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Viva España con honra, abajo los Borbones

Fuentes: Rebelión

A mediados de los años 70 del siglo XIX, los escándalos y la corrupción imperantes en el reinado de Isabel II, desencadenaron el hartazgo de los pueblos del Estado español. El paro y la quiebra económica incrementaron los conflictos sociales, elevándose de forma incontenible un clamor popular: ¡Viva España con honra! ¡Abajo los Borbones!

El malestar social desembocó en la revolución de 1868, llamada la Gloriosa, y la huida de la reina Isabel II al extranjero. El sexenio democrático que le siguió acabó con la entrada a tiros en las Cortes de las tropas del general Pavía en enero de 1874. Poco meses después, antes de concluir el año, otro golpe militar, esta vez del general Martínez Campos, remataba la faena y se iniciaba la restauración de los Borbones en la persona de Alfonso XII, hijo de la reina huida.

Aquella restauración borbónica se clausuró también con la huida al extranjero de su hijo Alfonso XIII el 14 de abril de 1931, proclamándose la II República. Hazaña que ha repetido años más tarde esta corrupta saga tras la instauración de la monarquía franquista, actualmente en el poder. Esta vez lo hizo a lomos de un general monárquico llamado Francisco Franco, tras un fallido golpe militar, una guerra civil apoyada por Hitler y Mussolini y una dictadura genocida que se prolongó durante cuatro décadas.

A la muerte del dictador, en virtud de las leyes de la dictadura, aún vigentes, los Borbones heredaron la jefatura del Estado y de las Fuerzas Armadas en la persona de Juan Carlos I, también hoy huido al extranjero, a la espera de acontecimientos judiciales tras los hallazgos de la Fiscalía suiza.

Pero volvamos a Alfonso XII, hijo de Isabel II. Este prosiguió la trágica senda de sus antecesores.

El líder del independentismo cubano, José Martí, escribía por aquellos días:

Oculto en mi pecho bravo

La pena que me lo hiere:

El hijo de un pueblo esclavo

Vive por él, calla y muere.

La revolución cubana provocó la intervención de los Estados Unidos, que terminó con la derrota de la flota española capitaneada por el almirante Cervera.

Con la perdida de Filipinas y de Cuba, concluyeron los sueños imperiales del Reino de España. Se cerraba de este modo el ciclo de dominio y expolio sobre otros pueblos de ultramar, colonizados a sangre y fuego por la Corona española.

Don Benito Pérez Galdós, que estudió como nadie la esencia de España, escribió en aquellos años paginas inmortales de su colosal obra Episodios Nacionales.

El paro y la miseria nos convirtió en pueblo de emigrantes y el verbo de la Restauración borbónica se hizo carne y habitó entre nosotros: al amigo el favor; al enemigo la ley. Así fue y así sigue siendo en nuestros días.

De aquellos polvos… borbónicos, pasando por la intervención de Hitler y Mussolini en la Guerra de España, estos lodos.

De nuevo Felipe VI, aplicando la táctica del calamar, ha ocultado sus vergüenzas tras la tremenda tragedia del coronavirus, que ocupó la mayor parte de su discurso de Navidad de 2020.

Ni la menor referencia explicita a los escándalos de su padre, el rey Juan Carlos I, en virtud del cual detenta el trono. Un Rey de España, inviolable en el Estado español, huido vergonzosamente a los Emiratos Árabes por graves delitos económicos, pendientes de juzgar. Los Borbones, de forma recurrente, continúan arrastrando por el barro el buen nombre de España.

Tampoco ni una sola palabra sobre las victimas de la dictadura, ni sobre los militares monárquicos, encrespados como de costumbre, que apuntan a 26 millones de españoles y de españolas, amenazando con fusilamientos masivos, como si de una broma macabra se tratase, afirmando así su siniestro papel reaccionario al servicio de la corona.

En medio de estos escándalos de militares monárquicos -que incluso han llegado hasta el Presidente del Parlamento Europeo- el silencio del rey, mando supremo de las Fuerzas Armadas, delata su complacencia.

