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El turismo al servicio de la ocupación y la anexión

Fuentes: Al Shabaka

Traducido del inglés para Rebelión de Loles Oliván Hijós

El turismo, y más concretamente el turismo religioso, juega un papel directo en la legitimación y la intensificación del expolio de tierras palestinas por parte de Israel.

En un momento en que las tentativas de anexión del gobierno de extrema derecha de Netanyahu, respaldadas por la Casa Blanca de Trump, violan flagrantemente los derechos humanos y el derecho internacional, el turismo israelí en territorio palestino ocupado (TPO) resulta esencial para dicha expansión y para convertir a los turistas y a las empresas turísticas en cómplices. De hecho, son muchas las organizaciones que han denunciado el turismo en el interior de los asentamientos ilegales israelíes, y el papel de diversas empresas en la expansión de los asentamientos. 1

Este artículo examina el papel histórico y sostenido de la industria del turismo desde los albores del movimiento sionista hasta el actual proyecto colonial de asentamiento del Estado israelí. En particular, mediante la propagación de nociones bíblicas relativas a la eterna pertenencia judía a Palestina y el discurso racista de la superioridad judeo-israelí sobre los árabes en términos de gobernabilidad e inteligencia. La glorificación de Israel en la publicidad turística israelí como un Estado moderno extraordinario que expresa la continuidad providencial con un pasado bíblico oculta su sostenida política de desplazamiento, opresión y explotación de los y las palestinas.

El artículo se hace eco de los estudios existentes sobre la complejidad del turismo religioso en Israel y Palestina y ofrece un estudio de caso que ilustra las perniciosas facetas de esta industria. También examina el papel que desempeña el turismo para impedir el derecho de los y las palestinas a desarrollar una industria turística propia que redunde en su beneficio económico, ya que Israel les prohíbe acceder emplazamientos de importancia arqueológica, religiosa y natural palestinos. Por último, apunta algunas iniciativas eficaces encaminadas a sensibilizar a la opinión pública sobre lo pernicioso de la industria turística de Israel, y ofrece recomendaciones para que turistas, peregrinos y sociedad civil internacional apoyen la libre determinación del pueblo palestino mediante un turismo ético.

El turismo como clave del colonialismo de asentamiento sionista

Desde que sus fundadores pusieron los ojos en Palestina a finales del siglo XIX, el proyecto colonial sionista afirmó ofrecer una capacidad de gobierno y una inteligencia superiores para colonizar la tierra. 2 De hecho, en 1944, David Ben-Gurion, dirigente del movimiento sionista y primer primer ministro de Israel, pronunció su famoso discurso, “Los imperativos de la revolución judía”, en el que sugiere que los trabajadores judíos serían maestros que aportarían “conocimientos culturales, científicos y técnicos modernos” para hacer “florecer el desierto”. La iconografía sionista de principios del siglo XX refleja estas ideas de superioridad del desarrollo judío y de la “mano de obra hebrea”. Moshe Shertok, el segundo primer ministro de Israel, reiteró esta idea añadiendo opiniones peyorativas de los árabes: “No hemos venido a una tierra vacía para heredarla, sino que hemos venido a conquistar un país a la gente que lo habita, que lo gobierna en virtud de su lengua y de su cultura salvaje.” 3

La primera publicidad sionista elaborada por la Asociación de Desarrollo Turístico de Palestina utilizó imágenes emotivas y de simbolismo religioso para alentar a los judíos europeos a emigrar a Palestina, un ejemplo reconocido de lo cual es el famoso cartel “Visite Palestina” diseñado por Franz Krausz en 1936. Los objetivos de los carteles encargados por esta Asociación no eran fomentar las visitas puntuales sino la inmigración permanente.

Durante las primeras oleadas de asentamientos sionistas en Palestina las organizaciones sionistas también fomentaron la inversión en hoteles, llegándose a construir varias docenas entre 1917 y 1948. Es importante señalar que la Asociación de Desarrollo Turístico de Palestina utilizó asimismo mapas de Palestina para representar lugares bíblicos judíos sobre topografías existentes, construyendo en última instancia un anclaje visual tanto para imaginar la continuidad judía en Palestina desde la antigüedad hasta el presente, como para planificar un extenso asentamiento colonial que acabase por ocultar toda noción de pertenencia palestina.

