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Carta abierta sobre políticas y memorias

El Homenaje a la guerrilla antifranquista de Santa Cruz de Moya: entre proyecto y museo, un conflicto esclarecedor entre politicas de la memoria

Fuentes: Rebelión

En ningún momento he leído en las declaraciones de las asociaciones AGLA (Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón) y AGE (Asociación Archivo Guerra y Exilio) esa supuesta idea de querer monopolizar el Homenaje celebrado anualmente en Santa Cruz de Moya; hasta ahora convivían con otras asociaciones representativas de esa resistencia. Cuando leo en la web […]

En ningún momento he leído en las declaraciones de las asociaciones AGLA (Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón) y AGE (Asociación Archivo Guerra y Exilio) esa supuesta idea de querer monopolizar el Homenaje celebrado anualmente en Santa Cruz de Moya; hasta ahora convivían con otras asociaciones representativas de esa resistencia.

Cuando leo en la web de «foro por la memoria » o en la de «la Gavilla verde», los correos de los que saltan a defender al «pobre alcalde» de Santa Cruz de Moya y sus activos acólitos de «la Gavilla verde atacada», me parece que sus autores no comprenden lo que se está jugando en esta confrontación de opciones en torno al homenaje a la guerrilla antifranquista y que desplazan el problema planteado en ese conflicto. Así confunden sin cesar las Jornadas con el Homenaje..

No comprenden que la operación de transferir -después de un voto municipal es cierto- la responsabilidad de organizar este Homenaje a la asociación «apolítica» y cultural Gavilla verde es una manera aparentemente muy «democrática» de alejar a las asociaciones que combaten la desmemoria sobre un terreno político y parlamentario (PNL…), asociaciones que tienen otra manera de concebir el ejercicio y el deber democrático de crítica hacia la política institucional de la memoria (o desmemoria) y claro, resultan ser asociaciones que pueden enfadar a responsables (y financiadores) tan consensuales como es el señor Bono o gente de su estilo. Al fin y al cabo, en Santa Cruz de Moya, estamos en tierras del señor Bono, el mismo Bono que organizó hace poco ese homenaje insultante para la conciencia antifascista europea, un homenaje conjunto a los voluntarios de la división azul y a los resistentes republicanos españoles, algo impensable, que sobrepasó los principios morales y democráticos de cualquier país de la UE.

Tanto nos sorprende, a nosotros hijos de exiliados, esa delegación de un acto político y simbólico tan fundamental como es el homenaje a los resistentes antifascitas por parte de los representantes del Estado que me pregunto ¿Por qué el alcalde de Santa Cruz de Moya le encarga a la Gavilla verde esa «tarea» de la organización material de este evento? (Digo sólamente material porque la autoridad moral no se pude sustituir ni usurpar nunca, por mucha violencia que se ponga). Acaso será porque el mismo alcalde sigue muy poco convencido de la legitimidad de las reivindicaciones actuales de los guerrilleros… Supongamos que el alcalde de Santa Cruz de Moya se sirva de la Gavilla verde para «controlar», institucionalizando y neutralizando, el contenido reivindicativo de ese homenaje a la guerrilla, demasiado radical y conflictivo según él. Bueno no es tanta sorpresa, él hace su trabajo «político» conforme a sus opciones tal y como lo hizo el PSOE subiéndose al carro del resurgir de la memoria (como lo analiza de manera tan esclarecedora Francisco Espinosa) para canalizar un movimiento nacido en la sociedad a favor del rescate de la memoria de la represión franquista y orientarlo para que sea compatible con sus límites e intereses inmediatos.

Más extraño es lo que pasa con esa gente de la Gavilla y sus amigos defensores. Y no dudo que entre ellos hay personas muy honestas, supongo que lo que ocurre es que no comprenden muy bien el sentido político de su actuación en la farsa triste que les están haciendo jugar en ese escenario de Santa Cruz de Moya.

