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El precio que los judíos de origen oriental pagan por servir en el ejército israelí

Fuentes: 972mag

Traducido del ingés para Rebelión por J. M.

Los mizrajíes se ven obligado a realizar el trabajo sucio de la ocupación, enfrentándose con los palestinos en Cisjordania. No tiene que ser así.

Unos palestinos se enfrentan con las tropas israelíes durante la ciudad de Hebrón en Cisjordania, el 9 de febrero de 2018. (WisamHashlamoun / Flash90)

Es difícil saber con certeza qué tipo de consideraciones se encuentran en el centro de la creciente crisis entre el Primer Ministro Benjamin Netanyahu y Avigdor Liberman, que puede dar lugar a elecciones anticipadas, en caso de que no puedan formar una coalición juntos.

Pero hay algo casi ridículo en el hecho de que no pueden ponerse de acuerdo sobre un tema que, en todos los aspectos, es uno de los mayores fraudes colectivos en nuestro discurso público: el reclutamiento forzado de israelíes ultraortodoxos.

El fraude comienza con la idea de que uno podría dignarse a designar al ejército israelí como un «ejército popular» debido al reclutamiento forzoso de todos sus ciudadanos. El «pueblo», por supuesto, se refiere solo a los ciudadanos judíos de Israel; de todos modos, los ciudadanos palestinos de Israel no tienen parte en esta historia.

Pero incluso entre los judíos israelíes el reclutamiento forzado está lejos de ser una cuestión de consenso. El profesor Yagil Levy, que investiga la relación entre el ejército, la política y la sociedad israelí, dice que la lucha para reclutar a los ultraortodoxos, la mayoría de los cuales se niegan a servir en el ejército, representa la caída de la noción del «ejército popular». «Y ese término se ha vaciado de todo significado real, la implacable demanda de reclutar a todos los israelíes judíos ha hecho la carrera de varios políticos cínicos y oportunistas.

No hay razón, entonces, por la cual no deberíamos ampliar la conversación sobre el reclutamiento forzoso de otros grupos en la sociedad israelí, incluyendo a los mizrajíes (judíos de países árabes y/o musulmanes).

Junto con la mentira de un «ejército popular», el espíritu militarista de Israel ha ayudado a reforzar el engaño del papel del ejército como el gran igualador de la sociedad israelí, el boleto de admisión a la propia «israelidad». Pero la persecución de los mizrajíes que comienza en los barrios abandonados y en las ciudades en desarrollo de la periferia del país y continúa con el envío de muchos adolescentes mizrajíes a escuelas vocacionales, continúa en el ejército.

Allí son enviados a participar en la vigilancia policial y la lucha contra los palestinos en los territorios ocupados, mientras los israelíes de clase media y alta tienden a servir en unidades especiales. Al igual que con las oportunidades educativas, en el ejército, los mizrajíes son enviados a la periferia para servir como trabajo negro en la parte más baja del escalafón. Esto solo se ha intensificado con el asalto organizado por la comunidad nacional-religiosa en posiciones de alto rango en el ejército.

Es cierto que en el ejército de Israel, a diferencia del establecimiento legal o político de Israel, los mizrajíes tienen una mayor movilidad social que les permite alcanzar la cima de la pirámide. Pero esta es la otra cara de la misma tragedia, es un sistema en el que la opción de ascender en las filas está indisolublemente unida a la identidad que tiene como modelo arabizar a los mizrajíes para que adopten la imagen de un mista’arev (soldados encubiertos que pasan como árabes). Así ha sido, en pocas palabras, la historia de la relación con el sionismo de los judíos mizrajíes durante las últimas siete décadas, opresión y discriminación debido al componente árabe en la identidad de los mizrajíes, al tiempo que promete que si simplemente eliminan cualquier signo de arabidad y desarrollan un odio ardiente hacia los árabes, aumentarán sus posibilidades de unirse al club.

Esta dinámica destructiva fue una parte importante del proceso mediante el cual amplias franjas del público mizrají adoptaron las políticas de los halcones de derecha (junto con los pecados cometidos por la izquierda). Pero en el ejército, esta dinámica toma un giro aún más trágico, reclutar a la identidad de mizrají como un arma de autodestrucción. Esto se puede ver, por ejemplo, en la forma de mizrahi mista’arevim, que son enviados a los territorios ocupados y usan su apariencia árabe para ir a la guerra contra otros árabes y por lo tanto contra su propia identidad árabe.