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Asesinan a los condenados de la tierra

Fuentes: Truthdig

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

El Islam radical es el último refugio de los musulmanes pobres. Las obligatorias cinco plegarias al día proveen la única estructura real a las vidas de los creyentes empobrecidos. Los cuidadosos rituales de lavarse antes de las plegarias en la mezquita, el estricto código moral, junto con el entendimiento de que la vida tiene un propósito fundamental, salvar a cientos de millones de musulmanes desamparados de la desesperación. La ideología fundamentalista que surge de la opresión es rígida e inclemente. Divide radicalmente el mundo en negro y blanco, bueno y malo, apóstatas y creyentes. Es intolerante y cruel hacia las mujeres, los judíos, los cristianos y secularistas, junto con gays y lesbianas. Pero al mismo tiempo ofrece a los que están en lo más bajo de la sociedad un refugio final y esperanza. Las matanzas de cientos de creyentes en las calles de El Cairo marcan no solo un ataque contra una ideología religiosa, no solo un retorno al brutal Estado policial de Hosni Mubarak, sino el comienzo de una guerra santa que convertirá a Egipto y a otras regiones pobres del globo en una caldera de sangre y sufrimiento.

La única manera de romper el control del Islam radical es dar a sus seguidores una participación en la economía en general, la posibilidad de una vida en la cual el futuro no esté dominado por una pobreza demoledora, la represión y la desesperanza. Si se vive en los amplios barrios bajos de El Cairo o los campos de refugiados en Gaza o las casuchas de hormigón en Nueva Delhi, cada salida de escape está cerrada. No se puede obtener una educación. No se puede conseguir trabajo. No se tienen los recursos para casarse. No se puede cuestionar la dominación de la economía por los oligarcas y los generales. El único camino que queda para afirmarse es convertirse en mártir, o shahid. Entonces se obtendrá lo que no se puede conseguir en la vida – un breve momento de fama y gloria. Y mientras eso tenga lugar en Egipto será definido como una guerra religiosa, y los actos de violencia de los insurgentes que surgirán de las plazas ensangrentadas de El Cairo serán definidos como terrorismo, el motor para este caos no es la religión sino el colapso de la economía de un mundo en el cual los condenados de la tierra son subyugados, muertos de hambre o a tiros. Las líneas de batalla están siendo fijadas en Egipto y en todo el globo. Adli Mansur, el presidente titular nombrado por el dictador militar de Egipto, general Abdul-Fattah el-Sisi, ha impuesto un gobierno dirigido por militares, un toque de queda y un estado de emergencia. No serán levantados pronto.

La sangre vital de los movimientos radicales es el martirologio. Los militares egipcios han asegurado un amplio suministro. Las caras y los nombres de los muertos santificados serán utilizados por clérigos enfurecidos para llamar a la santa venganza. Y a medida que aumenta la violencia y las listas de mártires se expanden, se iniciará una guerra que desgarrará a Egipto. La policía, los cristianos coptos, secularistas, occidentales, empresarios, bancos, la industria del turismo y los militares se convertirán en objetivos. Esos islamistas radicales fueron persuadidos por la Hermandad Musulmana de que la política electoral podía funcionar e incorporados al sistema, volverán a la clandestinidad, y mucha gente de la base de la Hermandad Musulmana se unirá a ellos. Harán estallar bombas improvisadas. Ataques y asesinatos al azar tendrán lugar en la vida diaria en Egipto como en los años noventa cuando estuve en El Cairo trabajando para The New York Times, aunque esta vez los ataques serán más amplios y más feroces, mucho más difíciles de controlar o finalmente eliminar.

Lo que está sucediendo en Egipto es un precursor de una guerra global más amplia entre las elites del mundo y los pobres del mundo, una guerra causada por la disminución de recursos, el desempleo crónico y el desempleo, la sobrepoblación, la disminución de las cosechas causada por el cambio climático, y el aumento de los precios de los alimentos. Treinta y tres por ciento de los 80 millones de habitantes de Egipto tienen 14 años o menos, y millones viven bajo o justo sobre la línea de la pobreza, que el Banco Mundial fija a un ingreso diario de 2 dólares en esa nación. Los pobres en Egipto gastan más de la mitad de su ingreso en alimentos – a menudo alimentos que tienen poco valor nutritivo. Se calcula que 13,7 millones de egipcios, o sea un 17% de la población, sufrió de inseguridad alimentaria en 2011, en comparación con 14% en 2009, según un informe del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas y la Agencia Central Egipcia para la Movilización Pública y Estadística (CAPMAS). La desnutrición es endémica entre los niños pobres, 31% bajo los 5 años tienen crecimiento atrofiado. El analfabetismo es de más de 70%.

En Los miserables Victor Hugo describe la guerra contra los pobres como una guerra entre los «egoístas» y los «marginados». Los egoístas, escribió Hugo, tenían «el desconcierto de la prosperidad, que ofusca el sentido, el temor de sufrir que en algunos casos llega a odiar a todos los sufrientes, y la complacencia inconmovible, el ego tan inflado que asfixia el alma». Los marginados, que fueron ignorados hasta que su persecución y privación se transformaron en violencia sentían «codicia y envidia, resentimiento ante la felicidad de otros, la agitación del elemento humano en busca de la satisfacción personal, corazones llenos de niebla, miseria, necesidades, y fatalismo, y simple, impura ignorancia».

Las formas de pensar que abrazan los oprimidos pueden ser intolerantes, pero esos sistemas de creencias son una reacción ante la injusticia, la violencia estatal y la crueldad que les es infligida por las elites globales. Nuestro enemigo no es el Islam radical. Es el capitalismo global. Es un mundo en el cual los condenados de la tierra son obligados a inclinarse ante los dictados del mercado, en el cual los niños pasan hambre mientras las elites corporativas globales se apoderan de la riqueza y de los recursos naturales del mundo y donde nuestras tropas y militares respaldados por EE.UU. realizan masacres en las calles de las ciudades. Egipto ofrece una ventana hacia la próxima distopía. Las guerras de supervivencia marcarán la etapa final de la habitación humana del planeta. Y si queréis saber cómo serán, visitad cualquier morgue en El Cairo.

Chris Hedges, pasó casi dos décadas como corresponsal extranjero en Centroamérica, Oriente Medio, África y los Balcanes. Ha informado desde más de cincuenta países y ha trabajado para The Christian Science Monitor, National Public Radio, The Dallas Morning News y The New York Times, para el que estuvo escribiendo durante quince años.

Fuente: http://www.truthdig.com/report/item/murdering_the_wretched_of_the_earth_20130814/