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Un texto escrito en 2006 pero de innegable actualidad

Veinticinco años de caciquismo autonómico

Fuentes: Rebelión

El presente texto fue publicado como epílogo al libro de R. Pérez Almodóvar y J. M. Castellano Gil «El paraíso según Adán. Veinticinco años de caciquismo autonómico». Asociación Taller de Comunicación. Tenerife. 2006.


Hace veinticinco años, éramos muchas personas las que pensábamos ingenuamente que con las «autonomías» la cosa pública iba a funcionar mejor. Era una ingenuidad razonable. Si las decisiones se tomaban más cerca de dónde estaban los problemas, (principio de subsidiariedad) y con mejor conocimiento de ellos debido a esa proximidad, parecía razonable que el dinero público se gastase de manera más eficiente, es decir, se despilfarrase menos, para resolver esos problemas. Así es que parecía razonable pensar que podía mejorar el bienestar de las personas e incluso proteger mejor el medioambiente. No se nos ocurrió que el principio de subsidiariedad podía convertirse en un reactivador del caciquismo autonómico ante la ingente cantidad de fondos públicos que llegarían de Madrid y Bruselas y ante el creciente negocio urbanístico de las islas.

La lectura del libro de Ramón Pérez Almodóvar y José Manuel Castellano Gil me ha enseñado mucho sobre esa economía y esa sociedad canarias que, difícilmente, llega a estudiarse en la Universidad. Por eso tengo que agradecerles que me hayan ayudado a aclarar y ordenar mis ideas sobre la economía y la sociedad de Canarias durante los últimos años. En Canarias, aunque no sólo aquí, se ha consolidado un tipo de gobierno y de toma de decisiones que se puede calificar como Caciquismo Autonómico. Es más, me temo que la ampliación de los Estatutos de Autonomía (¡Dios nos coja confesados!), auténtica cortina de humo para no hablar sobre los problemas reales que preocupan a los ciudadanos, sólo va a reforzar este caciquismo. La razón es que esta manera autoritaria y caciquil de gobernar, se disfrace de Autonomías, nación o lo que sea, se ha extendido por todo el país y descansa sobre unas instituciones, un lenguaje y unas ideas totalmente ficticias. Esta es la realidad, ya prevista por Joly como forma de gobierno en 1864, cuando señalaba amargamente: «El secreto principal del gobierno consiste en debilitar el espíritu público, hasta el punto de desinteresarlo por completo de las ideas y los principios con los que hoy se hacen las revoluciones. En todos los tiempos, los pueblos al igual que los hombres se han contentado con las palabras. Casi invariablemente les basta con las apariencias; no piden nada más. Es posible entonces crear instituciones ficticias que respondan a un lenguaje y a ideas igualmente ficticias. (Joly, 1992) (la negrita es mía).

Las supuestas autonomías se han consolidado como caciquismos bajo un tenue barniz de democracia basada en las elecciones pero sin tener en cuenta a las personas a la hora de tomar las decisiones. Sin embargo, «…la escenificación de las elecciones despierta cada vez mayor indiferencia entre la población que, como máximo, le atribuye el interés circunstancial de un bingo que puede coincidir con su papeleta depositada en la urna, en el caso cada vez más hipotético de ser votante» (Albert Boadella, 2000, 156). (la negrita es mía). En cuanto a la vida democrática después de las elecciones estaremos de acuerdo en que «…pasaron los tiempos de la dictadura pero no desapareció la ominosidad. Los herederos de los antiguos caciques habían aprendido sus mismos hábitos, sus mismos códigos, su misma lógica. Y aunque ahora es todo más costoso, porque hay que darle apariencia democrática, los mimbres con los que se teje el cesto son los mismos y sólo se trata de ir comprando voluntades, prometiendo premios o amenazando con ejemplares escarmientos» (Cortina, 1998, 41). (la negrita es mía).

