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El nuevo fundraising de las ONG y el ejercicio de la anticooperación

Fuentes: Rebelión

Inditex, El Corte Inglés, Banco Santander (BSCH), Endesa, Springfield, Women’s Secret, Telefónica, Vodafone, Cortefiel, ADIF, Grupo Prisa (El País, Cadena Ser, Expansión, etc.), COPE (emisora de la Conferencia Episcopal)… Son algunas de las empresas y medios que colaboran con la campaña SOMOS, con la que se homenajea a los socios desde algunas grandes ONG (Acción […]

Inditex, El Corte Inglés, Banco Santander (BSCH), Endesa, Springfield, Women’s Secret, Telefónica, Vodafone, Cortefiel, ADIF, Grupo Prisa (El País, Cadena Ser, Expansión, etc.), COPE (emisora de la Conferencia Episcopal)… Son algunas de las empresas y medios que colaboran con la campaña SOMOS, con la que se homenajea a los socios desde algunas grandes ONG (Acción contra el Hambre, Ayuda en Acción, Cruz Roja, Manos Unidas, Movimiento por la Paz, Médicos del Mundo, Plan, Intermón, Ongawa, Save the Children, Solidaridad Internacional, etc.). Todas ellas muy respetables, y seguramente las únicas que sobrevivirán a la criba brutal que se está produciendo en todo el movimiento social y asociativo de la cooperación y la solidaridad internacional en España.

 

Se trata de una operación muy hábil de la Asociación Española de Fundraising, que al grito de «Unidos para cambiar el mundo», se celebra vistiendo una prenda al revés, el día de hoy.

 

Se observa que actualmente la cooperación ya no tiene como referente aquella reivindicación histórica de justicia y solidaridad que llevó a cientos de miles de ciudadanos/as a las calles durante las movilizaciones por el 0’7% del PIB, y que marcaron el inicio del despegue de la cooperación española, especialmente la cooperación descentralizada, basada en un sistema de participación social muy positivo. La cooperación actual tiene un mayor enfoque de asistencialismo y caridad, y especialmente, de interés económico de las grandes empresas españolas, que encabezan la expansión internacional en su cruzada neocolonialista. La llamada «marca España», distintivo al que también pertenece, por lo que parece, la cooperación española, ya sea de origen público o privado.

 

Al final resulta ser un «cambiar el mundo para que nada cambie». Frente a eso, me quedo con lo que dice Jean Ziegler: «no se trata de dar más, sino de robar menos».

 

Con estas empresas de la mano, defendiendo e imponiendo por el mundo nuestro sistema capitalista y neoliberal, jamás se conseguirá un solo avance, como no sea sólo para curar las heridas que deja el sistema especialmente entre las poblaciones más vulnerables, sin entrar en la raíz del problema, y sin evitar que esas heridas se vuelvan a abrir una y otra vez. El sistema no necesita organizaciones críticas que le plante cara y lo denuncie; necesita organizaciones que vayan poniendo tiritas, o salvitas (o curitas, como se diga), en las heridas que va dejando por el mundo a su paso; algunas de ellas heridas mortales, que no tienen solución.

 

De nada sirve la aportación económica, si al mismo tiempo no hay una responsabilidad y una exigencia política de verdadero cambio, de transformación real de las bases de la injusticia social, de las desiguales relaciones comerciales y económicas entre los países más poderosos y los más desfavorecidos. No se puede pretender luchar contra la pobreza y al mismo tiempo aupar, defender o ir de la mano del mismo sistema que genera esa pobreza. Vamos, yo jamás he visto que para luchar contra la pobreza y contra la desigualdad en las relaciones Norte-Sur, haya que ir de la mano de lo más representativo de las empresas multinacionales.

 

Una lástima ver una parte importante de la cooperación española más preocupada por el fundraising que por el verdadero cambio político, social y económico que exige el momento, frente a la crisis económica, pero sobre todo, medioambiental y alimentaria. Una lástima.

 

Al margen quedan otras organizaciones de base y comités de solidaridad, entrampadas ahora con la crisis, pero que son organizaciones críticas, de espíritu transformador, que padecen más que nadie la crisis. Estas otras organizaciones tampoco van a desparecer aunque indudablemente su capacidad de movilización de recursos se limitará significativamente; pero a pesar de ello, mantienen su esencia, su espíritu de solidaridad, y su activismo social, lo que les hace invencibles, al contrario, hechas para vencer.

 

Paz Ahora, Paz con Dignidad, Paz y Solidaridad, Iepala, Sodepaz, Soldepaz Pachakuti, Entrepueblos, Acsur Las Segovias, Mundubat, OSPAAAL, y algunas otras (por no mencionarlas a todas), así como decenas, centenares de pequeñas asociaciones y comités de solidaridad y cooperación o amistad entre los pueblos, constituyen el verdadero tejido social de la población más crítica y consciente políticamente, que son un germen real del cambio necesario. Y que ahora están sufriendo la peor parte de la crisis, entre otras cosas, porque han preferido ser críticas con el sistema y denunciarlo. Como denuncian habitualmente los abusos y las violaciones de los derechos humanos, sociales y de los pueblos, de la mayoría de estas empresas que aparecen ahora colaborando con esta campaña.

 

A eso no debemos renunciar jamás. Pero sí podemos y debemos renunciar al fundraising a costa de lo que sea, no sólo por respetar los principios propios, sino porque en la práctica supone un verdadero ejercicio de ANTICOOPERACIÓN: lo que das por un lado en forma de ayudas puntuales y asistenciales, lo quitas por otro, en forma de defensa o complacencia con la explotación de recursos naturales, recursos humanos, mano de obra infantil, alimentos, tierras de cultivo…

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