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Siria

Aquel 10 de junio…

Fuentes: El Cofre damasquino

Hace ya 13 años que Siria vio como el «líder hasta la eternidad», como nos obligaban a gritar en el colegio todas las mañanas antes de clase, también era mortal, un hecho poco fácil de asimilar para cuatro generaciones de sirios que no conocieron otro presidente que no fuera Hafez Al-Asad, y del que solo […]

Hace ya 13 años que Siria vio como el «líder hasta la eternidad», como nos obligaban a gritar en el colegio todas las mañanas antes de clase, también era mortal, un hecho poco fácil de asimilar para cuatro generaciones de sirios que no conocieron otro presidente que no fuera Hafez Al-Asad, y del que solo escuchaban maravillas sobrehumanas en la televisión y el colegio. Aquel 10 de junio fue el día de la intervención de la naturaleza en un proceso que empezó al menos década y pico antes: la sucesión en el Reino del Silencio.

 

A diferencia de otros tiranos árabes, los hijos de Hafez Al-Asad no estuvieron expuestos a la vida pública durante su infancia y temprana juventud. Este dato concuerda con la poca afición de su padre a aparecer en público; Hafez Al-Asad hablaba en público lo justo, y solo cuando el protocolo lo hacía necesario. Aun así, es uno de los tiranos que más ha ocupado el espacio público del país que gobernó. Las fotos de Hafez estaban en todas las paredes, sus cada vez más grandes estatuas estaban en las plazas de todo pueblo, y su nombre se escuchaba en por todo el país aun cuando no se habla de política: Hospital Al-Asad, Biblioteca Al-Asad, etc.. Incluso la red de escuelas coránicas del país tenía el nombre del líder que presumía de «laico».

Hafez estaba en todos lados, como sus espías, pero al mismo tiempo estaba ausente. Solo aparecía muy de vez en cuando para contar lo pronto que llegará la liberación de los Altos del Golán y de Palestina, de lo bien que va la lucha contra el imperialismo, y de que la unidad árabe está más cerca. Los asuntos internos del país, ya sea la política (inexistente), la economía o la administración eran temas menores en los que el «líder padre», como también era denominado Hafez, no perdía su valioso tiempo.

En este contexto de manejo de imagen, era obvio que la irrupción abusiva en la esfera pública del joven Basel, primogénito del caudillo sirio, tenía connotaciones políticas: Era el heredero. Basel era presentado como un brillante oficial del Ejército y un deportista invencible en el campo de la equitación. Era el campeón de Siria todos lo años, y sus competiciones eran televisadas por la única cadena estatal. El único año que Basel no logró ganar el título sirio la televisión se apresuró en emitir como los veterinarios estaban administrando inyecciones a su caballo… nos querían decir que el hijo del presidente no ganó porque su caballo estaba enfermo. Entre los años 1987 y 1993 se extendieron los clubes estatales de hípica por todas las provincias. Todos, por supuesto, tenían el nombre de Basel Al-Asad. Aparte, se inauguró en la provincia costera de Latakia un macro festival anual llamado «festival de la fraternidad y la paz», con Basel como patrón y anfitrión, en el que todos los años se daban cita las grandes figuras de la música árabe. El festival contaba también con competiciones deportivas y un torneo de hípica en el que, por supuesto, siempre ganaba Basel. 
En la que puede considerarse como la única derrota de la ambición política de Hafez Al-Asad, Basel murió a finales de enero de 1994 en un accidente de tráfico. En su lujoso y majestuoso funeral apareció un asustado, alto y delgado chico al lado del caudillo. Esta era la primera vez que Bashar Al-Asad aparecía a gran escala. El segundo hijo de Hafez Al-Asad era médico, y preparaba su especialidad en Reino Unido alejado y aislado de las intrigas del poder. Aquella fue también la primera vez que alguien encontró similitudes ente la vida de la familia Asad y el guión de El Padrino, un chascarrillo que fue ganando gracia a medida que se acumulaban las coincidencias y que acabó siendo muy pesado de digerir de tanto usarlo en prensa internacional.
Tras la muerte de Basel, Bashar volvió definitivamente a Siria y fue ocupando el lugar público que dejó su hermano, pero con cambios de perfil mediático que no solo respondían a las diferentes personalidades de los hermanos sino que también servían a los cambios de planes políticos del caudillo; a finales de los 80, con la intifada palestina en marcha y las relaciones tensas con EEUU e Israel la situación exigía un perfil militar de firmeza, determinación y fuerza, que era el perfil que presentaba Basel, pero en 1994, con las relaciones con EEUU en su mejor momento desde hace décadas tras la participación de Asad en la coalición internacional que sacó a Saddam Hussein de Kuwait en 1991 a cambio de poderes para finiquitar la guerra civil libanesa a favor del régimen sirio, y con el lenguaje belicista contra Israel sustituido por la paz como «opción estratégica» según definición de Al-Asad padre, el contexto exigía una cara más moderada, con poco discurso ideológico y mucha imagen de modernidad, aperturismo y «de campechano». Al mismo tiempo que el eslogan «Hafez es nuestro líder, Basel es nuestra inspiración, y Bashar es nuestra esperanza» iba colonizando el secuestrado espacio público de todo el país, Bashar era presentado como un aficionado a la fotografía y las nuevas tecnologías que lo mismo aparecía sin escoltas visibles para ver una función de teatro en Aleppo que se paseaba por el Damasco antiguo antes de cenar en uno de sus conocidos restaurantes. A su imagen y semejanza se creó la Asociación Científica Informática de Siria, un ente que prodigaba su voluntad de promocionar las nuevas tecnologías de comunicación que daba una imagen rompedora con la asfixiante censura existente en el país tanto en las comunicaciones interpersonales como en los medios masivos, exclusivamente estatales. Comenzaba el mantra: «El padre es un militar chapado a la antigua, pero Bashar es diferente… es aperturista y moderado, y su vida en occidente la ha dado una visión de las cosas muy alejada de la ortodoxia militarista Baathista», un mantra que no solo circulaba por Siria sino que era repetido obsesivamente en muchos medios árabes y occidentales, sobre todo cuando Bashar viajaba fuera del país para ser recibido en muchos países, tanto árabes como europeos, con honores de Estado pese a que, oficialmente, solo era un oficial de medio rango y presidente de una asociación informática.

