Aunque el país se enfrente al peor panorama desde hace años, aún podemos evitar la hambruna.
Mientras la atención internacional se centra en el conflicto en Irán y sus repercusiones regionales, pasa prácticamente desapercibida una crisis devastadora en Yemen. El pueblo yemení sufre una hambruna en silencio. Se prevé que a principios de 2026 más de la mitad de la población, 18 millones de personas, se enfrente a una cada vez peor inseguridad alimentaria. Para entender la magnitud de esta crisis, imaginemos que toda la población de los Países Bajos pasa hambre.
En una encuesta realizada el año pasado por el Comité Internacional de Rescate (IRC, por sus siglas en inglés), casi todos las personas encuestadas identificaron la alimentación como su necesidad más urgente y casi el 80% de las familias reportan hambre severa. No se trata de dificultades aisladas, sino de una realidad generalizada que da forma a la supervivencia diaria en todas las comunidades.
Nuestras conclusiones se hacen eco de las previsiones más recientes de la Clasificación Integrada de Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC, por sus siglas en inglés), que advierten que otro millón de personas corre actualmente peligro de caer en una situación de hambruna potencialmente mortal, clasificada como Fase 3+ de la IPC. La fase IPC 3 y superior significa que las familias se saltan comidas diariamente, se endeudan y venden lo poco que les queda (joyas, ganado, herramientas, incluso puertas y cilindros de gas para cocinar) para comprar alimentos. También significa que los niños tienen más probabilidades de sufrir una desnutrición grave y que las enfermedades a las que normalmente podrían sobrevivir se vuelven mortales.
Aún más alarmante es que se espera que en los próximos dos meses surjan focos de hambruna que afecten a más de 40.000 personas en cuatro distritos, lo que supondrá la perspectiva más sombría de seguridad alimentaria en Yemen desde 2022. Las comidas se han convertido para muchas familias en una ración diaria de pan y agua. Para otras, los adultos se quedan sin comer para que sus hijos puedan comer.
Vemos las consecuencias en los centros de salud: niños peligrosamente debilitados por la desnutrición y madres lactantes, que a su vez están infralimentadas y que hacen todo lo posible para mantener a sus bebés.
El hambre en estas condiciones no es solo la ausencia de alimentos, es el deterioro constante del cuerpo. Los padres se ven obligados a estirar pequeñas cantidades de harina en panecillos o en lentejas hasta que son fundamentalmente caldo. Estos mecanismos de defensa son ahora comunes en las comunidades que visitamos, donde las familias sobreviven con una comida al día porque los precios se han disparado y los ingresos se han desplomado.
Históricamente Yemen solo produce una pequeña fracción de sus propios alimentos y depende de las importaciones para aproximadamente el 80-90% de los granos básicos. Una vulnerabilidad estructural que años de conflicto y de recesión económica han agravado. Los enfrentamientos han dificultado que muchas personas trabajen sus tierras o cuiden el ganado, han empujado a las familias rurales a desplazarse de sus campos y han roto las cadenas de suministro de combustible, fertilizantes y semillas.
Las lluvias irregulares y las temperaturas más altas relacionadas con el cambio climático han reducido aún más la productividad agrícola. Incluso en las temporadas que llueve, las familias informan que la escasez de agua y los suelos degradados hacen de la agricultura una lotería, y al no haber seguridad ni mercados funcionales, la producción local no puede ni acercarse a satisfacer las necesidades.
Yemen ha estado demasiado tiempo al borde del precipicio. Pero lo que hace que este momento sea diferente, y más peligroso, es que la financiación humanitaria, que alguna vez actuó como un frágil baluarte contra la catástrofe, se ha recortado drásticamente. A medida que la aceleración del colapso económico converge con la reducción de la ayuda, las convulsiones climáticas y una nueva escalada militar, millones de personas se acercan cada vez más a una crisis irreversible.
A fines de 2025 la intervención humanitaria en Yemen estaba financiada a menos del 25%, el nivel más bajo de financiación en una década. La asistencia para salvar vidas en materia de nutrición recibió solo el 10% de los fondos necesarios para ayudar a las personas necesitadas.
En el Comité Internacional de Rescate hemos visto de primera mano que las consecuencias de los recortes a la ayuda fueron tanto inmediatas como devastadoras. A medida que se interrumpían los servicios de nutrición esenciales, la cantidad de personas que recibía ayuda disminuyó más de la mitad. Los centros de alimentación terapéutica y las clínicas cerraron sus puertas, y disminuyeron las admisiones en centros médicos para casos de desnutrición aguda grave. No porque menos niños necesitaran apoyo, sino porque simplemente no había ningún lugar donde pudieran recibir tratamiento.
La crisis de seguridad alimentaria a gran escala en Yemen no es inevitable y hay una clara necesidad de acciones prioritarias que cambien este rumbo.
Para ayudar a que las familias yemeníes se recuperen, los donantes deben, en primer lugar, restablecer y aumentar con urgencia la financiación integrada de seguridad alimentaria y nutrición en las zonas más afectadas. En segundo lugar, la financiación debe dar prioridad al tratamiento nutricional de los niños y las mujeres embarazadas y lactantes, incluido un suministro ininterrumpido de alimentos terapéuticos listos para el consumo.
Yemen también necesita apoyo para crear sistemas compartidos que hagan un seguimiento de la disponibilidad de alimentos y la nutrición de las personas, de modo que se puedan detectar tempranamente los potenciales puntos críticos, y los agentes humanitarios puedan responder rápidamente y de manera coordinada.
La acción inmediata y específica de los donantes y la inversión en soluciones humanitarias demostradas, como la asistencia financiera dirigida a familias con riesgo de desnutrición, pueden evitar una pérdida masiva de vidas este año y ayudar a las comunidades a empezar a recuperarse genuinamente No es demasiado tarde para evitar una tragedia aún mayor.
Texto original: https://www.aljazeera.com/opinions/2026/3/14/hunger-is-looming- over-yemen-urgent-action-is-needed
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.