Los sionistas se sirvieron de la arqueología y de la búsqueda de yacimientos para legitimar sus reclamaciones sobre la tierra. Como la antropóloga Nadia Abu El Haj argumenta en su histórico libro, Facts on the Ground, las organizaciones sionistas y la primera sociedad israelí de los años 50 y 60 fomentaron la arqueología como “pasatiempo nacional” porque era crucial para la “formación y promulgación del ideario colonial-nacional y para justificar sus reivindicaciones territoriales”. 4 Tanto es así que Edward Said ya apuntó que los sionistas eliminaron Palestina y a los palestinos del registro histórico mediante un turismo basado en una arqueología selectiva y en representaciones orientalistas de árabes y palestinos. 5 En otras palabras, la arqueología se utilizó como herramienta de legitimación ligada fundamentalmente al turismo y a la recreación comunal, convirtiéndose en reclamo de destinos turísticos que se han consolidado como los más populares en la actualidad.

Desde su creación en 1948, el Estado de Israel ha mantenido la agenda sionista con un discurso de superioridad infraestructural, intelectual y productiva respecto a la población palestina a la que sigue suprimiendo mediante la ocupación militar y el desplazamiento continuos. Además, el Ministerio de Turismo israelí sigue perpetuando las nociones de supremacía y superior inteligencia israelíes junto con afirmaciones poco convincentes y refutables de historias bíblicas que proporcionan un falso sentido de continuidad con el pasado.

La utilización permanente por parte de Israel de narrativas bíblicas que excluyen a los palestinos en las guías oficiales y tours es especialmente visible en Jerusalén, el epicentro del turismo religioso. Las guías turísticas israelíes sobre Jerusalén se dirigen particularmente a visitantes cristianos y judíos, e incluyen itinerarios y descripciones de sitios que destacan casi exclusivamente la historia judeo-cristiana. En 2011, el Ministerio de Turismo describía el Barrio Musulmán de Jerusalén así: “El Barrio Musulmán tiene iglesias y mezquitas, y todavía quedan varias casas judías y yeshivas”, omitiendo que las casas judías de ese barrio lo son porque han sido ocupadas recientemente por colonos sionistas extremistas con el respaldo del ejército israelí. 6

Más recientemente, como el gobierno israelí ha prometido la anexión del Valle del Jordán y de partes de Cisjordania, el Ministerio de Turismo de Israel promociona el turismo en los asentamientos instalados en Cisjordania como área de inversión estratégica. No cabe duda de que se refiere al turismo en los asentamientos controlados por Israel –considerados ilegales en virtud del derecho internacional– y que excluye las ciudades y pueblos palestinos, a la mayoría de los cuales el Estado israelí prohíbe la entrada a los israelíes.

Las campañas de turismo de Israel en Cisjordania, además del desarrollo de sitios turísticos arqueológicos en zonas palestinas ocupadas, consuman el robo ilegal de tierras palestinas. Tanto el turismo histórico como el actual participan en la ilegal empresa colonial de anexión israelí por la vía rápida dentro del proyecto global de asentamiento colonial sionista, y son cómplices de la negación del derecho de los y las palestinas a su tierra y a la libre determinación

Efectos perniciosos del turismo de asentamiento

Los asentamientos ilegales israelíes en territorio palestino ocupado (TPO) constituyen una amenaza a la libre determinación de los y las palestinas. Niegan a los palestinos el acceso a los recursos naturales y culturales, y su utilización. De hecho, la explotación de esos recursos por los colonos para el turismo obstaculiza el desarrollo económico palestino, genera dependencia de la ayuda extranjera y fomenta el auge de la empresa colonial de asentamiento de Israel. Es decir, el éxito y la sostenibilidad del proyecto colonial de Israel mediante el turismo colonial depende de la represión económica y militar general que se inflige a los palestinos a través de los asentamientos.

Para ilustrar el alcance de la empresa colonial de Israel en el territorio palestino ocupado es importante contextualizar el acceso desigual a la tierra y a los recursos entre los palestinos y el Estado israelí. En particular, más del 60% de Cisjordania constituye la Zona C, que está bajo el control total administrativo y militar israelí. Un informe de la OCHA de Naciones Unidas de 2017 indicaba que más del 10% de Cisjordania se encuentra dentro de los límites municipales de los asentamientos, lo que crea zonas de amortiguación adicionales alrededor de los asentamientos a las que los palestinos tienen prohibido acceder. Mientras que los límites físicos de los asentamientos constituyen menos del 5% de Cisjordania, un informe del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas de 2013 indicaba que más del 43% de Cisjordania está bajo la jurisdicción de los consejos de asentamientos israelíes. Además, el informe mostraba que estos consejos controlan el 86% del Valle del Jordán y el Mar Muerto.

