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Arafat fue entregado por unas magras monedas del enemigo

Fuentes: Rebelión

Es muy difícil abordar luego de 13 años del envenenamiento del Padre de la Patria, Yasser Arafat, el juego sucio que se desató tras su muerte para encubrir a los autores del magnicidio. Luego de 13 años del envenenamiento de uno de los principales estrategas de los siglos XX y XXI, no hay responsables ni […]

Es muy difícil abordar luego de 13 años del envenenamiento del Padre de la Patria, Yasser Arafat, el juego sucio que se desató tras su muerte para encubrir a los autores del magnicidio. Luego de 13 años del envenenamiento de uno de los principales estrategas de los siglos XX y XXI, no hay responsables ni cargos contra los autores, pese a que se conocen sus nombres a viva voz.

Ni la OLP ni Al-Fatah investigaron su muerte con la seriedad del caso. Ni lo llevaron a los Tribunales internacionales y solo lavaron su ácida conciencia emperifollando los agrios sabores de la entrega con la construcción de un Mausoleo en la Mukata’a (presidencia) de Ramallah para guardar sus restos.

El presidente del Estado de Palestina, Yasser Arafat (Abu Ammar), excesivamente demacrado, cargando con el peso de una larga y dolorosa historia de vida, solitariamente percibió, sin decirlo, que había sido traicionado y envenenado, y que muchos de su entorno lo abandonaron por algunas magras monedas del enemigo.

Sitiado militarmente desde el 1° de diciembre de 2001 por las fuerzas sionistas en la presidencia por orden del premier Ariel Sharon y su canciller Shimon Peres, ambos responsables de ‘crímenes de guerra’, fue espinosamente encubierto. Todo el efecto del envenenamiento comenzó a erupcionar cuando la noche del 27 de octubre de 2004, mientras cenaba con algunos de sus allegados, sintió fuerte dolores estomacales, vomitó y sufrió un desmayo por más de 10 minutos.

Nadie hizo nada. Ni los jerarcas árabes sosegados en sus sillones de fina terminación en oro, ni el occidente achispado con la ética de las libertades y las democracias actuaron para evitar que Sharon y sus cómplices arrastraran a un democrático jefe de Estado al cadalso de la muerte.

Al estimular Ariel Sharon, Shimon Peres, Shaul Mofaz, Ehud Barack y Ehud Olmert, públicamente con su hostil lenguaje, más, la suma del terrorismo de Estado israelí con sus ataques de mísiles y buldóceres a la indefensa Mukata’a, para acabar con la vida de Arafat, sobraron las evidencias para ser acusados ante la Corte Penal Internacional de magnicidio.

El manipulado mutismo de las partes no logró dejar afuera la letal responsabilidad israelí ni la de Mahmoud Abbas. Embriagado por el rigor del lobby político-económico judío, Abbas colaboró de distinta manera con el enemigo para quebrar la desafiante ‘revolución palestina’ de la década del ’50 y la popular Intifada a finales de los ’80 inspiradas por Abu Ammar. Mientras, con su rostro cómplice acicalado con ásperas mascaras de preocupación, utilizó los cuadros de Arafat junto al suyo en sus oficinas ministeriales y embajadas para amainar su sombrío silencio.

En una recóndita reunión entre Abbas y Peres, en ese entonces canciller de Sharon, «discutieron el derrocamiento de Arafat». Expuesto en la publicación del domingo 23 de octubre de 2011 por el diario israelí Yediot Ahranot: «Abbas le dijo a Peres que al tener estos contactos secretos estaba poniendo su vida al límite». Según lo trascendido, Abbas, «pidió a los israelíes solicitar a Estados Unidos financiar a la Autoridad Palestina cuando él sea elegido», al igual que velar por su seguridad. Consumando de ese modo en 2003 la muerte anticipada de Arafat.

En el fragor del dolor interno. Destituido por Abbas en 2007, el ex canciller y uno de los fundadores de Al-Fatah, Farouk Kaddoumi (Abu Lutf), denunció en la televisión qatarí Al-Jazeera de contar con «los documentos que demuestran que Mahmoud Abbas estuvo involucrado en la conspiración para asesinar a Yasser Arafat» (16/7/2009). Y adicionó en una entrevista con el diario londinense Al-Quds Al-Arabi, citado por el diario israelí The Jerusalem Post: «La Autoridad Palestina y su presidente (Mahmoud) Abbas, no desean ningún tipo de resistencia contra Israel… Fatah fue debilitada (militarmente) para no regresar al camino de la lucha» e increpó a Abbas «de congelar sus sueldos por criticarlo» (31/10/2012).

En el concierto de las acusaciones, Fahmi Shabana, ex oficial de inteligencia palestino y miembro de la Comisión Palestina de Investigación de la muerte de Arafat, en una entrevista con el periodista israelí Yoni Ben Manahim, publicada en el sitio Bet Reshet Israil, reveló: «dos palestinos participaron en la muerte de Arafat, uno de ellos pertenecía a la fuerza de seguridad de Al-Fatah en la Franja de Gaza y el otro es un alto político que ayudó a encubrir el crimen…El liderazgo palestino tiene vasta información que nunca mostrará» (15/7/2012).

Por su parte, el vicepresidente del Consejo Legislativo Palestino (parlamento), actualmente clausurado por decreto de Abbas, Hassan Khreisheh, fue más allá y acusó en el diario saudí ‘Al-Shark’, que «Algunos líderes de la ANP participaron de la muerte de Arafat causada por Polonio 210 radioactivo. Órganos palestinos, árabes e internacionales obstaculizaron el trabajo de todas las comisiones creadas para investigar las causas de la muerte de Arafat con el fin de evitar la búsqueda de los responsables del asesinato de líder palestino» (6/7/2012).