No ven que la eliminación de los guerrilleros reunidos en AGLA y AGE equivale a la eliminación de un cierto tipo de homenaje que había dejado de ser un peregrinaje nostálgico para convertirse en punto de movilización para las reivindicaciones aún pendientes en el presente, o sea la eliminación de una cierta opción sobre cual debe ser la plaza de la memoria antifascista en la España de hoy.

Esos amigos partidarios del protagonismo de la Gavilla verde enfocan y desplazan el verdadero problema que se está planteando en el cuadro del homenaje, y sugieren en sus mensajes -por ejemplo el publicado en el «foro por la memoria»- que las cartas de AGLA y AGE dirigidas al alcalde se explican por la voluntad de eliminar a los otros, por celos y por resentimiento, al no ser ellos mismos capaces de organizar las «Jornadas». Aunque el nivel de esta «argumentación», si es que puede llamarse así, carezca de dignidad, quiero responder a esa insultante insinuación.

Ya que se autorizan estos actores, a esta interpretación nominada de «sicoanálisis salvaje» les podemos devolver su invitación a sondear las causas profundas y no explicitas, de su propia visión de la situación. ¿No será que ellos mismos pintan a los otros como lo que son ellos mismos? ¿De acuerdo con un clásico mecanismo psicológico de «proyeccion» que consiste en atribuir a los demás lo que desea uno mismo, o específicamente lo que está haciendo uno cuando no tiene la conciencia tranquila?

Para concederle algo, a ese sicologo improvisado:puede ser que tengan alguna envidia esos viejos combatientes a ese «lujo intelectual», socialmente determinado, que supone poder pasarse el tiempo ocupándose de la cultura y de la investigación, ya que muchos desgraciadamente se pasaron la vida en el monte, la cárcel, la tortura y el exilio, y en el exilio, en la mayoría de los casos, trabajando de obreros o sirvientas ¿O tendremos que recordarles a este experto abogado que esta lucha armada se nutrió mayormente del pueblo? Como no comprender la amargura de los que se quedaron solos, después de haber sido abandonados y perseguidos, derrotados y borrados del mapa, sin voz durante cincuenta años y ven, cuando se pone de moda el tema, como en cuatro días los que tienen el poder mediático, institucional y el saber hacer (sabidurías que son herencias sociales y a la vez instrumentos de dominación social) proporcionan a una asociación cultural unos medios y un espacio de expresión que ellos, los guerrilleros, nunca tuvieron. Todo es posible, la envidia es humana, los hombres son lo que son admirables y a la vez dominados por «pasiones tristes», todos los hombres, y sin querer herir a nadie, añadiría los «abogados de la Gavilla verde » también.

Pero diré de paso que el mensaje de ese «sicoanalista salvaje» -que no nombraré porque no quiero entrar en polémicas personales- me parece espeluznante de vanidad y de desprecio social hacia el Homenaje tal y como se organizaba hasta ahora; claro que todos tendríamos quizá críticas que formular; la crítica, el sentido del humor, son necesarios, pero no al punto de perder de vista lo esencial.

Y lo esencial ¿Qué es? Pues es el reconocimiento político de la résistancia armada contra el franquismo que representa este Homenaje de Santa Cruz de Moya. Y no estoy hablando aqui por supuesto de la Jornadas que también son muy interesentes desde otro punto de vista, ya que los organizadores culturales o académicos expertos hacen una buena actuación en su terreno específico respeto a la guerrilla antifranquista: eso lo hacen todos los días en sus periódicos, en sus universidades, sus institutos, sus películas, sus libros o en su oficina de desarrollo cultural y turístico. Lo esencial aquí es que los actores mismos de la guerrilla han tomado un espacio de palabra , hoy, en esta sociedad que no les reconoce todavía su papel histórico, político y ético.

Y esta intervención, esta trasmisión de los actores y testigos de la historia nadie la puede llevar a su ámbito por mucho talento artístico o científico que tenga. Porque no se trata de construir un objeto histórico ni un objeto estético. Se trata de que esos actores puedan trasmitir su experiencia de la historia, su memoria de la resistencia y su conocimiento de como fue enterrada o desenterrada la memoria de esa resistencia en el presente. Se trata de testimonios.

