Recomiendo:
0

Entrevista a Paco Ferrándiz, antropólogo social

«Esta ola ultraconservadora nos exige repensar la forma de transmitir la memoria»

Fuentes: Naiz

Paco Ferrándiz (Oviedo, 1963) es una de las voces más autorizadas en el abordaje de la memoria en el Estado español. Fue asesor de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática y coordina proyectos sobre las exhumaciones de fosas comunes desde hace varias décadas. Este viernes estará en Gasteiz.

Doctor por la Universidad de California en Berkeley y profesor de Investigación en el Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, Paco Ferrándiz es una persona referencial en el ámbito memorialístico del Estado español, y ha desarrollado un reconocido trabajo en el proceso de exhumación de fosas comunes.

De la mano de Artium Museoa, este viernes estará en Gasteiz, donde impartirá el taller “Las texturas de la memoria: del cuerpo poseído al cuerpo fusilado” -de 11.00 a 13.00 horas-, y la conferencia “Cuelgamuros disidente” -a las 19.00 horas-, ambas actividades enmarcadas en el seminario “Memorias que vibran. Los soportes de la memoria” del Centro de Estudios del museo, que coincide con el 50 aniversario de la masacre del 3 de Marzo.

Usted tiene una amplia trayectoria de investigación, ¿qué papel juegan la divulgación, la enseñanza y la pedagogía sobre lo investigado?

Para mí, es casi lo principal. Nosotros tenemos que cumplir unos requisitos como investigadores, y más yo, que estoy en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, donde no tenemos docencia, y lo que nos exige la institución es que investiguemos, que publiquemos, que escribamos libros, artículos, y que participemos en debates internacionales. Ahora hay, además, un mandato de la Unión Europea respecto a divulgar todo el conocimiento científico. Asimismo, como la memoria histórica es un tema que ha estado en los medios, en debates, en los parlamentos, nosotros hemos hecho una tarea de participar con instituciones, de orientar políticas públicas, y también hemos tenido mucho contacto con la prensa, hemos estado siempre muy pendientes.

Junto a ello, llevar lo que investigamos a colegios, a institutos, hacer materiales pedagógicos… Ahora mismo tenemos una colección de guías pedagógicas que se llama “Hacer memoria”, para chavales de instituto. Son PDF que se pueden descargar y activar en el aula, sobre memoria histórica del Estado español, están hechos por especialistas y creo que tienen bastante interés. Dedicamos muchísimo esfuerzo a la divulgación.

Artium Museoa le ha invitado a participar en un seminario que propone una reflexión colectiva sobre las formas de la memoria y la construcción de la imagen. ¿Es importante que otro tipo de instituciones, que no son las habituales en la divulgación de la memoria, convoque voces para debatir estas cuestiones?

Sí, y por eso cuando nos llaman vamos inmediatamente, porque son sinergias que se construyen. Es importante que los museos o cualquier institución se activen, que se construyan esos espacios, más aún ahora, con los discursos negacionistas y revisionistas que hay. Creo que debemos abrir todos los espacios y todas las ventanas que podamos.

Otros países han desarrollado procesos de restauración de la memoria; Argentina, Alemania… ¿En qué modo pueden ser válidas esas experiencias para el Estado español?

Cada país tiene su propia idiosincrasia, no puedes equiparar unos procesos con otros. Por ejemplo, por decirlo con brocha gorda, Argentina no tuvo 40 años de dictadura. Una dictadura de 40 años que cauteriza completamente la memoria de los vencidos, que tuvieron que estar resistiendo en la clandestinidad, con los silencios y todo el terror que hubo. Eso impide que se lleve a cabo un proceso como el argentino. Y Alemania perdió una guerra mundial. En el Estado español hubo una guerra civil, son circunstancias distintas, porque aquí siempre va a haber dos versiones del mismo tema.

Aunque, al mismo tiempo, sí hay mecanismos, recursos, discursos, relatos de memoria y de derechos humanos, una justicia transicional, que son transnacionales. Y eso, de alguna manera, unifica los procesos o, al menos, da herramientas para que se armonicen unos con otros. Por un lado, cada caso es muy local, pero, por otro, todos ellos tienen componentes trasnacionales y, por lo tanto, una especie de familiaridad.

En la recuperación de la memoria, ¿qué papel juega la investigación oral, los testimonios en primera persona?

