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Sólo los psiquiatras pueden explicar el comportamiento de Israel

Una marcha de locos

Fuentes: Counterpunch

Traducido para Rebelión por LB

Nuestro salvaje mundo de la delincuencia ha sido recientemente sometido a observación. Desde el guardaespaldas del jefe de Estado Mayor del ejército israelí hasta los asesinos de sus propios hijos, todos han sido sometidos a observación. Ha llegado el momento, como es costumbre por aquí, de someter al propio país a observación. Tal vez con un tratamiento continuo por parte de especialistas se pueda hacer un diagnóstico que nos salve.

Existen numerosas razones que aconsejan la observación. Una larga serie de hechos que no tienen explicación racional o, simplemente, ninguna explicación, inducen a sospechar lo siguientes trastornos: pérdida de contacto con la realidad; locura transitoria o permanente, paranoia, esquizofrenia y megalomanía; pérdida de memoria y pérdida del juicio. Todo esto debe ser examinado mediante cuidadosa observación.

Los especialistas en psiquiatría podrían tener la gentileza de tratar de explicar cómo un país con dirigentes comprometidos con una solución de dos Estados sigue destinando presupuestos ingentes a la construcción de más asentamientos en los mismos territorios que pretende abandonar en el futuro. ¿Qué explicación puede haber, fuera de la psiquiatría, para congelar durante 10 meses la construcción de viviendas en los asentamientos y acto seguido volver a construir con renovado ímpetu? ¿Cómo puede un país ser tan tacaño a la hora de asignar recursos a la asistencia sanitaria de su ciudadanía, cuyos pobres son cada vez más pobres, y, sin embargo, cuando una parte de las carreteras en Cisjordania ya están catalogadas como peligrosas, construir más y más carreteras que llevan de ninguna parte a ninguna parte?

Los psiquiatras deberían explicar cómo el fiscal del Estado puede anunciar su intención de expropiar más tierras de propiedad privada palestina en el asentamiento de Ofra -«el mayor asentamiento ilegal de los territorios», en palabras del consejero del ministro de Defensa en materia de asentamientos-, cuando el primer Ministro Benjamin Netanyahu, en su discurso del año pasado en la Universidad Bar-Ilan, se comprometió explícitamente a no hacerlo, y el presidente Shimon Peres hizo lo mismo en una reunión con el presidente egipcio, Hosni Mubarak.

Deben explicar qué hay detrás de la decisión de estudiar la posibilidad de anexionar la autopista 443, que discurre por Cisjordania, y declararla territorio israelí como estratagema para saltarse la reciente sentencia del Alto Tribunal de Justicia que ordena abrir esa carretera a los automovilistas palestinos. ¿Cómo puede un país que predica el imperio de la ley saltarse a la torera al Tribunal Superior por medio de leyes de circunvalación? ¿Y cómo puede ser que una insignificante minoría -los colonos- siembre el miedo y consiga extorsionar al país durante tantos años?

Los especialistas en psiquiatría deberían aclarar cómo un país que ha recibido un informe tan potencialmente desastroso para él como el informe Goldstone, puede negarse con semejante pertinacia y obstinación a convocar la comisión de investigación que el informe propone como cláusula de salvaguardia. ¿Cómo puede un país que ha luchado tan desesperadamente por su imagen y posición internacional y que depende tanto de la benevolencia del mundo, nombrar a un personaje tan gangsteril y violento como Avigdor Lieberman como su diplomático nº 1? El ministro de Asuntos Exteriores tiene vedado el acceso a la mitad de los países del mundo y sufrimos las consecuencias.

¿Por qué no considera Israel la posibilidad de presentar ante el mundo, aunque sea ilusoriamente, un rostro más agradable que el careto amenazador de Lieberman? ¿Por qué un país al que una parte tan grande del mundo ha condenado al ostracismo no se pregunta, aunque sea por un instante, qué ha hecho él mismo para acabar en esa posición de aislamiento desde la que no hace sino atacar y señalar con el dedo a sus críticos? ¿Cómo puede una sociedad que lleva ya dos generaciones implementando en su patio trasero una ocupación cruel negarse a hablar de ella y seguir sintiéndose tan ufana eludiendo cualquier tipo de auto-examen, sin expresar incluso un ápice de reprobación moral?

¿Qué tipo de explicación se puede dar ante el hecho de que en un país con clara mayoría secular no exista cauce legal para el matrimonio civil, no haya autobuses o trenes que funcionen en Shabat? ¿Cómo es que en un país así los ricos gobiernos municipales estén obligados a transferir fondos a los consejos religiosos -ni más ni menos-, en lugar de destinarlos a satisfacer otras necesidades? ¿Cómo puede un país que alberga en su seno a una minoría árabe que durante más de 60 años ha demostrado una fidelidad sorprendente al Estado hacer todo lo posible para abajarla, humillarla y excluirla, tratarla injustamente y generar en ella un sentimiento de frustración y odio?

¿Se puede explicar racionalmente el hecho de que un país al que todos los Estados árabes han presentado una propuesta de paz histórica se niegue a discutirla siquiera? Un país con el que el presidente de Siria (cuyo principal aliado, Irán, amenaza a Israel) está pidiendo llegar a un acuerdo de paz pero que sigue insistiendo en su negativa. Sólo psiquiatras expertos podrían explicar qué relación puede haber entre la continua ocupación de los Altos del Golán y las oportunidades perdidas para la paz, por un lado, y la seguridad o la lógica, por otro. Al mismo tiempo, deberían analizar la vinculación entre la santidad de los lugares históricos y la soberanía sobre ellos. Y, sobre todo, deberían aclararnos cómo una sociedad tan inteligente y talentosa participa en esta marcha de locos sin que nadie proteste.

Se trata ciertamente de un caso difícil de entender. Razón de más para recomendar que se someta al país a observación.

 

Fuente: http://www.counterpunch.org/levy01142010.html