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El cierre de Garoña no puede esperar

Fuentes: Gara

La central nuclear de Garoña debió ser parada y desenganchada de la red eléctrica en la madrugada de ayer al sobrecalentarse por deficiencias en su sistema de refrigeración. La explicación de la empresa explotadora, Nuclenor, fue que el bajo caudal del río Ebro y la alta temperatura del agua hicieron que no fuera posible refrigerar […]

La central nuclear de Garoña debió ser parada y desenganchada de la red eléctrica en la madrugada de ayer al sobrecalentarse por deficiencias en su sistema de refrigeración. La explicación de la empresa explotadora, Nuclenor, fue que el bajo caudal del río Ebro y la alta temperatura del agua hicieron que no fuera posible refrigerar debidamente la central. Según fuentes de dicha empresa, esta parada no programada, lejos de alarmar a la ciudadanía, debiera servir para tranquilizarla, al comprobarse que los sistemas de alerta, previsión y seguridad funcionan debidamente. Sin embargo, lo ocurrido bien pudiera llevar también a pensar que la central nuclear de Garoña tiene un problema estructural e irresoluble, como es la dependencia de la toma directa de grandes cantidades de agua de un río para su funcionamiento ordinario. El problema, por tanto, no es el bajo caudal del Ebro ni las altas temperaturas de estas semanas, sino la existencia de una instalación obsoleta en un lugar inadecuado y fuera de la normativa actual.

En cualquier caso, a la hora de abordar la situación de la central nuclear de Garoña no es posible ya limitarse al análisis concreto de ésta o aquella incidencia, sino que debe hacerse un planteamiento global de su estado y funcionamiento. Es entonces cuando se comprueba que se trata de una central vieja. Esto supone, por un lado, que su tecnología está ya caduca, como puede observarse en el problema que ha producido esta parada. Pero, por otro lado, no hay que olvidar que a Garoña se le detectaron hace ya años problemas de corrosión interna, que están dando lugar a grietas, algunas de ellas situadas en lugares inaccesibles. Y éste es un mal que va a seguir empeorando inexorablemente, como se reconoce desde el propio Consejo de Seguridad Nuclear.

La existencia de un problema global requiere también de una solución global y ésta, en este momento, no puede ser otra que el cierre de la central nuclear, como reiteradamente han exigido ciudadanos e instituciones. La empresa explotadora hace tiempo que amortizó el capital invertido, y proponer, como ha hecho recientemente, ampliar la vida útil de la central hasta el año 2019 es un acto de codicia y de desprecio a la seguridad de cientos de miles de personas. En este punto hay que recordarle al Gobierno del PSOE su compromiso programático de «sustitución gradual de la energía nuclear por energías más seguras, más limpias y menos costosas». Pues bien, el cierre de Garoña no puede esperar más.