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Análisis ante el anuncio de E.T.A.

Fuentes: Rebelión

Estaba cantado: E.T.A. debía dejar la actividad armada. El comunicado hecho público el jueves, 20 de octubre de 2011, no es algo que deba extrañar a los analistas políticos menos avezados. Frente al simple análisis que nos va a ofrecer la versión oficial, centrado en la victoria de la democracia, de los demócratas, de la […]

Estaba cantado: E.T.A. debía dejar la actividad armada. El comunicado hecho público el jueves, 20 de octubre de 2011, no es algo que deba extrañar a los analistas políticos menos avezados. Frente al simple análisis que nos va a ofrecer la versión oficial, centrado en la victoria de la democracia, de los demócratas, de la presión popular, del cerco jurídico-policial, y otras monsergas por el estilo, el hecho es que el actual comunicado responde a otra lógica diferente.

Si se tratara de la presión ejercida por el poder judicial, politizado hasta el punto de no reconocerse en él el Estado de Derecho, y tal y como comunicaba hace pocas jornadas la portavoz del Gobierno Vasco actual, Idoia Mendía, la situación de los presos no ha variado, por lo que la actual manifestación tampoco responde a la actitud judicial.

Por otro lado, líderes de los dos partidos mayoritarios en el Reino de España, el PSOE y el PP, han ido haciendo gala nuevamente en una reyerta encarnizada acerca de quién ha movido menos piezas en el acercamiento de presos y concesiones al nacionalismo radical. La decisión de E.T.A., por lo tanto, tampoco parece responder a la lógica de que son los demócratas (término que siempre precisa al menos de un adjetivo) quienes han obligado al grupo armado a tomar sus decisiones.

En tercer lugar, las fuerzas armadas y Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE, incluyendo a la Ertzantza), si bien se suman al carro a la hora de recoger las medallas en la supuesta victoria sobre E.T.A., tampoco obvian que la organización pudiera contar ahora mismo con medio centenar de militantes, sin hacer mención de que no han sido capaces de detener al comando que puso las bombas en Palma de Mallorca en 2009, ni de asegurar que la regeneración de la misma no se nutra de nuevos miembros.

Pero, si no ha sido la actitud político-jurídica, ni la puramente política, ni la político-policial la que ha propiciado el fin de la actividad armada, ¿dónde se encuentra la clave de la misma? Pudiéramos pensar que ha sido la reunión en Aiete el pasado lunes el acicate de la misma. Sin embargo, el hecho de que una organización clandestina -cuyos miembros se encuentran dispersos entre exiliados, presos, y militantes en la clandestinidad-, pueda unificar criterios en sólo tres días a partir de la declaración de Aiete indica que la decisión estaba tomada de antemano. Aiete ha sido la escenificación del tercer y último acto de la macabra historia.

Llegamos, así, al meollo de la cuestión: E.T.A. decide abandonar la lucha armada por voluntad propia, por el desarrollo interno de una discusión en profundidad sobre la necesidad y utilidad de dicha confrontación con los Estados Español y Francés, independientemente de lo que éstos opinen. La lucha por la libertad e independencia del País Vasco (Euskal Herria) ha de pasar, indefectiblemente, por la agrupación de las sensibilidades soberanistas.

Visto desde este prisma, no es casual que las fuerzas agrupadas en torno a la candidatura Amaiur extiendan su ofrecimiento a otras del ámbito nacionalista, como en el caso del PNV. Lograr que de los 23 escaños que se presentan en liza en Vascongadas (Euskadi) y la Comunidad Foral de Navarra, 15 o 16 puedan recaer en dicha elección supondría poder presentar con toda legitimidad la reivindicación de la independencia en instancias como el Parlamento Europeo o la ONU. El PNV, sin embargo, ha optado por confrontar las opciones, de manera que, el 20-N nos veremos con listas proclives al autonomismo (y su profundización, representados por el PNV), y otra que opta directamente por la independencia (en torno a Amaiur). Presentar ante la comunidad internacional (y de ahí también el aval de personalidades de renombre universal) que más de 2/3 de los votantes de una región prefieren la independencia al sometimiento, si bien en el Reino de España puede no tener efecto, en el resto del mundo (sobre todo ante la ausencia de violencia) puede que no tenga el mismo efecto.