Esto ha permitido 25 años de irresponsabilidad y saqueo de lo público en beneficio de un entramado político-empresarial que por toda España se califica de «lo nuestro», es decir, de lo suyo. Pero ahora resulta que la solución propuesta para, supuestamente, resolver los problemas generados por este neocaciquismo se encuentra en ampliar las competencias de los estatutos de autonomía y en conseguir que «Madrid» asuma la deuda histórica. Parece que quienes han gobernado autonómicamente durante este tiempo no tienen ninguna responsabilidad en la creación de esos problemas o en su no solución. Así pues, en lugar de pedir la devolución de competencias, que es lo que sería razonable, (¿pero a quien se las devolvemos?) por incompetentes e irresponsables en la gestión de lo público (pero no de lo suyo), la solución que defienden es más competencias para seguir saqueando lo público en beneficio de unos cuantos, de «nuestra gente», es decir, de los amigos. Se insiste en que el problema está en Madrid y en que con una bandera, un himno, una «identidad» y la policía autonómica lo arreglamos todo. Y el problema es que hay muchas personas que se lo creen. Y mientras tanto se hacen enormes negocios a costa de «lo nuestro», es decir, de lo nuestro, del bienestar de la mayoría de los ciudadanos.

Además de Adela Cortina, y junto con Ramón y José Manuel, una de las pocas personas que se ha atrevido a ver hace tiempo esta situación, y a hablar de ella con claridad, es Albert Boadella. El diagnóstico que hace este lúcido «bufón», como él mismo se califica, entiendo que no se aplica sólo a Cataluña sino a toda la España Autonómica. Personalmente, cuando le leo, veo a Canarias y a las otras comunidades en las que muchas personas sienten lo mismo que siente Boadella. Concretamente, decía él en 2001, «…no me imaginaba que las emociones experimentadas ante los símbolos culturales de mi tierra se irían transformando muy pronto en la repugnancia que hoy siento por la sordidez de este país miserable y endogámico» y sigue «La Cataluña de finales del siglo XX, dotada de todas las libertades posibles y beneficiada con las mejores coyunturas económicas, ha hecho también la mejor demostración de «vuelo gallináceo» -Josep Pla dixit– de su historia. El sueño de la tierra «libre, despierta y feliz» se ha convertido en marujalandia, un territorio al gusto patriótico de los excursionistas del Inserso. El país ha sido atacado por una epidemia de marujas y marujos catalanistas de todas las edades que, organizados como un perfecto orfeón, siguen las partituras transmitidas desde Catalunya Rádio y TV3, unos órganos oficiales convertidos en la materia de intoxicación más sutil y perfecta del siglo. Mientras tanto, el conjunto de cargos catalanes aprovecha la cretinización general para llevar a cabo suculentas operaciones financieras, amparado en un estado de corrupción soterrada gracias a la protección que les ofrece el tabú del nacionalismo, además del silencio cómplice del mundo mediático y judicial», (Boadella, 2001, 237).

¿Cuál ha sido el resultado de estos veinticinco años de caciquismo autonómico en Canarias? Lo explican muy bien Ramón Pérez y José Manuel Castellanos: convertirse en una sociedad totalmente descohesionada de pocos, nuevos y grandes ricos y de muchos pobres y en la que apenas hay distinción entre empresarios y políticos. Con una distribución de la renta cada vez más desigual, con 400.000 canarios bajo el umbral de la pobreza, según Cáritas, mientras que la riqueza monetaria se ha conseguido a través del engaño sistemático a Madrid (quizás sería mejor hablar de autoengaño después de las declaraciones del Ministro de justicia sobre la connivencia entre políticos y empresarios en Canarias) y a Bruselas conseguido con la complicidad del Gobierno Autonómico cuyo mensaje fundamental es que hay que persistir en el victimismo y en que la economía va muy mal para así conseguir más fondos, ayudas y subvenciones. Por eso, el presidente del Gobierno, Adán Martín, cuyo partido lleva gobernando casi veinte años, considera que la pobreza en Canarias es una de las «herencias más dolorosas» ajena, por supuesto, a sus responsabilidades como político. Me imagino que tampoco se considera responsable de un sistema fiscal profundamente injusto y generador de estas desigualdades, cuya estrella es la RIC, que permite a los empresarios no pagar impuestos ni dar cuenta de cómo gastan esos impuestos no pagados aunque, en teoría, tenían que destinarse a inversiones productivas y generadoras de empleo en Canarias.

