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Conspiración en Navarra, el caso Cervera

Fuentes: Rebelión

En un libro de reciente aparición titulado Noche y niebla en el París ocupado, traficantes, espías y mercado negro, de Fernando Castillo, se relata la vida más bastarda de aquel París ocupado por los nazis (1940-1944), de aquel París que, sumergido en los escombros y la miseria de la guerra que sufría una gran mayoría […]


En un libro de reciente aparición titulado Noche y niebla en el París ocupado, traficantes, espías y mercado negro, de Fernando Castillo, se relata la vida más bastarda de aquel París ocupado por los nazis (1940-1944), de aquel París que, sumergido en los escombros y la miseria de la guerra que sufría una gran mayoría de la población, abasteció de riqueza e ingresos millonarios a numerosos traficantes, buhoneros y estafadores. Todo se compraba y se vendía, la vida, la muerte, la libertad y la supervivencia. Y todo con el beneplácito de los jerarcas nazis ocupantes, quienes dispusieron de varios bureaux donde se oficializaban las transacciones. Entre esos traficantes estaban César González Ruano, un tipo que durante la Segunda Guerra Mundial vivió lujosamente en París tras dejar su corresponsalía del ABC en Berlín y que como dice Muñoz Molina era «un escritor fascista que tenía poses de entre borbón apócrifo y señorito golfo, y que era capaz de escribirse cinco artículos seguidos sobre cualquier cosa en una mañana y una novela entera en seis días, una novela que entregaba sin haber corregido y de la que se había olvidado aun antes de cobrarla». González Ruano vivió en París de la traición. Rosa Sala Rose, historiadora germanista dice de él que entre sus fuentes de ingresos en ese París sometido destacaba el «cobrar a judíos fugitivos del nazismo para conducirles de modo clandestino de Perpiñán a Andorra. Con tal fin, en la capital francesa González-Ruano se haría pasar por un supuesto agregado cultural de la embajada franquista enviado desde Madrid a París para salvar judíos, cobrando grandes sumas por realizar esta tarea. Pero estos no llegaban a su destino: eran asesinados en el Pirineo».

Y es que la vida en ese París para estas bandas de asesinos a sueldo oficial, traficantes y aprovechados de la situación, de esos que saben estar y pactar con el diablo de turno, fue fácil. Y todo a cambio de delaciones, torturas, compadreos con los nazis y vendettas, por no nombrar las incontables traiciones sobre gran parte de los resistentes antifascistas de toda Europa. De ello participaron personajes como González Ruano o Pedro Urraca, un auténtico «cazador de rojos», pesadilla para los exiliados republicanos en Francia después de la Guerra Civil, quien delató al President de la Generalitat, Compains, posteriormente fusilado. Estos y otros cientos, vivían a cuenta de la vida de otros, de los miedos de otros, de las miserias de otros. Pero todos formaban parte de una red de corruptelas protegidas por el nazismo y las embajadas fascistas encubridoras, tejida sobre el cinismo, la mentira, la malversación y la dominación en una época de penuria absoluta.

El lunes 11 de diciembre, el diputado navarro del PP, Santiago Cervera, dimitió de su cargo tras ser detenido por la Guardia Civil al ir a recoger un sobre que contenía documentación comprometedora sobre la entidad bancaria Caja Navarra y que podía dar pie a una intervención de la Justicia. Santiago Cervera fue a recoger ese sobre después de que le llegara un mensaje anónimo de un supuesto exempleado de Caja Navarra. Dice que ha caído en una trampa. Por otro lado, y como si formara parte de la misma trama, del mismo guión, José Antonio Asiain, abogado ligado al socialismo navarro más histórico, y presidente de la Caja Navarra, ahora aliada a la Caixa, recibió también otro anónimo. El remitente amenazaba a Asiain con airear información en la que se le acusaba de haber facturado importantes cantidades de la entidad financiera por sus trabajos de su despacho de abogado, y de las que también se había beneficiado su hijo Diego, que trabaja en su mismo bufete. En el mensaje que se le conminaba a pagar 25.000 euros en un sobre a cambio del silencio. A ambos, a Cervera y a Asiain, el anónimo los citó en el mismo sitio, en una alcantarilla. Sí, en una cloaca.

Y a mí todo esto me recuerda a algunos pasajes de ese texto citado. Dice Cervera en su descargo que ha sido objeto de una conspiración. Y me sigue sonando a las conspiraciones de esa época en las que, tipos como Ruano o Urraca, se servían de ellas, de la información, de la posición, de la influencia o del compadreo para hacer negocio. Ya sé que no se puede comparar. Pero hay mucho tufo en esta historia de agentes secretos. A mí me suena a Pamplona negra, a Navarra negra, esa Navarra que falta por emerger y que está escondida en las alcantarillas insondables y malolientes de una Comunidad modélica para sus dirigentes pero cuya sosegada tranquilidad gubernamental y política, a ojos siempre de sus gobernantes de UPN, descansa sobre una más que innegable sospecha de que algo gordo puede estar a punto de ocurrir. La trama Cervera suena a novela negra, como los tiempos de la dominación nazi sobre París, a suceso de otro tiempo. Pero uno cree que los tiempos negros ya están aquí desde hace tiempo. Y que estas no son más que maneras de hacerse realidad.

Yo creo en lo que dice Cervera. Que ha sido víctima de una trama negra. Quizá. Pero nadie con su experiencia, caería en una trampa así. Salvo que tengas práctica en este tipo de transacciones y maneras de actuar, salvo que las manejes y las controles, vamos, que sean tu manera de actuar. Hasta que otros te controlan a ti, a ti Cervera. Porque tienen intereses más elevados.

Por eso, lo más grave de toda esta cábala, es que este político del PP quiso actuar por libre, sin contar con la Justicia, porque la Justicia, en su caso, solo sirve para tomársela por su mano, hacer como si no existiese. Porque para algunos, la Justicia es una resistencia, un obstáculo, un grano en el culo. Cervera con su actuación ha dejado claro hasta dónde confía el PP en la Justicia. Cervera fue al lugar de la cita, no por curiosidad, sino para utilizar la información que supuestamente el anónimo le iba a proporcionar, para manejarla a su antojo, para tener un as en la manga, un as de corazones, el as de la baraja de Caja Navarra, algo en lo que él pudo o podía estar implicado, directa o indirectamente. Y eso le pudo. El poder, nada más que el poder. En definitiva, Cervera quizás es un francotirador, un outssider, como le llaman ahora al ir por libre pero atado y bien atado. Uno se pregunta si detrás de toda esta precipitación de acontecimientos, su abandono de la política, su dimisión, su nueva vida, hay solo un acto de honestidad o una retirada a tiempo antes de que el cielo protector que cubre su biografía, o la de otros, rompa en mil relámpagos.

Paco Roda. Universidad Pública de Navarra

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.