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Bonanza armamentística en la guerra contra el Yemen

Fuentes: CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Foto de Portada: Felton Davis – CC BY 2.0

“Ganar miles de millones con las exportaciones de armas que alimentan el conflicto del Yemen y, al mismo tiempo, proporcionar una pequeña fracción de esa cantidad en ayuda a ese país es inmoral e incoherente”. Eso fue lo que gritó el director de Oxfam para el Yemen, Muhsin Siddiquey, después de consultar las cifras del Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés) que muestran que los miembros del G20 han exportado armas por valor de más de 17.000 millones de dólares a Arabia Saudí desde que el reino entró en conflicto con el Yemen. “Las naciones más ricas del mundo no pueden seguir poniendo sus ganancias por delante del pueblo yemení”.

Pero lo hacen, y continuarán haciéndolo, a pesar del brote de cólera, del coronavirus, del deterioro de los hospitales y de los 10 millones de bocas hambrientas. La última ilustración de todo ello es la venta apresurada, por parte de la administración Trump, de 50 aviones de combate F-35, 18 aviones no tripulados MQ-9B Reaper, misiles aire-aire y diversas otras municiones a los Emiratos Árabes Unidos por valor de 23.000 millones de dólares. Los Emiratos Árabes Unidos eran el miembro más entusiasta de la coalición liderada por Arabia Saudí que lleva machacando al Yemen desde 2015. A pesar de haber completado con mucha fanfarria una retirada militar gradual del conflicto en febrero de 2020, Abu Dhabi sigue involucrado en la coalición en la que es un actor influyente. Amnistía Internacional ha emitido una seria advertencia de que esas armas bien podrían usarse en “ataques que violan el derecho internacional humanitario y matan, aparte de lesionar, a miles de civiles yemeníes”.

Con el  cambio inminente de administración en Estados Unidos, hay un revuelo moral en las filas del Congreso, aunque gran parte siguen siendo sumisas y parciales. Los senadores demócratas Bob Menendez (New Jersey) y Chris Murphy (Connecticut), junto con el senador republicano Rand Paul (Kentucky), tienen la intención de presentar resoluciones separadas que desaprueben la venta del presidente Donald Trump. Menéndez se sintió moralmente poderoso al advertir a la administración Trump que “eludir los procesos deliberativos requeridos a la hora de considerar un aluvión masivo de armas hacia un país en una región volátil con múltiples conflictos en curso es francamente irresponsable”.

Murphy expresó su apoyo a “la normalización de relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), pero nada en ese acuerdo nos obliga a inundar la región con más armas y a facilitar una peligrosa carrera armamentista».

El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, ha arrojado unas cuantas golosinas de promesas a los críticos de la órbita amor y armamento entre Estados Unidos y los Estados del Golfo. Durante el debate demócrata de Atlanta celebrado en noviembre del año pasado, consideró que ciertamente estaba produciéndose una desviación de la política adoptada durante la administración Obama con respecto a Arabia Saudí. “Yo dejaría bien claro que no vamos a venderles más armas”. Una administración Biden “les haría pagar el precio y les convertiría, de hecho, en los parias que son”. Específicamente sobre el conflicto del Yemen, prometió “poner fin a la venta de material a los saudíes porque se dedican a asesinar niños”. Palabras belicosas, algo que se dice fácilmente cuando uno es candidato.

Esta opinión se reiteró ante el Consejo de Relaciones Exteriores en agosto de este año. “EE. UU. va a dejar de apoyar la desastrosa guerra liderada por Arabia Saudí en el Yemen y va a ordenar una reevaluación de nuestra relación con los saudíes”. La administración Trump le emitió al reino “un peligroso cheque en blanco. Arabia Saudí lo ha utilizado para extender una guerra en el Yemen que ha creado la peor crisis humanitaria del mundo, auspiciado imprudentes enfrentamientos en política exterior y reprimido a su propio pueblo”.

Los grupos progresistas han detectado un aroma que les parece prometedor. La directora de políticas de Win Without War, Kate Kizer, expresó su esperanza en “que [Biden] comience a deshacer de inmediato la mayor cantidad posible de las ventas recién notificadas a los Emiratos Árabes Unidos, y a frenar las transferencias que el Congreso había intentado rechazar anteriormente bajo Trump”.

Sin embargo, el blanqueo moral de todo esto es escaso. Menéndez, por ejemplo, no se siente muy cautivado con el destino de los civiles yemeníes en el contexto de esas ventas de armas, y citó “un conjunto de preocupaciones destacadas sobre cómo estas ventas afectarían a los intereses de seguridad nacional tanto de Estados Unidos como de Israel”. Prioridades, prioridades.

El principal asesor de política exterior de Biden, Tony Blinken, parece menos preocupado por quién pueda ser el objetivo de las armas en las ventas a los Emiratos Árabes Unidos que por cualquier malestar causado al más irreprochable de los aliados: Israel. Las ventas del F-35, por ejemplo, estaban reservadas a Israel. Vender el avión a otras potencias en Oriente Medio bien podría comprometer la doctrina de la “ventaja militar cualitativa” que Washington adopta hacia el Estado judío. “La administración Obama-Biden puso esos aviones a disposición de Israel y solo de Israel en la región”, explicó Blinken en una entrevista con el Times of Israel. La nueva administración tendría que “revisar detenidamente” la venta del F-35. ¿Acaso fue, se preguntaba, un quid pro quo para el acuerdo de normalización entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos?

Las gigantescas ventas de armas continúan siendo una cuestión de negocios y política, y son los negocios los que tienden a tener más peso. Detener o frenar la venta de armas es una cuestión de moda y nunca es permanente. Oxfam nos recuerda esa verdad empapada en sangre. “Cuando se incluyen las exportaciones de armas de las naciones del G20 a otros miembros de esta coalición [árabe], la cifra de 17.000 millones de dólares aumentó al menos  a 31.400 millones de dólares entre 2015 y 2019, el último año del que hay registros disponibles”.

El Dr. Binoy Kampmark fue becario de la Commonwealth en el Selwyn College, Cambridge. Imparte clases en la RMIT University, Melbourne. Email: [email protected]

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión.org como fuente de la misma.

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