Por otro lado, el que se atreve a ver y a hablar tratando de comprender y expresar su perplejidad, sin hacerse el loco o el bufón, sabe que va a ser descalificado, insultado e intimidado con la complicidad y la complacencia de los medios de comunicación que, lamentablemente, tienen perfectamente asumido que están al servicio de «lo nuestro», es decir, de lo suyo. Como dice el escritor Manuel Rivas, con respecto a Galicia, «la elección es democrática, la realidad intimidatoria».

Sin embargo, hay más semejanzas con Galicia. Ramón y José Manuel muestran en su libro que la noción de ultraperiferia no tiene tanto que ver con la distancia o la insularidad sino con la calidad de la democracia y con el poder, es decir, con el funcionamiento habitual de las instituciones públicas y de los empresarios. En Galicia, el periodista Manuel Rivas coincide con ellos al reconocer que «La condición periférica tiene que ver con la trébede del poder (político, económico, cultural) pero también es una convención mental, un prejuicio contra el que es preciso rebelarse» (Rivas, 2005, 42). (la negrita es mía).

Sin embargo, aquí, el gobierno canario insiste en que todo el mundo acepte y se crea la ultraperiferia como convención mental, tal y como hace el proyecto de Constitución Europea, para que siempre seamos ultraperiferia. Dicho de una manera más clara: Los políticos-empresarios canarios quieren seguir siendo profundamente ultraperiféricos para seguir recibiendo dinero de Madrid y Bruselas. Esa es su vocación: Victimista profesional. Ahora bien, por mucho que se insista en que la economía canaria va mal, los datos económicos (o mejor economicistas) ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística muestran con claridad que, a pesar de tanto victimismo y tanta ultraperi-feria, el PIB per cápita canario en 2004 es superior al de algunas comunidades oficialmente no ultraperiféricas como Andalucía, Asturias, Castilla La Mancha, Extremadura, Galicia y Murcia (El País, 2/5/2005). Otra cosa es cómo se distribuye ese PIB y cómo afecta al medio ambiente. Pero esto no importa ya que, oficialmente, el gobierno canario está a favor del desarrollo sostenible, en clara sintonía con el uso de un lenguaje ficticio, como señalaba Joly. Por otro lado, en esta ultraperiferia contamos con más de 100.000 viviendas vacías (datos del INE) y algunos empresarios canarios invierten de manera entusiasta en Cabo Verde, Marruecos y el Caribe. Pero no nos engañemos. La solución a tanta «Pasión por nuestra tierra y nuestras perras» se encuentra en continuar con la RIC, en consolidar el estatuto de Región Ultraperiférica, en la construcción de infraestructuras innecesarias, en la ampliación de las competencias del estatuto de autonomía y en la creación de la policía autonómica. Ah sí, y también en instalar el gas para «contaminar menos», para que luego digan que no les preocupa el medio ambiente.

Y el PSOE contento de ayudar a la gobernabilidad de Canarias. ¡Qué madurez política! Zapatero ya nos avisó, al comienzo de la legislatura, de que iba a «Hacer una democracia ejemplar» puesto que «La gente quiere políticos que les digan la verdad» (El País, 21 de marzo de 2004) pero no sabíamos que iba a ir tan rápido. Por su parte, Cristina Narbona, Ministra de Medio Ambiente, que antes de las elecciones escribió una carta recordando que el PSOE estaba en contra de la construcción del Macropuerto de Granadilla, porque había otras alternativas, y que reconoció que «…no hay mayor amenaza para el medio ambiente que la demagogia, es decir, el engaño a los ciudadanos, el ocultismo intencionado de datos y decisiones (…) la manipulación interesada de la situación real de los recursos naturales y de las alternativas que existen» (Recursos Mundiales, 2004, Prólogo, pág. VII), ahora acepta que su partido apoye el macropuerto. Esto es coherencia política en una democracia caciquil.

