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Entrevista con Avraham Burg, ex presidente del parlamento israelí

Adiós al sionismo

Fuentes: Haaretz

Traducido Por Caty R.

El texto que va a continuación es más que una simple entrevista. Se trata de una auténtica confrontación entre dos antiguos compañeros de armas de los cuales uno se mantiene como eterno sionista declarado y el otro dedica un ruidoso adiós al sionismo sin dejarse nada en el tintero. Como él mismo señala, Avraham Burg rechazó el miedo, empezando por el temor de verse acusado de ser un «judío que se odia a sí mismo», anatema supremo que lanzan los sionistas a todos los judíos -cada vez más numerosos dentro y fuera de Israel- que se atreven a poner en entredicho los preceptos del «estado judío democrático». Burg se incorpora así a la larga lista de los que, desde dentro de la tradición y el pensamiento judíos, condenan la idea misma de un estado judío y no se limitan a criticar los excesos de la ocupación de los territorios palestinos desencadenada en 1967. Fausto Giudice, Tlaxcala, autor de la traducción al francés.

Nos conocimos hace exactamente 25 años. Entonces Avraham -Avrum- Burg y yo formábamos parte de un pequeño grupo de oficiales y soldados de la reserva que se opuso a la primera guerra de Líbano. Nos llamábamos «Soldados contra el silencio». Muy pronto Avrum salió de nuestras filas. Durante la gran manifestación de los 400.000 (la manifestación por la paz en Tel Aviv que siguió a la masacre de Sabra y Chatila en septiembre de 1982) Burg se convirtió en una estrella e inmediatamente se comprometió con la política. Al principio fue uno de los cachorros de Simon Peres, después la gran esperanza de la joven guardia del Partido Laborista. Luego fue presidente de la Agencia Judía, portavoz de la Knesset y candidato a la dirección del Partido Laborista.

Y de repente, hace tres años, Burg se levantó y se fue a hacer su nido en otra parte. Se mezcló en una privatización problemática y fallida. Atacado por la prensa, examinado por un controlador del estado y sujeto a una investigación policial, al mismo tiempo estaba escribiendo un libro.

Durante todo ese tiempo formulaba las audaces tesis de su libro Derrotando a Hitler. Burg no quiere admitirlo pero el libro que lanza estos días, con ocasión de la semana del libro hebreo, es un libro de profeta. Un libro destinado a atormentar al reino con una profecía. Para muchos el libro no será fácil de definir. Contiene pensamientos profundos sobre Israel y el sionismo, una amplia comparación entre Israel y Alemania, una aguda crítica del ahorcamiento de Eichmann, reflexiones sobre el judaísmo en la era de la globalización y los recuerdos de la casa de su padre.

Yosef Burg, el refugiado de Dresde, aporta a este libro una cierta suavidad que no se puede encontrar en las airadas observaciones de su hijo. Ciertamente, Avrum el optimista intenta transformar su canto fúnebre en un panegírico pero la tentativa no es totalmente convincente. El Israel que describe en Derrotando a Hitler es un lugar cruel. Brutal, imperialista, belicista y aislado. Un lugar vil y desalmado desprovisto de cualquier inspiración espiritual.

Me siento escandalizado por este libro. Lo veo como el adiós de un colega israelí a nuestro israelismo compartido, veo un ataque unidimensional y desprovisto de cualquier empatía hacia la experiencia israelí. A pesar de todo, el diálogo con Avrum ha sido fascinante. Nos enfurecimos uno contra otro, nos gritamos y nos circundamos midiéndonos con desconfianza, como gladiadores heridos en la arena. No se puede olvidar quien es Avrum, no se pueden obviar su educación, su capacidad para exponer sus argumentos o su habilidad para dar en el clavo. Quizá de ahí la exasperación que suscita. Amigo y depredador; hermano y desertor.

Ari Shavit: Avrum Burg, leí tu nuevo libro Derrotando a Hitler como un adiós al sionismo. ¿Me equivoco? ¿Ya no eres sionista?

Abraham Burg: Soy un ser humano, un judío y un israelí. El sionismo fue un instrumento para pasar del estado de judío al estado de israelí. Creo que fue Ben Gurion quien dijo que el movimiento sionista era el andamiaje para construir el hogar y que, una vez establecido el estado, había que desmontarlo.

AS: Por tanto, ¿confirmas que ya no eres sionista?

AB: Desde el primer congreso sionista (Basilea, 1897), el sionismo de Herzl ha prevalecido sobre el sionismo de Ahad Haam (1). Pienso que el siglo XXI debería ser el siglo de Ahad Haam. Debemos dejar atrás a Herzl y pasar a Haam.

AS: ¿Quieres decir que ya no te parece aceptable el concepto de «estado judío»?

AB: Eso no es admisible. Definir el estado de Israel como un estado judío es conducirlo a su final. Un estado judío es explosivo, es dinamita.

AS: ¿Y un estado judío democrático?

