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«El 90 por ciento de las mujeres maltratadas oculta su drama e, incluso, se siente culpable»

Fuentes: www.redfeminista.org

Miguel Llorente: Director del Instituto de Medicina Legal de Granada, Autor de varios libros que meten el bisturí en la tragedia de la violencia contra las mujeres, este especialista acaba de diseñar un manual sanitario para abordar estas situaciones MADRID. «Éste es un problema de salud». Miguel Lorente, director del Instituto de Medicina Legal de […]

Miguel Llorente: Director del Instituto de Medicina Legal de Granada, Autor de varios libros que meten el bisturí en la tragedia de la violencia contra las mujeres, este especialista acaba de diseñar un manual sanitario para abordar estas situaciones

MADRID. «Éste es un problema de salud». Miguel Lorente, director del Instituto de Medicina Legal de Granada y uno de los facultativos pioneros en España en la investigación de la violencia contra las mujeres hace esta declaración de intenciones antes de revelar unos datos escalofriantes: entre un 15 y un 30 por ciento de las mujeres que acuden a los servicios de urgencia de los hospitales con lesiones han sido maltratadas; de aquéllas, casi la mitad sufre agresiones sexuales. Lorente, autor de los libros «Mi marido me pega lo normal» y «El rompecabezas. Anatomía del maltratador», que tratan sin tapujos esta lacra, es el responsable de la «Guía para la buena práctica clínica en el abordaje de las situaciones de violencia de género», que ha sido presentada esta semana.

-¿Qué se pretende con este manual?

-Una adecuada implicación de los profesionales de la Medicina para que puedan detectar la violencia sostenida, crónica, que es más difícil de ver que las agresiones puntuales. ¿De qué estamos hablando? De mareos ocasionales, síndrome depresivo, lesiones en diferentes fases que no se han denunciado en su momento, etcétera.

-¿Están preparados los médicos españoles para afrontar esas situaciones?

-No. Pero no por capacitación profesional, sino por las implicaciones sociales del problema. La visión tradicional de la Medicina es muy finalista, centrada en el resultado último y físico. Después de tratar la lesión da la impresión de que el episodio ha pasado, o al menos se percibe como una cuestión privada. Sólo hay una respuesta ante lo excesivo: en casos muy graves se envía el parte de lesiones al juzgado.

-Entonces, ¿qué pueden hacer estos profesionales? ¿Meterse en la piel de un investigador?

-No queremos heroicidades, ni que hagan el papel de forenses. Pero la violencia es un problema de salud; si el facultativo no tiene claro esto, los casos le pasarán desapercibidos. Las mujeres maltratadas acuden con más frecuencia a consulta porque se sienten mal. Algunas se quejan de dolor de estómago, pero otras presentan hemorragias vaginales o dolor pélvico crónico, lo que evidencia abuso sexual. Las hay que dicen, simplemente: «Me siento muy sola». Ante la sospecha, el especialista deberá hacer un diagnóstico diferencial y realizar un seguimiento. Puede establecer una relación más «personal» con la paciente programando consultas cada menos tiempo. Ese trabajo no caerá en saco roto. La probabilidad de que una mujer maltratada acuda a urgencias es muy alta. Si un día una de ellas llega a este servicio y dice que se ha producido los daños como consecuencia de «una caída», su historial clínico puede dar pistas en otro sentido.

-Ahora que alude a la «caída», es evidente que muchas mujeres víctimas de la violencia ocultan su dramática situación.

-En efecto. El 90 por ciento no denuncia los malos tratos, tomando una actitud activa en la ocultación. Muchas, incluso, se sienten culpables de lo que ha pasado, porque «algo habrán hecho». El famoso mito de la Eva perversa. La víctima cree que el remedio puede ser peor que la enfermedad: que la denuncia traiga más violencia, o que el marido vaya a la cárcel y, al fin y al cabo, es el padre de sus hijos.

-¿Se ha encontrado alguna vez con un caso evidente de ocultación?

-Sí. Hace unos años sólo se denunciaban los casos verdaderamente graves. Recuerdo que una mujer me dijo, avergonzada: «No se vaya a confundir usted, mi marido es muy cariñoso, un padre ejemplar, lo que pasa es que a veces se le va la mano». Esa víctima se había atrevido a poner una denuncia, pero se lo pensó mejor unos días después. «Me ha perdido perdón». Entonces empezaba una fase de «luna de miel» aparente, porque la violencia no tardó en reaparecer. A veces es la propia familia la que presiona. «Aguanta, porque si das un paso te vas a quedar señalada para toda la vida».

-¿Qué se puede hacer al respecto?

-La nueva ley contempla que el problema se aborde de una manera integral. Los servicios psicosociales del centro sanitario deben activarse en el momento en que se produzca la más mínima sospecha, poniéndose en contacto con otras instituciones, como el Instituto de la Mujer. Es necesario potenciar el departamento de medicina legal de estos establecimientos para evitar una victimización de la afectada. Para que no acabe dando tumbos de un lado para otro.

-La juez decana de Barcelona alertó recientemente del posible abuso de denuncias de mujeres por violencia doméstica. Según la Memoria de los Juzgados de Barcelona de 2003, las diligencias por delitos de este tipo casi se han cuadruplicado en un año. ¿Qué opina al respecto?

-La juez decana confunde lo invisible con lo inexistente. Lo invisible no se ve, pero está ahí. Así ocurre con la mayoría de los episodios de violencia contra la mujer. Una denuncia sobre un hecho invisible que no se pueda demostrar no significa que sea falsa, aunque el procedimiento judicial no pueda llegar a ninguna conclusión. Denuncias falsas se producen en todos los delitos sin que nadie haya salido a decirlo. Insistir en la «falsa moneda» es impedir que muchas mujeres puedan conseguir su libertad, y tranquilizar a quienes no quieren creer aquello que les incomoda.

-La nueva Ley Integral contra la Violencia de Género ha suscitado una gran polémica. El Consejo General del Poder Judicial duda incluso de su constitucionalidad. ¿Cree que es razonable la discriminación positiva a este respecto?

-La violencia contra las mujeres es histórica y está documentada. Así que no creo que a estas alturas haya que rasgarse las vestiduras. Venimos de una cultura en que esas atrocidades se podían hacer. Cuando se quiere corregir algo así tiene que ser «en positivo», pero esas medidas no tienen por qué interpretarse en contra de los hombres. La violencia en la otra dirección casi siempre es reactiva, no por dominio o posesión. El significado es distinto, y está recogido en el Código Penal. Últimamente está ganando terreno una acepción que me parece muy acertada para definir esta lacra: terrorismo doméstico. He aquí un ejemplo muy gráfico: si una persona es secuestrada durante tres días y vapuleada hasta la muerte por unos terroristas nos parece muy grave, ¿verdad? Pues si la víctima es una mujer y el verdugo su marido -o su novio-, no podemos poner paños calientes porque detrás haya una cultura aberrante. El crimen merece un castigo similar al de los terroristas.