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Dashiell Hammett, la novela negra como radiografía de la sociedad

Fuentes: Tercera Información

La novela negra, o mejor dicho la disposición del público respecto a ella, ha seguido un camino de lo más curioso. Del ostracismo de hace unos años y de ser un género menor sólo apto para los más fieles, se ha convertido en una «marca» de éxito, llevando incluso a las grandes editoriales a crear […]

La novela negra, o mejor dicho la disposición del público respecto a ella, ha seguido un camino de lo más curioso. Del ostracismo de hace unos años y de ser un género menor sólo apto para los más fieles, se ha convertido en una «marca» de éxito, llevando incluso a las grandes editoriales a crear sellos específicos (cosa que es de agradecer).

La novela policíaca históricamente ha tomado vertientes diferentes. Por una parte estaba la que utilizaba la «excusa» de la investigación para desgranar y analizar la sociedad del momento. Otra se centraba en un análisis más introspectivo del comportamiento individual y sus claroscuros (no en pocas ocasiones ambas formas eran capaces de fusionarse) y una tercera en la que el peso de la narración se basaba precisamente en desenmarañar el asesinato o el caso de turno.

Dashiell Hammett, nacido en 1894 y del que se cumplen este 10 de enero 50 años de su fallecimiento, desde muy joven ejerció trabajos menores hasta que acabó en la Agencia Nacional de Detectives Pinkerton, en lo que significaba el primer paso de lo que sería una relación total con el mundo de la investigación. Interrumpe temporalmente su oficio para irse a la I Guerra Mundial, en la que contrae la tuberculosis, enfermedad que le acompañará el resto de sus días.

Su obra se crea en un contexto histórico idóneo para dicho estilo. Son momentos en los que está instaurada la Ley Seca y el poder del hampa estaba muy presente. Si a eso le añadimos sus conocimientos y vivencias extraídas de su labor como detective privado, nos encontramos a un Hammett con unas características ideales para recrear el mundo de la delincuencia.

La revista «pulp» Black Mask será la que le brinde la primera oportunidad de editar sus escritos (también sería el «hogar» de otro de los genios de la novela negra como Raymond Chandler), entre los que ya empiezan a asomar los personajes que más tarde darán vida a las novelas del norteamericano. Su estilo es cortante y directo, repleto de diálogos capciosos y violentos mientras que sus protagonistas son personas pesimistas, poco sociables pero poseedores de cierta nobleza que llama la atención, más sobre todo, al desarrollarse en un entorno social podrido. Ese compendio de cualidades en la escritura será lo que se denominará como «hard-boiled», un subgénero que en dicha revista irá cobrando importancia y fama.

Su primera novela, y una de las más importantes, «Cosecha roja», condensa todas esas características en un relato en el que un detective privado intenta limpiar de gansters una pequeña ciudad. Esa lucha contra el hampa en verdad se verá reflejada en una sociedad corrupta donde resulta difícil de discernir entre los que deben cumplir la ley y los dispuestos a quebrantarla. Y es que a pesar de que Hammett suele ostentar el título de creador de la novela negra, el suyo es un estilo en el que los asesinatos o los relatos criminales son secundarios frente a la visión del contexto en el que se desarrollan, casi siempre mostrado de una forma muy crítica y donde las estructuras de poder no están muy separadas de los delincuentes.

No fue la carrera literaria del escritor norteamericano precisamente extensa. Duró unos 5 años, con otras tantas novelas largas y un par más de recopilaciones de relatos cortos. Su obra de mayor popularidad (no necesariamente en concordancia con su mérito artístico), también ayudada por la adaptación cinematográfica realizada por John Houston, es «El halcón maltés». Una narración protagonizada por Sam Spade, arquetipo de detective de la novela negra y que aparecerá en otros relatos de Hammet, en que se mezcla su cinismo y crudeza con algo de romanticismo en la búsqueda de un objeto preciado que delata la ambición y la codicia.

Con menos nombre, pero de indudable calidad, aparece una obra como «La llave de cristal», admirada por escritores ajenos al género como Malraux y Gide, en la que mostraba sin ambages la relación entre política y mafia y la subordinación de la primara a otros poderes. Su última novela, «El hombre delgado», sirve como resumen de lo que supone el estilo y el carácter de la novela negra realizado por Hammett.

A partir de este momento no publicará nada más el autor, a pesar de seguir escribiendo. Su obra literaria se condensa entre los años 1929 y 1934, pero su biografía personal continúa dando datos dignos de ser reflejados y que pone sobre la mesa su militancia política que ya se dejaba entrever en sus novelas.

A principio de los años 30 conoce a la actriz Lillian Hellman, con la que entabla una complicada relación aunque duraría hasta el final de sus días. Durante esos años ingresa en el Partido Comunista de EEUU y se hace palpable su compromiso ideológico como demuestra su posición a favor de la República española y a pesar de su estado frágil de salud, que le impidió entrar en combate, ingresó en el ejército norteamericano para alistarse en la II Guerra Mundial.

La llegada del Macarthismo y su persecución a las personas de izquierdas le tocó de lleno a Hammett, más sobre todo porque hacía poco tiempo había decidido formar parte del Congreso de Derechos Civiles de Nueva York, tildado por muchos de comunista. Eso le llevó a ser interrogado en busca de otros militantes. Su silencio y su negativa a delatar a nadie le llevó a pasar una temporada en la cárcel y a la retirada de sus libros de las librerías.

Años más tarde, el 10 de enero de 1961, moría inmerso en el anonimato. Todo lo contrario pasará con el transcurso del tiempo, que le ha encumbrado como uno de los grandes autores de la novela negra. Inventor de una manera de entender este género, su literatura marcó una visión crítica de una sociedad cruel y violenta, a la que intentó combatir tanto desde su arte como con su militancia activa.

Fuente: http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article21139