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Ejército Islámico y sus progenitores

De tal palo tal astilla

Fuentes: Rebelión

Nos enteramos hoy que los yihadistas destruyen sitios históricos y comercian antigüedades del territorio donde han instalado su califato. ‘Cortan y venden’ ‘piezas inestimables’, de ‘monumentos sagrados’ ‘cristianos, judíos o musulmanes’ (La Naciòn, 30/9/2014, Síntesis). No le podemos pedir a La Nación que haga el esfuerzo «histórico» de contextualizar esta noticia, pero tenemos que recordar […]

Nos enteramos hoy que los yihadistas destruyen sitios históricos y comercian antigüedades del territorio donde han instalado su califato. ‘Cortan y venden’ ‘piezas inestimables’, de ‘monumentos sagrados’ ‘cristianos, judíos o musulmanes’ (La Naciòn, 30/9/2014, Síntesis).

No le podemos pedir a La Nación que haga el esfuerzo «histórico» de contextualizar esta noticia, pero tenemos que recordar que esto fue exactamente lo que hicieron miembros del ejército de EE.UU. cuando invadieron Irak en 2003. Las fuerzas «civilizatorias» entonces tuvieron a bien preservar con guardias y protección dos ministerios del estado iraquí que había sido tan radicalmente remozado por Saddam Hussein; el que administraba todo el petróleo iraquí (Irak era entonces uno de los principales productores mundiales de petróleo caracterizado por su alta calidad y bajo costo de extracción) y el de Seguridad, asiento de todas las policías del país. Los demás ministerios (de Educaciòn, de atención a la población civil, de guerra, de comunicaciones) fueron todos librados… al saqueo. Esto incluyó ciertamente los museos y el acervo cultural e histórico del país. Que es justamente una de las cunas de la humanidad tal cual la reconocemos hoy; la Media Luna de las Tierras Fértiles ha sido asiento de la primera agricultura humana y de varias civilizaciones que hoy sabemos fueron llevando a la humanidad de su estadios iniciales a los actuales. Irak conservaba, por ejemplo, tablillas cuneiformes, laboriosamente rescatadas en tantas excavaciones; la escritura cuneiforme es una de las primeras escrituras humanas.

Pues bien: los soldados yanquis rompieron vitrinas, y se llevaron bajo el brazo o dentro del abrigo fragmentos de, por ejemplo, tales tablillas para malbaratarlas en el mercado negro de antigüedades.

Los directores de tales museos y reparticiones iraquíes se quejaron amargamente de tales despojos, que jamás fueron esclarecidos y menos todavía restituidos.

Tenemos una pista para «entender» ahora el comportamiento de los «yihadistas».

Pero no es la única, ciertamente. Cuando la OTAN ataca en Libia al régimen de Gadafi, con el culto a su calidad de «supremo», se lo elimina como a una alimaña, ignorando todos los recaudos de un enjuiciamiento. Pero no sólo se lo asesina así en plena calle y con una jauría de mercenarios; hay señales de dónde proviene este tratamiento: la secretaria de estado de EE.UU. de entonces, Hillary Clinton, informada de «los hechos» gorjeará un cantito en señal de alegría que afortunadamente quedó grabado en «la nube» de internet. Y con el arrasamiento de alguno de los palacios de Gadafi, saqueado por los «soldiers of fortune» −como son designados los mercenarios que reciben enormes emolumentos por su «contribución»−, en uno de sus fastuosos baños un «Freedom fighter», ¿árabe de pura cepa? escribirá: «GAME OVER».

Pequeños mojones que van dando el perfil de los «yihadistas». Y el motorcito «fuera de borda» que los impulsa…

Así que ahora, yihadistas que encarnaran Al-Qaeda y que ahora encarnan al Ejército Islámico que ha usurpado un territorio arrancado a los maltrechos e invadidos Irak y Siria, siguen mostrando su fuente de inspiración y lo que guía sus comportamientos: ni siquiera son originales en lo de «destruir sitios históricos» y «comerciar con antigüedades». Siguen apenas las huellas.

Como el mismo George Clooney señalara cuando la presentación de Monument’s Men que dirigiera, produjera y actuara, en un rapto de sinceramiento sobre el despojo que las naciones coloniales han llevado adelante en la periferia planetaria −y en esto incluimos no sólo a los estadounidenses y a los alemanes de Monument’s Men, sino también a ingleses y franceses, por ejemplo−: «Como en Siria, Afganistán, Irán o Sudán. Los estamos dejando sin su propia cultura».

Deberíamos agregar en primer lugar a Palestina, donde Israel cumple una tarea de desmantelamiento precisa y cerebral sobre la memoria, arrasando con los trozos territoriales (con las vidas palestinas en primer lugar) y hasta con el nomenclátor, pero también con lo que ha pasado con las sociedades africanas como la nubia o las amerindias como la incaica y la azteca, para nombrar apenas las más conocidas.

Fuente original: http://revistafuturos.noblogs.org/