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Dudas sobre el levantamiento sirio

Fuentes: Al-Ajbar

Esta es la primera parte de una serie de artículos escritos por el autor, de los cuales se han publicado dos. El segundo saldrá traducido en unos días. El levantamiento en Siria es el que más dudas y confusiones ha provocado, debido a su situación política en la región árabe y en el entorno regional, […]

Esta es la primera parte de una serie de artículos escritos por el autor, de los cuales se han publicado dos. El segundo saldrá traducido en unos días.

El levantamiento en Siria es el que más dudas y confusiones ha provocado, debido a su situación política en la región árabe y en el entorno regional, donde parece que el poder está en una alianza «contraria» a las políticas estadounidenses y apoya la resistencia en Líbano y Palestina, siendo el último bastión de la «resistencia» contra el dominio imperialista en el «Oriente Medio extendido».

Desde esta perspectiva, parece que la postura adoptada debe estar cercana al régimen sirio, pero ¿cuál es la perspectiva desde la que un marxista debe aproximarse a la situación? ¿El análisis económico-político o el análisis político-«estratégico»?

La mirada parte del análisis político, pero la cuestión se trata desde la perspectiva «estratégica» basada en la visión de las «relaciones internacionales» y la postura que de ellas nace, especialmente la relación «consensual-polémica» con el imperialismo, siendo esta última el «centro» que gobierna la visión de todas las demás cuestiones en un amplio sector de los marxistas y es el «anillo central» en torno al cual se centran las contradicciones. Por tanto, es esto lo que determina la postura: a favor o en contra.

En el marxismo (que es la base de mi método y no una postura política) debe partirse del análisis económico para comprender la situación de facto, si no, gobernará la lógica idealista que comienza con lo «político» y con el Estado y las ideas. Debe comenzarse en el ámbito económico para aproximarse de manera científica al ámbito político.

Con esto, al estudiarse la situación siria, debe tratarse la estructura económica que se ha conformado y que se ha hecho dominante. Después han de tratarse las contradicciones que ha provocado, internamente (es decir, en el ámbito interno de clases) y en la práctica (es decir, en el marco de su situación internacional). Así, veremos cómo los últimos diez años han supuesto la reestructuración de la economía, convertida en una economía totalmente liberal. Es decir, se ha producido la caída del papel económico del Estado, y se ha impuesto la privatización, además de asesinarse el «sector público», sometido al dominio del sector privado, que posee un 70% de los ingresos nacionales. Posteriormente la economía ha pasado de ser una economía productiva a ser una economía de servicios, ya que el empleo se ha centrado en este sector, en campos tales como las inmobiliarias, el turismo, los bancos y el comercio. Se trata de un proceso que va unido a esa transformación que ha hecho del sector privado el más abundante. Es decir, que la contratación en el sector privado se ha dirigido hacia el sector servicios y ha supuesto el desplome de la agricultura y la industria. Este proceso ha supuesto una polarización social muy aguda, donde la riqueza se ha centrado en manos de una pequeña minoría y dentro de esta nueva forma de economía de bienestar hay un sector de un 20%, mientras que el 80% restante ha sido marginado, ya sea como resultado del paro (que ha llegado a cerca del 30% de la población activa) o resultado del fuerte descenso de los ingresos, suponiendo los salarios mínimos apenas un tercio del mínimo necesario para una vida.

Esta situación ha llevado a un aumento agudo de las contradicciones entre clases. Esta es una situación «ideal» para que se dé una lucha de clases, que la larga e intensa dictadura y el total dominio de los sindicatos y el amplio control por medio de ellos, además de la prohibición de todo tipo de protestas, impedía que se viera con claridad, ya fuera con algunas quejas «verbales» en los congresos de los sindicatos, ya por medio de la prensa de los partidos comunistas que participaban en el poder, ya a través de las pinceladas que se repetían en los periódicos locales. Pero todo ello no impidió que aumentara la congestión de todas las clases empobrecidas, lo único que daría lugar a un estallido social, al margen de la forma que adoptara: el levantamiento es una expresión de la congestión creciente.

Por tanto, el comenzar por lo económico nos lleva a lo relacionado con las clases y como bien es sabido en el marxismo, la contradicción está en la estructura (la conformación de las clases) que fundamenta la explotación directa (o sea, la situación de clases presente en la sociedad). En consecuencia, la postura debe determinarse desde este punto y no desde ningún otro, o sea, no desde el «ámbito internacional» en el que se ha fundamentado el fenómeno del imperialismo, donde la contradicción se ha convertido en una contradicción política, y ha dejado de ser una contradicción de clases para tornarse en una lucha de Estados, aunque la base que domina esta lucha sea económica, como luego diré.

