“Los bombardeos masivos e indiscriminados son actos de venganza más que una respuesta estratégica”. -Yakov Rabkin, Israel: Violencia perpetua. Rechazo de la colonización sionista en nombre del judaísmo, Icaria, Ulzama, 2025, p. 54.
«Diez millones de votos para bombardear y destrozar niños en los campos». -Gustavo Petro, Mensaje en Red X, 10 de marzo de 2021 (Siendo candidato presidencial y refiriéndose al gobierno de Iván Duque).
“El bombardeo a los niños en el Guaviare es un crimen de guerra. Sus planificadores deben renunciar de inmediato”. -Gustavo Petro, Mensaje en Red X, marzo 10 de 2021 [A propósito del asesinato de 7 niños en Calamar, Guaviare]
Durante décadas han llamado a Colombia, y con sobrada razón, el Israel de Sudamérica, puesto que este país ha sido una de las sedes centrales de la contrainsurgencia al estilo estadounidense, uno de cuyos soportes materiales, técnicos y doctrinarios es el Mossad, esa banda de asesinos profesionales de Israel para el mundo. Incluso, en este país las clases dominantes, las Fuerzas Armadas, falsimedia criolla y los “intelectuales” sionistas no ocultan su orgullo porque seamos considerados el Israel de Sudamérica, como bien lo manifestó Juan Manuel Santos, cuando oficiaba como Ministro de Defensa y en su calidad de tal bombardeo a Ecuador el primer día de marzo de 2008, instante en el que el Ejercito masacró 27 personas, entre ellas cuatro estudiantes de México. [Juan Manuel Santos orgulloso de que Colombia sea el Israel de América Latina]
Entre los distintivos de esa contrainsurgencia con marca estadounidense-sionista sobresale la utilización de la aviación para masacrar campesinos, insurgentes y niños, muy al estilo de Israel, una de cuyas especialidades criminales es la de ser mataniños. Eso se ha hecho en numerosas ocasiones en Colombia, como durante el gobierno de Iván Duque, por lo demás un sionista cínico, quien, en pleno genocidio, no hace muchas semanas posó al lado del carnicero mayor Benjamín Netanyahu y sobre el que afirmó: “Siempre es un honor visitar el Estado de Israel y dialogar con un cercano amigo y aliado del pueblo colombiano, el primer ministro [Benjamin Netanyahu], con quien impulsamos una vigorosa agenda de inversión y comercio entre 2018 y 2022”.
Como lo denunciamos y analizamos en su momento (ver: La guerra contra los niños pobres – Periferia) en agosto de 2019 se realizó una masacre de niños colombianos, a manos de las fuerzas armadas, que son adiestradas en la lógica contrainsurgente de la Escuela de las Américas, que a su vez replica y desarrolla las “enseñanzas” asesinas de Israel y el Mosad.
La “Contrainsurgencia humana” y el sionismo profundo
Cuando se inició el gobierno del Pacto Histórico, el 7 de agosto de 2022, con sus anuncios de Paz Total, se suponía que en este cuatrienio presidencial del progresismo iban a cesar los procedimientos que caracterizan desde hace 75 años a la contrainsurgencia en este país, entre ellos los de bombardear a campesinos e insurgentes.
Además, se iba a dejar de poner precio (al estilo del lejano oeste estadounidense y sionista) a la cabeza de los líderes insurgentes y se iba a modificar el lenguaje descalificador y deshumanizante que se utiliza desde las altas esferas del bloque de poder contrainsurgente para referirse a los alzados en armas. Todo eso se suponía que eran elementos consustanciales de un supuestamente novedoso acercamiento a la guerra en Colombia y una de las premisas de la pretendida Paz Total.
En rigor, poco de eso se ha cumplido y Gustavo Petro, por su boca y su pluma ‒sobre todo a través del tuiteo irreflexivo que caracterizan su incontinencia digital en la Red X‒ replica letra a letra los abusos y la jerga de la vieja contrainsurgencia anticomunista, dominante en este país desde el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en 1948. Esto quiere decir que, en el frente interno de Colombia, en cuanto a la lógica contrainsurgente no se han presentado ningún cambio sustancial que permita diferenciar la retórica y la práctica del gobierno del Pacto Histórico con sus antecesores, desde los distantes tiempos de Mariano Ospina Pérez (1946-1950). Tal vez lo único nuevo son algunos de los apelativos que se están usado en estos momentos, porque antes se hablaba de chusmeros, nueveabrileños, bandoleros, insurgentes, guerrilleros, terroristas, narcoterroristas y ahora Petro los cataloga de traquetos y narcos y renueva los descalificativos de terroristas.
