Recomiendo:
0

Tabasco y la huella ecológica o el problema no sólo es el presupuesto

Fuentes: Rebelión

Durante la semana pasada y lo que va de esta, hemos vivido, a la distancia y mediáticamente, la tragedia tabasqueña, la nueva tragedia mexicana. Mucho se ha hablado de que no se aplicaron los financiamientos para las presas, para los diques. Que el gobernador se ha limitado a no señalar culpables. Por otro lado, en […]

Durante la semana pasada y lo que va de esta, hemos vivido, a la distancia y mediáticamente, la tragedia tabasqueña, la nueva tragedia mexicana. Mucho se ha hablado de que no se aplicaron los financiamientos para las presas, para los diques. Que el gobernador se ha limitado a no señalar culpables. Por otro lado, en Campeche, los derrames petroleros nos deberían significar otro foco de alerta. No sólo ni principalmente por el dinero derramado, sino por el daño integral al medio ambiente.

Pero me pregunto por qué no hablamos de lo que está en el fondo. Y no me refiero a las cosechas perdidas, a las infraestructuras inundadas, a los cadáveres hinchados… sino a nuestro sistema de vida en el mundo. Debería quedar claro que nuestra forma de vida se acerca cada vez más rápidamente a la insustentabilidad de nuestro estilo de vida. Pero no, las críticas se limitan a objetar los gastos de campañas electorales en el estado de Tabasco, a las suspicacias estilo «es que quieren tronar a Pemex para venderlo…» Sin embargo, nuestro estilo de vida, o al menos la aspiración a tener uno, queda poco menos que intacto. Hay que mandar víveres y salvar a las personas de la tragedia, pero habríamos también, que plantearnos la modificación de nuestro estilo de vida. Finalmente, se trata de un cambio de paradigma y ese cambio de paradigma no vendrá por medio de la «democracia», de los partidos políticos, de las partidas presupuestales, de los pejes, los gobernadores o los calderones, los algores, los clintons y los protocolos de Kyoto. Vendrá, acaso, del cambio en nuestra vida cotidiana.

Existe un concepto llamado «huella ecológica». En Internet hay un «test» [1] interesante, se trata de evaluar nuestra huella ecológica de manera individual. No pude menos que aplicarlo a mi forma de vida, en la que trato de ahorrar energía, agua, y disminuir dicha huella. Con todo y eso, para que todo el mundo viva como yo vivo, haría falta medio planeta más. Las categorías que se evalúan son la ciudad en la que se vive, el tipo de vivienda, si se utiliza energía eléctrica y cómo, la ingesta de productos cárnicos y derivados, el consumo de productos empacados, importados, la movilidad en auto, moto, bici, a pié, avión… y aún con que no como carne, pero sí productos derivados, ahorro electricidad y agua, trato de caminar en lugar de tomar camión o taxi, no tengo coche, trato de privilegiar el consumo de productos locales y viajo muy poco en avión… se necesitaría medio mundo más para vivir como yo vivo, es decir, este planeta entero y la mitad de otro con las mismas características. Para que todos los habitantes del planeta vivamos como se viven en Estados Unidos, en promedio, se necesitarían nueve planetas y medio. Si todos viviéramos como el habitante promedio de Afganistán, se necesitaría un sexto del mundo. Las partidas de mundo son en términos de energía no renovable, recursos naturales, recursos animales… Y eso solamente tomando en cuenta a los habitantes humanos, sin embargo, qué pasaría con otras especies. Según el sitio mencionado, si pusiéramos de lado el 12% de la biosfera para que las más de 10 millones de especies de la tierra habiten, y conserváramos nosotros (humanos) un promedio de 1.6 hectáreas por persona (con base en el consumo y la movilidad, no en el espacio literal geográfico), necesitaríamos dos mundos para hacerlo.

¿Y qué pasa con otras especies? Estamos acostumbrados a vivir o a ignorar la tragedia humana. Podríamos aducir que se trata de nuestros congéneres, que por eso son nuestra prioridad. Sin embargo, no nos detenemos a pensar en el daño ecológico e integral que catástrofes como estas suscitan. ¿Cuál fue el saldo de otros animales [WINDOWS-1252?]-no humanos- muertos en el tsunami en Tailandia? (Dejando de lado a los más inteligentes, es decir, a los que interpretaron lo que sucedía y se subieron a las montañas y cerros, cosa que casi ningún humano hizo…) ¿Cuál fue el saldo de animales no humanos muertos en Nueva Orleáns? Fueron tan criticados los rescatistas de perros y gatos y demás especies no humanas allá en Louisiana. ¿¡Por qué no se dedicaban a rescatar Personas!? Ya había muchas personas rescatando Personas, existen otras especies que también están sufriendo las consecuencias de nuestro estilo de vida y las catástrofes «naturales». Y se habla de animales no humanos, pero solamente como cabezas de ganado, ¿realmente solamente son eso?

Criticar nuestro estilo de vida no tiene la intención de darnos de latigazos culposos ni sentirnos los mesías que salvarán al mundo del cambio climático mientras los demás se divierten y lo pasan bien, tal vez sin siquiera voltear a lugares como Tabasco. Sin embargo, sería bueno echar un vistazo a cómo somos, todos y todas, responsables de lo que está sucediendo en nuestro propio territorio. Más allá de las corruptelas, de los presupuestos no aplicados, de la transparencia o turbiedad de los gobernantes y gobernados, más allá de la democracia electoral… ¿estamos dispuestos a modificar nuestro estilo de vida y a ser responsables de las catástrofes que en mayor o menor medida estamos ocasionando? O al menos ¿actuar en consecuencia de manera profunda y coherente?

Y mientras tanto seguimos discutiendo e investigando si los diques se rompieron por negligencia humana. La respuesta es obvia: sí se rompieron por negligencia humana, pero ello va más allá de si se aplicó o no el presupuesto para reforzarlos. Sino por una negligencia previa, una negligencia que nos lleva a pensar que somos la especie más importante del planeta y que tenemos la prerrogativa de construir y destruir lo que se nos antoje por cualquier sitio; que nos da la potestad de secar mantos freáticos para construir túneles urbanos [2] , edificando con concreto y terminando con los «pulmones» urbanos, secando el ambiente y el aire y sufriendo asmas… y una lista sin fin. Por supuesto que es preferible evitar las tragedias humanas, y que los gobiernos sean transparentes y democráticos, pero más preferible, si no es que necesario, sería que a partir de un cambio más profundo, pudiéramos convivir con la naturaleza, como si fuéramos parte de ella como un animal más, con características distintas [WINDOWS-1252?]-no mejores, no más importantes, [WINDOWS-1252?]distintas-, que al final lo somos (animales y parte de la naturaleza)… aunque ya se nos haya olvidado hace mucho tiempo.

Pd.1. Qué bueno que las «zonas protegidas» de Tabasco no sufrieron daño… pero, supongo que, para que haya una zona protegida debe haber otra desprotegida, ¿no? ¿O cómo?

Gabriela Gorjón
Comunicadora
[email protected]
Ciudad de México