc.- se enfrentaron a retos similares en el pasado.

Necesitamos desarrollar nuestros propios recursos para proteger nuestra autonomía política. No podemos confiar en los gobiernos reaccionarios de la región ni en las potencias imperialistas en Occidente.

Necesitamos reafirmar la naturaleza democrática de la revolución original. Necesitamos una oposición política elegida por la gente sobre el terreno, no la designada por los gobiernos extranjeros. Esa oposición patrocinada desde el exterior no es representativa de nuestro pueblo y este, francamente, no les reconoce como líderes.

En los próximos meses y años, el movimiento de base puede y debe generar un nuevo liderazgo que luche por los intereses del pueblo sirio y de su revolución.

-AS: Una de las cuestiones clave a la que los revolucionarios tendrán que enfrentarse no va a ser sólo la reconstrucción de la lucha popular en las zonas liberadas restantes, sino también en las zonas ocupadas por el régimen de Asad y sus aliados. ¿Cuál es la opinión popular en esas áreas? ¿Ha podido el gobierno ganarse a la gente con su propaganda de que la revolución es un complot terrorista?

-YM: Llevan décadas reciclando esa línea, diciendo que cualquiera y todas las oposiciones a Asad son terrorismo sectario. Y lo han utilizado para dividir y conquistar a la población creando miedo entre las minorías étnicas y religiosas respecto a los yihadistas sunníes.

Pero no creo que hayan ganado muchos apoyos reales a menos que estén a nómina del régimen. Los sirios que viven en las zonas controladas por el régimen no lo apoyan activamente. Lo que intentan es evitar cualquier confrontación para poder sobrevivir.

La dependencia única del régimen de la violencia hizo que no necesitara realmente producir una narrativa persuasiva para contrarrestar la revolución. Esta podría ser una estrategia viable en tiempos de guerra, pero no va a funcionar cuando la guerra termine. El régimen perdió la poca legitimidad que tenía antes de 2011, y le va a resultar imposible recuperarla.

Eso no significa que la mayoría de la gente que vive en las regiones controladas por el régimen apoye a la oposición. Creo que ven al régimen sirio como una mejor opción que la oposición.

Hay también una división real entre quienes viven en la ciudad y los que viven en ciudades pequeñas y en el campo. Fuera de las grandes áreas urbanas, la opinión popular es sólida en contra del régimen porque sus políticas neoliberales les han empobrecido y sólo respondió con represión ante sus demandas de cambio.

En las grandes áreas urbanas, el sector más acomodado de la población tiende a rechazar la revolución. Temen que la venganza del régimen les haga perder sus negocios y hogares. No quieren tener que pasar por el tipo de violencia que el este de Alepo y otras partes de Siria han padecido. Por ello, adoptan una posición pragmática y se acomodan al régimen, pero eso no significa que lo apoyen.

Esta no es una base estable para que el régimen gobierne a largo plazo. En realidad, Asad está debilitado, el poder simbólico de su Estado está muy agotado; y su poder real depende enteramente de fuerzas extranjeras. Puede que derrote a la oposición en los principales centros urbanos, pero la rebelión persistirá en las pequeñas ciudades y en el campo, especialmente entre la población sunní.

El ejército sirio y sus partidarios están sobrecargados y no pueden controlar las zonas más allá del límite de esos importantes centros urbanos. Baste considerar lo que han tenido que hacer para volver a tomar Alepo. Primero tuvieron que retirarse de Palmira, entregándosela prácticamente al ISIS, para poder redesplegar sus fuerzas hacia Alepo.

Eso significa que cuando tienen que tomar territorios, ya sea de las fuerzas revolucionarios o de reaccionarias como el ISIS, son incapaces de mantenerlos. Por eso el régimen se enfrenta a una crisis a largo plazo por falta de apoyo popular y una debilidad muy real.

-AS: Uno de los grandes desafíos en todo el proceso revolucionario ha sido forjar la unidad entre la población árabe y la minoría kurda de Siria. El régimen ha intentado separar la lucha por la liberación kurda de la revolución, y los Estados vecinos, especialmente Turquía, han exacerbado esta división prometiendo ayudar a los diversos grupos rebeldes a condición de que no apoyen las demandas kurdas. ¿Qué debe hacerse para forjar una unidad mayor entre la lucha kurda por la liberación y la Revolución siria?

