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Deir Yassin, diagnostico del horror

Fuentes: Rebelión

Hace 60 años comenzó la recta final de la tragedia palestina. En los primeros meses del ’48, un agrete sabor a muerte ensanchó el mar de la violencia que asoló a Palestina y a su pueblo, presagiando la boda de sangre bajo la ocupación británica, el terrorismo sionista y la conspiración del silencio. Francia, la […]

Hace 60 años comenzó la recta final de la tragedia palestina. En los primeros meses del ’48, un agrete sabor a muerte ensanchó el mar de la violencia que asoló a Palestina y a su pueblo, presagiando la boda de sangre bajo la ocupación británica, el terrorismo sionista y la conspiración del silencio.

Francia, la Checoslovaquia comunista y los mercados negros, abastecieron de una gran cantidad de armas a los europeos sionistas enquistados en Palestina. Nadie estaba al margen de las maniobras, todos estaban atentos, aunque, partícipes distraídos.

Fueron tiempo de descuento contra reloj. La organización terrorista Haganah, más adelante columna vertebral del ejercito israelí, comandada por David Ben Gurion, el 6 de abril del ’48, lanzó la Operación Naasón para despejar la carretera hacia Jerusalem. La estratégica colina de Deir Yassin a 2.600 pies de altura al oeste de Jerusalem, capital de Palestina, figuró en la lista de los lugares a desmantelar.

Los operativos fueron múltiples y devastadores. La Haganah llevó adelante su plan Yiftah (Jefte), con el objetivo de establecer el terror en la mayor cantidad de las aldeas y las ciudades árabes de Galilea; Haifa; Jaffa, Safad, Nazareth y Tiberiades, seguido por el operativo Matateh (escoba).

Sus demoledores avances permitieron plegar a los otros grupos terroristas y poner en marcha su plan Dalet o plan D, encargado de barrer con 13 campañas militares la población palestina, vaciar las regiones, incluyendo Jerusalem y diseñar el territorio del futuro Estado judío puro, fijado por los propios sionistas, desechando las líneas divisorias marcadas en los mapas de la ONU, para la partición de Palestina en 1947.

He aquí un comentario extraído de las memorias de Yizthak Rabin sobre los deseos de Ben Gurion al respecto: «Caminábamos juntos al aire libre, Ben Gurion nos acompañaba. Yigal Allon (jefe del Palmaj), le repitió su pregunta, ¿Qué debemos hacer con la población árabe (palestina)? Ben Gurion movió sus manos en un gesto que quiso decir ‘ expulsarlos fuera, fuera’ «. (‘Memorias de Ytzhak Rabin’ versión censurada, publicada en el New Yor Times, el 23 de Octubre de 1979, de la Descripción de Rabin sobre la conquista de ciudad palestina Lydda, después de la conclusión del Plan Dalet).

Luego de la muerte en batalla del comandante de la resistencia palestina Abd al-Kadir al-Hussein (del tronco familiar de Yasser Arafat), en la aldea de Castel, cercana a Jerusalem, quien resistió hasta el final junto con sus combatientes, los terroristas sionistas fuertemente armados acabaron prácticamente con la resistencia armada palestina y despejaron el camino hacia Jerusalem vía Deir Yassin.

Ese mismo día 9 de abril de 1948, en operaciones simultaneas, los grupos terroristas del Irgum Zvai Leumi, liderado por Menahem Beguin (premio Nobel de la Paz 1978) y el Lehi, se ocultaron en el asentamiento ilegal judío de Guivat Sha’ul e invadieron durante la madrugada a la aldea de Deir Yassin, ubicada a cinco kilómetros de Castel y a pocos miles de metros de Jerusalem. No hubo piedad. La peor de las barbaries fueron descargadas sobre la pacifica población campesina. Entraron casa por casa y más de dos centenares de palestinos fueron masacrados, mutilados, saqueados, vejados y arrojados en fosas comunes, frente a las indefensas miradas atónitas y desesperadas de cada uno de ellos. Los gritos de muerte y dolor desgarraron el cielo. No alcanzó.

El Delegado de la Cruz Roja Internacional para Palestina, Jaques Renier, luego de quebrar el bloqueo de los sionistas que prohibieron la entrada a la aldea, detectó que la gran mayoría de los muertos eran mujeres, niños y ancianos. En el macabro escenario encontró mujeres de avanzado embarazo con el vientre abierto a filo de cuchilla, según las deducciones de los observadores, los terroristas habían hecho jocosas apostadillas sobre el género de su contenido.

Al día siguiente del barrido étnico de Deir Yassin, camiones militares sionistas con altoparlantes, recorrieron las calles de Jerusalem extorsionando a los ciudadanos palestinos e invitándolos agresivamente abandonar sus hogares: «Si no os marcháis tendréis el mismo fin que la gente de Deir Yassin». Tan pronto «llegó a sus oídos que las mujeres habían sido violadas en Deir Yassín, los palestinos huyeron aterrorizados» (Israel and the Arabs: the 50 Year Conflict, BBC).

