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El lado oscuro de los nuevos cafés y restaurantes elegantes de Gaza

Fuentes: Rebelión

Traducido del inglés para Rebelión por Jesica Safa

Los nuevos establecimientos que surgen en la devastada Gaza revelan una nueva realidad genocida.

Las redes sociales están llenas de publicaciones que muestran fotos y vídeos de cafés y restaurantes elegantes en Gaza. Los relatos proisraelíes a menudo usan estas imágenes para afirmar que la vida ha vuelto a la normalidad en Gaza, que la gente no está sufriendo y que nunca hubo un genocidio.

Estos cafés y restaurantes existen, yo misma los he visto.

A fines de marzo hice mi primera visita a la ciudad de Gaza desde que comenzó la guerra. Me sorprendió ver la destrucción causada en la ciudad. Había montones de escombros en cada esquina. Incapaz de reconocer las calles, me sentí como si estuviera paseando por un laberinto. Pronto llegué a una zona cercana que me sorprendió aún más, estaba llena de cafés nuevos que no existían antes de la guerra.

No eran lugares improvisados o temporales como uno podría esperar; fueron construidos con materiales caros, cuidadosamente pintados, amueblados con mesas, sofás y elegantes sillas, con fachadas de vidrio y luces brillantes. Una sensación de lujo emanaba de ellos. Se veían tan fuera de lugar entre los escombros y los edificios medio derrumbados que verlos parecía casi surrealista.

Estos nuevos establecimientos no demuestran que la normalidad está volviendo a Gaza, sino que son un testimonio de su continua anormalidad genocida.

La guerra enriqueció a algunas personas en Gaza, especialmente las que se dedicaban a actividades ilícitas como el contrabando, el saqueo y el acopio de fondos durante períodos de escasez aguda. Esta riqueza ahora está saliendo en varias formas, incluidos cafés y restaurantes de lujo.

Paralelamente se ha empujado a la gran mayoría de la población de Gaza a una pobreza abyecta. Mientras que antes de la guerra, una persona promedio podía permitirse sentarse en un café y tomar una copa y un bocado para comer, hoy ya no es así.

La mayoría de las personas ni siquiera pueden mirar estos nuevos lugares, mucho menos entrar en ellos y pedir algo. La gran mayoría de la población de Gaza vive en tiendas de campaña, no tiene electricidad ni agua potable y ha perdido su medio de vida. Sobrevive con la escasa ayuda que Israel permite entrar.

Yo soy una de ellos, mi familia y yo vivimos en una tienda de campaña cerca de los escombros de nuestra casa en el campo de Nuseirat. Hemos perdido nuestro sustento familiar y la vida cómoda que solíamos tener ahora es solo un recuerdo distante.

Estos nuevos establecimientos costosos reflejan un orden social profundamente injusto que ha surgido en Gaza, un orden en el que la especulación de la guerra ha elevado a una nueva clase privilegiada y ha hundido a la gran mayoría en la miseria sin acceso a una educación adecuada, atención médica e incluso alimentos. El genocidio no solo mató y mutiló a personas y destruyó hogares y escuelas; eliminó la perspectiva de una vida normal para la mayoría de las personas en Gaza.

No podía pagar los cafés de lujo, así que continué por la calle hasta llegar a un restaurante más modesto al que solía ir con amigos antes de la guerra. Entrar en él era como retroceder en el tiempo a los días previos a la guerra; el lugar era el mismo, con las mismas sillas y mesas, y los olores familiares que llenaban el espacio.

Me senté y observé reflexionando sobre recuerdos entrañables de haber pasado tiempo allí al salir de clases en la universidad. Pedí lo que solía pedir: un wrap de pollo, una soda y un plato pequeño de ensalada. La factura era de 60 shekels (20 dólares), más de tres veces lo que yo pagaría antes de la guerra, cuando mi familia tenía unos ingresos normales.

La cuenta del restaurante, junto con el precio que pagué por un viaje compartido a la ciudad de Gaza (15 shekels o 5 dólares por trayecto), me costó una fortuna. Me sentí culpable gastando todo este dinero para disfrutar de un atisbo de normalidad.

Los pocos que tienen la suerte de poder permitirse ir a cafés y restaurantes en Gaza pueden disfrutar de breves momentos de alivio, un escape temporal de los horrores de la realidad. Sin embargo, estos momentos son limitados, a menudo acompañados de ansiedad de regresar por las calles destruidas, el paisaje bombardeado y el trauma.

Mientras me sentaba en Al-Taboon, pensé en los amigos con quienes solía pasar tiempo: Rama, que fue martirizado y Ranan, que escapó a Bélgica. Me senté allí sola, aferrada a estos recuerdos en medio del gris de los escombros de Gaza y las luces de los cafés alimentados por generadores.

El genocidio ha devastado a todos, incluso a quienes se han aprovechado de él. Ningún tiempo pasado en resplandecientes cafés y restaurantes borrará nunca esta realidad.

Eman Abu Zayed es una escritora palestina que vive en Gaza.

Texto original: https://www.aljazeera.com/opinions/2026/5/2/the-dark-side-of-gazas-new-fancy-cafes-and-restaurants

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.