Pero, ¿Cuáles han sido las respuestas ofertadas desde los partidos mayoritarios en el ámbito estatal (PP y PSOE), a pesar de ser minoritarios en los territorios afectados?

El PP muestra una cara doble o triple, y así, mientras su líder carismático opta -como siempre- por el silencio en espera de acontecimientos, un grupo descalifica al grupo mediador, y otro por defender su postura responsable, eso sí, en el caso de que sean ellos quienes gestionen el final de la violencia. Pero la violencia ha cesado, y les ha cogido con el paso cambiado, pues pensaban que no iba a ser un proceso tan rápido (a pesar de los indicios con que contaban).

En el PSE la situación en similar. Mientras el lehendakari sigue sin enterarse de lo que acontece en su territorio, y se va a los USAmerica en misión, muy importante, de establecer o fortalecer vínculos comerciales (pero, eso sí, olvidándose del sufrimiento de su propio electorado), otros líderes de su propio partido llegan incluso a criticarle por tal dejación (ha preferido los negocios a la paz, y eso lo pagará caro). En todo el proceso el PSOE se ha centrado en sus intereses partidistas frente a los de la comunidad. Y el PSOE ha seguido la tónica general que se puede esperar de un partido al que se le augura un futuro negro para las próximas elecciones generales del 20-N: ni niega ni afirma nada, pero espera sus réditos de ser quien ha vencido, por fin, al terror. Mero mercantilismo electoral.

Una vez E.T.A. ha abandonado, de un modo u otro, la actividad armada, la pregunta que se plantea es: ¿Y ahora, qué?

El cese de la actividad armada debería implicar, en primer lugar, la libertad de aquellos prisioneros no asociados a los delitos de sangre (que no se quieren reconocer como prisioneros políticos, pero que cualquier legislación imparcial tomaría como tales, como es el caso de Bateragune). En segundo lugar, el restablecimiento del Estado de Derecho, o lo que es lo mismo, la anulación de legislaciones específicas dictadas para endurecer las condenas de reos por terrorismo más allá de lo que las propias leyes dictan (caso de militantes de E.T.A. con enfermedades graves o sometidos a la denominada Doctrina Parrot, dictada ad hoc, y por lo tanto, no propia de un Estado de Derecho). Y en tercer lugar, dar cabida constitucional al derecho a la segregación o independencia, anulando así el precepto de que las fuerzas armadas garantizarán la unidad nacional. Es diferente decir que cualquier fuerza pueda defender democráticamente su derecho a la independencia, que obstaculizar que el mismo derecho pueda ejercitarse prácticamente.

Una vez dicho esto, la confrontación entre las fuerzas soberanistas y las unionistas (no las denominemos constitucionalistas después de haber visto que en menos de una semana la misma se puede cambiar aún sin contar con el beneplácito de sus ciudadanos) deberán enfrentarse en las urnas, lo mismo que sucede en cualquier país civilizado (y España aún no ha dado muestras de serlo).

¿Con qué nos podemos encontrar? El horizonte es difuso. Hay quienes optan por un Estado centralizado fuerte ajeno a las ansias territoriales (UPyD); hay quienes prefieren un Estado fuerte, descentralizado, pero unificado en lo esencial (PP); otros optan por una descentralización mayor (PSOE); incluso quienes ofertan la creación de un Estado Federal o Confederal (IU); pero también existe quien prefiere la imagen inversa, la del Estado federal a partir de las Comunidades (PNV); o incluso la independencia (Amaiur). El resultado electoral nos ofrecerá, en este sentido, una fotografía más acorde con la voluntad popular. No es de extrañar, al respecto, que el Partido Nacionalista Vasco pretenda llamarse Partido Nacional Vasco; ni que la campaña de Amaiur se vaya a centrar en el derecho a ejercer el derecho (permítaseme la reiteración) a la autodeterminación e independencia.

¿Qué pasaría si más del 55% opta en Euskal Herria por posiciones independentistas? La respuesta de los Estados Español (Monarquía española) y Francés (República francesa) es una incógnita a resolver más pronto que tarde.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.