AB: Ese concepto es muy cómodo para la gente. Es encantador, schmaltzy (dulzón, muy sentimental en yiddish), nostálgico, retro. Da una sensación de plenitud. Pero en realidad, «judío-democrático» es nitroglicerina.

AS: ¿Deberíamos cambiar el himno nacional?

AB: El himno es un símbolo. Preferiría conseguir una realidad donde todo fuese mejor y en la que sólo el himno nacional fuera de mal gusto.

AS: ¿Deberíamos enmendar la Ley del Retorno?

AB: Debemos abrir ese debate. La Ley del Retorno es una apología, un reflejo de la ley de Hitler (la Ley del Retorno concede la ciudadanía israelí a toda persona nacida en la diáspora y considerada judía según la tradición religiosa ortodoxa, una definición recogida literalmente por las leyes de Nuremberg, N. de T.). No quiero que sea Hitler quien defina mi identidad.

AS: ¿Crees que habría que disolver la Agencia Judía?

AB: Cuando presidí la Agencia Judía sugerí cambiar el nombre de «Agencia Judía para la Tierra de Israel» por el de «Agencia Judía para la Sociedad Israelí». Hay lugar para organizaciones filantrópicas, pero en el centro de su acción debe ocuparse de todos los ciudadanos israelíes, incluidos los árabes.

AS: Escribes en tu libro que ya que el sionismo es una catástrofe, entonces no solamente eres postsionista, sino antisionista. Está claro que la dimensión catastrófica es inherente al sionismo desde los años cuarenta. Por lo tanto eres antisionista.

AB: Ahad Haam acusaba a Herzl de que todo su sionismo estaba basado en el antisemitismo. Haam tenía otra cosa en la cabeza: Israel como centro espiritual. La línea de Ahad Haam no murió y ahora ha llegado su momento. Nuestro sionismo de confrontación contra el mundo es un desastre.

AS: Pero no es sólo la dimensión sionista. Tu libro es antiisraelí en el sentido más profundo del término. Es un libro que exhala repugnancia hacia el israelismo.

AB: De niño fui un judío, en el lenguaje coloquial un «pequeño judío». Asistí a un heder (escuela religiosa). Tuve como profesores a antiguos estudiantes de yeshiva (escuela talmúdica). Después de eso, durante la mayor parte de mi vida fui israelí por la lengua, los símbolos, los olores, los gustos, los lugares. Todo. Hoy eso no me basta. En mi situación actual soy «otro israelí»; de las tres identidades que me constituyen -humana, judía e israelí- siento que el elemento israelí me despoja de los otros dos.

AS: Frente a eso tienes una posición conciliadora y humanista. Pero fuera de este enfoque manifiestas una actitud muy dura hacia el israelismo y los israelíes. Dices cosas terribles sobre nosotros.

AB: Pienso que he escrito un libro de amor. El amor hiere. Si escribiese sobre Nicaragua eso no tendría importancia. Pero vengo de un lugar donde el dolor es terrible. Veo mi amor marchitarse ante mis ojos; veo que se destruyen mi sociedad, el lugar donde crecí y mi casa.

AS: ¿Amor? Escribes que los israelíes sólo entienden el lenguaje de la fuerza. Si alguien dijese que los árabes o turcomanos sólo comprenden la fuerza se le tacharía inmediatamente de racista. Y con razón.

AB: No puedes tomar una frase y decir que representa todo el libro.

AS: No es sólo una frase. Se repite. Dices que tenemos la fuerza, mucha fuerza y solamente la fuerza. Dices que Israel es un gueto sionista, imperialista, un lugar de violencia que sólo confía en sí mismo.

AB: Observa la guerra de Líbano. La gente regresó del campo de batalla. Se realizaron algunas cosas y otras fallaron, hay informes. Se habría podido esperar que la gente de la corriente dominante, incluida la derecha, comprendiera que aunque se de al ejército la orden de ganar puede que no gane. Que la fuerza no es la solución. Y después de eso, ¿cuál es el discurso con respecto a Gaza?: Vamos a aplastarlos, vamos a aniquilarlos. No ha cambiado nada. Nada. Y no es sólo un asunto de nación contra nación. Mira las relaciones entre la gente. Escucha las conversaciones personales. El grado de violencia en la calle, las declaraciones de las mujeres desplazadas. Mira la imagen de Israel que nos devuelve el espejo.

AS: Dices que el problema no es solamente la ocupación. A tus ojos Israel se ha convertido en una horrible mutación.

AB: La ocupación no es más que una pequeña parte del problema. Israel es una sociedad asustada. Para examinar la fuente de esta obsesión por la fuerza y erradicarla es necesario enfrentar el miedo. Y el miedo inicial, el terror primario son los seis millones de judíos que perecieron en el Holocausto.

AS: Esa es la tesis del libro. Tú no eres el primero en proponerla, pero la formulas de forma incisiva. Somos minusválidos psíquicos, dices. Somos víctimas del miedo y el terror y utilizamos la fuerza porque Hitler causó grandes daños psíquicos en nosotros.