Así, en la práctica tenemos que se ha ido afianzando la “Contrainsurgencia humana” que no es otra que la contrainsurgencia de siempre, con el sello adicional de que se presenta como propia de un régimen supuestamente progresista. Y tras ella está el espectro asesino de Israel, con su sello inconfundible de mataniños.
Esto demuestra que, a pesar de los dichos y acciones del gobierno de Gustavo Petro en el plano internacional con respecto a Israel ‒régimen con el que se han roto relaciones diplomáticas y sobre el que en diversos lugares del planeta se han hecho denuncias‒, el espíritu del sionismo profundo y asesino sigue presente en Colombia en diversos sectores y sigue siendo la lógica mental que caracteriza al bloque de poder contrainsurgente (Clases dominantes, Fuerzas Armadas, Falsimedia…) y ahora es asumido por el progresismo.
Esto no es algo accidental, es un resultado perfectamente elemental de un modelo que muestra sus falencias estructurales, al suponer que se pueden adelantar transformaciones en un país como Colombia sin afrontar el poder de los militares. En efecto, Petro nunca ha querido enfrentar a las Fuerzas Armadas, a las cuales no ha tocado ni indirectamente en lo referido a su doctrina militar de enemigo interno, a su anticomunismo congénito, a su ADN sionista y mataniños, a su adscripción incondicional a la doctrina de inseguridad nacional Made in USA, a seguirlos adiestrando en la Escuela de las Américas, a que nuestro país sea un corredor de tránsito del Comando Sur, a seguir construyendo bases militares de Estados Unidos en nuestro suelo (Gorgona y la Amazonía)… Por esta razón, más temprano que tarde Petro iba a caer en el redil contrainsurgente e iba a reaparecer el espectro sionista, con su cortejo de muerte, el cual se perfila claramente tras el asesinato de niños pobres y campesinos en Colombia.

Y muy rápido se olvidaron sus promesas electorales de que nunca más iba a realizar bombardeos contra los insurgentes y campesinos, incluyendo niños, y archivó (para que sean consultadas en las hemerotecas digitales) sus críticas y denuncias a Iván Duque, entre ellas estas, que bien se le aplican hoy a él mismo: «Diez millones de votos para bombardear y destrozar niños en los campos»; “El bombardeo a los niños en el Guaviare es un crimen de guerra. Sus planificadores deben renunciar de inmediato”; “Si el gobierno sabía que allí había menores de edad antes del bombardeo en Caquetá, estamos ante un crimen de guerra, es decir, un crimen contra la humanidad”…. Hoy estas palabras se aplican al pie de la letra al propio personaje que las pronunció no hace mucho tiempo, cuando estaba en la oposición y era precandidato presidencial, y las ha llevado exactamente a la práctica como si de una cruel fotocopia se tratara.

EN CASA LOS MISMOS ARGUMENTOS DEL SIONISMO GENOCIDA
Y lo peor del caso es que Petro al intentar justificar unos bombardeos asesinos ha recurrido a los mismos argumentos que el sionismo emplea en Gaza para aniquilar a la población y Donald Trump para masacrar pescadores en los mares de nuestra América. Mientras los genocidas de Israel dicen que todos los habitantes de Gaza son terroristas y es legítimo asesinarlos, sin tener en cuenta el Principio de Distinción, Petro sostiene que en la zona donde se dio el bombardeo “era imposible romper el principio de distinción” porque no había civiles. Una afirmación poco seria, porque en la actualidad ya no quedan campamentos guerrilleros, fácilmente diferenciables del paisaje campesino, y los guerrillero están en las casas rurales.
