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La cobertura de los medios de comunicación sobre el movimiento de resistencia palestino está ajustada para que corresponda a la narrativa occidental de no violencia

¿Cuál es el tipo ‘correcto’ de resistencia?

Fuentes: Al-Jazeera

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Durante los últimos meses, varios medios noticiosos internacionales han publicado artículos obsesionados por el llamado «nuevo» movimiento no violento palestino. Dos falacias han acompañado semejantes informes y análisis. Primera el uso del término «no violento» y sus connotaciones; y segunda, la narrativa que rodea al movimiento.

Por desgracia, la fuente de estos artículos a menudo son medios noticiosos respetados que han informado correctamente sobre la causa palestina, incluida Al Jazeera English.

Los últimos artículos de la serie son «Brotes verdes emergen en el punto de control Qalandia» en Al Jazeera English, «Aquí llega vuestra resistencia no violenta» del blog de The Economist, y «Protestas en la frontera palestina: el modelo de la primavera árabe para enfrentar a Israel de Time magazine.

Los artículos están repletos de citas como: «pero la resistencia tradicional de quema de neumáticos y lanzamiento de piedras no cambiará de un día al otro. Tenemos que presentar al mundo un cuadro de resistencia palestina no violenta», y «vamos a seguir manifestándonos de forma no violenta hasta que quede bien claro en los medios internacionales quién está violando los derechos humanos».

Nº 1 – No existe algo llamado la resistencia palestina «no violenta»

Para comenzar, el peligro de utilizar el término «resistencia no violenta» insinúa que cualquier otra forma de resistencia es violenta, dándole por lo tanto una connotación negativa.

En árabe, los palestinos no distinguen entre resistencia violenta y no violenta, sino más bien entre resistencia armada y resistencia popular. El pueblo palestino y las facciones políticas se han basado en ambas formas, así como en otras, durante el último siglo.

De hecho, y a diferencia de otros esquemas coloniales en Sudáfrica o Argelia, el objetivo del plan colonial sionista es desarraigar y limpiar étnicamente Palestina de su gente indígena, por ello, los palestinos resisten realmente, por el simple hecho de que existen y se mantienen firmemente en su país.

Aunque no quiero propugnar una forma específica de resistencia en este artículo, tiene que haber una distinción clara entre dos nociones diferentes.

Por una parte, hay intentos de imponer la idea de que la no violencia es la única forma «permitida» de resistencia, implicando por lo tanto falsamente que todas las demás formas de resistencia son violentas, inmorales o ilegales. Por otro lado, un consenso general ve la resistencia como un derecho legítimo del pueblo palestino, como el derecho de cualquier pueblo que vive bajo la opresión, la colonización y la ocupación extranjera.

Según este punto de vista, la resistencia popular se percibe como más efectiva que la resistencia armada en esta etapa de la lucha. Por la discrepancia entre estas dos declaraciones, el término «violento» se ha ampliado para que incluya el lanzamiento de piedras a tanques israelíes o a puntos de control militares fuertemente blindados.

La primera Intifada se caracterizó por muchas formas diferentes de resistencia popular, que incluían a niños que saltaban de casa en casa durante las horas del toque de queda para llevar azúcar y harina a los vecinos; jóvenes que jugaban fútbol en las esquinas para advertir a los que escribían grafitti cuando pasaba un vehículo militar; trabajo voluntario; huelgas comerciales y boicoteos, así como protestas masivas que incluían el lanzamiento de piedras contra puestos del ejército y vehículos militares.

El hecho es que enfrentar una brutal maquinaria bélica con piedras solo es un gesto simbólico. Es un símbolo de la vasta discrepancia entre el poder del pueblo palestino y el de la maquinaria bélica de Israel.

Las piedras lanzadas contra tanques israelíes u otros vehículos armados eran un medio para que la gente indígena desarmada de Palestina demostrara su rechazo a la ocupación y la opresión. Jóvenes, mujeres, ancianos y todos los sectores de la sociedad participaron en esa forma de resistencia.

Sin embargo las piedras sí fuerton violentas cuando eran utilizadas sistemáticamente por soldados israelíes para quebrar las piernas de palestinos, como parte de una política ordenada por Yitzhak Rabin, ministro de Defensa israelí, de «quebrarles los huesos». La Knéset [parlamento israelí] se negó incluso a investigar la orden de Rabin, y nunca fue responsabilizado.

Además, los medios noticiosos que propugnan esas tácticas no violentas han preferido pasar completamente por alto el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra Israel. Aunque no cae bajo las dos formas de resistencia mencionadas anteriormente, solo piuede catalogarse como una táctica estrictamente no violenta, dirigida a presionar a Israel para que cumpla sus obligaciones según el derecho internacional.