AB: Sí.

AS: Bien, te contestaré que esa interpretación no es correcta. No es como si viviéramos en Islandia y nos imaginásemos que estamos rodeados de nazis, ya que desaparecieron hace 60 años. Estamos rodeados de amenazas reales, somos uno de los países más amenazados del mundo.

AB: La verdadera fractura de Israel hoy está entre los que tienen fe y los que tienen miedo. La gran victoria de la derecha israelí en la lucha para captar el alma política de la sociedad israelí es la manera en que la impregnó casi totalmente de una paranoia absoluta. Reconozco que tenemos dificultades pero, ¿son insuperables? ¿Cada enemigo es un Auschwitz? ¿Hamás es una plaga?

AS: Eres arrogante y desdeñoso, Avrum. No tienes empatía con los israelíes, tratas al judío israelí de paranoico. Pero como el dice el tópico, hay paranoicos perseguidos de verdad. En este mismo día en que conversamos Ahmadinejad declara que Israel tiene los días contados. Ha prometido erradicarnos. No, no es Hitler. Pero tampoco es un espejismo, es una amenaza real que representa al mundo real, un mundo que tú ignoras.

AB: Digo que actualmente Israel está en un estado de trauma en casi todas sus dimensiones. Y no es sólo una cuestión teórica. ¿Nuestra capacidad para hacer frente a Irán no mejoraría si restaurásemos la capacidad de Israel para confiar en el mundo? ¿No sería más sensato dejar de enfrentar el problema completamente solos, sino más bien dentro de una alineación mundial, empezando por las iglesias cristianas, luego los gobiernos, y por fin los ejércitos? En vez de eso, decimos que no tenemos confianza en el mundo, que nos abandonará… y entonces regresa la imagen de Chamberlain y su paraguas negro volviendo de Munich y, en consecuencia, vamos a bombardearlos completamente solos…

AS: En tu libro no sólo somos las víctimas del nazismo, casi somos judeo-nazis. Eres prudente, de hecho no dices que Israel es la Alemania nazi. Pero casi. Dices que Israel es la Alemania prenazi, que Israel es justo la Alemania anterior al nazismo.

AB: Sí. Comencé mi libro por lo más triste. Como un duelo, un duelo por la pérdida de Israel. Mientras escribía, el título en el que pensaba era «Hitler ganó». Pensaba que todo había terminado pero poco a poco descubrí que no estaba todo perdido. Y descubrí a mi padre como un representante de los judíos alemanes adelantado a su época. Estos dos temas alimentaron mi libro de principio a fin. A fin de cuentas soy un optimista y mi libro, finalmente, también es optimista.

AS: El final quizá sea optimista, pero a lo largo de todo el libro señalas la similitud entre Israel y Alemania. ¿Se justifica de verdad? ¿Hay suficiente base para esa analogía?

AB: No es una ciencia exacta, pero voy a darte algunos ingredientes que componen este guiso: una enorme sensibilidad para sentirnos insultados como nación; la sensación de que el mundo nos rechaza; la pérdida inexplicable de las guerras. Resultados: emplazamiento del militarismo en el centro de nuestra identidad, la importancia de los oficiales de reserva en la sociedad, el número de israelíes armados en las calles -¿A dónde va esa muchedumbre de gente armada?-, los gritos que se lanzan en público: «Árabes fuera».

AS: Y por eso estás diciendo que hay gérmenes de nazismo en nosotros.

AB: La palabra nazismo está sobredimensionada.

AS: Avrum Burg ha escrito en su libro: «A veces es difícil para mí distinguir los principios del nacionalsocialismo primitivo y ciertas doctrinas culturales nacionales de aquí y ahora».

AB: Hay una diferencia entre escribir «nazi» y «nacionalsocialista». Nazi es el último símbolo. Para nosotros conduce definitivamente al final.

AS: De acuerdo, dejemos a un lado el término nazismo. ¿Temes que hay una deriva hacia el fascismo en Israel?

AB: Creo que ya está aquí.

AS: ¿Crees de verdad que los airados lemas racistas que florecen de hecho sobre los adoquines de Jerusalén son equiparables a los de los años treinta en Alemania?

AB: Constato que no hacemos todo lo que podríamos para eliminar esos excesos. Y oigo las voces que llegan de Sderot: «destruiremos, aniquilaremos y expulsaremos». También hay un discurso del gobierno a favor de la transferencia (de los palestinos hacia Jordania u otros lugares, en cualquier caso fuera de Israel y de los territorios ocupados en 1967). Hemos cruzado tantas líneas rojas durante los últimos años que uno se pregunta cuál será la próxima.

AS: En tu libro planteas una cuestión -y la respondes-: «Estoy convencido», escribes, «de que hay muchas posibilidades de que en el futuro la Knesset prohíba las relaciones sexuales con los árabes, aplique medidas administrativas que impidan a los árabes emplear a asistentas judías u obreros judios… como las leyes de Nuremberg. Todo eso llegará, ya está llegando» ¿Tú no estás delirando, Avrum?

