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Una internacionalista catalana relata en primera persona su experiencia

“Tejer vínculos entre nosotras es lo más potente que tiene la revolución”

Fuentes: La Tinta

Cuando llegó a Rojava, eligió el nombre de Aurora Picornell, la costurera y reconocida militante del Partido Comunista de España (PCE), oriunda de Palma de Mallorca, fusilada por los falangistas en octubre de 1937. Con ese nombre-homenaje, que prefiere elegir a la hora de contar su experiencia junto a los pueblos del norte y el este de Siria, el relato de esta joven catalana que se encuentra desde hace meses en Rojava se expande por temas, reflexiones, vivencias y sentimientos como si fuera un mar calmo y profundo. Pese a la invasión militar que, por estos días, encabeza Turquía contra el territorio controlado por la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES), Aurora cuenta su historia eligiendo palabras que recoge de la profundidad de ese mar de experiencias que crece desde hace más de ocho años y se conoce como la Revolución de Rojava.

Hasta hace poco en la ciudad de Kobane –conocida mundialmente por haber resistido durante más de dos meses los ataques del Estado Islámico (ISIS o Daesh) en 2015-, Aurora habla sobre las transformaciones que viven los y las internacionalistas que llegan a Rojava para sumarse a un proceso revolucionario novedoso para Medio Oriente, pero, al mismo tiempo, jaqueado por diferentes poderes de la región. Sus reflexiones, algunas de las cuales se pueden leer en El Salto Diario, navegan por la autonomía de las mujeres, su autodefensa –a través de las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ)-, la construcción de una educación liberadora, los desafíos de la solidaridad internacional en medio de una guerra cruenta y un futuro cargado de esperanzas y luchas. Las palabras de Aurora ahora navegan sobre las olas de la revolución.

Conocer y llegar

Milito desde hace años en un movimiento comunista que lucha por el socialismo, el feminismo y la liberación de los países catalanes. A partir de ahí, conocí la lucha del movimiento kurdo, especialmente, desde los debates y el trabajo tanto ideológico como práctico para la liberación de la mujer. Empezamos a leer perspectivas que se planteaban desde el Movimiento de Mujeres de Kurdistán y comencé a conocer la cuestión kurda. Como a mucha gente nos pasó, después de la resistencia y la batalla en Kobane contra ISIS, fue que empecé a investigar, a leer más y a interesarme por el tema de la liberación del pueblo kurdo, poniendo el foco en cómo se planteaba la lucha de liberación de las mujeres tanto a nivel ideológico como práctico. Quería ver cómo se estaba desarrollando y empezar a conocer la revolución de Rojava, que es conocida como la revolución de las mujeres. Para muchas mujeres, fue una gran dosis de esperanza y motivación al observar lo que estaban haciendo las mujeres aquí. Eso fue lo que, poco a poco, me llevó a interesarme y a conocer más la lucha del pueblo kurdo. Y eso, finalmente, me trajo a Rojava.

Imagen: Movilización de mujeres en Rojava / Aurora Picornell

Al llegar a Rojava, a muchas personas nos sorprende su cultura de la hospitalidad. Nos sorprende que seamos tan bien recibidas, que se abran tantas puertas, que se ofrezca cobijo, comida y lo poco que tienen. Y ver cómo te reciben, como una compañera, como una persona. A veces, nos pasa, en otros contextos en Occidente, que vamos dejándonos de tratar como personas y desconfiamos las unas de las otras, y, entonces, juzgamos. Pero aquí te encuentras con lo opuestos: te reciben con los brazos abiertos, con confianza y tratándote como una compañera más. En ese sentido, la relación con la población siempre ha sido una experiencia positiva, al ver cómo personas que están en el caos creado en Medio Oriente, con toda la guerra que viven desde hace tantos años -y con todo lo que eso supone, no solo en el impacto de la guerra a nivel económico, ecológico, etc.-, aun así, te reciben en su casa con una sonrisa, se ponen a hablar contigo mientras tomas té y con todas las buenas maneras que el liberalismo, de algún modo, nos intenta hacer perder en otras partes del mundo.