El hecho de que el abrumador crecimiento en el movimiento de BDS, haya tenido poca o ninguna cobertura de sus éxitos en la mayoría de los medios noticiosos dominantes solo puede ser un indicador de la hipocresía de su cobertura de la resistencia palestina: al sacar a la luz solo formas de resistencia que categorizan como relevantes -o, me atrevería a decir, honorables.

Finalmente, es importante comprender el contexto del conflicto palestino-israelí que a menudo se califica de «complejo». De hecho, y corriendo el riesgo de simplificar demasiado, es un conflicto entre un opresor y un oprimido. Dentro de ese contexto el uso de la violencia y la fuerza puede ilustrarse perfectamente con las palabras de Paulo Freire:

«Nunca en la historia la violencia ha sido iniciada por los oprimidos. ¿Cómo podrían ser los iniciadores, si ellos mismos son el resultado de la violencia? ¿Cómo podrían ser los patrocinadores de algo cuya inauguración objetiva requirió su existencia como oprimidos? No habría oprimidos si no hubiera habido una situación previa de violencia para establecer su subyugación. La violencia es iniciada por los que oprimen, que explotan, que no reconocen a otros como personas, no por los que son oprimidos, explotados y no reconocidos.»

Nº 2: Narrativa y terminología occidental

El segundo problema planteado por esta narrativa y el discurso que rodea esos artículos es más significativo y más digno de crítica.

Los artículos presentan el actual movimiento denominado no violento como si fuera el modo «correcto» de resistir, por lo cual la elección por los palestinos del método correcto de resistencia demostrará nuestro mérito para que se nos otorguen nuestros derechos e independencia.

El que presenten nuestros derechos a la libertad y a la autodeterminación como dependientes del método de resistencia que escojamos es, en el mejor de los casos, inexacto, y en el peor más bien racista.

Implicar que nuestros derechos no han sido respetados porque no hemos demostrado que los merecemos libera a Israel de la necesidad de respetar el derecho internacional y de concedernos nuestros derechos básicos, y también excusa a las hegemonías occidentales por otorgar a Israel plena impunidad para continuar con sus atropellos y crímenes.

Hay que dejar claro que nuestro derecho al retorno y a acabar con la ocupación, colonización y el apartheid de Israel está garantizado por convenciones internacionales, y su logro es una obligación sin que importen los métodos de resistencia que decidamos utilizar, o cualesquiera otros factores, en todo caso.

Además, sugerir que la protesta popular es un fenómeno nuevo en Palestina donde «han llegado los verdaderos manifestantes palestinos no violentos al estilo de Martin Luther King» es una vergonzosa distorsión de los hechos por parte de los medios noticiosos.

La resistencia en Palestina, y sobre todo la resistencia popular, tiene más de un siglo, en el cual la abrumadora mayoría de la resistencia a la colonización sionista, el régimen británico, y la posterior opresión israelí ha tomado la forma de levantamientos civiles, populares. ¡La resistencia popular palestina solo puede ser al estilo palestino! Los periodistas tienen que abandonar el periodismo perezoso y expandir el alcance de su memoria a más de diez años.

Por lo tanto nos permiten seguir los valores de los personajes occidentales, o las huellas de aquéllos a quienes consideran «aceptables», como Gandhi y Martin Luther King Jr (MLK).

Mientras todos esperan el próximo «Gandhi palestino», ¿qué pasaría si preferimos a un Che Guevara o a un Malcolm X palestino?

Fueron ellos, después de todo, quienes analizaron y se concentraron en la «estructura del poder occidental internacional», una estructura que solo ha desarrollado su influencia y sus instrumentos desde los años cincuenta y sesenta. Y aunque sienten el máximo respeto por la Satyagraha [resistencia sin violencia, N. del T.] de Gandhi y la lucha de MLK en el movimiento de los derechos civiles, los palestinos no tienen que mirar lejos para encontrar modelos de medios alternativos de resistencia dentro de la historia y el patrimonio palestinos.

En este tema, como en otros, predomina la hipocresía de las potencias hegemónicas occidentales. La democracia solo es aceptable si los resultados son los que ellas han escogido, solo políticas neoliberales que complazcan al verdadero eje del mal (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Organización Mundial de Comercio) se permiten en los países en desarrollo. Y las comunidades que sufren problemas en todo el mundo deben seguir los mecanismos occidentales de orgullo y presión.

Aunque todos son aparentemente temas diferentes, el mismo paradigma se aplica a todos ellos: las ideologías hegemónicas y las formas de acción occidentales se utilizan para medir la legitimidad de otras que son sugeridas en todo el mundo.