AB: Cuando fui portavoz de la Knesset escuchaba lo que decía la gente, tuve conversaciones profundas con parlamentarios de todos los lados. Oí a gente del campo de la paz decir: «Quiero la paz porque odio a los árabes, no puedo ni verlos, no los soporto». Y oí a gente de derecha utilizar una lengua kahanista (del rabino ultranacionalista Meir Kahane). El kahanismo está presente en la Knesset. Se descalificó como partido, pero representa un 10, un 15 o quizá un 20% de los discursos judíos de la Knesset. Estas cuestiones están lejos de ser simples. Son aguas turbias.

AS: Voy a ser franco contigo. Creo que tenemos serios problemas morales y psicológicos. Pero creo que la comparación con la Alemania de la época de la subida del nazismo no tiene fundamento. Un ejemplo: hay un problema con respecto al lugar que ocupa el ejército en nuestras vidas, el lugar que ocupan los generales en nuestra vida política y las relaciones entre el ejército y la clase política. Pero tú equipara el militarismo israelí con el alemán y es una comparación falsa. Describes Israel como una Esparta prusiana que «vive por la espada», pero este no es el Israel que veo a mi alrededor. En todo caso, no en 2007.

AB: Envidio tu capacidad para hacer esa lectura de la situación. Te envidio enormemente, pero pienso que estamos en una sociedad que vive por la espada emocionalmente. No es por casualidad que hago esa comparación con Alemania, porque nuestro sentimiento de deber vivir por la espada viene de Alemania. El hecho de haber sido desposeídos durante los doce años del nazismo hace que necesitemos una espada enorme. Mira el muro. El muro de separación es un muro contra la paranoia. Y ha nacido en mi entorno, en mi escuela de pensamiento, con mi querido Haim Ramon. ¿Qué hay detrás de eso? Voy a construir un gran muro y el problema se solucionará porque ya no los veré. Mira, los laboristas siempre han tenido en cuenta el contexto histórico y representaban una cultura del diálogo. Pero ahora tenemos un alma raquítica. El muro marca físicamente el final de Europa. Indica que allí termina Europa, que somos el final de Europa y que el muro nos separa de los bárbaros, como el muro del imperio romano o la muralla China, ¡es patético! Y además representa el divorcio de la idea de integración. Es xenófobo e insensato. Y encima llega exactamente en el momento en que la misma Europa, y el mundo con ella, han hecho avances impresionantes en la interiorización de las lecciones del Holocausto y han realizado un enorme progreso en la definición de las normas de comportamiento de las naciones.

AS: Realmente eres un europeísta de vanguardia. Vives en Nataf, pero siempre estás en Bruselas. El profeta de Bruselas.

AB: Totalmente, totalmente. Veo la Unión Europea como una utopía bíblica. No sé cuánto tiempo seguirá así, pero es asombroso. Es un concepto completamente judío.

AS: Y la admiración que dedicas a Europa no es accidental. Ya que uno de los elementos sorprendentes de tu libro es que el sabra (2) Avrum Burg vuelve la espalda a su pasado de sabra y se vincula profundamente a un tipo de romanticismo yekke (referencia a los judíos de origen alemán). El Israel sionista aparece como un vulgar comparsa en tu libro, mientras que la sociedad judía de Alemania está representada como el modelo ideal.

AB: Tú piensas por dicotomía, Ari, y yo por inclusión. Tú separas los pedazos mientras que yo intento armarlos. No me alejo de mi pasado sabra, sino que voy en otra dirección, esa es la verdad.

AS: Tengo algo que decir sobre ese romanticismo. Tú describes mil años maravillosos vividos por los judíos alemanes. En gran medida ves a la comunidad judía alemana como un modelo. Pero eso se termina Auschwitz, Avrum. Eso conduce a Auschwitz. Tu romanticismo yekke es comprensible y atractivo, pero falso.

AB: ¿Acaso que existe un romanticismo fundamentado? ¿Tu romanticismo israelí tiene un fundamento?

AS: Mi israelismo no es romántico. Al contrario, es cruel. Es el resultado de entender la necesidad. Y tú haces un callejón sin salida de esa necesidad. Emocionalmente prefieres ir de Dresde a Manhattan en vez enfrentarte al destino judío-israelí.

AB: No queremos admitirlo, pero la existencia de la diáspora se remonta a los principios de nuestra historia. Abraham descubrió a Dios fuera de las fronteras del país. Jacob guió a su tribu fuera de las fronteras. Las tribus se convirtieron en un pueblo fuera de las fronteras. La Torah se da fuera de las fronteras. Como israelíes y sionistas ignoramos completamente todo eso, rechazamos la diáspora. Pero mantengo que igual que había algo que asombraba en la sociedad judía alemana, también en Estados Unidos los judíos crearon algo potencialmente asombroso. Crearon una situación en la cual el goy (no judío) puede ser mi padre, mi madre, mi hijo y mi socio. Allí, el goy no es hostil sino amistoso. Y en consecuencia, lo que surge es una experiencia judía de integración, no de separación. No hay segregación. Encuentro que esas cosas faltan aquí. Aquí, el goy es el que estaba en el gueto: agresivo y hostil.

