Rosas Negras nace de la experiencia compartida de haber sufrido infiltraciones policiales. Lo que empezó como un grupo de cuidados terminó convirtiéndose en un proyecto político que se materializó en un libro: «La sombra del Estado».
Un amigo íntimo en el que confías, un tío en tu colectivo con el que ligas, un compañero de gimnasio con el que aprendes artes marciales, tu compa de piso, ese colega con el que sales de fiesta y con quien tomaste MDMA, tu pareja, o la compa que tomó acta en la última asamblea. Si en esta lista de personas te vino alguien a la cabeza, imagínate que esa persona no es quien dice ser. Imagínate que esa persona es un agente infiltrado. Esta ha sido la realidad de decenas de militantes en el estado español. ¿Qué tenían en común esas personas? Organizarse en asambleas de vivienda, espacios autogestionados, movimientos climáticos, antirepresivos, libertarios, anarquistas, independentistas, feministas, por la autodeterminación de los pueblos, por una Palestina libre, asambleas de barrio, etc. con el objetivo de luchar contra un sistema desigual y opresivo.
En los cuatro últimos años, se han destapado doce casos de agentes infiltrados en el Estado español. Esta práctica, lejos de ser nueva o excepcional, constituye una estrategia sistemática de control social que, como han documentado investigaciones recientes, se ha penetrado durante décadas en los movimientos sociales del Estado español.
Rosas Negras nace de la experiencia compartida de haber sufrido infiltraciones policiales. Lo que empezó como un grupo de cuidados terminó convirtiéndose en un proyecto político que se materializó en un libro: La sombra del Estado. Explicadnos este recorrido.
Después de todo este proceso, de escribir, de
recordar, de compartir… ¿cómo estáis? ¿Cómo os han marcado las
infiltraciones policiales en vuestras vidas? ¿Qué os ha servido para
responder a esta violencia?
Conocemos de cerca la incertidumbre,
el miedo, la impotencia, el dolor y la rabia que generan las
infiltraciones. Creemos que hay muchos sentires y que todos son válidos.
Pasar el proceso de sospecha y, sobre todo, el de asimilar la
confirmación de que has convivido de cerca con un policía infiltrado
puede generar un daño muy grande. No en vano algunas decidimos usar
términos como tortura o violación para describir nuestras vivencias.
¿Cómo se transita del dolor individual a la organización colectiva?
Al
principio “solo” nos juntábamos para sentirnos comprendides y crear un
espacio de cuidados. Poco a poco, nos permitió ver que las estrategias
eran similares. Detrás de cada infiltrado hay todo un mecanismo de
Estado que lo sostiene con el fin de perseguir cualquier colectivo
sociopolítico. Además, creíamos importante contar las historias que
hemos vivido directamente. Algo muy necesario. Si bien se ha hablado
mucho del tema, las voces que dirigen el discurso son periodistas,
abogadas, psiquiatras, etc. En cambio, es importante que la gente sepa
que la mayoría de las infiltraciones se han destapado desde los mismos
entornos afectados y que son estos quienes luego se quedan con el duelo.
¿Qué os ha servido para responder a esta violencia?
Dar
una respuesta desde la colectividad y la diversidad de historias y
sentires. A nosotres nos ha tocado compartir la intimidad con
infiltrados, pero en realidad éramos solo una herramienta para acceder a
colectivos e información de movimientos sociales, organizaciones y
colectivos políticos.
Una de nuestras intenciones al crear Rosas Negras era politizar la respuesta frente a las infiltraciones y despersonalizarla, por eso la decisión de crear un colectivo. En principio, no pretendía ser un grupo anónimo. Actualmente, viendo que se está persiguiendo a compañeros por publicar y difundir información sobre las infiltraciones y por investigar temas relacionados, hemos tomado la decisión de cuidarnos y mantenernos en el anonimato.
Explicáis que la infiltración policial no es una práctica nueva, ¿Qué os llevó a mirar hacía el pasado y qué habéis encontrado?
En
un primer momento, es inevitable pensar ¿por qué yo? ¿por qué a mí?
¿por qué nosotres? Entonces vimos que para ellos solamente somos una
herramienta, un objeto, un medio, para llegar al objetivo, que no es
otro que vigilar y controlar los movimientos sociales y políticos. Lo
siguiente es preguntarse si ha pasado antes, buscar referentes parecidos
y cómo esas personas lo afrontaron.
Eso nos movió a mirar hacia Reino Unido, que llevan mucho trabajo hecho y vimos que allí, en Italia y en Alemania también pasa. En Reino Unido saben que han tenido más de 150 infiltrados desde 1968 hasta 2010 en todos los movimientos que alentaban una mínima disidencia. Así, sin un perfil cerrado, se vieron afectados movimientos independentistas, pero también antimilitaristas, feministas, anarquistas, por la justicia climática, el derecho a la vivienda, sindicatos…
Doce infiltrados fueron destapados en
los cuatro últimos años. Esta práctica se hace más visible en la
actualidad. ¿Cómo lo explicáis?