Tampoco parece importarle mucho el horror de los feminicidios que asola a la sociedad, ni lo abusos sexuales perpetrados por mandos contra mujeres en las Fuerzas Armadas, de las que ostenta el mando supremo.

Por si fuese poco, se ha permitido una vez más escudarse en una constitución rancia y peligrosa, que lo blinda frente a delitos comunes y no comunes.

En efecto, de su postureo navideño, sin sustancia alguna, con promesas vanas sin fundamento alguno, extraigo tres frases para nada inocuas:

«una Constitución que todos tenemos el deber de respetar» Es decir, una constitución que le otorga privilegios exorbitantes, como la posibilidad de delinquir impunemente, lo que recuerda su infame discurso del infausto 3 de octubre, dos días después del apaleamiento de miles de catalanas y catalanes que pretendían votar pacíficamente, ratificando implícitamente su actitud amenazante hacia el pueblo de Catalunya.

Constatamos una vez más que Felipe VI no respeta la soberanía popular. Teme al pueblo y por ello muestra su peligrosa tendencia absolutista al anteponer una constitución, producto de la dictadura, por encima de la soberanía popular, que reside en el pueblo. Si las leyes de la dictadura franquista fuesen abolidas, a las cuales debe su trono (leyes de sucesión), la constitución del Régimen del 78 sería nula de pleno derecho, es decir un papel mojado sin valor jurídico alguno.

«un largo periodo de enfrentamientos y divisiones» Una legitimación escandalosa del golpe militar, la guerra de España y la dictadura franquista. Una equidistancia nauseabunda, que humilla a decenas de miles de víctimas del franquismo, muchas de las cuales siguen en fosas comunes o en las cunetas, victimas de crímenes de lesa humanidad que no prescriben.

evitar, sobre todo, que derive en una crisis social” Felipe VI muestra una vez más su pánico a los inevitables conflictos sociales, producto de las contradicciones del Régimen del 78, que nos abocan a la quiebra económica y el paro.

El discurso de Felipe VI, cobardemente a la defensiva, prueba la evidente descomposición de la monarquía y su probable implosión, con el riesgo de una deriva manu militari hacia una dictadura disfrazada de democracia constitucional.

Es urgente, por lo tanto, que las fuerzas democráticas aborden seriamente la planificación de un Proyecto de República Federal, moderna y europea. Un proyecto de abolición de la monarquía franquista, corrupta y peligrosa, que concite el apoyo mayoritario de nuestro pueblo, sin la polarización extrema que se dio en circunstancias históricas radicalmente distintas de las actuales. De nada serviría la nostalgia de un tiempo pasado que nunca volverá, por mucho que brote desde lo más profundo de nuestros corazones.

Necesitamos un proyecto político equilibrado y la voluntad política, firme y decidida, de llevarlo adelante. Un proyecto capaz de ser impulsado por las fuerzas políticas y sociales, ampliamente mayoritarias, que sustentan al Gobierno de coalición progresista PSOE-Unidas Podemos, liderado por el socialista Pedro Sánchez. Un proyecto que merezca el aplauso mayoritario del Parlamento Europeo y de la Asamblea General de las Naciones Unidas; pero, sobre todo, el apoyo mayoritario de las naciones históricas del Estado español y del pueblo trabajador.

Avancemos, pues, unidos fraternalmente hacia una República, o federación de Repúblicas, que sintetice los valores democráticos que prendieron con fuerza en la Europa próspera de la postguerra, impulsada por el espíritu antifascista. Ese es el proyecto democrático que defiendo.

La monarquía borbónica nos está arrastrando con sus hechos, pese a su charlatanería huera, hacia el fanatismo y el enfrentamiento civil, poniendo en peligro la paz. Eso es lo que nos esperaría si no fuésemos capaces de aunar esfuerzos en pos de una España republicana.

Por ello, ahora más que nunca: ¡Viva España con honra! ¡Abajo los Borbones!

Manuel Ruiz Robles es Capitán de Navío de la Armada (R) y ex miembro de la UMD. Presidente federal de Unidad Cívica por la República (UCR). Miembro de Anemoi.