AS: Realmente hay una profunda tendencia antisionista en ti. Emocionalmente estás próximo a las sociedades judías alemana y estadounidense que te estimulan, te hacen vibrar y, por comparación, la opción sionista te parece burda y espiritualmente raquítica, una opción que no hace feliz al corazón ni al alma.

AB: Sí, sí. La realidad israelí no es estimulante. La gente no quiere admitirlo, pero Israel ha tocado fondo. Pregunta a tus amigos si creen que sus hijos se quedarán a vivir aquí ¿Cuántos te dirán que sí? Como mucho el 50%. En otras palabras, la elite israelí le dice adiós a este lugar. Y sin elite no hay nación.

AS: Estás diciendo que estamos asfixiados aquí por falta de espíritu.

AB: Totalmente. Estamos muertos. Todavía no hemos recibido la noticia pero estamos muertos. Esto ya no funciona, no funciona.

AS: Y tú ves en la sociedad judía estadounidense la dimensión espiritual y la efervescencia cultural que no encuentras aquí.

AB: Ciertamente. No hay escritores judíos importantes en Israel. Hay una literatura judía importante en EEUU. No hay nadie con quien hablar aquí. No encuentro sentido a participar en la comunidad religiosa a la que pertenecía. Tampoco formo parte de la comunidad laica. No tengo a nadie con quien hablar. Estoy aquí sentado contigo y tú tampoco me entiendes. Estás paralizado por tu chauvinismo.

AS: Esto no es justo del todo. Soy consciente de la riqueza judía de la que hablas, pero también sé que el análisis sionista básico era correcto. Sin Israel una civilización judía no ortodoxa no tiene ningún futuro.

AB: Tomemos el non plus ultra del israelismo, Moshé Dayán, por ejemplo, dejemos a un lado a todos los Avrums. Un israelismo inmaculado. Sin reticencias ni paños calientes. Nada de eso. ¿Estás seguro de que esta forma de vivir puede durar mucho tiempo? Toma por otra parte las «águilas»: Martin Buber, George Steiner. Tú dices que esas águilas (que andan por el cielo), no llegarán a nada. Pero mi experiencia histórica me dice que las águilas llegan más lejos que los soldados de infantería.

AS: En realidad estás preparando la maleta del exilio.

AB: Vivo con ella desde que nací. ¿No es lo que digo cuando expreso en mi rezo que por nuestros pecados fuimos exiliados de nuestra tierra? En la historia judía la existencia espiritual es eterna y la existencia terrestre es temporal.

AS: En este sentido eres esencialmente no sionista, porque la energía necesaria para el establecimiento y mantenimiento de este lugar es enorme, y estás diciendo que no debemos darlo todo por este lugar.

AB: No existe un israelí total, existe el judío total. El israelí es un medio-judío, el judaísmo siempre tiene alternativas preparadas. El error estratégico del sionismo fue cancelar las alternativas. Construyó aquí una empresa cuyos elementos esenciales son ilusorios. ¿Crees realmente que puede existir aquí, en Tel Aviv, una especie de sociedad laica postkibutz? Nunca. El israelismo sólo tiene cuerpo, no tiene alma, como mucho restos de alma. Espiritualmente estáis muertos, no tenéis nada más que un cuerpo israelí. Si seguís así, desapareceréis.

AS: El israelismo es mucho más rico, Avrum. Tiene energía, entusiasmo, diversidad y productividad. Pero tú has huido del israelismo. Has desertado. Eras un israelí, incluso más israelí que yo, pero ya no lo eres.

AB: No, ya no lo soy. Pienso que lo «no israelí» no es una alternativa a la existencia global judía de dos mil de años de los que hablo. Por eso escribí este libro. Porque no quiero abandonar este mundo mintiéndome. Ya te lo he dicho: no hay existencia judía sin una narrativa. No es posible. Y aquí no hay narrativa. Y lo que es todavía más grave es que aquí no hay ninguna fuerza que pueda crear una narrativa espiritual. En consecuencia, voy hacia el mundo y hacia el judaísmo. Porque el judío es el primer postmodernista, el primer mundialista.

AS: Realmente te has convertido en un mundialista, ciertamente vas hacia el mundo. Tomaste un pasaporte francés y, como ciudadano de ese país, votaste en las elecciones presidenciales francesas.

AB: Ya lo declaré: soy un ciudadano del mundo. Ahí tienes mi jerarquía de identidades: ciudadano del mundo, luego judío y solamente después israelí. Siento una gran preocupación por la paz mundial y, en mi opinión, Sarkozy es una amenaza para la paz del mundo. Esa es la razón por la que fui a votar contra él.

AS: ¿Eres francés?

AB: En muchos aspectos soy europeo. Y desde mi punto de vista Israel forma parte de Europa.