Entonces quisiera decirle a ese «psicoanalista salvaje» que tanto «analiza» los móviles afectivos de los guerrilleros de AGE y AGLA, que si quiere ser digno del carácter riguroso de su trabajo de historiador, no puede seguir confundiendo tan groseramente el espacio de la historia y el espacio de la memoria : espacios siempre relacionados pero que son distintos aunque la memoria tenga su historia ( sus condicionantes) y la historia no se pueda hacer sin memoria. No puede seguir confundiendo la responsabilidad moral y política del testigo por una parte, y por la otra la profesionalidad científica del investigador, la cultura del militante asociativo o la estética del artista.

Pero que se tranquilicen esos abogados de la Gavilla verde . Por muy torpes que sean estos viejos guerrilleros en montar operaciones culturales de tipo «Jornadas», por muy agotados que estén de correr de un punto a otro de la península para despertar las conciencias dormidas, tan ausentes a la hora de manifestar su solidaridad, ellos, los actores guerrilleros no han perdido la capacidad de saber cual es su sitio en la historia y su responsabilidad en el presente y en el futuro de la memoria.

Saben, por un conocimiento físico apasionado que les impide irse por las nubes, que tienen una misión urgente, y diría laicamente sagrada, acerca de sus compañeros y compañeras muertos en las cunetas, despreciados como perros por una sociedad tan «democrática» que quiere eliminarlos de su escenario después de haberlos disfrazado de terroristas, y recientemente en monigotes valedores de unos u otros.

Y su misión no es de coordinar por ejemplo Jornadas culturales o sólamente quedarse quietos como un buen objeto de estudio, o como una buena fuente oral que trasmite su relato de lo vivido a los especialistas, lo que por cierto han hecho y hacen con todo corazón con las personas sinceras y competentes. Por supuesto su misión no es quedarse dóciles como un espectacular animal de circo o un pintoresco monigote de corcho en el teatro kitsch de algunos museos improvisados que hemos visto estos últimos años (en Santa Cruz de Moya por ejemplo), museos que te matan por segunda vez, por mucha vida que te quede dentro.

Ellos aún están muy vivos, y como seres vivos y ciudadanos presentes que son, saben muy bien que no tienen que confundir la responsabilidad política y ética del testigo superviviente con el trabajo crítico del historiador.

Lo saben con la memoria del cuerpo, con el corazón y la inteligencia, y muchos estudiosos que se atreven, por vía de paginas web, a darles (si pueden conectarse con sus destinatarios…) lecciones de moral, deberían acordarse de lo que nos enseñaron tantas veces nuestros maestros, que «ciencia sin conciencia es la ruina del alma».

Ellos, los guerrilleros, saben que su misión es seguir siendo en el presente los testigos, los centinelas, los vigías de un pasado de esperanza y lucha que aun no cumplió todas sus promesas.

No tienen tiempo, a estas alturas, de jugar a ser lo que no son, ni de dejar vació el lugar que ellos solos pueden ocupar como testigos, justamente porque su tiempo esta contado y aún, desgraciadamente pasados cincuenta años de acabar la guerrilla, no han podido hacer que esta sociedad española tan «conectada» pague verdaderamente la deuda que tenemos todos con de los que dieron su vida por nuestra libertad.

Porque es una infinita pesadilla, para ellos, saber que sus compañeras enlaces, torturadas a muerte por un acto de resistencia antifascista, aún en 2005, tienen que convivir «democráticamente», sin tener ningún reconocimiento ni reparación, al lado de los torturadores fascistas los cuales si disfrutan de condecoraciones y pensiones.

Porque ocurre con ellos lo que ocurre con todos los supervivientes de las masacres totalitarias: no les queda más remedio que luchar hasta su último aliento de vida para que esas mujeres sean reconocidas y esos compañeros sean dignificados.