Ahora, estoy participando de la campaña #WomenDefendRojava, que desarrolla el Kongra Star y se inició un poco antes de la nueva invasión turca en octubre del año pasado. La campaña trata de organizar, activar e impulsar la solidaridad y el internacionalismo de todas las mujeres en el mundo, no solo para la defensa de Rojava, sino para construir una revolución de las mujeres. Es una campaña que se realiza desde los últimos meses y se articula por medio de comités, de grupos de mujeres que se reúnen para llevar adelante acciones, formaciones, explicaciones de la situación en Rojava, participación en manifestaciones en sus propios pueblos o ciudades. Es una campaña para juntarnos como mujeres y que cada una pueda actuar de manera local, pero pensando de manera global, pensando en las mujeres de Rojava y el mundo, que ahora mismo están resistiendo frente a la invasión de Turquía y sus aliados yihadistas. La campaña está presente en diferentes países y la intensión es seguir desarrollándola desde el norte y el este de Siria, y en todo el mundo. Que sea una manera de unirnos y vincularnos como mujeres, y defender la revolución. Los avances que aquí se han dado no solo son importantes para las mujeres de la región, sino que son un paso adelante para las mujeres de todo el mundo. Tanto por nuestra responsabilidad de internacionalistas, pero también para nuestra propia libertad como mujeres, vivamos donde vivamos, tengamos religión o no, y hablemos la lengua que hablemos, defender la revolución de Rojava es defender nuestra propia libertad.

Mujeres y liberación

En Rojava, las mujeres son el auténtico motor de la Revolución. Lo son desde el planteamiento más teórico, más ideológico, que se hace a la cuestión de la liberación de la mujer, como también en la práctica y en cómo se desarrolla. Se entiende que, sin la liberación de las mujeres, la liberación de la sociedad no es posible. Haciendo un repaso histórico, y cómo se materializa hoy en día, la opresión de la mujer, relegándonos a la casa, por fuera del espacio público, negándonos la independencia económica o siendo mano de obra barata o de reproducción gratuita, al final, es una herramienta que ha servido de base para la explotación de la sociedad entera, para romper la comunidad y para legitimar, de alguna manera, toda la explotación que se hace.

Imagen: Inauguración de una Casa de las Mujeres en Rojava / Aurora Picornell

Es imposible plantear una liberación de la sociedad si no somos capaces de reconstruirnos y liberarnos como mujeres. No podemos ser libres como sociedad cuando la mitad de la población está oprimida. Como pueblos, no podemos ser libres si oprimimos a otros pueblos. No podemos ser libres si estamos oprimiendo a miembros de la sociedad. Aquí, se pone mucho en valor la figura de la mujer, precisamente, por su papel en la sociedad, por su papel en la gestión más comunitaria y en la reconstrucción de la vida. Se plantea la necesidad de romper con esta explotación y opresión contra las mujeres, y con esta mirada patriarcal que el mundo ha tenido a lo largo de su historia. La historia es una historia de explotación, de dominación, de conquistas de territorios, de asesinatos y genocidios. Todos estos valores fueron legitimados a través de la opresión de la mujer. Por eso, es necesario que rompamos con ellos si queremos realmente romper con la opresión del sistema.

Ahora mismo, y a lo largo de toda la historia, el sistema capitalista depende de las mujeres y de nuestro trabajo, pero no importa si nos asesinan a miles cada año. Para construir realmente una vida en libertad, es necesario que las mujeres seamos libres, si no, no será posible. Porque no podremos cambiar la mirada con la cual estamos construyendo el mundo y porque seguirá existiendo la mitad de la población mundial oprimida. Por lo tanto, desde ese punto, no podemos ser capaces de construir otro mundo.

Autonomía y autodefensa

Aquí, puedes ver cómo las mujeres son el motor de la Revolución, ya que son las más activas, las más ilusionadas, las más fuertes, no sólo en los espacios autónomos de mujeres, sino también en las estructuras y proyectos mixtos. Las mujeres son las que están ahí, tirando del carro, desarrollando los proyectos y haciéndolo con ganas y con la ilusión de aportar realmente el esfuerzo que sea necesario para llevar a cabo esta revolución. Lo ves en todas las mujeres de la sociedad. A nosotras, en el resto del mundo, tal vez nos llegó solo una parte de esta defensa, pero es una parte importantísima y, sin duda, es todo un símbolo de la revolución, que ha tenido un impacto súper-positivo.


