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Un conseller del tripartito que abomina del tripartito

Fuentes: Rebelión

Algunas voces críticas han afirmado con insistencia, y no sin documentación, que es el peor conseller de todos los gobiernos de la Generalitat restaurada. Otras voces más comedidas afirman que sí, que de acuerdo, que desde cualquier atalaya de izquierdas, por moderada y prudente que esta pueda ser, es el peor conseller pero sólo de […]

Algunas voces críticas han afirmado con insistencia, y no sin documentación, que es el peor conseller de todos los gobiernos de la Generalitat restaurada. Otras voces más comedidas afirman que sí, que de acuerdo, que desde cualquier atalaya de izquierdas, por moderada y prudente que esta pueda ser, es el peor conseller pero sólo de la conselleria de Educación.

Se les recuerda a los últimos críticos los consellers de CiU, especialmente los de Unió Democrática, el partido dirigido por ese político de derecha extrema llamado Duran i Lleida. No importa responden, a estas alturas de la película no vale dejarse llevar por las siglas y las apariencias. El balance es devastador, desolador sostienen: concepción neoliberal de la educación; desprecio a los sindicatos de enseñantes por moderados que estos hayan sido en sus vindicaciones; tres grandes huelgas contra su política con el silencio y la inmovilidad como respuestas; continuidad -y superación incluso- en las generosas subvenciones a la escuela privada concertada, Opus Dei no excluido ni tampoco las escuelas que segregan alumnos; pacto con la derecha catalanista en la Ley de educación catalana, arrojando a la cuneta, sin temblor en las manos, a sus propios socios de gobierno; eliminación (o en proceso de hacerlo) del bachillerato nocturno en Catalunya; estancamiento en el porcentaje del presupuesto dedicado a Educación (uno de los más bajos de España tras la comunidad de Madrid de la señora Aguirre a quien, desde luego, se critica abiertamente por privatizadora); apoyo de palabra al software libre y acuerdos de hecho con grandes multinacionales del software privativo. Y así siguiendo, sin tregua, sin descanso, sin ningún gesto de izquierda.

Los críticos añaden una arista más, muy reciente. Aprovechando que el Ter pasa por A Coruña, que el conseller de Medio Ambiente de ICV tiene algunas dificultades políticas y alguna encuesta electoral preparada para la ocasión, el señor conseller declaró el miércoles 10 [1] de febrero que el país, Catalunya o la sociedad catalana (no puedo precisar, pero no es imposible que el término elegido haya sido «Catalunya») no está para renovar experimentos tripartitos, «un artefacto como ese» creo que ha sido la expresión elegida. Ya está bien, a otra cosa ha apuntado, el señor conseller La sociedad catalana no está por esa labor, no está por apoyar otra vez un gobierno inestable (sic) o vivido de forma inestable (sic).

Recordemos: el conseller no forma parte de un gobierno en funciones. No está abierta la campaña electoral. Las elecciones catalanas se celebrarán el próximo otoño. El conseller está atacando directamente la arista de izquierdas de un gobierno del que forma parte. ¿Y a santo de qué vienen estas reflexiones? Las hipótesis forman una serie interminable: el conseller puede estar haciendo un trabajo encargado directa o indirectamente por el president, que desde luego se desmarcará dos centímetros y medio si la situación lo requiere; el conseller está abonando desde ya por un gobierno de gran coalición (PSC-CiU o PSC-ERC-CiU) que garantice su presencia en lugar prominente; el conseller habla pensando en su futuro político, un futuro que reside en otras siglas no alejadas dado que no es probable, dado su inmenso desgaste político, que repita en las siglas del PSC o que tenga garantizado algún cargo institucional de importancia. El conseller habla para el sector del partido que representa, el más socioconvergente. El conseller aspira a que los votos de izquierda, todos los votos de izquierda, se concentren en las siglas que representa transmitiendo la sensación, vana desde luego, de que su partido puede gobernar en solitario pero con el objetivo de que a su izquierda no crezca la hierba y pueda negociar con más fuerza con CiU. Tanto da. No es necesario analizar con detalle sus intenciones, sus finalidades ni sus cálculos políticos. ¿A quién le importa en la izquierda las sesudas reflexiones políticas del señor conseller?

La cuestión es otra. ¿No debería el president de la Generalitat llamar la atención, digámoslo con suavidad, a un conseller de su gobierno por unas declaraciones de este calado político? ¿Vale todo en política, también la deshonestidad más zafia y abyecta? ¿ICV-EUiA no debería decir (o gritar) esta boca es mía y no suya ante tamaña provocación? ¿No debería exigir la ciudadanía de izquierdas alguna explicación ante este nuevo insulto a su inteligencia y rebeldía? ¿Merece un político así seguir cinco nanosegundos más en un gobierno que se dice de izquierdas?

El tema de fondo: ¿hicimos bien los ciudadanos de izquierda al posibilitar un gobierno que tuviera en su seno políticos de esa catadura poliéticas?

Me olvidaba: el conseller, innecesario es decirlo, es Ernest Maragall, nieto de un gran poeta. ¡Qué cosas tiene la genética!

PS. Ignoro si esta página tiene muchos lectores socialistas que no han claudicado. Si fuera así, si tal conjunto no fuera vacío, que no lo es probablemente, me permito una sugerencia: ¿por qué no intentar que el tiro le salga por la culata al señor conseller? ¿Cabe algún voto de izquierdas a una dirección con esa perspectiva?

Nota:

[1] Si no ando errado, las declaraciones se han producido durante o tras una conferencia. Se ha señalado que el president de la Generalitat conocía el texto de la intervención del conseller. Desconozco si también conocía el contenido de las palabras comentadas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.