Lo que sucede en una parte de la izquierda es esto precisamente y han hecho de la política lo que determina la postura, no las clases. Lo político no es lo relacionado con las clases necesariamente, sino que puede que luchen fuerzas previas al capitalismo imperialista, por lo que aquí se trata de una lucha desde una perspectiva retrógrada. Así, no se convierten en fuerzas revolucionarias ni se establecen alianzas con ellas, aunque no sean el enemigo principal. Pero cuando se levantan las clases populares contra un poder que «diverge» con el imperialismo es necesario en primer lugar determinar las causas de esa divergencia y después insistir en el desarrollo clasista de la lucha porque es el que representa la contradicción principal.

Aquí debe comprenderse el imperialismo económico antes de su conversión en una política internacional, pero también debe comprenderse que la situación de las clases es la que determina la postura política y no al revés. La lucha entre los Estados imperialistas se basa, a pesar del modelo capitalista que comparten, en la competencia, y esta se producía contra Estados que buscaban liberarse para construir una industria y desarrollar la agricultura y así obtener la independencia económica y política. Ahora hay una contradicción entre el imperialismo estadounidense-europeo por un lado y el ruso y chino por otro. Estas contradicciones no afectaban a la situación de las clases populares ni al modelo económico dominante: se trata simplemente de contradicciones entre los imperialismos.

La naturaleza económica que impone este modelo ahora es la generalización de la economía de servicios, por medio de la imposición de la economía de mercado y la liberalización, que se generalizaba partiendo de las condiciones del Fondo Monetario Internacional, que obliga al Estado a desprenderse de su papel económico (es decir, impone la privatización y el fin del papel proteccionista que se había impuesto para evitar la fuga de la plusvalía al extranjero).

Durante las últimas dos décadas se ha trabajado para generalizar la economía de servicios, centrándose la actividad económica en las inmobiliarias, la importación, los bancos, la actividad comercial y la destrucción de las capacidades productivas de la agricultura y la industria. Dicha estructura económica es la que permite el saqueo imperialista por medio de la actividad del dinero por medio de la recaudación de impuestos, las inmobiliarias, los bancos y todos esos sectores, además de abrirse de par en par las puertas de la exportación hacia estos países.
Así podemos comprender la aclimatación económica siria con esta estructura, a pesar de la «contradicción». He señalado la transformación de la estructura económica en la última década y que seguía el «plan» que parecía que salvaría las condiciones del Fondo Monetario Internacional a pesar del desacuerdo con el propio Fondo, lo que fue en detrimento de la economía (puesto que el fondo ofrece beneficios que en Siria no se han dado). En consecuencia, la transformación económica en Siria iba encaminada a la unión económica con el imperialismo.
Generalmente no se hacía una distinción entre la economía y la política en los partidos comunistas, partiendo de la idea del compañero Khaled Bekdash (hecha pública tal vez en 1980), que decía que si mirase a la situación interna, estaría en la oposición, pero que él partía de una «postura nacional» para con Siria. Esta distinción entre las clases y lo nacional, y básicamente entre lo económico y lo político (por interés político) es en esencia «un malentendido» de lo que sucede en Siria, o bien es la base de una postura errónea sobre lo que sucede en el país. ¿Acaso puede separarse entre lo económico y lo político o entre lo que afecta a las clases y lo nacional?
La comprensión idealista hace eso, pero el marxista mira de forma científica a esta cuestión. La postura política general y la postura nacional especialmente no se separa de los intereses de clase, sino que es su producto. Cuando el interés del capitalista es importar y utilizar en el mercado internacional el dinero que roba del mercado «nacional», trabaja para sacar ilegalmente los fondos que roba hacia el mercado internacional. La reestructuración de la economía local partiendo del interés como hemos dicho, la hace una economía de servicios, interesada en ligarse con las dictaduras financieras e imperialistas y en unirse a los mercados capitalistas. Aquí es donde se desploma la cuestión nacional, o al menos se somete a las negociaciones que sirven a los intereses económicos, pues este capitalismo ve que su situación natural está en la unión con las dictaduras imperialistas y no en separarse de ellas (porque la separación se fundó sobre la base de la industria, la agricultura y la modernización).