Y por eso vinieron a ver al alcalde de Santa Cruz de Moya allá por el año 1999, como van a otros sitios, porque su historia y su memoria fue y sigue siendo sin fronteras, y por eso fueron a entrevistarse también con los personeros de la Gavilla verde, tan profesional, conectada e interesada en cosas de guerrilla, para pedirles su apoyo político en el trabajo de memoria actual, indicándoles el lugar importantísimo que debe ocupar esa resistencia en la memoria nacional, para defender en las instituciones la PNL, parcialmente votada en mayo del 2001. Y por eso les hizo tanto daño y les causó tanta desilusión oír de esas mismas personas, que se preocupan tanto de su historia pasada en sus Jornadas culturales, la repuesta cobarde y vergonzosa que ellos nunca creyeron que pudieran recibir «no, nosotros no podemos entrar en política». ¡Cómo si la memoria y la justicia fueran apolíticas! Ese día comprendieron los guerrilleros que la memoria de la guerrilla les importaba «mucho» a los asociados de la Gavilla verde, pero no hasta el punto de luchar contra una política de olvido y defender una política democrática y de orgullo histórico como es esa memoria

Saben los guerrilleros antifranquistas que su tarea actual es de continuar su trabajo de memoria dentro de la sociedad y dentro de las instituciones , convencer a los amigos de la democracia de su légitimas reinvindicaciones asi como se contemplan el proyecto no de ley que presentan este otono a la mesa del congreso de los diputados : donde instan al gobierno espanol socialista a:

1- Reconocer jurídica, moral y económicamente a los ciudadanos y ciudadanas que integraron o apoyaron la resistencia armada antifascista, con el fin de restablecer la legitimidad constitucional republicana. En este sentido, se harán efectivas las indemnizaciones y beneficios sociales que se deriven de este reconocimiento.

2- Proceder a trasladar la documentación personal e institucional relativa a la guerrilla a un archivo histórico público y civil con la finalidad de facilitar su conservación, tratamiento y acceso tanto a los afectados y familiares, como a los investigadores.

3- Incluir lo demandado en el Proyecto de Ley de la Memoria

De modo que no se inquieten los partidarios de la Gavilla verde, el único problema que preocupa a los guerrilleros de AGE y AGLA es: ¿Cómo y quién organiza el Homenaje? ¿Quién y para qué fin?

Y para darles más tranquilidad que vuelvan a leer la carta pública que mandaron los guerrilleros de AGE y de AGLA al alcalde de Santa Cruz de Moya; verán que no niegan que la actividad cultural la gestione muy bien la Gavilla verde ¿Cómo no van a reconocer su balance? Lo que cuestionan en esa carta los guerrilleros de AGLA y AGE es, por tanto, que la Gavilla verde tenga la autoridad como para organizar el Homenaje. Y me parece efectivamente que una asociación cultural que trabaja para el desarrollo del turismo local y «no quiere entrar en política » no puede tener ni autoridad moral, ni autoridad política, ni autoridad histórica en ese caso concreto. . Hablemos primero de autoridad moral o simplemente de decencia. El hecho de que el alcalde de Santa Cruz de Moya y los militantes de la Gavilla verde no hayan querido solidarizarse para apoyar la PNL concebida en Valencia en 1999 por AGLA y AGE, con el apoyo de algunos intelectuales y políticos como Alfons Cervera y Willy Meyer entre otros (lo que fue finalmente aprobado parcialmente en el parlamento en mayo 2001) es ya una toma de posición que manifiesta un cierto punto de vista sobre cual debe ser la valoración de ese pasado en la memoria nacional actual. Hay un desacuerdo político, con los actores mismos, de lo que se debe conmemorar ahí.

Pero el hecho de que esos mismos activistas de la Gavilla verde, no teniendo ninguna legitimidad histórica ni política, al mismo tiempo que rehusan apoyar las reivindicaciones del PNL pretendan gestionar ese espacio político del Homenaje, excluyendo u ocultando la expresión de los guerrilleros que luchan actualmente por su dignidad, raya en lo vergonzoso.