David Ben Gurión, inmediatamente utilizó la masacre para diferenciarse públicamente y mantener hacia afuera una ‘imagen respetable’ de la Haganah, devenida del socialismo europeo-sionista. Rápidamente Beguin desenmascaró la farsa, algo que caracterizó a ambos, publicando una carta de la Haganah recibida con anterioridad, con el siguiente texto: «Sé que planean un ataque a Deir Yassin. Quisiera señalar que la captura de Deir Yassin y su ocupación forma parte de nuestro plan general. No tengo ninguna objeción en que lleven a cabo la operación si son capaces de apoderarse de la ciudad… Si fuerzas extranjeras, es decir, árabes, penetran en el lugar, esto estaría en contra de nuestro plan de establecer ahí un campo de aviación». (Diario Ha-Haskif, abril 11 de 1948).

En la partitura de la sinfonía filosófica herodiana imbuida en la mente de los sionistas, Menahem Beguin, lejos de arrepentirse del exterminio cometido, reconoció: «No sólo la matanza era justificada, sino que, no hubiera habido Estado de Israel sin la victoria de Deir Yassin«. («La Revuelta: la Historia del Irgún», Menahem Beguin). Por su parte, el escritor húngaro-judío Arthur Koestler, escribió: «La masacre de Deir Yassin fue el factor psicológico decisivo de un espectacular éxodo» y admitió que: « El baño de sangre de Deir Yassin fue la peor atrocidad cometida por los terroristas en toda su carrera». Por su lado, el profesor estadounidense-judío Don Peretz, relató: «Una psicosis masiva de pavor… se apoderó de la totalidad de la comunidad árabe«.

El razonamiento xenófobo, formó parte curricular de la historia de los sionistas para la expulsión del pueblo palestino de su terruño natural e histórico.

En una entrevista realizada por el periodista israelí Ari Shavit, al ambivalente historiador sionista israelí Benny Morris, le comentó: «Un Estado judío no hubiera nacido sin desarraigar a 700 mil palestinos. Por ello fue necesario desarraigarlos. No había alternativa fuera de la de expulsar a esa población. Era necesario limpiar el interior y limpiar las principales rutas…De ninguna manera se puede justificar actos de violación o actos de masacre, esos son crímenes de guerra. No creo que las expulsiones (de palestinos) de 1948 fuesen un crimen de guerra…Si Ben Gurion había ya iniciado el proceso de expulsión, a lo mejor debería haber terminado la tarea…De haber sido una expulsión masiva -en lugar de parcial- Ben Gurion podría haber estabilizado el Estado de Israel para las generaciones futuras». (Suplemento semanal diario israelí Haaretz, enero de 2004 y de su libro ‘El nacimiento del problema de los refugiados palestinos 1947-49’, Cambridge University Press, 1987).

La ocupación británica en franco divorcio con los grupos sionistas, se opuso a la política de terror, e incluso, se resistió a un Estado judío, de hecho, votaron contra la partición de Palestina en la ONU. Molestos por los acontecimientos, que además, los golpeó también a ellos, la policía británica llenó las calles de Jerusalem con grandes afiches con el titulo de «Wanted» (Buscados) y ofreció rescate por 10 terroristas judíos del Irgum Tzvai Leumi, del Lehi y del Stren, entre quienes figuraron las fotos de Menahem Beguin, Arieh Ben Elizer y Leih Boyko.

La masacre de Deir Yassin, el desplome de la resistencia y su desarme por parte de la ocupación británica, el asesinato del jefe carismático palestino Abd al-Kadir al-Husseini, las 33 sistemáticas masacres palestinas y la caída del sector occidental de Jerusalem, marcó el esencial factor psicológico que dio lugar a un masivo éxodo de 750 mil palestinos aterrados por el terrorismo sionista. La Nakba (Catástrofe) palestina, estalló.

Deir Yassin, se repitió en cada aldea y ciudad palestina. Se repitió con los mismos actores en la masacre de refugiados palestinos de Sabra y Shatila en Beirut en 1982 y en el genocidio de Gaza en 2008. Deir Yassin, es un recuerdo latente y el diagnostico del horror. Debió ser un ejemplo, para un mundo encadenado por el veto estadounidense, de cómo la raíz del Estado israelí se concretó en el sometimiento y el colonialismo como fenómeno y en la negación como cadalso de los legítimos derechos inalienables del aborigen.

En el ocupado predio de la colina de Deir Yassin, hoy se encuentra el hospital israelí de enfermos mentales Kfar Shaul y apenas a 1.400 metros, en Har Hazicaron (nuevo nombre en hebreo de la zona desde 1948), se erigió en 1953 el Yad Vashem (monumento del Holocausto). Lugar de visita obligada por parte de los lideres mundiales, donde Israel, ejerce con precaria ética el slogan de ‘no olvidar’ sus sufrimientos en la Europa Nazi, soslayando con la impunidad de la soberbia, que Yad Vashem se edificó sobre los cimientos del soterrado Holocausto palestino de Deir Yassin y Jerusalem.

En lo personal, la mártir Deir Yassin fue el detonante de mi largo exilio.

(*) Ex Embajador del Estado de Palestina en la Argentina / abril 2008

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