Esto exige una explicación de la «contradicción» entre las autoridades sirias y el «imperialismo», que no es una contradicción de clases mientras el capitalismo se haya ambientado con el modelo económico imperialista. Tampoco se debe a una «ideología» ni a un «amor por la nación», porque ello ya no existe en la clase dominante desde hace mucho. Las ideas del Baaz «han sido borradas» y relegadas a «los rincones». Se ha hecho realidad un enfrentamiento financiero con los «nuevos hombres de negocios» y el capitalismo del Golfo, turco, de Europa del Esta y ruso, en el sentido de que la «nueva clase», que se ha conformado partiendo del saqueo del Estado y el sector público, es la que ha amoldado la economía local según el «humor general» a la forma final del capitalismo dominante en el mundo.

Esto exige una explicación de las diferencias con EEUU y Europa, pero no elimina el hecho de que la clase dominante es la que vive de los réditos, que es mafiosa y que está ligada al capital imperialista (ya sea del Golfo, turco o ruso). En este sentido, la diferencia política con EEUU no niega que la clase dominante sea así, y que haya amoldado la economía según «el humor internacional» al imperialismo actual. Partiendo de ello conforman sus «alianzas» y sus relaciones y se aferran a la «resistencia» y se llaman a sí mismos antiimperialistas. La diferencia no es de clases ni económica, sino política, pues la estrategia de EEUU desde septiembre de 2001 no incluía la continuidad de dichos gobernantes en el poder ya que lo que buscaba era fundar regímenes sectarios. Por tanto, la clase capitalista dominante hizo realidad una estructura económica que se amolda al imperialismo, pero las exigencias políticas imperialistas impedían el entendimiento e iban encaminadas a presionar para que se produjera un cambio en Siria. Después -tras la victoria de Obama- se intentó un nueva comprensión mutua. Pero tal vez el nuevo tejido de relaciones, con Irán, los rusos y Turquía, ralentizase dicha comprensión. Aquí hemos de señalar que la contradicción con el imperialismo es una contradicción secundaria mientras se base en un capitalismo terminal. La contradicción ha entrado en el marco de las contradicciones entre imperialismos (estadounidense/europeo y ruso/chino) además del marco de la lucha regional.

En esta situación, la diferencia no es lo esencial, sino el producto de la diferencia parcial en la organización de los intereses. Estamos en una situación en la que la economía local se ha vuelto capitalista y se ha acomodado al humor general del imperialismo. Esto impuso el estallido social.

Por tanto, no debe mirarse al levantamiento desde la perspectiva de la situación política presente, sino partiendo de la naturaleza de la lucha de clases en concreto y desde la comprensión de la naturaleza de las diferencia con la dictadura imperialista y sus límites, para que no se convierta esta última en el medidor de las posturas que se adoptan frente al levantamiento. Concretamente, esto ha de ser así en el análisis metodológico, donde la postura política se proyecta sobre el análisis en vez de ser un análisis de la realidad tal y como es, la base inicial de toda postura.

La izquierda en boga actualmente parte de la política, y esto se debe a una mala comprensión de la realidad desde hace mucho tiempo. No puede distinguir entre el interés de las clases y el discurso que produce la clase dominante, por lo que hace del discurso una alternativa al interés, sirviendo este para deformar el interés y no para sacarlo a la luz. Esta es la base de la mala postura que se ha adoptado ante el levantamiento sirio.
Lo que puede decirse aquí es que el levantamiento, en su esencia, es un levantamiento de las clases populares que se han visto incapaces de continuar en la situación a la que habían llegado, y que busca derrocar al régimen para hacer realidad sus demandas relacionadas con su vida diaria, el nivel de la misma, y con las condiciones políticas que lo permiten, pero no ha encontrado partidos que expresen sus peticiones una vez estallado el levantamiento espontáneo. Se han dejado gobernar por su conciencia «tradicional», y de ello son producto sus lemas. Así podemos comprender perfectamente la ausencia de las fuerzas marxistas, a pesar de la participación de muchos marxistas en el levantamiento.

Por tanto, una pregunta viene a la mente sobre cómo se cristaliza una postura marxista clara ante ello y cómo se han de unir los marxistas que participan en el levantamiento para conformar una fuerza real en primer lugar y para influir en los lemas y el contexto del levantamiento de forma que se vean sus objetivos claramente (además de derrocar al régimen) y se desarrollen sus capacidades efectivas tras verse que el papel del elemento consciente es muy importante para su victoria.

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