Están las YPJ, pero la revolución también se desarrolla en muchos otros ámbitos. La desarrollan las madres de la asociación de mártires, lo que hacen las jóvenes -con una potencia y una fuerza increíble-, y que se lleva adelante desde todos los ámbitos con mujeres de todas las edades, con diferentes procedencias, religiones. Lo desarrollan en el día a día, en las instituciones, haciendo acciones, en el frente con la autodefensa ante el Estado turco y sus aliados yihadistas. Pero a la revolución también la impulsan las madres con su trabajo incansable cuidando a las familias, las estudiantes generando la autoeducación en los diferentes institutos y así lo hacen todas las mujeres en todas las facetas de la vida. Las mujeres no sólo hemos tomado el ámbito militar, sino que hemos continuado en todos los ámbitos, también aquellos que son invisibles, como es el trabajo a nivel social y que es imprescindible para que se desarrolle la revolución. Las mujeres aquí son realmente la vanguardia de la revolución. Y esto pasa por una cuestión muy simple: al final, las más oprimidas somos las que más vamos a luchar por defender esto. Y, especialmente aquí, sobre todo, mujeres que han vivido bajo el Daesh, como las mujeres de Raqqa.


Hay que destacar la autonomía de las mujeres. Eso es algo que se ha intentado destruir, destruir nuestros vínculos, porque, precisamente, el potencial que tienen estos vínculos es lo que puede hacer de una revolución que sea victoriosa y que se mantenga, como vemos aquí, ocho años después de que comenzara. Tejer vínculos entre nosotras es uno de los puntos más potentes que tiene la revolución. La otra parte es la autodefensa. Si queremos llevar a cabo una lucha por la vida, vamos a tener que defenderla. En una de las partes donde se materializa la autodefensa es en lo militar. No olvidemos que estamos en un territorio donde tropas fascistas turcas y con diferentes bandas de yihadistas ocupan regiones e intentan avanzar.

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Imagen: Acto de mujeres en Rojava / Aurora Picronell

También es importante la autodefensa en todos los aspectos de la vida, en cómo defendemos nuestra manera de pensar, para no pensar como aquellos que nos quieren sumisos. ¿Cómo protegemos nuestro territorio, la naturaleza, a nuestras vecinas, a los niños y niñas, a toda la sociedad? ¿Cómo nos protegemos de todo lo que pasa? Desde la perspectiva de las mujeres, es muy interesante ver cómo se desarrolla, desde un lado, con las YPJ, pero, por otro, con las cooperativas de mujeres para defender su independencia económica o el vínculo que hacen entre ellas las madres de mártires para protegerse de esta guerra. La lucha de las mujeres en Rojava es lo que da más esperanza de que la revolución pueda ser victoriosa por muchos años y se extienda por muchos territorios. Si existe alguna esperanza, o si hay algo potencialmente ganador en todo este gran cambio que tenemos que hacer en el mundo, es precisamente la lucha de las mujeres. En el momento en que nos encontremos entre nosotras y nos empecemos a organizar, la ilusión por cambiar este mundo y por recuperar nuestras vidas en libertad va a ser demasiado fuerte y no la va a poder parar ni el Estado turco ni toda la OTAN.

Crítica y autocrítica

Sobre Rojava, hace falta una mirada mucho más profunda, más amplia, que tenga en cuenta el contexto en el que nos encontramos. Hay un proyecto claro. En algunos ámbitos, se han podido dar más pasos y, en otros, no. Pero la dirección hacia la que caminamos es clara. El problema, en gran medida, es el contexto en el que nos encontramos. No podemos olvidar que la revolución se encuentra en medio de una guerra no sólo militar. Desde hace unos meses, la invasión de Turquía continúa expandiéndose por el territorio de Rojava, después de la invasión de Afrin. En octubre, tomaron por la fuerza militar otros territorios. Es también una guerra económica, porque Rojava sufre un embargo. Es una guerra mediática, con toda la contrainformación y la propaganda que se hace desde Turquía y del resto de los estados miembros de la OTAN y de otras potencias. Contra Rojava, se lleva a cabo una guerra mediática, económica, militar, psicológica, que hace que el desarrollo de la revolución se encuentre con bastantes dificultades, por lo que, en que muchos momentos quizá, no se den los pasos que querríamos o que haya dificultades para dar esos pasos más rápidos.