Ya a finales de los 90, y coincidiendo con el fallecimiento de los monarcas de Jordania y Marruecos, la administración Clinton no ocultaba su entusiasmo por una segunda generación de dirigentes árabes que decía que serían modernos, más familiarizados con occidente y menos influenciados por la lógica política árabe de mediados de siglo pasado. Bashar era citado como ejemplo junto a Mohammed VI de Marruecos y Abdallah II de Jordania pese a que Siria, oficialmente, era una República y no una monarquía con príncipes herederos. Nadie lo dudaba ni intentaba disimular su certeza… estaba pactado y acordado en el plano internacional: Era el heredero. Así quedó plasmado el 13 de junio del 2000 durante la asistencia de Madeleine Albright al funeral de Hafez Al- Asad, cuando presentó las condolencias oficiales a Bashar Al-Asad, en lugar de seguir el protocolo presentándolas al vicepresidente, y alabó la «transición tranquila de poderes» solo tres días después de uno de los días más vergonzosos de la historia de Siria, cuando se reunió la Asamblea del Pueblo (el supuesto parlamento, formado por miembros del Baath y partidos afines, burócratas y líderes tribales y religiosos) de urgencia a la hora de anunciar la muerte de Hafez Al-Asad y aprobó, por unanimidad, en escasos minutos, y entre ridículas competiciones entre los «parlamentarios» para salir más lloroso y triste en la tele, el cambio de la edad mínima que marca la constitución para el presidente de 40 a 34 años, que era la edad de Bashar en aquel momento, y el ascenso de este 6 rangos militares de golpe para nombrarlo Capitán General del Ejército y Fuerzas Armadas.

A nadie le interesó la voluntad de los sirios más allá de un ridículo «referéndum» que no era más que un festival de exaltación de la lealtad por parte del Ejército y las instituciones del Estado, y la movilización política era imposible en aquel momento con una oposición liquidada que, tras 3 décadas de clandestinidad, cárcel, ejecuciones y exilio solo le quedaba apostar, entre el entusiasmo de algunos y el pesimismo de otros, por que el heredero necesitara hacer algún gesto aperturista en lo político para acabar de darle forma a las facturas internacionales pagadas por su padre a cambio del apoyo a la sucesión. Esta «apertura» llegó en la ridícula forma de un discurso de investidura plagado de promesas inconcretas de cambio, habladurías sobre cambiar la «vieja guardia» por nuevas caras y el permiso oral para que los opositores e intelectuales se reúnan en recintos privados a debatir, con aforo controlado y sin tocar un montón de líneas rojas, sobre temas culturales y políticos, este breve periodo de cierto respiro fue bautizado como Primavera de Damasco. Duró un año y medio, y a mediados de 2001 volvieron las acusaciones de «traición» a los opositores, y la práctica totalidad de los opositores de la Primavera de Damasco, incluidos aquellos optimistas con la nueva era, volvió a poblar las cárceles.

El resto de la historia: 11 años de neotiranía, luego 100 mil muertos, millones de desplazados internos y externos, y Siria convertida en un solar posapocalíptico bajo el eslogan favorito de los soldados del Ejército y los matones de las milicias afines al régimen: «O Al-Asad, o os quemamos el país».

Fuente original: http://networkedblogs.com/M3TZL