Mientras que los sionistas dicen que masacran a la gente de Gaza y Cisjordania para evitar ataques a sus soldados matones (realizando “asesinatos preventivos”), Petro indica que cuando un grupo de insurgentes estaba cerca de 20 soldados y a 285 metros de tiro de fusil y, a pesar de que los soldados estaban informados de la cercanía de los insurgentes, él en persona dio la orden de bombardearlos, porque “Alguien diría, ‘pues retírenlos’. Eso es la derrota de Colombia. Entonces yo tomé la decisión, que es lo más combatiente. Yo tomé la decisión, dado el riesgo de una muerte generalizada, de bombardear”. Es decir que, para evitar un combate, con resultados inciertos, Petro ordenó bombardear, lo más fácil, sin importar que allí fueran masacrados 20 colombianos, entre ellos 9 niños y violando, como hace Israel, el principio de Proporcionalidad. Y agregó, con un tono sionista, que este era un operativo victorioso para las fuerzas militares y la sociedad colombiana, porque “La victoria es que haya paz, pero porque nuestro deseo es que haya paz, entonces no vamos a dejar matar 20 soldados. Por lo menos, yo no voy a permitirlo”. Y el Ministro de Defensa (sic) sostuvo: “De no haber sido por la rápida y oportuna intervención, hoy tal vez el país entero —y las familias de estos valientes militares— estaríamos lamentando un atentado terrorista contra las tropas que, día y noche, trabajan por la seguridad y el bienestar del departamento del Guaviare”. Es el viejo argumento contrainsurgente y sionista de que hay muertos más importantes que otros, y la vida de los rebeldes y de los niños no vale nada, y se les puede masacrar impunemente con tal de evitar la muerte de los “soldados de la patria”.
Si los sionistas sostienen que ellos son el “ejército más moral del mundo” y unos defensores a ultranza de los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario, Petro no se queda atrás y repite la misma cantinela: “no nos hemos salido del DIH [derecho internacional humanitario] en los bombardeos ordenados por mí. Decir que se detengan los bombardeos cuando estamos dentro del DIH es de una ingenuidad brutal”. Lo contradictorio radica en que se retomen los bombardeos indiscriminados para masacrar niños, diciendo que se ataca a “narcotraficantes armados” (el mismo argumento de Donald Trump para bombardear lanchas en el Caribe y en el Pacifico) y se invoca el DIH para legitimar acciones asesinas, mientras se desconocen las obligaciones que impone ese Derecho.
Por último, un elemento propio de la mentalidad asesina del sionismo, y también replicado por Estados Unidos y por las Fuerzas Armadas de Colombia, consiste en atacar lo que en el detestable lenguaje militar se denomina “objetivos de alto valor”. En Gaza, Líbano, Yemen, Qatar, Irán, Siria… los sionistas masacran a dirigentes civiles y militares y para ello recurren a bombardear barrios enteros, demoler edificios, arrasar hospitales y escuelas. Y para auto justificarse siempre afirman que están atacando a terroristas que son enemigos de Israel y al matarlos dan pasos decisivos para terminar la guerra eterna contra los árabes y persas.
Estados Unidos hace otro tanto y pone precio a la cabeza de jefes de Estado, como el caso de Nicolás Maduro, y bombardea indiscriminadamente a pequeñas embarcaciones so pretexto de liquidar a peligrosos enemigos de la seguridad nacional del imperio. Y en Colombia, desde hace tiempo, en clara emulación de las enseñanzas sionistas las Fuerzas Armadas (Ejército, Policía, Fuerza Aérea…) se han dado a la tarea de masacrar a comandantes de la insurgencia. Y eso no ha desaparecido en el gobierno de Gustavo Petro, puesto que este, de mutuo acuerdo con los Estados Unidos, se ha dado a la tarea de matar a los dirigentes insurgentes, siendo su objetivo Número Uno Iván Mordisco. Como si matándolo se solucionaran las causas profundas del conflicto, lo que demuestra que el Pacto Histórico no ha aprendido nada de la historia reciente de nuestro propios país y como si Petro no hubiera asimilado las propias lecciones del exterminio de la dirigencia del M-19, cuya liquidación por parte del Estado colombiano nunca terminó con el conflicto armado en este país.