El libro habla de unas 20
infiltraciones, pero sabemos que fueron muchas más. Durante años, muchas
de estas infiltraciones se han tratado desde los propios colectivos y,
por miedo, vergüenza u otros motivos, no se han hecho públicas a gran
escala. Pero esto solo beneficia a la estructura policial y política que
mantiene a los infiltrados.
Sabemos que hay casos como Albert Martínez que, después de ser descubierto a mediados de los 90 en Catalunya, entra en los GRAPO. Otro, Ángel, quien también fue descubierto en los dos mil en el movimiento anarquista de Barcelona y fue trasladado a Gipuzkoa, y que en una visita a su casa en Madrid mató a la que era su pareja. Incluso Dani, quien al levantar sospechas en Barcelona y empezar a ser investigado, se trasladó a Madrid donde se intuye que pensaban infiltrarlo. Por ello defendemos que más allá de nuestras diferencias, la única forma de protegernos como movimientos sociales y políticos es hacerlo público, exponerlos, compartir estrategias y, así, poder aprender y prevenir nuestros entornos.

¿Hasta cuándo habéis podido remontar la existencia de infiltrados policiales en el Estado español?
En
el primer capítulo del libro hacemos un breve repaso a la historia de
la infiltración. En él encontramos que casos tan famosos como el de las
13 Rosas, también están relacionados con una infiltración. Un hilo muy
bien tejido une el infiltrado que las acusó directamente con la
Comisaria General de Información y con la Ley de Secretos Oficiales: el
órgano y la cobertura legal bajo las cuales se amparan nuestros casos.
Todo atado y bien atado.
En todo esto tiempo, ¿cómo ha evolucionado las leyes que permiten la infiltración policial?
El
libro dedica un capítulo entero a intentar explicar las tramas que se
han ido trazando y la legalidad a la que se acogen los infiltrados.
Quienes el propio Marlaska definió en el Parlamento como “agentes de
inteligencia que protegen la seguridad del estado”. Y sí, esa es la
única explicación recibida hasta ahora, en sede parlamentaria y en boca
del Ministro de Interior del gobierno más progresista de la historia.
Juez, dicho por cierto, que acumula cientos de denuncias por tortura y
sobre quien todavía deberían pesar los asesinatos en la frontera de
Melilla. Lo que no dijo es que sus agentes de “inteligencia» persiguen
movimientos sociales y políticos amparados en la oscuridad y opacidad de
Ley de Secretos Oficiales, una ley franquista de 1968 que le sirve al
estado para esconder violaciones de derechos y esquivar explicaciones.
Una alfombra bajo la que la transparencia de su democracia encuentra
límites y se permite lo que no se puede nombrar. Donde se esconde todo
aquello que no se puede saber y de lo que no quieren hablar.
La Infiltrada,
Fantasma en la batalla o el libro de Daniel Campos que narra
acríticamente la infiltración de Alfonso C.C., hoy inspector en la
Comisaria General de Información, son tres producciones culturales
recientes que legitiman la infiltración policial ¿no? ¿Cómo entendéis la
proliferación de obras sobre infiltración policial donde los policías
infiltrados son pintados como héroes y qué creéis que revelan?
Tenemos
claro que todo esto son panfletos propagandísticos que buscan
justificar la existencia de estos agentes. Pero no siempre salen del
todo bien. Los datos dados durante la presentación del libro de Campos
-el director de prensa del Ministerio de Interior durante las primeras
revelaciones de infiltrados-, permitieron descubrir el nombre real del
infiltrado sobre el que trata el libro, quien se hacía llamar David pero
su nombre real es Alfonso C.C.. Asimismo, da datos que nos permiten
conocer cómo funcionan las infiltraciones cuando habla de un panfleto
que se les da para formarse en la comisaría. Esto nos acerca, de nuevo, a
las certezas que tenemos a través de las compañeras de Reino Unido.
Allí, gracias a los archivos revelados por órdenes judiciales y tras
mucho ruido mediático, conocen que hay una especie de fanzine panfleto
que forma a los infiltrados -de hecho, elles lo publicaron online en
pdf-.
¿Qué opináis de la cobertura mediática que se ha hecho sobre las infiltraciones policiales?
La
cobertura mediática ha sido muy variada. Mucho ruido al principio, que
luego se diluye con el paso del tiempo. Mucho foco en las relaciones
sexoafectivas y poco en las amistades y entornos de militancia. Creemos
que es un tema muy complejo y que a todes, nosotres incluides, nos ha
cogido sin saber cómo actuar.
También hay un tema en la exposición de las personas afectadas y tampoco hay una única fórmula al respecto. Hay personas que han decidido dar la cara y comparecer y otras que no. Hay que entender que es un tema represivo, pero que afecta directamente a la intimidad de las personas cercanas al infiltrado. Hay unos tiempos de cuidados que en otros tipos de represión, que no llegan a lo íntimo, como una multa, no son tan necesarios. Defendemos que hay que respetar la legitimidad de actuar desde donde cada quién necesite.
