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Dar valor a la huelga general

Fuentes: Rebelión

Tertulianos, editoriales de periódicos, programas de televisión se esmeran en criticar al sindicalismo, a sus instrumentos de acción sindical, social, política y a cuestionar la utilidad de la huelga general. ¡Que manera de frivolizar! Si convocamos todos la huelga general, porque las huelgas no son necesarias (no se consigue nada); y si no lo hacemos, […]

Tertulianos, editoriales de periódicos, programas de televisión se esmeran en criticar al sindicalismo, a sus instrumentos de acción sindical, social, política y a cuestionar la utilidad de la huelga general. ¡Que manera de frivolizar! Si convocamos todos la huelga general, porque las huelgas no son necesarias (no se consigue nada); y si no lo hacemos, para quitar legitimidad al sindicalismo utilizando la unidad de forma demagógica. A los medios del sistema la unidad sindical les importa un bledo. Al sindicalismo hay que sacudirle y lo hacen por igual los medios públicos y privados. Los públicos, desgraciadamente, son aparatos de propaganda del gobierno de turno y al gobierno, no le interesa favorecer una mayor cultura política en la sociedad. Por eso, el rigor informativo brilla por su ausencia e impiden conocer qué hay detrás de las distintas posiciones políticas, sociales, sindicales… Algo que debiera ser lo normal en una sociedad democrática.

Hoy, en tiempos de crisis, la propuesta política que escuchamos es la necesidad de «consenso». Consenso político, social, sindical… y, a poder ser, el de todos juntos para acompañar al sistema y adaptarnos sin remedio al capitalismo. En esos parámetros de consenso, aunque no lo parezca, está la mayor parte de la política. ¡Cuanto lo lamentamos! Sus diferencias son retóricas y en campaña electoral. Pues bien, a quienes están llamados a gobernar, les gustaría que ese «consenso» se extendiera al ámbito sindical para resituarlo como instrumento de concordia social. Un ámbito, el sindical, en el que las diferencias de modelo son profundas, tanto en la acción sindical en las empresas (negociación colectiva), como en la manera de situarse ante el modelo de sociedad (valor del teatro del diálogo social), así como, en la forma de relacionarse con la política y el mundo económico (autonomía o subordinación).

Un líder de UGT tomó partido contra la huelga general del 26-Septiembre diciendo que «no había que hacer huelgas generales, que eran cosa de otra época». Días después, se sacaba fotos con el Lehendakari López, miembro de un partido que reformó la Constitución para dinamitar lo social y servir a los especuladores.

Convocar una huelga general es un hecho muy importante en la vida de un sindicato y sacarla adelante es difícil. ELA, cuando decide ir a la huelga general, lo hace tras un serio debate. Creemos que para que se de un buen resultado es necesaria la concurrencia de, al menos, tres factores. El primero, que exista un motivo que la justifique (hoy sobran motivos); el segundo, la base real de las organizaciones que convocan; y el tercero, el trabajo militante en las empresas y en la sociedad para sacarla. Sí, para sacar una huelga general hay que trabajar mucho. No basta con convocarla, eso es sencillo; hay que llegar, informar, hacer muchas asambleas, estar con la gente… La huelga no la sacan los medios de comunicación. Es un trabajo muy duro. Un trabajo que, si se hace, crea conciencia individual y colectiva. Si no se da todo eso, no hay huelga general.

Hay un cuarto factor que, no por casualidad, se olvida por quienes manipulan la opinión publicada. Tiene que ver con los objetivos. La huelga se hace para cambiar la política; en esta fase, para que la política deje de representar un papel de marioneta en manos del poder económico. Y, ante este cuarto factor, es obligado analizar qué posición adoptan los partidos e instituciones interpeladas. La derecha, por una parte, aparece en estado puro; sabe a quien sirve y lo hace. La izquierda con poder institucional, por otra parte, está voluntariamente atrapada y mantiene un doble juego: de un lado, son obedientes con los dictados neoliberales, nadie se sale del guión, nadie se atreve a romper un plato; y de otro, acuden a las manifestaciones el día de la huelga general para aparentar no estar de acuerdo con las políticas que aplican. ELA afirma con rotundidad: no es posible cambiar la agenda neoliberal si todos los partidos en todas las instituciones hacen lo mismo. Llama la atención que no se profundice en este cuarto factor siendo como es el fondo del problema: la obediencia a los dictados del capital y la aceptación de los márgenes estrechos que éste impone.

Sí, las diferencias entre partidos se diluyen; suman sin problemas y aprueban presupuestos, fiscalidad… Todo para demostrar que están en la «gobernabilidad». Un líder del PNV lo ha explicado muy bien: «queremos certidumbre y comodidad en la aprobación de los Presupuestos». Quieren comodidad para aplicar los recortes. ELA nunca ha dicho que todos los partidos sean iguales; lo que hemos afirmado y lo sostenemos -no sin gran frustración- es que cuando los partidos gobiernan, las diferencias entre ellos son prácticamente inexistentes. El resultado: las políticas alternativas desaparecen y la lucha por la soberanía adolece de un grave hándicap, cual es, el olvido de lo social.

Algunos -que se reivindican de izquierdas- llegan a una posición parecida a la del líder de UGT: «Hay que innovar el repertorio de movilizaciones… la huelga general es previsible y no se pone al servicio de otras iniciativas… ¿A qué iniciativas se refieren? ¿De qué repertorios hablan? ¿Qué significado tienen esas palabras cuando la política se deja arrastrar renunciando a cualquier elemento de radicalidad democrática y social? La política no despierta (la izquierda no despierta); es incapaz de enganchar con las demandas de la calle. Ese es el principal problema. El capital lo sabe y nosotros y nosotras también. No es posible regenerar la política sin cambiar de política, tanto en procedimientos como en contenidos.

ELA va a poner todo lo que esté en su mano para consolidar una alianza social alternativa. Lo vamos a hacer sin admitir ningún nivel de subordinación. Dicho todo eso, es imprescindible reivindicar el valor de la movilización y de la huelga general. Las huelgas generales no son cosa de otra época. No hay nada, que como la huelga general, permita concitar la participación de tanta gente, socializar las alternativas e interpelar a la política.

Adolfo Muñoz, Txiki, es Secretario general del Sindicato ELA

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.