En sintonía con las denuncias y luego de la exhumación de su cuerpo en noviembre de 2012 solicitada jurídicamente a la ANP por su esposa Souha y su hija Sahwa en los tribunales franceses, el informe forense suizo de 108 páginas elaborado por los científicos del Instituto de Radiación Física del Hospital Universitario de Lausana, Suiza, afirmó: «las nuevas investigaciones radio toxicológicas demuestran niveles altos de Polonio 210 en las costillas, la pelvis y en los fluidos corporales de Arafat» (7/11/2013). Mientras, su director médico, Francois Bochud, indicó en conferencia de prensa: «los resultados apoyan de forma moderada la proposición de que la muerte fue consecuencia de envenenamiento con polonio 210». Por su parte, el Dr. Abdullah Bashir, médico del equipo de investigación palestino, sostuvo: «Arafat no murió de enfermedad, ni de vejez, sino a causa de un material radioactivo venenoso conocido como Polonio 210».

Como era de esperar, el gobierno israelí rechazó de plano el informe de los científicos suizos y el portavoz de la cancillería, Yigal Palmor, irónicamente dijo: «los resultados suizos no son concluyentes. Si se encontraron rastros de Polonio que podría indicar el envenenamiento, no hay evidencia de como ocurrió este…». La soberbia sionista le permitió obviar que Arafat estaba cercado y desconectado del mundo desde el 2001 y que Israel es una de las tres potencias nucleares que genera ese mortífero elemento químico.

Si algo faltaba, no se puede dejar de sumar las demenciales palabras del ex presidente estadounidense George Bush (h), otro de los responsables como participe secundario del envenenamiento, quien en plena invasión a Irak agitó la muerte no sólo de Saddam Hussein, sino también la de Arafat, expresando: «Israel debía asesinar al histórico líder palestino para retroceder los anhelos independentistas a los niveles de bajo cero y generar un gobierno palestino servil a la potencia israelí» (21/3/2003). En la práctica los hechos quedaron plasmados.

La desazón ahondó en su esposa. «Arafat era un hombre sano de 75 años, que murió en 2004…se trata del crimen del siglo», se lo dijo conmocionada a la agencia de noticias Al-Jazeera luego de conocer el informe científico. Entre sus declaraciones, Souha, le formuló al periódico británico The Guardian: «es impactante… Recuerdo que Yasser se estaba consumiendo rápidamente en el hospital y veía cómo en sus ojos se expresaban un montón de interrogantes. La muerte es un destino en la vida, es el destino de todo el mundo, pero resulta terrible cuando es el resultado de un envenenamiento…Fue conspiración para deshacerse de él. Mi hija y yo queremos saber quién lo hizo. No nos vamos a detener en nuestra búsqueda hasta descubrir al autor o autores del asesinato. Se trata de un crimen político».

Souha Arafat, a quien la OLP le prohibió entrar en Palestina ocupada para asistir a los funerales de su esposo en Ramallah y hoy la mantiene en el exilio, durante los 11 días de agonía de su esposo en el Hospital Militar Percy de París, controló suspicazmente y evitó el acceso de las visitas de los funcionarios de la ANP. Con lacónicas palabras acusó a tres de sus antiguos compañeros, entre ellos, a Mahmoud Abbas, «trataron de heredar el poder y enterrar en vida a Abu Ammar».

La dosis del Polonio 210 utilizado por Israel con la cooperación de algunas manos palestinas llagadas de traición, es un millón de veces más tóxico que el cianuro y sólo esa radiación nuclear la poseen Israel, Rusia y Estados Unidos, abriendo pruebas directas de la participación israelí. El portavoz del Instituto, Darcy Christen, confirmó: «El material encontrado en las pertenencias de Yasser Arafat, normalmente se produce en plantas nucleares, puesto que se extrae del uranio» (4/7/2012). Israel lo posee en su base nuclear de Dimona en el desierto de Beersheva ocupado en 1948.

Por su parte, el Dr. Azza Agha, especialista en farmacología y toxicología, decano de la Facultad de Farmacia en la Universidad del Cairo, tras acceder al Informe, afirmó que «Todos los hechos científicos alcanzados por el Instituto sobre las verdaderas causas de la muerte del presidente Arafat, son incuestionables».

El pueblo palestino en la Ribera Occidental que despidió con llanto y un inconmensurable dolor cuando Arafat el 30 de octubre de 2004, abordaba el helicóptero para trasladarse a Amman y subir a un avión francés que lo llevaría a Paris para su internación, para luego de casi 2 semanas recibir su féretro con el corazón destrozado, su silenciada voz estalló. En una encuesta del Centro Palestino de Políticas Públicas en Ramallah realizado en noviembre de 2005, mostró que «el 59 por ciento de los palestinos culpó a Israel de envenenar a Arafat y un 21 por ciento consideró que fue envenenado por palestinos». Notorio reflejo popular de la complicidad.

Bosquejando el martirio. Después de 13 años sin justicia ni castigo a los culpables, cada vez golpea más fuerte la energica voz del comandante Yasser Arafat, señalando: «Estoy preparado para ser mártir…Llegará el día que un hijo de nuestra patria enarbolará nuestra bandera palestina sobre los minaretes de Jerusalem, nuestra capital».

 


Suhail Hani Daher Akelue fue Primer Embajador del Estado de Palestina en la Argentina, fue el Primer Representante de la OLP en la Argentina y Analista Internacional sobre la situación de Palestina.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.