-YM: Creo que es extremadamente importante construir una relación orgánica con las fuerzas kurdas para derrocar al régimen de Asad. Pero forjar esa relación va a ser algo realmente difícil.

Como Vd. ha dicho, una de las cosas que el Estado turco hizo a mediados de 2013 fue decirle a la oposición siria: «Abriremos las fronteras para vuestros combatientes y os daremos armas, etc., si impedís que las fuerzas kurdas puedan establecer un Estado independiente en Siria». Algunas fuerzas de la oposición aceptaron la proposición de Turquía. Eso abrió una división entre ellas y los kurdos.

Al mismo tiempo, tenemos que recordar que había varias brigadas kurdas en el Ejército Libre Sirio. Y que había una movimiento prorrevolucionario de base muy importante en las áreas kurdas, que acabó destruido por el régimen sirio y el Partido de la Unión Democrática (PYD), el partido sirio hermano del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Fue algo trágico que el PYD trabajara contra la unidad con la revolución siria en 2012. De hecho, llevó a cabo la represión de algunos de los revolucionarios kurdos que se habían incorporado a la oposición.

La consecuencia es que hay una división muy real que será difícil de superar, pero que no quedará más remedio que salvar en aras de la revolución.

Y eso va en interés de ambos grupos. Por parte árabe, los revolucionarios tendrán que reconocer las demandas de autodeterminación de los kurdos y rechazar la trampa de Turquía. Y hay necesidad de un vibrante movimiento de base kurdo que sea independiente del PYD y del PKK.

El PYD está intentando construir una región semiautónoma en Rojava. Pero lo está haciendo de arriba a abajo. Hay también importantes fuerzas de base que están actuando sobre el terreno. Estas fuerzas democráticas debería posicionarse contra el régimen de Asad, apoyar la revolución más abiertamente y mostrarse críticas respecto a las prácticas dictatoriales y chauvinistas del PYD.

Hay personas, tanto entre los árabes como entre los kurdos, que defienden esta solidaridad estratégica, pero por el momento son marginales. Extender esta idea entre la mayoría de los miembros de ambos grupos será una tarea política fundamental en la renovación de las fuerzas revolucionarias.

-AS: Gilbert Achcar ha sostenido que las revueltas de Oriente Medio se han enfrentado a dos fuerzas contrarrevolucionarias: los regímenes de la región y sus oponentes fundamentalistas islámicos. Ambos rechazan la democracia y las aspiraciones emancipadoras de la revolución. ¿Cómo ha influido esto en Siria?

-YM: La gente que se levantó contra Asad estaba realmente luchando por una alternativa a ambas caras de la contrarrevolución. La mayoría del pueblo sirio no siente afinidad alguna ni con el ISIS ni con al-Qaida. Los que se unieron a los diversos grupos fundamentalistas islámicos o al-Qaida o al ISIS lo hicieron ante todo por dos razones principales:

La primera razón es sencillamente económica. Los yihadistas de todo el mundo y los salafistas nacionales tenían múltiples patrocinadores estatales y devotos burgueses. Proporcionaron a sus miembros una fuente estable de ingresos. La segunda consiste en que, debido a sus apoyos internacionales, estaban mucho mejor equipados con armamento para combatir al régimen.

Pero en su gran mayoría, el pueblo se oponía a los grupos fundamentalistas islámicos. Por esa razón ha habido innumerables protestas y oposición en su contra, en zonas liberadas y en zonas controladas por el ISIS. Levantaron las pancartas de la revolución y ondearon la bandera de la revolución siria, y en muchos casos esas personas fueron secuestradas y torturadas por esas fuerzas.

El régimen de Asad ha hecho cuanto estaba en su poder para aplastar ese movimiento democrático y emancipador. Quieren debilitar la su lucha para que los fundamentalistas se conviertan en la única cara de la revolución.

Por ese motivo los aviones de combate del régimen bombardearon el mercado de verduras en Maarat al-Numan el 19 de abril de 2016, matando a varias docenas de civiles. La ciudad se había convertido en el símbolo de la resistencia contra al-Qaida y, como tal, podía socavar la narrativa oficial del régimen, según la cual las zonas liberadas estaban dominadas por yihadistas. Los cuarteles de al-Nusra están fuera de la ciudad, pero no fueron atacados ese día. El régimen quiere poner a la gente en manos de grupos como al-Qaida.

