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España, 14 de abril

Conmemorar… pero sobre todo ir a la conquista de la República

Fuentes: Rebelión

El 14 de abril de 1931 fue proclamada la IIa República española. Las listas monárquicas habían perdido las elecciones municipales y el rey Alfonso XIII, desaprobado, tuvo que tomar el camino del exilio. El 1° de abril de 1931, Franco, después de una Guerra de exterminación, se jactaba de la «derrota del ejército rojo». Aplastada […]

El 14 de abril de 1931 fue proclamada la IIa República española. Las listas monárquicas habían perdido las elecciones municipales y el rey Alfonso XIII, desaprobado, tuvo que tomar el camino del exilio. El 1° de abril de 1931, Franco, después de una Guerra de exterminación, se jactaba de la «derrota del ejército rojo». Aplastada la República, la última referencia democrática, fue de nuevo liquidada una vez muerto el dictador, en el período de pactos conocidos bajo el nombre de «transición». La constitución de 1978 instauró una monarquía parlamentaria. El pueblo español no fue consultado por referéndum sobre «república o monarquía». De hecho, la transición dio a luz el restablecimiento de la monarquía de los Borbones, corsé que permite que prospere el capitalismo.

Un fin de semana de Pascuas de 1977, Adolfo Suárez y algunos «aperturistas» (partidarios de un lifting democrático) legalizaron el PCE, motor del antifranquismo. Salió de una larga clandestinidad. En la negociación, el secretario del PCE, Santiago Carrillo, renunció a la República y a su bandera. Para la mayoría de los comunistas de entonces, la elección estaba entre «democracia y dictadura». La «transición» se hizo pues sin ruptura con la arquitectura del régimen precedente. El poder social se transvasó quedándose en manos de la burguesía. La «transición  presentada como «modélica», y exportada a América Latina, permitió a las clases dominantes mantener el statu quo social, pacificar la situación haciendo olvidar los antiguos antagonismos de clase.

Hoy, todo el edificio de esa «transición» con las condiciones de los «vencedores», su pacto social (cojo), democrático, territorial, está agotado. El mito funciona cada vez menos. La «transición» ha servido esencialmente para reciclar el sitema (procedente del franquismo), de ahora en adelante en crisis total. Detrás del telón antaño consensual, las fuerzas conservadoras, bajo la dirección del monarca (el 62% de los españoles desean que abdique) están en cueros.

La tusnámica crisis económica, y las resistencias populares encarnizadas, los nuevos movimientos sociales (comités y plataformas procedentes de los «Indignados», organizaciones en contra de los desahucios, «mareas» de docentes, de los profesionales de la salud, Sindicato andaluz de los trabajadores, plataformas «Podemos» de los universitarios Iglesias y Monedero, «Somos Mayoría» de Julio Anguita, asociaciones de los «sin», comités de vecinos…), han acarreado una crisis del modelo político, del bipartidismo, de la monarquía, de los pactos del final de los años 1970… El pueblo se republicaniza, por primera vez desde la muerte del dictador, la popularidad de la monarquía, ilegítima y corrupta, que cae en picado, ha bajado por debajo de los 50%.

En las grandes manifestaciones populares se levantan ahora ya banderas republicanas. Asistimos a un principio de unión entre el movimiento social, globalmente anticapitalista y el movimiento memorialista. ¿Son los albores de una segunda y verdadera «transición», bajo la presión de las manifestaciones que van multiplicándose, como las enormes «Marchas de la Dignidad» del 22 de Marzo ? La exigencia de un proceso constituyente va ganando terreno.

La crisis catalana, la fuerte reivindicación independentista, exigen, para muchos militantes de horizontes diferentes, el reconocimiento de la realidad multinacional de España, una refundición del federalismo, hacia un Estado multinacional, el derecho a la autodeterminación y a la soberanía de cada componente, en un marco flexible renegociado, equilibrado, radicalmente renovado: una República federal y social, como lo proponen Izquierda Unida, los comunistas, los libertarios de la CGT, sectores de las Comisiones Obreras, grupos de izquierda alternativa, asociaciones memorialistas, etc. En las Cortes de Madrid, socialistas y «populares» (la derecha bien dura) acaban de negar juntos a los catalanes el derecho a votar en un referéndum de finales de año. Es echar leña al fuego. Los catalanes quieren antes que nada, para quien sepa descodificar, otra Cataluña, otra España, rechazan no España, sino el Estado español, el «centralismo castellano». Para los Republicanos catalanes, negarse a oír puede conducir a lo peor… Entonces deprisa-deprisa, salgamos del lamento, de la memoria exclusivamente nostálgica, sentimental. Sí, rápido-rápido: la Tercera República. Las conmemoraciones del 14 de abril conllevan más que nunca este año la exigencia, el sentido político. Político.

 

(Traducción : Rose-Marie Serrano)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.