Son fundamentales. Esta reflexión brota sobre todo de la memoria del Holocausto, que, de alguna manera, se ha convertido en paradigmática de lo que son los estudios de memoria y tiene que ver con la verdad de los testigos, que es muy compleja, porque es la verdad que ellos sienten, pero al mismo tiempo a veces están en unas condiciones sensoriales o físicas complicadas. Son testimonios valiosísimos, y durante muchísimo tiempo han dirigido todo lo que puede ser el armazón ético de la memoria democrática.

Es una generación que poco a poco se está yendo. Es una pena que haya gente que no podrá exponer todo lo vivido…

Lo hemos visto con las fosas comunes, ha habido mucha gente que ha llegado tarde. Y a medida que vamos avanzando, hay más gente que llega tarde; al principio era la gente de la misma generación, luego los hijos y ahora los nietos, ya estamos en los 60, 70 años…

Pero hay otro elemento de los estudios de memoria muy importante, que está teorizado por Marianne Hirsch, que es lo que llamamos la posmemoria, la transmisión intergeneracional de la memoria. A los nietos que no han vivido en primera persona lo que sucedió sí se les ha transmitido, en muchos casos, esta memoria en entornos familiares y, por tanto, pueden asumirla como propia. Hay debates sobre hasta qué punto eso es legítimo. Yo creo que la posmemoria, la memoria de los nietos o bisnietos, hay que entenderla como lo que es, pero sigue siendo valiosa, porque refleja valores familiares y refleja también retazos de memoria que han sido transmitidos de unas generaciones a otras. A mí me interesa mucho entrevistar a la gente joven, para saber hasta qué punto han recibido esos mensajes de sus padres y abuelos.

¿En qué medida es importante el trabajo de resignificación de ciertos espacios?

Aquí nos enfrentamos a que durante el franquismo hubo políticas de memoria de la dictadura muy potentes. Está todo el país lleno de monumentos, de cruces, de nombres de calles, está todo impregnado de franquismo todavía, y es increíble que cueste tanto, que haya que lucharlo caso a caso. Hay varias posibilidades. Hay gente que propone la demolición de los monumentos, una opción legítima, que se puede plantear sin ningún problema. De hecho, ha habido monumentos que se han demolido, como la cárcel de Carabanchel.

Otra opción es la resignificación. Resignificación supone hacer una pedagogía crítica del monumento, es decir, utilizarlos como una especie de libros de piedra que permitan leer críticamente el régimen que los construyó. Porque los monumentos tienen un montón de significación; Cuelgamuros o el Valle de los Caídos es un monumento que está dirigido a conmemorar la victoria militar; se empezó a construir el 1 de abril de 1940, en el primer aniversario de la victoria, se inauguró el 1 de abril del 59, vigésimo aniversario, y Franco dio un discurso inaugural donde decía que era un monumento para conmemorar esa victoria, que la providencia había guiado a las tropas nacionales, que Satán seguía vivo… fue un discurso muy cruel contra los vencidos. Toda esa crueldad del franquismo está inscrita en el propio monumento. Entonces, una resignificación tiene hacer que haya allí un centro de interpretación o algún tipo de dispositivo memorial que permita a los visitantes entender en profundidad qué significa.

Creo que el Valle de los Caídos ya está siendo resignificado, de una manera no lineal, muy imperfecta, pero, por ejemplo, las exhumaciones de Franco y José Antonio fueron muy importantes. La entrada en las criptas que estamos haciendo con Paco Etxeberria y su equipo es importantísima. Montar un laboratorio forense en la principal capilla del valle resignifica completamente el monumento. Ahora hay que ver cómo plasmarla en una resignificación que también sea museográfica, que tenga unos recursos pedagógicos que permitan entender y leer a la inversa el monumento.

El contexto no es alentador; proliferan los discursos negacionistas, de relativización de los crímenes franquistas; ¿cómo observa este momento?

Pues te diría que con desolación y pesimismo, porque, de alguna manera, lo que indica es que todo el paradigma ético del ‘nunca más’, de hay que aprender del pasado para que no se vuelva a repetir, ha fracasado. Todo el esfuerzo memorial que se ha hecho se revierte por las redes sociales, los bulos… Hay una concatenación de factores que hacen que tengamos que repensar las formas de transmitir la memoria, porque es que parece que puede volver a pasar. Estamos en una situación muy dramática en ese sentido. Hay que repensar todos los modelos pedagógicos y didácticos que tenemos para ver cómo podemos contrarrestar esta ola ultraconservadora que viene, y que también es un proceso global.

Trabajo no les falta.

No, pero vamos a seguir luchando, no vamos a parar.

Fuente: https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20260226/esta-ola-ultraconservadora-nos-exige-repensar-la-forma-de-transmitir-la-memoria