Mientras que los sionistas llaman terroristas a los miembros de la resistencia y Donald Trump denomina narcos a los pescadores de las lanchas que son bombardeadas, Petro no se queda atrás y repite el mismo sonsonete a nivel local: “Muy lamentable las pérdidas de vidas humanas de colombianos, pero debían saber que estaban al servicio de un ejército privado de la junta del narcotráfico”. Los gazatíes que se enfrentan a la ocupación de sus territorios son terroristas y los insurgentes del Guaviare son una ejército de la junta de narcotráfico; pareciera que estamos escuchando a Benjamín Netanyahu, a Donald Trump o a Narco Rubio.
Y con respecto al punto esencial, el asesinato de niños por las Fuerzas Armadas de Colombia, Petro y su militar de cabecera, que oficia como Ministro de Defensa (sic) repite el viejo cuento de Iván Duque, Álvaro Uribe Vélez y compañía de que los niños no eran inocentes (“no estaban recogiendo café” decía el innombrable del Ubérrimo o eran “máquinas de guerra” decía Diego Molano, Ministro de Guerra de Duque). Al respecto, Pedro Sánchez, un milico formado en las escuelas estadounidenses de muerte (Air University de la US Air Force), ha dicho con gran cinismo: “Quien se involucra en hostilidades pierde toda protección, sin distinción alguna. Lo que mata no es la edad, es el arma en sí”. Es decir, que si hay niños en los grupos insurgentes están bien matarlos, porque andan armados y, otra vez, recicló el argumento de Iván Duque y compañía sobre el hecho de que los responsables eran los insurgentes y los niños por estar en esos campamentos: “Reiteramos que la responsabilidad de exponer a los menores al riesgo de las hostilidades recae única y exclusivamente en los grupos armados ilegales que los reclutan, utilizan y obligan a desempeñar roles de combate, en abierta violación del DIH y del interés superior de la niñez”. Pues los sionistas de Israel masacran a niños todos los días diciendo o que son “terroristas” (los palestinos que enfrentan la ocupación colonial) o son usados como escudos por los “terroristas” y, para evitar dilemas militares (porque dilemas morales nunca han tenido) hay que bombardearlos a todos por parejo donde quiera que se encuentren (incluyendo hospitales y escuelas), para eliminar a los gazatíes, sin importar su edad.
“CONTRAINSURGENCIA HUMANA” AL SERVICIO DEL IMPERIALISMO
Otro elemento que llama la atención es que, en momentos en que arrecia la ofensiva contra la Venezuela bolivariana por parte del imperialismo de las cañoneras de Donald Trump, Petro diga que está golpeando a la insurgencia para evitar que lleven armas a Venezuela y sostenga que este país no necesita armas. Según Petro se están desbaratando “ejércitos narcotraficantes que quieran entrar a Venezuela a desestabilizar aún más esa sociedad. Venezuela no necesita más armas, sino diálogo”. ¡Seguro que Venezuela para defenderse de una agresión armada de Estados Unidos no necesita armas, sino declaraciones demagógicas como las que el propio Petro ha dado sobre Gaza, que, como hemos visto, arto han servido para defender a los palestinos y evitar su genocidio!
Ante dichas afirmaciones, se deriva una pregunta sobre una situación que resulta, por lo menos, intrigante: ¿Petro está cumpliendo una tarea para Estados Unidos, la de atacar una de las retaguardias estratégicas que podría tener Venezuela, el movimiento insurgente en Colombia, para facilitar una invasión militar en el vecino país? Y esta pregunta se justifica, en la medida en que Petro nunca ha escondido su animadversión al gobierno de Nicolás Maduro, no ha reconocido sus elecciones y ha coqueteado con la oposición guarimbera, y eso renace hoy, cuando en medio de las agresiones de Estados Unidos a Venezuela, sostiene que “no se presentó el desbloqueo de Venezuela, ni dejaron participar a Corina, ni le quitaron el precio a la cabeza de Maduro y las elecciones no fueron libres”. Con esto, Petro da un apoyo tácito al intervencionismo de Estados Unidos y piensa alegremente que eso no va a afectar a Colombia. A Petro se le olvido muy rápido lo que dijo en 2021 a propósito de la masacre de niños en el Guaviare: “El asesinato de los niños por bombardeo del gobierno en Guaviare” [hace] parte de un “libreto” para recibir respaldo de Estados Unidos”.