Eso es lo que el régimen está haciendo en las postrimerías de la caída de Alepo. Está desplazando forzosamente a los combatientes del ELS y a los grupos islamistas a la provincia de Idlib, donde al-Qaida es hegemónica. Entonces retratará su batalla contra Idlib como una guerra contra el terrorismo yihadista.

Además, mediante esta separación geográfica de las comunidades sunní y chií, el régimen está creando nuevas realidades sobre el terreno. Y, por desesperación, la gente que se halla en Idlib podría no tener otra opción que la de incorporarse a la batalla con los fundamentalistas contra el régimen.

Por esa razón, creo que es importante que la oposición desarrolle una postura muy clara hacia al-Qaida, del mismo modo que lo hizo con el ISIS. No es aceptable ser neutral o quedarse en silencio sobre ellos. Son fuerzas contrarrevolucionarias y han sido perjudiciales para la revolución desde el primer momento.

En 2013, el presidente de la Coalición Nacional Siria, George Sabra, defendió a al-Nusra diciendo: «Los rifles de todos los revolucionarios son sagrados».

Pero tenemos que matizar esta cuestión. No todos los grupos islámicos son fundamentalistas islámicos. Algunos pueden jugar, y han jugado, un papel progresista en la lucha.

-AS: Permítame preguntarle sobre la cambiada situación geopolítica. Muchos creen que la sorpresiva victoria de Trump significará un cambio en la política estadounidense hacia Siria. ¿Cuál es su punto de vista sobre su impacto?

-YM: En realidad, creo que la posición de Trump sobre Siria es una continuación de la de Obama.

En muchos sentidos, continúa lo que Obama hizo durante los últimos cinco años, que ha sido, básicamente, atacar al ISIS y a al-Nusra y socavar la revolución. Permitió la continuación de una guerra de desgaste, que en última instancias beneficia a Israel. Por eso, los objetivos principales de Trump son los mismos: apoyo a los aliados en la región (Turquía, Arabia Saudí, etc.), derrota del ISIS y al-Qaida, y socavar el proceso revolucionario en Siria y en el mundo árabe.

La administración Obama trabajó muy estrechamente con Putin. En abril de 2016, tres meses antes de que se completara el asedio de Alepo, el portavoz de la Operación Resolución Inherente liderada por EEUU, el coronel Steve Warren, anunció: «Es principalmente el frente al-Nusra el que sostiene Alepo». EEUU produjo un discurso que justificaba la masacre de Alepo del régimen y sus aliados.

La coordinación de Trump con Rusia será más intensa y por tanto más preocupante, pero no será diferente. EEUU no tenía mucho interés per se en Siria. Estaba interesado en derrotar la oleada revolucionaria que se extendía por la región porque le preocupaba que esto pudiera afectar a aliados como Arabia Saudí o Jordania.

En el mejor de los casos, pretendía utilizar a Siria para forzar a Irán y a Hizbollah a una guerra de desgaste que les debilitara a largo plazo. Pero nunca apoyó la revolución popular y estaba más que dispuesto a cerrar un acuerdo con Asad, Rusia e Irán. La principal diferencia entre EEUU y Rusia/Irán es que la primera quiere un «asadismo sin Asad», mientras que la segunda prefiere un «asadismo con Asad».

Una de las principales razones por las que Obama estaba interesado en Siria fue por el uso que Asad hizo de su arsenal de armas químicas. Esto se consideró como un desafío al monopolio de Israel en las armas de destrucción masiva. Una vez que los rusos consiguieron que Asad renunciara a ellas, Siria pasó a ser una prioridad mucho menos urgente para la administración Obama.

Algunos activistas sirios pensaron que EEUU estaba confuso respecto a Siria y no tenía una política clara. Como he explicado antes, eso no es exacto.

La política de Trump está llena de contradicciones. Por una parte, quiere unir fuerzas con Rusia, Irán y Hizbollah para combatir al ISIS en Siria e Iraq. Eso entra en obvia contradicción con su objetivo de deshacer el acuerdo nuclear de EEUU con Irán e imponer nuevas sanciones.

Mi mayor preocupación es que intensifique el racismo antiárabe y la islamofobia, especialmente contra los refugiados sirios. ¿Por qué? Porque no tiene soluciones para los problemas a que se enfrenta la sociedad estadounidense, desde la desigualdad económica, el desempleo y la atención sanitaria a la violencia policial y la grave situación de los inmigrantes.

