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Economía, se acabó la fiesta

Fuentes: Rebelión

¿Pero de verdad se ha acabado la fiesta? ¿O sólo es que se terminó la bebida? ¿O es que nos hemos dado cuenta ahora de que nos estaban metiendo garrafón hipotecario basura y nos lo cobraban como güisqui del bueno, triple A? Los dueños del piso y el portero de la finca (los gobiernos y […]

¿Pero de verdad se ha acabado la fiesta? ¿O sólo es que se terminó la bebida? ¿O es que nos hemos dado cuenta ahora de que nos estaban metiendo garrafón hipotecario basura y nos lo cobraban como güisqui del bueno, triple A?

Los dueños del piso y el portero de la finca (los gobiernos y los reguladores) les han dejado poner la música muy alta a los juerguistas, es decir, que pueden especular tanto como quieran y, como las fiestas de gente de calidad, todos los invitados alardean de lo bien que les va, y de lo seguros que son los bonos que se ofrecen unos a otros.

Cómprame estos bonos, macho, que son mierda de la buena; y todos lo hacen, pensando ya en el siguiente primo al que se los van a colocar.

La mayoría miramos la fiesta desde la fría calle, viendo la juerga con la cara pegada a los cristales. Perdona compañero, nos dicen de repente unos cuantos de los juerguistas (políticos ellos) que han salido mandados por los que se quedan dentro (que han dejado de especular un rato, asustados porque se han pillado las mentiras unos a otros); tenemos un problema, nos dicen, se acabó la bebida y, estando en lo mejor de la fiesta, no vamos a parar ahora, ¿no te parece? Así que, ¿me prestas unos cientos de miles de millones de dinero público para que podamos seguir con el cachondeo?

Bueno, respondes un poco asustado, ¿pero me dejareis entrar en la fiesta y beber un poco a mí también?

Ay compañero, te responden, es que tú no estás acostumbrado a beber, y lo mismo te sienta mal. Mejor te llegas y nos compras la bebida, nos la das y ya nosotros nos encargamos de acabar con ella, ¿cómo lo ves? A que somos buena gente, que te hemos dejado participar en la fiesta…

Con cara de tonto te echas mano a la cartera y calculas mentalmente si, con lo que te quede después de invitar a estos, vais a poder comer tú y los tuyos.

Cargados con la bebida prestada, los de la fiesta vuelven a entrar, riéndose entre ellos. Nos hemos encontrados a unos primos en la puerta, les dicen a los que se quedaron dentro, que nos han dejado la pasta a cambio de… ¡anda!, si no les hemos dado nada a cambio, y aquí ya es la orgía y el desmadre, los cachondos de la fiesta se parten de risa al oír esto.

Oye, pues diles que no se vayan les dicen cuando terminan con las risas, que lo mismo nos vuelven a hacer falta…y la fiesta sigue.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.