AS: Pero Israel no forma parte de Europa. Todavía no. Y tú eres un personaje público israelí que participa en las elecciones presidenciales francesas como un francés. Es muy significativo, un acto judío presionista, algo que no harían un inglés o un holandés.

AB: Así es. Es completamente judío. Avanzo hacia la condición judía.

AS: ¿Recomiendas a todos los israelíes que tomen un pasaporte extranjero?

AB: A todos los que puedan.

AS: Pero en esto también desmontas la garantía mutua israelí. Tú juegas con tus múltiples pasaportes y tus múltiples identidades, lo que muy poca gente puede hacer. Desmontas algo fundamental.

AB: Esos son temores tuyos, Ari. Te sugiero que dejes de tener miedo. Es lo que digo en el libro, propongo que dejemos de tener miedo.

AS: Pero tú no eres sólo el libro, Avrum. También eres una persona fuera del libro; y hay una contradicción entre el purismo del hombre que escribió el libro y cómo has actuado en la vida política.

AB: Un asunto terrible, es verdad. Durante algunos de esos años viví en la mentira. Durante mucho tiempo no fui yo mismo. Al principio de mi carrera política tenía la energía para luchar por la religión, el estado y la paz. El aliento del profesor Yeshayahu Leibowitz* me empujaba. Fueron años de sinceridad. Pero después, durante muchos años fui un mapainik (miembro del Mapai, precursor del Partido Laborista). Había que estar en algún sitio. Pero no era yo mismo. Mis planteamientos eran erróneos.

AS: Y ahora que te liberas de las cortapisas políticas, sigues con el espíritu de Leibowitz. Describes las matanzas selectivas (de militantes palestinos) como asesinatos. Te alegras de que el nieto de tu madre no sea un piloto de caza que mata inocentes. Describes la ocupación (de los territorios palestinos de 1967) como un Anschluss israelí. ¿Un Anschluss israelí?

AB: Es lo que estamos haciendo ¿Qué quieres que diga de lo que estamos haciendo aquí? ¿Que es ayuda humanitaria? ¿Qué somos la Cruz Roja?

AS: ¿Y las matanzas selectivas son asesinatos?

AB: Algunas de ellas por supuesto.

AS: Entonces, ¿estamos cometiendo crímenes de guerra?

AB: No tengo otra manera de verlo, sobre todo si no hay una perspectiva de diálogo. Los israelíes se lo toman con mucha calma, un árabe más o menos ¡Alá lo ha querido! Pero a fin de cuentas la lista se alarga. El número de víctimas inocentes es tan enorme que no se puede controlar. Y después nuestra explosión, su explosión y la del mundo serán infinitas. Veo que esto sucede ante mis ojos. Veo el montón de cadáveres palestinos que atraviesan el muro que hemos erigido para no verlos.

AS: No sólo eres Leibowitz; también eres Gandhi. Dices que la reacción adecuada ante el Holocausto no era la de Anielewicz (Mordechai Anielewicz, comandante de la rebelión del gueto de Varsovia), sino la de Gandhi.

AB: Creo en la doctrina de la no violencia. No pienso que creer en la no violencia esté anticuado. Desde mi punto de vista Gandhi es también un judío absoluto, personifica una antiquísima visión judía. Como la de Yochanan ben Zakkai, que apelaba a Yavneh y sus sabios. No a Jerusalén, ni al Templo ni a la soberanía: a Yavneh y sus sabios.

AS: Y tu aproximación «gandhista» tiene una expresión política: piensas que Israel debería deshacerse de sus armas nucleares.

AB: Por supuesto, por supuesto. El día que se destruya la bomba será el día más importante de la historia de Israel. Será el día en que habremos hecho, con la otra parte, un acuerdo tan bueno que ya no necesitaremos la bomba. Esa debe ser nuestra ambición.

AS: Avrum, tu libro es el de un hombre de paz. Casi el de un pacifista. ¿Cómo fue que cuando un hombre de paz como tú dejó la política intentó comprar al gobierno una fábrica de piezas para tanques?

AB: Soy un hombre de negocios, me ocupo de las empresas y las vuelvo a poner en marcha. Las privatizaciones. Me gusta este trabajo y soy bueno haciéndolo. Uno de mis proyectos principales era la industria Ashot en Ashkelon, de la que un 40% de su producción son armas. Mi intención era cerrar esta línea producción y ampliar la implantación de Ashot en la aviación civil. No seré responsable de la fabricación de armas ni un solo día. Mi apuesta era tomar una fábrica de lanzas para transformarlas en rejas de arados.

AS: Ese asunto planteó serias cuestiones. Acarreó una investigación de control del estado y de la policía. Pero no quiero preguntarte por el aspecto judicial porque el caso se cerró y tú fuiste exonerado. Lo que sí quiero preguntarte es cómo es que nada más dejar la política lo primero que hizo un político que se había declarado «antithatcher» y enemigo jurado de las privatizaciones, fue intentar obtener grandes beneficios personales de una privatización.