Sólo empeorará todos estos problemas. Y la única forma de esconder su fracaso será echar mano de lo que mejor sabe hacer: intensificar su odiosa retórica contra la gente de color.

Se dedicará por tanto a fomentar ese tipo de binario simplista, ya sea fuera o dentro de EEUU, de que hay un choque de civilizaciones. Según esta narrativa maniquea, los islamistas fundamentalistas odian a los cristianos, a los blancos y a las sociedades occidentales por lo que son y por lo que representan. Este discurso simplista polarizará a la población e impedirá los debates políticos racionales. A eso es a lo que aspira exactamente Trump.

Así pues, instrumentalizará la llamada «guerra contra el terrorismo» en EEUU para asustar a la mayoría de la sociedad estadounidense y maltratar a las comunidades de color. Fuera de EEUU, llevará la guerra contra el terror a un nuevo nivel de destrucción y violencia. Por lo que podemos esperar más de la política del miedo, racismo e islamofobia que está al alza en Europa con la aparición de partidos fascistas y de extrema derecha.

-AS: Siria se ha convertido en un test real de la responsabilidad de la izquierda para oponerse al imperialismo y construir solidaridad con la revolución desde abajo. Lamentablemente, muchos en la izquierda y en el movimiento antibelicista han suspendido ese test al apoyar al régimen de Asad con el torpe razonamiento de que se opone al imperialismo. ¿Qué lecciones piensa que hay que sacar respecto a una reestructuración de la izquierda que supere esta experiencia?

-YM: La izquierda -no sólo en Occidente, sino también en el mundo árabe e incluso partes de ella en Siria- ha traicionado a la revolución siria. Esto es muy trágico, porque de todas las revueltas de Oriente Medio, la revolución siria era la más radical.

La revolución siria fue la que llegó más lejos en su intento de liberar zonas del país y construir instituciones democráticas, crear una cultura nueva, unos medios de comunicación nuevos y otras instituciones vitales. Lo que ha sucedido en Siria en los últimos seis años es algo monumental. Y pienso que la generación siguiente va a aprender mucho de las prácticas y narrativas e historias que están surgiendo de Siria.

Por desgracia, la izquierda malinterpretó lo sucedido en Siria. En muchas ocasiones no estaba preparada para entender lo novedoso de los procesos revolucionarios en la región. Y está utilizando un marco teórico arcaico combinado con un pensamiento mecánico para dar sentido a esos levantamientos.

Esta es la causa de que grandes sectores de la izquierda terminaron formulando discursos vergonzosos que abrieron la puerta a alianzas con dictadores árabes contra su población. Afirmaron que la revuelta en Siria respondía a un complot del imperialismo estadounidense o israelí. No consiguieron entender que las dictaduras árabes están llegando al final de un ciclo de vida y desaparecerán de toda la región en una o dos décadas.

Esta izquierda pro-Asad no consigue ver que el imperialismo no es sólo estadounidense, sino que también es característico de muchos Estados. No fueron capaces de reconocer el hecho obvio de que Rusia intervino en Siria para salvar a Asad de la derrota y asegurar sus intereses imperiales en el Oriente Medio.

Deberían haber observado todo lo que estaba realmente sucediendo -una verdadera revolución- en vez de aferrarse a sus viejos prejuicios. Traicionaron a la población siria y reciclaron la propaganda asadista.

Tendrían que haber combinado el antiimperialismo y el antisionismo con la oposición al despotismo en Siria y en el mundo árabe. Esto tendrá que ser parte de la nueva izquierda que deberemos construir a nivel internacional y de abajo a arriba.

Y hay, ciertamente, base para poder hacerlo. En medio de la crisis en Alepo, vimos una oleada de preocupación internacional por el pueblo sirio. Esa solidaridad internacional entre fuerzas progresistas populares por todo el mundo es la base para la reconstitución de la izquierda en Occidente y más allá.

Ashley Smith es miembro de la junta editorial de la International Socialist Review, en la que es frecuente colaborador. Sus trabajos aparecen también en Znet, Dissident Voice, CounterPunch y Socialist Worker. Ayudó a fundar la Coalición Antibelicista de Burlington.

Fuente: https://socialistworker.org/2017/01/25/syria-after-the-conquest-of-aleppo

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.