Sería interesante ver cómo se puede desarrollar esta revolución sin todas estas fuerzas contrarrevolucionarias en contra de la autoadministración del norte y el este de Siria. Aun así, hay algunos aspectos que considero muy importantes, que marcan la diferencia en cómo se está construyendo este proyecto a pesar de todas las dificultades. Una es la voluntad de mejora constante, de revisión a través de la práctica. Es revisar todo constantemente: qué es lo que funciona, lo que no, con qué posibilidades se cuentan, qué dificultades nos encontramos y cuáles no. Esas son las herramientas que se utilizan de manera sistemática, a través de la crítica y la autocrítica, precisamente, para señalar aciertos y errores, modificarlos e ir mejorando poco a poco. Y, así, salir de posiciones dogmáticas y entender que no tenemos una receta mágica para hacer la revolución, sino que aprendemos haciéndola desde la práctica y la autocrítica constante. Así, vamos a ir avanzando. Uno de los grandes valores que aporta la revolución en Rojava es entenderse como un proyecto en constante desarrollo y mejora, con los aportes de todo el mundo.


Historia y educación

Otro punto importante es la mirada global que aquí se plantea en la lucha. Al final, la revolución de Rojava es una lucha en defensa de la vida en común y con sentido. Ahora mismo, nos encontramos en un mundo en que el sistema capitalista y patriarcal no tiene ningún sentido. Es un sistema que destruye el planeta, un sistema en que unos pocos tienen mucho y el resto trabaja miles de horas, pasa hambre y no puede pagarse una casa. Es un sistema en el que las mujeres somos asesinadas a diario en todo el mundo. Como sociedad, tenemos una manera de vivir que no tiene ningún sentido y lo que se plantea en Rojava es una reconstrucción de la vida en todos sus ámbitos: desde la liberación de las mujeres hasta implicar a las personas mediante sistemas democráticos para autogobernarse; en la manera en que tenemos de relacionarnos con nuestro entorno natural, con la tierra de donde nos alimentamos y nos abastecemos de los recursos que genera. Esta mirada global es muy importante para plantear una enmienda al sistema en el que vivimos.

Uno de los aciertos es el foco que se pone en la educación de las personas, en educarnos y hacer las cosas diferentes, porque siempre hemos sido educadas con las herramientas del sistema liberal, entonces, no vamos a ser capaces de crear un sistema diferente. También tenemos la responsabilidad, si queremos hacer las cosas diferentes, de aprender a hacerlas de otra manera. Eso se hace con la formación y con la práctica, ir viendo los errores que cometemos y señalarlos entre nosotras en un proceso colectivo para construir un mundo nuevo. La importancia de la educación en todas sus facetas, tanto de las jóvenes como de la gente mayor, de cualquier procedencia y profesión, es para hacer las cosas diferentes, para aprender de nuestra historia. Aquí, tienen presente que es necesario conocer su propia historia como kurdas, asirias, árabes, conocer su propia historia para saber qué nos ha traído hasta este punto en el que estamos y poder ver cómo hacemos para ir a otro punto nuevo que deseamos.

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Imagen: Aurora Pocirnell

Se puede ver cómo se implica a toda la sociedad en el desarrollo de la revolución. No es un grupo de personas que desarrolla una revolución, sino que es realmente el pueblo el que impulsa la revolución, porque, al final, es el pueblo el que impulsa la sociedad. Al haber tantas instituciones sociales, desde la organizaciones de jóvenes a las de estudiantes, o a las organizaciones de autodefensa civiles de las comunidades, las asociaciones de diferentes etnias o religiones, de familiares de las personas caídas en la lucha, implica que toda la sociedad se organice para llevar a cabo esta revolución, para llegar a cada ámbito del desarrollo social. De lo que se trata es cómo gestionar y compartir un territorio, y vivir en él.

Internacionalismo y aprendizajes

Como internacionalista, un punto que destacaría es que la revolución no se queda en Rojava. Por ejemplo, cuando se dio la lucha contra Daesh, esa lucha no se frenó en las fronteras de Rojava, sino que continuó hasta Manbij, Raqqa, hasta zonas que no son el territorio de Rojava. La lucha que se plantea aquí es por la liberación de la humanidad. ¿Cómo vamos a ser libres si la revolución y la lucha contra Daesh se hubiera detenido, si, en el pueblo de al lado, está Daesh martirizando, asesinando a las personas y explotando el territorio?


