Rebeldes indignadas denuncia que la recién creada «Alianza por la Restauración de la Naturaleza» omite las medidas esenciales como la transición a dietas vegetales y el decrecimiento, y propone en su lugar medidas incompatibles con dicha restauración, como la ganadería extensiva, naciendo tomada por el lobby ganadero y su desinformación. Lanzan en su lugar un Alianza alternativa con un llamamiento al activismo eco-socio-animal.
Se publicita estos días el surgimiento de una “Alianza por la Restauración de la Naturaleza” de la que forman parte 31 organizaciones, incluidas las grandes ONG ecologistas.
Pero cual no será la decepción cuando en su Decálogo de medidas brilla por su ausencia la más fundamental a la hora de restaurar la naturaleza: la transición a dietas basadas en plantas, ni siquiera se habla de ir a dietas menos cárnicas. De hecho, se trata de una serie de vaguedades que nada concretan sobre cómo se va a llevar a cabo la restauración.
En cambio, se defiende la industria más destructiva para la biodiversidad según la FAO: la ganadería extensiva, que es como pretender una transición energética basada en el carbón.
Por desgracia, esto no nos sorprende y reproduce el esquema que desde Rebeldes Indignadas se viene denunciando en numerosos informes, especialmente el titulado Oculto a Primera Vista, sobre la infiltración del lobby ganadero en el ecologismo y en la propia FAO.
Sorprende aún menos cuando se ve que entre las organizaciones de dicha alianza está la Fundación Trashumancia, o sea, entidades que encarnan el discurso del propio lobby ganadero, así como las grandes ONG ecologistas que desde hace tiempo venimos denunciando como negacionistas de la centralidad del consumo de productos animales en la actual crisis ecosocial.
Se trata, por lo tanto, de una falsa alianza que reproduce la base del antropocentrismo y alimenta la más destructiva de las industrias: una farsa en toda regla, incompatible con la restauración de la naturaleza.
También se alude a una supuesta pesca sostenible, si bien en nuestro informe “Los océanos se salvan en tu plato” dejamos claro que tal cosa no existe. Lo que sí existe, en general para los individuos que acaban en la cazuela, acuáticos o terrestres, es la explotación y la muerte. A pesar de las abrumadoras evidencias de las habilidades e intereses de los demás animales, de su capacidad para experimentar estados emocionales placenteros o desagradables, de su voluntad para buscar activamente situaciones gratas y evitar trances adversos, estas asociaciones obvian el conocimiento, ignorando, una vez más, la ciencia y se comportan como si los demás animales fuesen criaturas mecánicas, como propuso Descartes en la «Ilustración», cimentando siglos de explotación y supremacismo humano.
Respecto a por qué la medida esencial es la transición a dietas vegetales lo hemos desgranado con detalle en numerosos informes que sintetizan la literatura científica de consenso. En el informe Alimentos de destrucción masiva se sintetizan más de 100 informes del más alto perfil internacional que ponen de manifiesto que la Industria Alimentaria de Explotación Animal (IAEA) es la principal causa de la crisis climática, de biodiversidad, de superación de limites planetarios, así como de problemas de salud y desigualdad humana, de inseguridad alimentaria e hídrica, y por supuesto de uso y abuso de animales no humanos, y contrastamos más de 60 informes que presentan la transición a dietas vegetales como la principal respuesta ante la crisis eco-socio-animal.
Resumiendo: esto se debe a que el 80% de la agricultura mundial se destina a alimentar a los animales terrestres explotados, siendo la mayor parte pastos de ganadería extensiva, que representa la actividad humana que mayor cantidad de suelo usa y degrada, más de 3.000 millones de hectáreas, una superficie de la extensión de África y responsable de 80% de la deforestación amazónica. De manera similar ocurre en la Península Ibérica, con la mayoría de incendios provocados ligados a prácticas ganaderas de extensivo, como los recientes focos de Asturias y Cantabria; mientras que la ganadería por si sola emite más GEI que el transporte mundial, tres cuartas parte de ellos procedentes de rumiantes de ganadería extensiva. Es por ello que desde 2006, la FAO alertó de que la ganadería extensiva es hasta 3 veces más dañina para crisis climática y de biodiversidad que la intensiva, una valoración que han confirmado después numerosos otros informes, mientras la FAO ha sido crecientemente cooptada por el lobby ganadero.