AB: Tenía la intención de hacer algo totalmente «antithatcher». El estado malvendió y yo quería hacer una buena adquisición. El estado maltrató a los trabajadores y yo quise garantizar sus derechos. Quería implantar un modelo diferente de asociación entre empleados y propietarios y pienso que es una pena que el estado de Israel haya desechado ese modelo. Cuando dejé la política tuve grandes tentaciones. Habría podido entrar en tal o cual consejo de administración. La gente quería que abriese y cerrase puertas. Pero dije no. Me dirigí a la vieja industria. A la periferia. Ahora produzco maíz en Hatzor Haglilit. No me he instalado en Kiryat Atidim (zona industrial de alta tecnología). No me he instalado en los sectores de vanguardia. Me deslomo todos los meses para pagar los salarios de mis 600 empleados.

AS: No es totalmente exacto decir que decidiste no abrir o cerrar puertas. En tu asociación con David Appel se considera que le abriste las puertas para que pudiese reactivar el proyecto turístico «isla griega» (un proyecto fraudulento al que estuvo asociado un hijo de Ariel Sharon) al sur de Italia.

AB: Ese proyecto no tuvo éxito. Incluso no era un negocio. Pero si hubiera salido bien, ¿entonces que? ¿Porque a 20 personas no les gusta David es inaceptable? ¿Porque se dijeron algunas cosas terribles al respecto en el sistema judicial, aunque no se probó nada? Es una violencia que no puedo tolerar. Simplemente es una práctica de linchamiento público. El israelismo como verdugo, eso nos gusta de verdad, hace que se vendan muchos periódicos.

AS: ¿Las alegaciones contra ti con respecto a la industria Ashot y a David Appel revelan un acercamiento al verdugo israelí?

AB: Estamos en una sociedad macabra. Primero te cuelgan y cuando sueltas el último suspiro, entonces te preguntan. Estamos viviendo en el equivalente a los años cincuenta en Estados Unidos, en una «era Maccarthy». La ofensiva contra la corrupción es «maccarthysmo». Es importante fijar los límites, la manera en que se hace, el estilo, la vulgaridad, la demagogia, la superficialidad, la imposibilidad de los atacados para defenderse correctamente…

AS: Sabes cómo replicar a cada golpe. Por ejemplo, Salai Meridor (antiguo presidente de la Agencia Judía) decidió que no había ninguna justificación para que él o tú disfrutéis del privilegio infundado de un coche con chófer de por vida y tú le demandas y peleas con todas tus fuerzas por ese privilegio.

AB: Como ex presidente de la Agencia Judía tengo derecho a una jubilación, como tú tienes derecho a una jubilación. Un día desaparece, se acabó. Imagínate que una parte de tu jubilación consiste en recibir gratuitamente Haaretz y un día, Amos Schocken (el propietario del periódico) te lo quita. ¿No pelearías? ¿No irías al comité de empresa? Todo el mundo tiene derecho a pelear cuando le quitan algo, sólo Avrum no tiene ese derecho, ¿por qué? Este asunto es tan ridículo en términos económicos que es como si no existiera, pero el planteamiento me sacó de quicio.

AS: Hablamos de unos 200.000 shekels (36.000 euros). Y de tu comportamiento, que el juez encontró vergonzoso. Y del hecho de que aunque hablas alto y claro de moral, no ves inmoralidad en el hecho de que 10 años después de haber dejado la Agencia Judía efectúes tus viajes de negocios por todo el país en un coche con chófer de la Agencia Judía. Y para colmo, hoy eres totalmente extraño a todo lo que representa la Agencia Judía.

AB: Podría decir algunas cosas sobre lo que declaró el juez, pero no voy a contraatacar. No utilizaré violencia contra violencia. Estamos hablando de derechos fundamentales de una persona, el derecho a una pensión.

AS: ¿Y valía la pena? Lo que quedará grabado en la mente de la gente es que Salai Meridor era correcto y modesto y Avrum Burg un hedonista que ansiaba ventajas.

AB: Lo que queda de todo eso es que estoy en paz conmigo mismo. A los que se sienten a gusto con la violencia secreta, las puñaladas en la espalda o como sicarios (nombre dado a los judíos del Segundo Templo que se servían de una espada, sicarius, para desembarazarse de los colaboradores de Roma) a cara descubierta o enmascarados, ¡que les vaya bien!, perfecto. No tengo la intención de dar lecciones al mundo. Lo importante para mí es mi propia coherencia.

AS: Pero hay un interrogante que te acompaña desde hace mucho tiempo. Tu discurso es impresionante. No sólo desde el punto de vista de la formulación sino también desde el punto de vista de la moral. Y ahora has escrito un libro preñado de moral. Pero tu actividad en el mundo es diferente. En la vida política fuiste refinado, astuto, taimado. Y en el mundo de los negocios también estás lejos de ser un santo. La divergencia entre tu lenguaje y tus actos es inquietante.