Además, esa delegación de la Gavilla verde que pretende monopolizar la responsabilidad del Homenaje quitándosela a los guerrilleros, lo presenta como un acto «apolítico», reafirmando su deseo de «no politizar el debate»

Claro que todos pensamos que es reprochable instrumentalizar la memoria…por ejemplo trasformándola en objeto mercantil, o en instrumento electoral, y en ocasiones valerse de ella para medrar a costa de los que fueron derrotados, y todas esas cosas inmorales que podemos observar con tristeza todos los días. ¿Pero quién es tan ingenuo como para creerse que el debate sobre la memoria no es un debate político, en el buen sentido de la palabra? ¿Un debate sobre los valores que deben orientar a una sociedad?. O, si no es así ¿Para qué remover el pasado?

Los sectarismos y los afanes de protagonismo son muy censurables, ¿Qué hacer? ¿Quedarse afuera «apolíticos», sin comprometerse en nada? Como si la des-politización de la memoria de la resistencia antifascista no fuera un acto políticamente inmoral. No hay remedio, estamos todos embarcados, la abstención es aun una acción y la neutralidad es una ilusión. . Lo quieran o no, el Homenaje es un gesto político, luego su modo de organización y sus límites tienen un sentido político, y aunque parezca políticamente incorrecto decirlo, para nosotros los hijos de los guerrilleros, esta delegación de un poder organizativo que no quiso comprometerse públicamente para un cambio en cuanto a la apertura de los archivos de la represión de la guerrilla, y que se negó a apoyar el reconocimiento de los guerrilleros, esa delegación políticamente es bastante despreciable.

Pero nos preocupa también la «neutralidad selectiva» de algunos abogados investigadores de la Gavilla verde. Nosotros que hemos nacido aquí, en Francia, en el país de Voltaire, de Zolá, de Jean -Paul Sartre y Michel Foucault, para citar sólo algunas de las figuras que nos ayudaron a pensar cual debe ser la responsabilidad de los intelectuales en la historia, no acabamos de comprender como puede uno ocuparse de estudiar la resistencia antifascista o antifranquista sin defender valores de resistencia. Como lo saben de sobra los historiadores que estudian este tema, ese objeto de estudio impone una ética. Y eso no implica dejar de ser críticos con todas las fuentes de investigación (fuentes orales, archivos oficiales, testimonios escritos, etc.,) y todos los discursos presentes y pasados, y por supuesto el de los testigos, pero también el de los expertos, los científicos que saben de sobra que lo primero que les impone el rigor de su trabajo es aclarar desde dónde hablan ellos, para qué y para quién.

Nos parece correcto que esos investigadores no «entren en política» cuando construyan su objeto de estudio y se queden en su terreno cumpliendo con su labor específica. Se comprende muy bien que no sientan interés por la situación presente de los guerrilleros, es su derecho, aunque nos duela, pero que usen de su autoridad científica, y en el caso de Javier Rodrigo del poder social que les da su estatuto para entrar con desprecio en un debate político sobre quien debe ocuparse del Homenaje a los guerrilleros, es algo que está completamente fuera de su competencia y reprochable.

Esta indiferencia frente a la situación de marginación política que viven en el presente los guerrilleros, digámoslo francamente, ante esa injusticia histórica no sólo los ofende a ellos, a los guerrilleros, también es una herida para nosotros los descendientes de estos guerrilleros exiliados. Pero lo más importante es que es una herida para la democracia española: una grieta en la confianza que podemos tener, todos nosotros, en la capacidad que tiene esta sociedad española de enfrentarse con su pasado fascista, y desterrar la idea de que son equivalentes los franquistas y los antifranquistas, y exponer sin complejos los valores que pueden servir de fundamento a una democracia.

Como hija de resistentes, espero que se pueda desarrollar democráticamente esa confrontación y que los concejales vuelvan a revisar la decisión que aprobaron, seguramente sin analizarla bastante, adoptando una solución honesta, haciendo triunfar el derecho moral, histórico y político que defienden los guerrilleros.