Entretanto, la pesca y la acuicultura arrasan los ecosistemas oceánicos. Además, estas industrias son la principal fuente de contaminación global. Por otro lado, la explotación animal y su dieta asociada están demostradas como fuente de todas las pandemias de la historia, del 75% de enfermedades humana, que son de origen zoonótico, de la inmensa mayor parte de la resistencia antimicrobiana y de la mayoría de enfermedades no transmisibles. Por otro lado las IAEA es la industria que más amenaza la seguridad alimentaria e hídrica y la justicia social por las cuestiones ya mencionadas: la mayor parte de la agricultura y agua se usa, a menudo en países más pobres, para alimentar animales que son comidos, por lo general, en países más ricos. Acabar con estas industrias, sobre todo en países ricos, es la base de la justicia social global.
Y por supuesto es la base de acabar con la explotación y exterminio de entre 3 y 30 billones de seres sintientes por año. Máxime cuando se demuestra que esta explotación masiva es precisamente la que más destrucción causa en la naturaleza y la biodiversidad. La única medida sustancial frente a estos impactos es la transición a dietas basadas en plantas, tanto y tan pronto como sea posible, sobre todo en países ricos, habida cuenta que la literatura científica manifiesta que cuanto más se fuera a una transición 100% vegetal mayores los beneficios, siendo la dieta vegana casi tres veces más beneficiosa que la mediterránea según el IPCC, y teniendo en cuenta que incluso con la llamada “Dieta de Salud Planetaria”, parecida a la mediterránea, países como España tendrían que reducir un 84% su actual consumo de productos animales, algo que el propio ecologismo proganadería considera al parecer impensable, si bien señalamos a su vez la contradicción de que esa misma literatura científica considera mejor la transición a dietas 100% vegetales, pero al parecer no se quiere renunciar al antropocentrismo especista. A ello se suma que la actual tendencia es a duplicar el consumo global de productos animales hacia 2050, debido a las «economías emergentes» en la economía del crecimiento y a cómo se asocia mayor riqueza a más consumos de animales, y siendo España actualmente uno de los máximos consumidores y productores exportadores mundiales.
En esta línea se pronuncia claramente Johann Rockström, “padre” del concepto de Límites planetarios. En ese sentido es el estudio de Wierit et al. (2025) pone de manifiesto que la principal causa de superación de limites planetarios es, con diferencia, la industria alimentaria y dentro de esta, la de productos de origen animal.
Respecto a por qué no es defendible la ganadería extensiva ya hemos mencionado que es ampliamente reconocida como la más dañina. En el informe “Oculto a Primera Vista” exponemos la manera en que el lobby se infiltra en el propio ecologismo, así como las redes académicas de producción de literatura científica negacionista con los impactos de dicha industria, promovida desde entidades con manifiestos vínculos con la industria.
De igual modo el mencionado Decálogo elude toda mención al decrecimiento, segunda medida más importante tras la transición a dietas vegetales a la hora de aminorar los devastadores impactos de nuestra expansión biosférica y sus sobreconsumos asociados de bienes del hogar y tecnología, movilidad, urbanización y energía, con la consecuente ocupación, degradación, destrucción y fragmentación de ecosistemas y la ubicua contaminación que crean los sistemas de extractivismo, producción, consumo y desecho. Como es habitual también se elude y silencia de forma irresponsable el tabú de la superpoblación humana y de poblaciones ricas.
Respecto a los motivos por los que se practica este grave negacionismo y desinformación desde el activismo ecologista, en el mencionado informe sobre el lobby analizamos varios factores principales: por un lado, la fatal alianza del ecologismo con el “campo” y con ello con el propio lobby ganadero desde hace décadas, así como las poderosas estrategias de desinformación de dicho lobby; por otro lado, por la reticencia de activistas del norte global a cuestionarse privilegios y más en particular por el supremacismo humano y antropocentrismo imperantes.
Pero va siendo hora de asumir que no hay defensa posible de la naturaleza ni futuro vivible ninguno sin un desmontaje total del antropocentrismo y el supremacismo humanos. En realidad, el veganismo, basado en productos locales y libres de tóxicos se presenta como la lucha contra las estructuras de poder, rompiendo la cadena de opresiones desde su base.
Desde Rebeldes Indignadas y al hilo de nuestra Carta abierta a las grandes ONG ecologistas, firmada por una treintena de entidades, hacemos un llamamiento al activismo eco-socio-animal global y lanzamos una Alianza de futuros vivibles alternativa que ponga en el centro las tres medidas esenciales: transición a dietas vegetales, decrecimiento profundo de consumos hacia modos de vida minimalistas e inspirados en comunidades indígenas, y abordaje radicalmente democrático al tabú de la superpoblación, empezando por los países y poblaciones más ricas.
Es esto o la extinción inminente: ¡NO escojáis la extinción!
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