Particularmente para los palestinos, la narrativa es uno de los temas esenciales. Israel tiene el mundo en sus manos, no porque lo esté amenazando por la fuerza o por el poder militar, sino porque controla el discurso. Por eso cuando un grupo de israelíes acosa a los palestinos y conspira para asesinar al jefe de una mezquita se habla de ellos en los medios de «hampones, pandillas», o perturbados mentales como Baruch Goldstein, nunca de «terroristas» o «extremistas».

Esto es similar a los procesos de control indirecto aplicados durante cientos de años de colonialismo, la misma figura retórica se ha utilizado para reforzar el poder del colonizador: los bárbaros primitivos contra la gente ilustrada.

Una reciente campaña publicitaria estadounidense lo demuestra. Dice: «En cualquier guerra entre el hombre civilizado y el salvaje, apoya al hombre civilizado. Apoya a Israel. Derrota a la Yihad.»

Nuestro papel como palestinos es ser conscientes de las distorsiones narrativas y luchar contra ese discurso. Si tenemos éxito, le será mucho más difícil a alguien como Binyamin Netanyahu humillar al pueblo palestino y a la llamada «dirigencia» palestina frente al Congreso de EE.UU., como lo hizo recientemente.

¿La forma ‘correcta’ de resistencia?

Mientras no cabe duda de que, dentro de la sociedad palestina, todas las formas de resistencia a la opresión deben respetarse y valorarsese, es crucial que nos arrastren a la narrativa occidental, especialmente porque muchos jóvenes de la nación ya están expuestos a ella por los medios, Internet o los estudios en el extranjero.

La idea de que exista solo una forma «correcta» de resistencia o de que la resistencia armada y la popular sean contradictorias es falsa (o por lo menos carece de evidencia histórica) si se aplica un simple estudio de la historia colonial (Argelia, Sudáfrica, etc.).

La prioridad actualmente, por cierto, debería ser que se involucrara ampliamente a todos los movimientos, grupos, e individuos en la demanda de que se produzca una nueva institución legítima de dirigencia que represente a todos los palestinos, estén donde estén. Ese organismo podría identificar democráticamente (y en su interior) la forma más potente de resistencia.

En los artículos mencionados anteriormente, los participantes palestinos en protestas populares son citados frecuentemente diciendo: «Si algunos adolescentes lanzaron piedras, aparentemente no asistieron a los talleres sobre no violencia realizados por los organizadores», y que ellos «insisten en que no se lancen piedras hasta que los soldados israelíes disparen gas lacrimógenos, y que solo entonces lo hagan los adolescentes».

Esas declaraciones muestran que los manifestantes palestinos se disculpan por el gesto simbólico de lanzar piedras, y esto a costa de cuestionar la presencia misma de las fuerzas de ocupación de Israel.

La historia ha mostrado que el uso de extrema violencia por Israel es una constante, sin relación con acciones violentas o no violentas de los palestinos. Es crucial que nos demos cuenta de que a través de todos los años de nuestra lucha contra al sionismo y el colonialismo, la reacción sionista ante todas las formas de resistencia fue, en esencia, la misma: la violencia.

Hace sesenta años, hace cuarenta años, en la primera y en la segunda Intifadas, y en las recientes marchas «pacíficas», la reacción israelí fue siempre violencia y derramamiento de sangre, han disparado con munición de guerra y cubierta de goma contra jóvenes hombres y mujeres, los han golpeado con garrotes y los han ahogado con gases tóxicos.

Sería ingenuo esperar que la reacción israelí sea diferente en el futuro, ni es necesario resistir de modo no violento para mostrar la cara atroz de la ocupación israelí, ya que se demuestra en cada acción de la vida diaria palestina.

No importa cuál sea nuestra estrategia, Israel seguirá negando nuestra existencia como nación, no admitirá la limpieza étnica que cometió en 1948, y continuará con sus medidas represivas de opresión contra los palestinos en todas partes.

Nuestro papel es concentrarnos en nuestras similitudes y puntos de acuerdo sobre la resistencia en lugar de nuestras diferencias.

El pueblo palestino debe movilizarse alrededor de la resistencia contra el apartheid israelí mediante un programa generado por una discusión dentro de un organismo verdaderamente representativo, que solo es posible mediante elecciones directas a un nuevo Consejo Nacional Palestino (PNC, por sus siglas en inglés).

Ibrahim Shikaki es graduado de la Universidad de California Berkeley. Trabaja como investigador asociado en el Instituto de Investigación Económica Palestina (MAS) y es un organizador de juventud basado en Ramallah.

Fuente: http://english.aljazeera.net/indepth/opinion/2011/06/201162895553754742.html

rCR

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