El Ramadán es una práctica religiosa vivida en el ámbito de la creencia individual. Sin embargo, en los últimos años en Turquía, esta forma de culto se ha transformado en una campaña pública organizada por el Estado. Esta transformación no es simplemente una cuestión de sensibilidad religiosa; se trata de la reconstrucción del carácter ideológico del Estado.
En este contexto, la “Circular de Ramadán” emitida por el Ministerio de Educación Nacional no es una medida aislada, sino una manifestación visible, en el ámbito educativo, de un proyecto más amplio de construcción hegemónica islamista.
Laicidad: No Solo Separación, Sino Neutralidad Pública
La laicidad suele definirse únicamente como la “separación entre religión y Estado”. Sin embargo, en las democracias constitucionales modernas, la laicidad garantiza la neutralidad ideológica del Estado. El Estado no puede promover una creencia particular ni organizar el espacio público según las prácticas de una secta específica.
El principio de laicidad en la Constitución de la República de Turquía no es solo una norma jurídica; constituye el fundamento del principio de ciudadanía igualitaria. La educación es el campo más crítico de este fundamento, pues es donde se forman los ciudadanos y se configuran las visiones del mundo.
Mediante la Circular de Ramadán:
Se fomentan prácticas religiosas en las escuelas; se distribuyen instrumentos de control y seguimiento como la “Lista de Ramadán”; se ajustan los horarios escolares según los tiempos de oración.
Estas medidas representan una ruptura deliberada con el principio de neutralidad pública.
Construcción de Hegemonía: Producción de Consenso
Describir este proceso simplemente como “religiosización” sería insuficiente. Lo que observamos es un proyecto hegemónico impulsado por el Estado.
La hegemonía no se establece únicamente a través de aparatos coercitivos, sino mediante la producción de consenso. La educación, los medios de comunicación, la sociedad civil y las redes religiosas son espacios centrales para generar ese consenso. Durante años, el gobierno del AKP ha buscado construir un nuevo “ciudadano modelo” mediante:
Protocolos firmados con órdenes y comunidades religiosas; redes ideológicas como la “Plataforma de la Voluntad Nacional”; cambios en los planes de estudio; prácticas de asesoramiento religioso en las escuelas.
La Circular de Ramadán apunta a la internalización temprana de este modelo de ciudadanía. Extender estas políticas incluso a niños de 4 a 6 años no es pedagógico, sino ideológico. El niño deja de ser un sujeto con libertad de creencia para convertirse en objeto de formación ideológica.
La Educación como Aparato Ideológico del Estado
El Estado no está compuesto únicamente por mecanismos de seguridad y coerción. El sistema educativo es uno de sus aparatos ideológicos más poderosos. La transformación islamista en curso modifica el contenido de este aparato y, con ello, el carácter mismo del Estado.
Lo que ocurre no es una “declaración de sharía” clásica, sino un proceso más complejo:
La laicidad constitucional se mantiene formalmente; las prácticas públicas se reorganizan según referencias sectarias; el discurso de la “voluntariedad” oculta presiones de facto.
La referencia presidencial a “actividades basadas en la voluntariedad” es un ejemplo típico de lenguaje hegemónico. Una campaña organizada por el Estado se presenta como elección libre, neutralizando críticas jurídicas y produciendo consentimiento social.
Se trata menos de represión abierta que de una estrategia de normalización y habituación.
Populismo Autoritario y Estatalización Sectaria
Este proceso también debe analizarse en el marco del populismo autoritario. El gobierno se presenta como representante de “los valores religiosos de la nación” y califica las críticas laicas como “campañas negras”. De este modo:
La oposición es presentada como “enemiga de la religión”; la identidad sectaria se convierte en criterio de lealtad política; la neutralidad del Estado es sustituida por la fidelidad ideológica.
Se trata de un modelo de estatalización que erosiona la estructura pluralista de la sociedad.
Un Frente Anti-autoritarista: Necesidad Estratégica
La lucha no consiste simplemente en retirar una circular. Se trata de defender el fundamento republicano democrático frente a la transformación ideológica del Estado.
Lo que se necesita no son reacciones partidarias limitadas, sino una amplia alianza democrática que vincule la laicidad con la ciudadanía igualitaria, reuniendo:
Sindicatos educativos, asociaciones de padres y madres, instituciones alevíes, académicos y teólogos sunitas laicos, fuerzas democráticas y progresistas.
La hegemonía no puede romperse únicamente mediante un contra-discurso; requiere un proyecto social alternativo. La defensa de la laicidad debe articularse junto con la educación científica, la emancipación de las mujeres, los derechos de la infancia y una visión democrática de la sociedad.
Hoy la cuestión no es cómo se vive el Ramadán, sino sobre qué base ideológica se está reconstruyendo el Estado turco.
En esta encrucijada histórica, un frente anti-autoritarista no es una opción: es la condición previa de un futuro democrático.
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