Desde un punto de vista democrático y ético seria verdaderamente chocante que ganasen, en esa batalla de la representación, los que no han querido ni quieren comprometerse para defender hasta sus últimas consecuencias en la sociedad actual, los valores de la lucha antifascista «no queriendo entrar en política» como dicen, o sea aseptizando la memoria.

Supongamos que aquí en Francia, para no enfadar a nadie, se conmemorara o estudiara la historia de los resistentes antinazis sin entrar en un debate de valores que termina entre político y conflictivo, claro en el buen sentido de la palabra, sobre el lugar que tiene que ocupar en la memoria nacional ¡Sería inconcebible! Esa comparación tiene sus límites porque en Francia el presidente de la Republica condenó al régimen de Vichy y al fascismo, los torturadores han sido juzgados por tribunales estatales y no les dan pensiones y condecoraciones. Lo que no es el caso ni en Santa Cruz de Moya ni en ninguna parte de España en el día de hoy.

Por eso, pueden los concejales y alcaldes franceses asumir la responsabilidad, junto a los representantes de los ciudadanos y del estado, de la organización de un homenaje a la resistencia armada contra el fascismo, apoyándose en las asociaciones de excombatientes, para ser dignificados y no despreciados, todo lo contrario de lo que pasa hoy en Santa Cruz de Moya. Y es así porque esos homenajes tienen un valor pedagógico, sirven para trasmitir valores y no solamente para fomentar el desarrollo turístico y cultural. Puede que las conmemoraciones sólo sean espacios de compromiso donde memorias diferentes tienen que negociar con los límites que les impone su inscripción en el espacio público colectivo. Pero creo que si la idea de «memoria democrática»- como dice Francisco Espinosa – tiene algún contenido, es el de permitir la expresión de esas maneras diferentes de relacionarse con el pasado, sin drama, porque el diálogo y la conflictividad de las visiones es la materia misma de una práctica democrática. A mi parecer lo normal sería aceptar que existen maneras divergentes de relacionarse con ese pasado, pero siempre manteniendo sus valores. Y esa pluralidad de espacios y de enfoques podría garantizarla, en un estado democrático, una entidad representativa como sería un representante de todos los ciudadanos. Lo normal sería, teniendo ya en Santa Cruz de Moya un espacio de tipo cultural como son las Jornadas, apoyar que siga existiendo otro tipo de espacio, claramente politico concebido con los resistentes que ahí se identifican. Simplemente sería comprender que la evocación de la resistencia antifranquista debe ser, para ellos y para todos los que pedimos que se concretice plenamente, la ruptura con el pasado franquista, un poco más que una aproximación cultural o una celebración apolítica. Tendría que estar muy enferma esta democracia española para que no puedan soportar ciudadanos, concejales y alcaldes, cuanto más de izquierda, ese debate contradictorio sobre que debe ser el trabajo de memoria

Para que este conflicto de opiniones tenga valor pedagógico, es mejor volver al fondo del debate aprovechando la ocasión que nos proporciona esta confrontación de concepciones en el teatro de Santa Cruz de Moya, para aclarar un poco entre nosotros la cuestión esencial : cuales deben ser las condiciones éticas y políticas del trabajo de la memoria sobre el pasado de la resistencia armada al franquismo, lo que puede ser útil para el presente y el futuro.

Es una pregunta abierta, y no tengo la respuesta, pero lo que sé con certeza es que NO es borrando otra vez del mapa a los que fueron perseguidos, estuvieron en la clandestinidad por su compromiso antifascista y silenciados por los políticos consensuales de la transición. NO es borrándoles o convirtiéndoles en objetos pasivos, espectadores de su propia conmemoración, otra vez sin voz, sin reconocimientito, en una ceremonia que debería estar centrada y dedicada a ellos.

* Odette Martinez Maler. Vocal de la Junta Directiva de la Asociación Archivo Guerra y Exilio (AGE).