¿Cómo
creéis que esta sucesión de infiltraciones está afectando a las
militancias? ¿Está generando más desconfianza y parálisis, o por el
contrario está fortaleciendo la conciencia colectiva y las estrategias
de autoprotección?
Esperamos no caer en paranoias, sino ser
capaces de crear herramientas para fortalecernos y cuidarnos. Cualquier
estrategia de represión conlleva desgaste y, con ello, un potencial
desmovilizador. No nombrarlo sería pecar de inocencia, pero también es
cierto que el enemigo común es un elemento con muchísimo potencial de
unión. Que se esté naturalizando tomar medidas de seguridad colectivas
con protocolos y acuerdos concretos, más allá del eslogan de ACAB, nos
parece una victoria.
¿Existen
indicios que deberían empezar a hacernos sospechar de una persona? Si
estos indicios están reunidos, ¿Cómo recomendáis actuar?
Dedicamos
el tercer capítulo a analizar patrones y diferencias sobre nuestras
historias. Creemos que las similitudes entre casos son indiscutiblemente
un buen punto de partida. El primer caso de Madrid salió gracias a las
publicaciones de los casos de Marc, Dani, Ramón y María. El último caso
en Barcelona fue descubierto poco después de que saliera el documental
Infiltrats, realizado por La Directa, donde se evidenciaban algunas
características como que los infiltrados solían viajar a menudo o de
forma abrupta apelando cuestiones de cuidados familiares. Por ello
compartimos una lista de preguntas que podemos hacernos, contestadas con
ejemplos claros, y qué procedimientos e informaciones documentadas
pueden servir en caso de duda o sospecha.
En caso de que haya fundamentos suficientes para iniciar una investigación, hay que tener en cuenta que no siempre es un proceso simple y que puede llegar a ser largo. Depende de muchos factores, no siempre es fácil concluir una investigación y conseguir certezas sobre los agentes. Por eso, para nosotres era fundamental compartir las herramientas que nos han sido útiles tanto para la investigación como para luego afrontar el descubrimiento. Hacemos esto para que quien venga detrás tenga algo a lo que acogerse: sabemos que no somos les primeres, pero siempre hemos dicho que intentaremos ser les últimes.
Habéis convertido la
herida en libro, el aislamiento en colectivo y el silencio en palabra
pública. ¿Qué esperáis que pase después de La sombra del Estado?¿Qué
semillas queréis que deje este libro en los movimientos sociales, en las
nuevas generaciones de militantes y en quienes todavía no se atreven a
organizarse por miedo a que les pase lo mismo que a vosotras?
En
realidad, creemos que la infiltración afecta de formas muy diferentes.
Pero al final hay un objetivo común: que lo que nos ha pasado no quede
impune y sirva para algo. Para nosotres fue algo difícil de procesar
porque no lo concebíamos como opción. Éramos conscientes de que podíamos
tener infiltrados en manifestaciones o en según qué asambleas pero no
pensábamos que ellos entrarían en las partes más íntimas de nuestras
vidas haciéndose nuestros amigos o parejas. Esperamos que gracias a toda
la información disponible esto pase cada vez menos. Y ahora, sabiendo
que existe, tenemos fórmulas para prevenirlo y, desde nuestra
experiencia, lanzamos ideas para afrontarlo. En esos casos, ante el
miedo, ayuda la información. Ante la banalización de la vivencia,
volvemos a recomendar el libro.
Para terminar, me gustaría
preguntaros algo que a lo largo de la entrevista ha estado planeando
pero no hemos nombrado del todo: ¿qué lugar ocupa hoy la alegría en
vuestras vidas y en vuestras militancias? Después de que el Estado
intentara colonizar hasta vuestros afectos, después del dolor y la
desconfianza… ¿cómo se reconstruye la capacidad de querer, de celebrar y
de imaginar un futuro que merezca la pena?
Nos repetimos
bastante en esto, pero nos parece muy importante: no hay una sola forma
en la que afecta y cada persona es un mundo. Es cierto que, como
explicamos en el capítulo cuatro: “las consecuencias psicológicas que
muches experimentamos y que son recogidas a nivel pericial mediante el
Protocolo de Estambul nos permiten afirmar que los impactos personales y
traumáticos que nos han dejado estas vivencias nos hacen considerarnos
víctimes de torturas”.
Pero que eso sea duro, no significa que nos determine a un letargo vitalicio. Tenemos muy claro nuestro compromiso con el presente, con las demás y con las causas que creemos justas.
El libro acaba con una frase que nos parece muy relevante: “El estado puede invertir mucho en su intento de pararnos, pero, a pesar de ello, y de manera pionera, estamos pudiendo señalar sus caras, nombres y apellidos, dar a conocer nuestras historias y vivencias para tratar de evitar que otras compas puedan sentir esa misma sensación de desolación que nosotras vivimos, y podamos seguir trabajando en ese horizonte de libertad colectiva en el que ponemos cuerpo y alma”.


