La reciente demolición por parte de Israel de la sede de la UNRWA en la Jerusalén Oriental ocupada fue un acontecimiento profundamente impactante. Mientras se derrumbaba el edificio que albergaba la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos, el teniente de alcalde de Jerusalén, Aryeh King, se refirió al personal de la organización como «nazis» y declaró: «Con la ayuda de Dios, destruiremos, eliminaremos y aniquilaremos a todo el personal de la UNRWA».
Este ataque vulgar y arrogante de Israel contra una fuente de vida vital para millones de refugiados palestinos fue condenado por la ONU y por muchos países europeos. Para ellos, fue el último y más flagrante ejemplo de la ilegalidad israelí; para mí, fue un duro golpe.
Recuerdo la época anterior a la existencia de la UNRWA. En 1948nos vimos obligados a abandonar nuestro hogar en Jerusalén y nos refugiamos en la capital siria, Damasco, junto con miles de otros refugiados. Muchos niños estaban aturdidos por el desplazamiento y, en mi escuela primaria, recuerdo en particular a una niña muy triste.
Todavía puedo recordar lo bonita que era, con sus llamativos ojos verdes, pero solíamos burlarnos de ella, ya que tropezaba con las botas militares de hombre que llevaba, demasiado grandes para sus pies. La atormentábamos y la hacíamos llorar. Lo que no sabíamos entonces era que esos eran los únicos zapatos que su empobrecida familia podía permitirse.
Mirando atrás, recuerdo a muchos niños como ella en nuestro barrio, sin apoyo y sin nadie a quien recurrir. Todo eso cambió en 1950, cuando comenzó a funcionar la UNRWA. Creada el año anterior por la Asamblea General de las Naciones Unidas, se estableció inicialmente para permitir a los refugiados palestinos trabajar mientras esperaban su repatriación.
Pero eso nunca sucedió, y la agencia creció hasta gestionar una red de clínicas de salud, escuelas e instalaciones de formación. Hoy en día, cuenta con unos 30.000 empleados, la mayoría de ellos refugiados palestinos. Sus servicios eran indispensables para los palestinos hace 75 años, al igual que lo son hoy en día.
Sin escapatoria frente a la realidad
Israel tiene una larga historia de hostilidad hacia la UNRWA y ha trabajado duro para lograr su disolución. Varios meses después de los ataques del 7 de octubre de 2023, Tel Aviv asestó un golpe mortal a la Agencia, alegando que 12 trabajadores de la UNRWA habían participado en la operación liderada por Hamás. Posteriormente, los empleados fueron despedidos y los principales donantes occidentales suspendieron la financiación de la UNRWA, lo que provocó la indignación mundial.
Desde el inicio del genocidio de Gaza, Israel ha matado a más de 380 trabajadores de la UNRWA, violando todas las leyes internacionales sobre la protección de los trabajadores sanitarios. El año pasado, Israel suspendió las operaciones de la UNRWA en Gaza y en la Cisjordania ocupada, y de continuar por este camino, está en vías de desmantelar por completo la UNRWA, privando a los palestinos de un recurso muy valioso.
Lo que subyace al implacable odio de Israel hacia la UNRWA no es ningún misterio. Es el único organismo internacional imparcial capaz de romper la burbuja de engaños y mentiras de Israel.
Desde la creación del Estado en 1948 Israel se ha esforzado por presentarse como un miembro respetable de la comunidad internacional y una parte natural del panorama de Oriente Medio. Tenía que ocultar su incongruencia en una región abrumadoramente árabe, con la que no compartía historia, religión, idioma ni cultura. Esta falta de autenticidad fue siempre una espina clavada para Israel.
Durante años se esforzó por promover una historia alternativa que negaba la presencia de la población palestina autóctona —rechazando incluso el nombre «Palestina»— y por sustituir las realidades históricas por mitos y fantasías. Sus esfuerzos han tenido cierto éxito, sobre todo al explotar el vínculo con la tradición bíblica cristiana.
Muchos occidentales, que leen literatura israelí y ven películas israelíes, creen que Israel siempre ha existido como la tierra del pueblo judío. Ignoran que la «cocina israelí» simplemente imita los platos tradicionales árabes, como el hummus y el falafel.
Pero, por mucho que lo intente Israel, no hay forma de escapar de la realidad histórica mientras siga existiendo la UNRWA. Los archivos de la UNRWA, recopilados a lo largo de los años, son un repositorio único de la historia palestina, con 30 millones de documentos que contienen los expedientes familiares de cinco generaciones de refugiados desde 1948. Son un registro inestimable y un testimonio duradero de la historia que Israel se ha esforzado tanto en borrar.
Sin embargo, lo que realmente hace que la UNRWA sea inaceptable para Israel es que toda su existencia se basa en el derecho al retorno de los palestinos. Creada para proporcionar ayuda temporal mientras tanto, nunca se pretendió que funcionara de forma permanente, aunque la obstinación de Israel haya hecho que así parezca.
El derecho al retorno de los palestinos, consagrado en la Resolución 194 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos y la decencia común, está indisolublemente ligado a la existencia de la UNRWA. Al destruir la UNRWA, Israel cree que puede eliminar el derecho al retorno y escapar de sus propios y vergonzosos orígenes.
La fantasía de Israel es que, al destruir la UNRWA, puede eliminar el derecho al retorno, escapar de sus propios comienzos ignominiosos y creer sus propias mentiras.
Ghada Karmi es una antigua investigadora del Instituto de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Exeter. Nació en Jerusalén y se vio obligada a abandonar su hogar junto con su familia como consecuencia de la creación del Estado de Israel en 1948. La familia se trasladó a Inglaterra, donde creció y se educó. Karmi ejerció como médica durante muchos años, trabajando como especialista en salud de migrantes y refugiados. De 1999 a 2001, Karmi fue miembro asociado del Real Instituto de Asuntos Internacionales, donde dirigió un importante proyecto sobre la reconciliación entre Israel y Palestina.
Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.


