Recomiendo:
2

Rojava: alto el fuego, paz y libertad

Fuentes: Rebelión

El acuerdo alcanzado los días 29 y 30 de enero entre las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) y la administración provisional de Damasco no constituye una retirada unilateral, sino un compromiso forjado bajo condiciones de necesidad militar, equilibrios sociales y presiones internacionales. Interpretarlo como una disolución institucional o como una rápida restauración de la autoridad central es engañoso.

Los intentos de provocar un conflicto étnico entre kurdos y árabes han fracasado. El equilibrio militar sobre el terreno, la estructura plural de las SDF y la presión de la opinión pública internacional han impedido la escalada del conflicto. Incluso la peor paz es preferible a la mejor guerra.

La principal debilidad del acuerdo reside en la ausencia de garantías constitucionales y de un garante internacional formal. La integración de las fuerzas de las SDF en cuatro brigadas dentro del ejército sirio no implica una disolución inmediata, pero sí conlleva un riesgo de erosión institucional.

Sin embargo, los kurdos no han sido desarmados ni excluidos de la representación política. Las regiones kurdas siguen bajo control efectivo local y los actores políticos kurdos mantienen capacidad de negociación. El problema no es la crítica, sino la crítica carente de responsabilidad política.

El llamado “estatus especial” puede parecer limitado en comparación con modelos como Cataluña o Escocia, pero dadas las condiciones geográficas y demográficas, puede generar resultados positivos si se acompaña de una democratización real. Rojava representa uno de los experimentos de libertad más significativos en el Oriente Medio contemporáneo.

El alto el fuego abre un proceso cuyo desenlace no está predeterminado. La autonomía o el federalismo solo pueden surgir mediante la democratización de toda Siria. Económicamente, las políticas neoliberales de reconstrucción profundizarían las desigualdades; frente a ellas, los modelos cooperativos y comunitarios son una alternativa necesaria.

El reconocimiento del kurdo como lengua de enseñanza supone un golpe decisivo contra la ideología del Estado monoétnico. Los valores seculares y pluralistas desarrollados en Rojava deben protegerse y expandirse a todo el país.

Rojava no es un expediente cerrado, sino una nueva etapa de la cuestión kurda que exige paciencia histórica, razón colectiva y una crítica políticamente situada.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.