¿Qué es entonces lo que está pasando? De nuevo Ramón y José Manuel aciertan en sus artículos al mostrar con claridad cómo la toma de decisiones, hasta para publicar un libro que luego se impide distribuir, se hace de manera autoritaria, sin transparencia y despilfarrando los fondos públicos. «Quizás el mayor espectáculo de la política se hallaría hoy en la perfecta visualización de la corrupción que se extiende por todos los rincones, hasta el más modesto despacho del gremio, pero ésta es sólo una escenificación que aparece esporádicamente, cuando los más burdos son cazados por un adversario que esperaba con tenacidad su oportunidad para ser un corrupto más listo. De esta forma, la corrupción más espectacular obviamente no aparece en los medios, enfrentados entre ellos para proteger también las corruptelas de sus propios grupos financieros» (Boadella, 2000, 156).

En definitiva, existe un divorcio total entre los partidos políticos y los ciudadanos que, aunque voten poco, ni siquiera los que votan se sienten representados por estos partidos. Sin embargo, la apatía ante las elecciones parece que está empezando a ser sustituída, en Canarias, por una actitud crítica que refleja la toma de conciencia de que como ciudadanos tenemos el derecho de ser consultados sobre las decisiones a tomar porque tenemos cosas que decir, porque podemos presentar mejores propuestas y porque estamos en condiciones de debatir para que las decisiones que se toman sean decisiones que vayan, realmente, en interés de los ciudadanos. También porque nos lo permite la Constitución. En otras palabras, sabemos que «La forma en que adoptamos las decisiones y quién las adopta a menudo determina lo que decidimos». Es decir, que no podemos desligar la situación que atraviesa Canarias del neocaciquismo instalado.

Como decía hace unos meses Cindy Sheehan, la madre de un soldado norteamericano muerto en Irak, adonde fue voluntario creyéndose las mentiras de los políticos «Tenemos que defendernos de estos políticos». En Canarias cada vez somos más los que pensamos lo mismo. Estos políticos-empresarios están empeñados en hundirnos a todos. Y de nosotros depende que lo consigan o no. No se trata sólo de presentarse, o no, a las elecciones sino de ejercer «el derecho de mirada» y de «vigilancia cívica» pues estamos comprendiendo que «…hay demasiados problemas verdaderos para que se pueda dejar a los políticos el cuidado de inventar los falsos problemas necesarios para su propia perpetuación» (Bourdieu, 2004, 295).

Pero mi agradecimiento a Ramón y José Manuel no acaba en las ideas que me sugieren. Cuando en Noviembre de 2004 fui intimidado públicamente, pero de manera anónima, para que no ejerciera mi «derecho de mirada» y de comprensión de la realidad canaria y, menos aún, para que hiciera público ese derecho, Ramón y José Manuel fueron de los primeros que me dieron su apoyo público, apoyo que, para mí, tiene un valor especial puesto que ambos han sido intimidados y castigados por ejercer su trabajo con dignidad. De hecho Ramón perdió su empleo y no va a ser fácil que encuentre uno en este contexto de realidad intimidatoria. Así es que, gracias, de nuevo, por vuestro apoyo y por vuestra dignidad.

REFERENCIAS

Boadella A. El rapto de Talía. Plaza & Janés. Barcelona. 2000.

Boadella A. Memorias de un bufón. Espasa. Madrid. 2001.

Bourdieu P. Intervenciones. 1961-2001. Ciencia social y acción política. Editorial Hiru. Hondarribia. 2004.

Cortina A., Hasta un pueblo de demonios. Etica pública y sociedad. Taurus. Madrid. 1998.

Joly M.(1864), Diálogos en el infierno entre Montesquieu y Maquiavelo, Muchnik Editores, Barcelona,1992.

Rivas M. Una espía en el reino de Galicia. Aguilar. Madrid. 2005.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.