AB: La diferencia está en los ojos del espectador. Yo no me pregunto cómo me ve Ari Shavit. Hace mucho tiempo que me burlo de lo que los demás piensan de mí. Vivo en un mundo en el que lo que me importa es lo que yo pienso de mí. Durante muchos años viví con el temor de lo que la gente podría decir y eso me condujo a lugares indeseables, sitios en los que había un abismo entre lo que yo era por dentro y por fuera. Hoy vivo con mi verdad.

AS: Seguramente todo está relacionado. Realmente eres un hombre de paz que rechaza la fuerza bruta israelí, su militarismo, su nacionalismo. Pero cuando te reconectas con el judaísmo no sólo te vinculas con el judío espiritual, sino también con el judío economista.

AB: Es verdad. La vida no consiste únicamente en ser un pionero con una azada y un valiente guerrero en la Puerta del León (Jerusalén). La vida también es ser un comerciante en Varsovia. Esto, sin ninguna duda, proporciona una vida globalmente más rica.

AS: Sin embargo no renunciaste a la política. Eres un amigo cercano del Primer Ministro Olmert. ¿Sigues apoyándolo ahora? ¿Incluso después de la segunda guerra de Líbano?

AB: La historia de Ehud Olmert es una verdadera tragedia. De toda esa generación (es un poco mayor que yo) es el que tiene más talento y más experiencia. Hay mucho afecto entre nosotros. Me gusta mucho. Es una de las personas más humanas y más morales en cuanto a las relaciones con la gente y con su familia. Pero la declaración de la guerra lo incapacitó para traducir a la práctica su capacidad. La adopción de la noción «bushiana» de que la guerra es la primera opción es un fallo que desluce todas las demás calidades esenciales de Olmert. Rezo para que corrija esto con una gran acción política: Hamás, Siria o la Iniciativa saudí. Le pido que no se atrinchere en el error. Siempre puede salir un gran beneficio de una equivocación.

AS: ¿A quién apoyas en las primarias del Partido Laborista?

AB: A Barak.

AS. ¿Por qué?

AB: Ya ha demostrado una vez que está dispuesto a llegar más allá del Rubicón israelí. Habrá otros Rubicones que cruzar aquí. Su capacidad para hacerlo es muy importante para mí.

AS: ¿Te ves regresando a la política?

AB: La cuestión está abierta. En 2010 comenzará una nueva era política en Israel. Cuando la generación Olmert-Barak-Bibi (Netanyahu) se vaya, será el turno de una nueva generación que vendrá de la economía, de la universidad, de las artes. Quizá entonces haya un sitio para mí.

AS: ¿Un sitio en el sillón del Primer Ministro?

AB: Una vez tuve grandes deseos de ser Primer Ministro. Un deseo acuciante. No sabía qué quería hacer allí pero lo deseaba con todas mis fuerzas. Ahora me digo que hay muchos maratones que correr antes de que eso pueda llegar.

AS: Entonces, ¿estás en el maratón?

AB: Toda mi vida.

*Yeshayahou Leibowitz (1903-1994), apodado «el profeta de la cólera», fue uno de los pensadores más notables de la historia de Israel. Muy mal visto por el establishment sionista por sus críticas virulentas hacia las prácticas del estado de Israel -especialmente durante la guerra de Líbano-, resumía la historia de la humanidad con esta sorprendente fórmula: » Von der Humanität zur Animalität über Nationalität » (De la humanidad a la animalidad a través del nacionalismo).

(1) Ahad Haam es el promotor del «Sionismo espiritual», que proponía crear un centro espiritual en Palestina, y es totalmente opuesto al «Sionismo político» de Herzl, ya que separa completamente la política de sus objetivos.

(2) El término sabra (en hebreo צבר) designa a las poblaciones judías, nacidas antes de 1948 en el Mandato Británico de Palestina, y sus descendientes entre la población israelí actual. Por extensión, el término se refiere a todos los nacidos en el estado de Israel. La palabra procede del hebreo tsabar (el nombre del cactus opuntia), en alusión figurada a la tenacidad y carácter espinoso de esta planta del desierto, que esconde un interior tierno y un sabor dulce. Curiosamente, la misma planta (en lengua árabe, صبار sabbar) y por las mismas razones, es utilizada por los palestinos como símbolo de resistencia al desarraigo.

Original en inglés: http://www.haaretz.com/hasen/spages/868385.html

Versión francesa: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=3566&lg=fr

Ari Shavit es periodista político del diario israelí Haaretz. Así se presentaba en una Intervención en Key West, Florida, en diciembre de 2006: «Permítanme empezar con una confesión: soy un sionista. Soy un sionista crítico. A veces soy un sionista escéptico. A menudo soy un sionista impaciente. Casi siempre, soy un sionista atormentado. Conozco demasiado bien nuestros pecados. Conozco perfectamente nuestros fallos y nuestros defectos. Y a pesar de todo, a fin de cuentas, soy un sionista».

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, la traductora y la fuente.