Hay que entender que la lucha es por toda la humanidad y, más aún, en un mundo globalizado como el actual, en el que nos liberamos todas o ningún pueblo va a poder ser libre. Ese es un valor importantísimo y la revolución no es solo por Rojava. Esto lo puedes ver, porque no sólo se desarrolla en zonas donde vive población kurda. Ahora, ya hablamos de los territorios del norte y el este de Siria, porque esta revolución propone un modelo de autogestión colectiva, un modelo de vida, de vivir en comunidad, y de gestión comunal del territorio, que es una propuesta que no se queda en los límites de ninguna frontera.


A menudo, tenemos una perspectiva poco internacionalista del internacionalismo. Es una perspectiva de la solidaridad, pero no desde una perspectiva internacionalista real. Esa es una de las cuestiones que más profundamente me han cambiado: poder sentir que luchar aquí, o allá, o en cualquier parte del mundo, se debe hacer por los mismo valores. Si estás en un sitio u otro, estás en la misma lucha. Son diferentes golpes que le estamos dando al sistema desde diferentes partes, pero es una sola lucha y por la humanidad entera. Muchas de nosotras tenemos la perspectiva de separar las cosas, de clasificarlas, a ponerlas a cada una en su recuadro exacto y no pensar en general, en lo más grande, más allá de las propias fronteras que nos imponemos por conceptos o ideas preconcebidas que tenemos. Una de las cosas que más me ha cambiado es entender -y ya no desde lo más racional- y poder sentir lo que es la lucha internacionalista desde una perspectiva verdaderamente internacionalista. Cuando partí de mi territorio, tenía muchas flaquezas, en el sentido de entender las cosas de manera separada, de analizar desde una perspectiva poco global.

Tradicionalmente, en mi territorio, y en toda Europa o en todo Occidente, los vicios que tenemos a la hora de la lucha es más para sentirnos revolucionarias que por hacer la revolución. Esto fue muy influenciado por el neoliberalismo, por sentirnos mejor que los otros, que tu organización es mejor o que eres más listo. Hay que aprender a valorar a cada una de las compañeras desde sus puntos fuertes y débiles, y aprender que el proceso es colectivo. El proceso que hacemos hacia adelante solo puede ser colectivo y plantear las luchas desde una perspectiva mucho más global con el resto de compañeras y compañeros. De algún modo, al llegar aquí, pude ver cómo la gente participa en la revolución desde otros lugares, que no es la militancia política en organizaciones con una ideología desarrollada, sino que la lucha se lleva adelante desde la madre que te está diciendo que ella se va a quedar a defender su casa y que, de ahí, nadie la va a mover, o la que va al entierro de uno de los compañeros que caen y sus familias no están, y entonces van a acompañarlo. Es poder aprender más y valorar más a todas las compañeras, y entender que el proceso es colectivo.

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Imagen: Cementerio de mártires en Rojava / Aurora Picornell

Momentos y recuerdos

Me resulta difícil quedarme con algunos momentos y recuerdos… Ver a mujeres jóvenes que han tenido que marcharse de Afrin luego de ser ocupada por los turcos y que llevan meses esperando para defender Kobane en el caso que se produzca una invasión. Ver que esa fortaleza que tienen, con escasos 19 o 20 años, después de abandonar su tierra, de enterrar a varios amigos o familiares, ver esa entereza que tienen, y cuando una compañera está mal, hacen el esfuerzo para bailar o para animarla. Esa fuerza de estas mujeres tan jóvenes que son realmente la esperanza de la revolución y están dispuestas a llegar al final, y que entienden que su vida no puede tener sentido si no la ponen en riesgo para la defensa de su pueblo y de su tierra.

Una de las cosas que más tengo presente es ver a tantas personas dispuestas a entregarse en el frente, pero también cada día, las 24 horas, entregarse a la lucha por la libertad de su pueblo. La otra es cuando una compañera kurda nos explicaba que su lucha no era solamente por las mujeres de Rojava, sino que era por todas las mujeres del mundo, y que la lucha de las mujeres no entiende ni va a entender de fronteras. Y aquí, realmente, tiene este potencial. En las miradas de estas mujeres, puedes ver que no van a parar de luchar ni un solo momento hasta que en todo el mundo seamos libres. Una de las cosas que más fuerza me dio en estos meses en Rojava fue vivir ese entendimiento absoluto de la libertad colectiva de todas las mujeres.

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