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El globo de la consulta

Fuentes: Berria

Traducido para Rebelión por Daniel Escribano

Ha dicho que bastan 45 segundos para leer las preguntas, y es verdad. Cuando las ha leído el propio Ibarretxe, ha necesitado algo menos de 45 segundos: 40 en la lectura en castellano, 42 en la lectura en euskera.

No ha dicho la verdad, empero, cuando ha dicho estar «seguro» de que todos los grupos y diputados del Parlamento vasco le darán el , que recibirá un rotundo. Sabe que no. Sabe que todos los diputados del PP y del PSE-EE, al menos si no hay nadie que llegue tarde a la votación, le darán un no rotundo.

Y no era verdad que Ibarretxe quisiera dificultar que la izquierda abertzale le diera apoyo pidiendo en una de las preguntas la condena específica de ETA. No al menos mediante la formulación de la pregunta. Aunque no le den opción de negociar nada, el enfoque del fondo de las preguntas deja fácil a los diputados de EHAK dar el a la propuesta de ley, si quieren hacerlo.

Al cabo, la primera pregunta no hace más que confirmar la condición impuesta para el diálogo con ETA en el Congreso español: esto es, que para poder emprender el proceso de diálogo ETA debería mostrar la voluntad previa de abandonar para siempre la violencia. El propio Arnaldo Otegi, cuando la moción de mayo de 2005 impuso esa misma condición, dijo que era un paso positivo, que se compadecía con la propuesta de Anoeta.

Para dar un no rotundo también a la segunda pregunta sólo el PSE-EE y el PP tienen razones, al estar en contra del reconocimiento del sujeto de decisión vasco. Desde el punto de vista de la defensa del sujeto de decisión, puede imputarse a Ibarretxe haberse quedado corto en la proclamación del derecho a decidir, porque da el mandato a los partidos vascos de lograr un acuerdo, sí, pero no pide al Estado español que respete lo que aquí se decida. Es una carencia notoria, sin duda alguna, porque, en palabras de Ibarretxe, ése mismo es uno de los principales objetivos de la consulta: hacer respetar al Estado lo que aquí se decida. Pero como dice que el acuerdo debe ser sobre el ejercicio del derecho a decidir y como que cuando especifica que la negociación debe ser entre los partidos vascos («sin exclusiones») sugiere que también considera a la izquierda abertzale ilegalizada, no hay tal ejercicio, siempre desde la perspectiva de la formulación de la pregunta, si, además del apoyo del tripartito y Aralar, no puede lograr el de EHAK.

Pero el asunto de la consulta no se acaba, evidentemente, en el contenido de las dos preguntas. Pues no está claro hasta dónde quieren llegar ─o hasta dónde podrán llegar─ con esta consulta Ibarretxe, el PNV, EA y EBB-IU. O mejor dicho: está bastante claro que, por una razón u otra, el próximo 25 de octubre difícilmente se celebrará la consulta.

Si el Parlamento vasco aprueba la propuesta de ley de la consulta, ya se sabe que el Gobierno de España detendrá la iniciativa con la simple interposición de recurso ante el Tribunal Constitucional. En esa hipótesis, y teniendo en cuenta el respeto que ha solido mostrar el PNV en estas ocasiones por la legislación española, cabe pensar que la «confrontación» que han anunciado los dirigentes peneuvistas se limitará a la contienda electoral: en lugar de convocar la consulta, convocar elecciones e Ibarretxe de nuevo como candidato, con la bandera de la prohibición, y a volver a empezar desde el principio la película que ya conocemos en un ciclo de cuatro años.

También la izquierda abertzale deberá medir eso, por tanto: si quiere ayudar a Ibarretxe a inflar el globo de la consulta, si quiere lanzarle un salvavidas, sospechando que se echará atrás cuando el Estado le ponga el primer obstáculo y que, en caso de haber beneficios, se los llevará Ibarretxe y quienes en el PNV apoyan su línea.

La izquierda abertzale, empero, también deberá medir las consecuencias del no. Por una parte, si dice no a una consulta popular que tiene el objetivo de ejercer el derecho a decidir, dará argumentos al nacionalismo institucional para años, pues le dará la excusa de decir que fue la izquierda abertzale quien zancadilleó el proceso por la soberanía. Y, por otra, dejando hundirse a Ibarretxe y su estrategia allanará el camino al sector del PNV que quiere renovar el pacto autonómico con el partido socialista sin cambiar las reglas del juego para emprender de una vez una estrategia sin Ibarretxe, esto es, una forma de materializar verdaderamente el «fraude» (1) entre el PNV y el PSE-EE.

Como en la votación del 30 de diciembre de 2004 sobre la Propuesta de nuevo estatuto político, Ibarretxe ha puesto la pelota sobre los diputados de la izquierda abertzale, con la esperanza de que no tengan más remedio que responder, aunque sea de mala gana.

Berria, 29 de mayo de 2008

http://www.berria.info/testua_ikusi.php?saila=harian&data=2008-05-29&orria=010&kont=009

Nota:

(1) Término utilizado habitualmente por la izquierda abertzale para referirse a las intenciones de pacto entre estos dos partidos. (N. del t.)