Pero el asunto se torna más preocupante, si lo relacionamos con el bombardeo de lanchas en el Caribe por parte de los Estados Unidos. Al respecto, Petro denunció en forma demagógica, sí demagógica porque exactamente eso mismo es lo que él está haciendo con la masacre de niños en Colombia: “Lo que hacen lanzando misiles en el Caribe contra lancheros pobres, al servicio o no de operaciones de envío de cocaína que realizan capos que no están siendo tocados por las operaciones, no son sinoejecuciones extrajudiciales contra ciudadanos caribeños y latinoamericanos en estado de indefensión”.
Pues lo mismo es lo que se hace en Colombia, contra campesinos y niños pobres en estado de indefensión, a los que se cataloga, como lo hace Trump, de bandas de narcotraficantes. Y Petro presume, además, de haber usado “inteligencia estadounidense” para masacrar niños: “Van 12 bombardeos ordenados por mí y exclusivamente por mí, guardando al máximo el respeto de derechos humanos. Se usa inteligencia norteamericana pero bajo la condición de DD. HH. que yo mismo adopto”. Es llamativo que se suponga que si se mencionan los Derechos Humanos, los bombardeos dejan de ser brutales y se vuelven inteligentes. Y para rematar, Petro señaló que“Espero convencer al Gobierno de EE. UU. de que no cometa errores y que hagamos lo que está haciendo Colombia, que es mejor”, pero si lo que está haciendo es exactamente lo mismo, lo que pasa es que un caso se habla de “narcolanchas” y en el otro de “ejército de narcotraficantes”.
Incluso, las justificaciones son similares, puesto que, en cuanto a lo que Estados Unidos denomina “narcolanchas”, pretende embestirse de una base de legalidad al proclamar que esos ataques forman parte de la guerra eterna contra el narcotráfico. Pero Petro no se queda atrás al sostener que es legal y legitimo bombardear supuestos campamentos de insurgentes porque hay una guerra contra grupos ilegales organizados.
NUEVAMENTE, COLOMBIA POTENCIA MUNDIAL DE LA MUERTE
El cuento de Potencia mundial de la vida con el que Gustavo Petro ha intentado presentar a su gobierno ha quedado hecho añicos, porque cruzó una línea que no se debería haber franqueado por un gobierno que se dice progresista: el de masacrar niños mediante bombardeos cobardes, lo cual ha sido propio de la contrainsurgencia, de estirpe sionista, en Colombia. Y sus manos han quedado untadas con la sangre de niños pobres de este país. No por casualidad, tenemos la vergüenza de ser uno de los primeros exportadores mundiales de mercenarios, provenientes de las fuerzas armadas adiestradas en la Escuela de las Américas e instruidas por asesinos de Israel.
En estas condiciones, la pregunta que vale hacer es la siguiente: ¿Para qué tanto escandalo mediático, con megáfono en las calles de Nueva York, denunciando el genocidio de Gaza (y resaltando el asesinato de niños por los genocidas de Israel), si el espíritu sionista sigue presente en la lógica de las fuerzas represivas (que en forma benigna se le denomina “fuerza pública”) del Estado colombiano? Y, a propósito, sobre el asesinato de niños en las selvas colombianas, ¿qué dicen los expertos en Palestina que asesoran en materia internacional al gobierno de Gustavo Petro?
Podemos concluir con estas palabras del historiador Yakov Rabkin: “La clase dominante, donde sea que esté, tendrá necesidad de reprimir la protesta ciudadana, y la experiencia israelí en este dominio, aunque minada por la debacle del 7 de octubre, sigue siendo muy solicitada”. [Yakov Rabkin, Israel: Violencia perpetua, p. 72].
Eso es lo que se acaba de confirmar en Colombia, el Israel de Sudamérica, donde los bombardeos al estilo sionista han masacrado en las últimas semanas al menos a 17 menores, una vergüenza que se inscribe en la estela asesina de bombardear lanchas en el Caribe y bombardear niños en escuelas y en sus barrios en Gaza.
Con este hecho ya es muy difícil seguir vendiendo la consigna demagógica de que Colombia es potencia mundial de la vida, cuando ha vuelto a ser lo que viene siendo desde hace décadas, por obra del bloque de poder contrainsurgente consolidado en este país, el campeón mundial de la muerte o, cómo decía Eduardo Galeano, el país donde qué bueno sería morir de muerte natural.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


