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Sobre la supresión del bachillerato nocturno

Bolero triste

Fuentes: La Vanguardia

Tiene gracia combatir el absentismo invitando al alumno a quedarse en casa frente a la pantalla del ordenador


La semana pasada, el Departament d´Educació pretendió ceder a las presiones que sindicatos, padres, profesores y alumnos ejercieron contra la desaparición del bachillerato presencial nocturno anunciando que iba a conservarlo en algunos centros. El jueves al mediodía, los sindicatos preguntaron a los responsables del departamento si ya habían determinado en qué centros se iba a dar esta última posibilidad. La respuesta fue: «Todavía no. Es una elección que hay que estudiar detenidamente». Tan concienzudo fue el estudio que a media tarde ya se hacía pública la lista de los centros que iban a impartir nocturno. Los titulares reflejaban una supuesta marcha atrás del departamento con frases como «Educació garantiza que nadie se quedará sin bachillerato nocturno».

Todo falacias: las cosas siguen igual, y así se ha manifestado esta semana en la concentración de la plaza Sant Jaume. El intento de dividir a los afectados ha fracasado de momento: los institutos han decidido seguir luchando conjuntamente, conscientes de que este paso inicia la liquidación del bachillerato para adultos en la pública, en un momento en que los informes internacionales demuestran que vivimos en uno de los países que más necesitan que se incremente el número de las personas que cursen estudios postobligatorios.

Una de las razones que esgrime la conselleria es el estupendo porcentaje de aprobados en la educación a distancia (IOC) en comparación con el bachillerato nocturno actual. La objeción es sencilla: quien se cree capaz de desarrollar la autonomía suficiente y de mantener el esfuerzo por su cuenta es quien se matricula en estudios a distancia. Personas con más dificultades, mayor edad o pocos recursos tecnológicos a su alcance ni siquiera se plantean esta modalidad y, por lo tanto, difícilmente pueden llegar a aparecer en el porcentaje.

Otra de las razones que da el departamento es el absentismo. Tiene su gracia que para combatirlo se invite al alumno a quedarse definitivamente en casa frente a la pantalla del ordenador. O a matricularse en un centro de nocturno presencial más alejado de aquel al que hasta ahora podía acceder…

Pero vayamos de nuevo a la razón de fondo que estos pretextos (apenas) disfrazan: la falta de rentabilidad de los estudios de nocturno en régimen presencial. Bien. Es cierto que los alumnos afectados por esta supresión son una minoría. Pero una minoría especialmente vulnerable, compuesta por personas que ya han sufrido un fracaso escolar anteriormente u otras dificultades, y que precisan de un entorno que les acompañe, de una presencia humana que les enganche a seguir cuando quieren tirar la toalla. Para estas personas con dificultades de motivación y con un trabajo duro e ingrato para compaginar con los estudios, la educación a distancia será una condena al olvido. Y yo me pregunto: ¿cómo se evalúan estas exclusiones sociales? ¿Con qué criterios de rentabilidad? ¿Es acaso un tema tabú encargar a los economistas la evaluación de la pérdida económica que para la sociedad representan estas exclusiones?

Dicen que la distancia es el olvido. Pero nuestro Gobierno no concibe esta razón. Aún está a tiempo de reconsiderar su postura, aunque sólo sea porque se llama de izquierdas.

Sería un detalle casi heroico que no bailara al son de este otro bolero que suena en toda Europa y cuya triste melodía se cuela por todos los pasillos de nuestras instituciones públicas. La letra de este bolero seguro que les resultará familiar; presenta pequeñas variaciones según de dónde sopla el viento, pero en conjunto gira entorno al mismo tema: dar menos a los que menos tienen.