Al Haq, organización palestina no gubernamental e independiente de derechos humanos, ha publicado múltiples informes sobre la explotación económica de las tierras y los recursos palestinos cisjordanos para el turismo de asentamiento. En su informe de abril de 2020, se denuncia a las empresas turísticas y a sus países de origen por participar en la empresa de los asentamientos en Cisjordania, entre otros territorios ocupados. Como resultado de esos informes, las empresas turísticas que operan en los asentamientos israelíes, como Airbnb, se han convertido en objeto de campañas populares para la desinversión y la rendición de cuentas por violar los derechos humanos. Además, Amnistía Internacional ha denunciado a varias empresas que operan en los asentamientos israelíes y se benefician de ellos, entre las que figuran grandes compañías del sector turístico como TripAdvisor, Expedia, Booking.com y Airbnb.

En diciembre de 2017, el Departamento de Asuntos de Negociación de OLP elaboró un informe en el que se documentaban los efectos negativos del desarrollo turístico en los asentamientos para el sector turístico palestino. El informe subraya que si la Zona C se transfiriera al control palestino, como se preveía en los Acuerdos de Oslo, la economía palestina crecería de forma espectacular, lo que equivaldría a un aumento del 35% del PIB, según el informe de la OCAH de Naciones Unidas de 2017. Sin embargo, en 2016, cuando Israel aprobó 20 millones de dólares de fondos para los asentamientos, el ministro de Turismo israelí y el primer ministro Netanyahu insistieron en que los principales objetivos de esos fondos eran los sitios turísticos y la construcción de hoteles en los asentamientos de Cisjordania. Luego, en enero de 2020, el ministro de Defensa Naftali Bennett aprobó la construcción de parques nacionales y reservas naturales en Cisjordania como parte de los más de 110 millones de dólares gastados en el primer trimestre del año en los asentamientos de Cisjordania, la cantidad más elevada en una década

Del mismo modo, Israel niega sistemáticamente el desarrollo económico de los y las palestinas en su propio sector turístico al restringir el movimiento de turistas, de profesionales y de vehículos de turismo palestinos. En el informe de diciembre de 2017, la OLP documentó las prácticas arbitrarias de concesión de licencias del Ministerio de Turismo israelí, y determinó que los guías turísticos israelíes disponían de más de 8.000 permisos de acceso a sitios en todo Israel y Cisjordania, mientras que los permisos aprobados para los palestinos alcanzaban el 0,5%. La Autoridad Palestina (AP) también ha solicitado permisos para desarrollar más de diez sitios turísticos en Cisjordania. Al igual que en el caso de iniciativas similares para Jerusalén Oriental, Israel las ha denegado sistemáticamente.

Esos obstáculos al desarrollo de Palestina coadyuvan a que se mantengan activos los discursos sionistas iniciales sobre la superior capacidad judía para desarrollar la tierra, en una profecía autocumplida que luego se utiliza para representar un destino bíblicamente ordenado. En efecto, además de ser lugares que proporcionan beneficios empresariales, los asentamientos israelíes se han convertido en escenarios para fortalecer “la conexión del pueblo judío con la tierra de Israel”.

El turismo religioso en apoyo del colonialismo de asentamiento de Israel

El turismo religioso es fundamental para el relato sionista sobre los derechos bíblicos y la continuidad del asentamiento judío en Palestina. Las ciudades palestinas de Belén, Jericó, Nablús, Ramala, Al Jalil (Hebrón), y pueblos como Sabastia y Burqin, se encuentran entre los múltiples sitios de importancia religiosa de tradición abrahámica. Muchos de estos sitios son centros de turismo cristiano, que sigue desempeñando un papel particularmente importante en la propagación de las narrativas coloniales sionistas, especialmente entre los turistas de Estados Unidos. Aunque estos sitios están ubicados en TPO y serían decisivos para atraer peregrinos que impulsaran el sector turístico palestino, Israel los reclama como sitios históricos israelíes.

Son varios los sitios cuestionables que aparecen reiteradamente en los itinerarios de los programas y viajes de turismo religioso sionista. Herodion, por ejemplo, un sitio arqueológico y parque nacional de Cisjordania, sigue siendo escenario de preocupantes excavaciones y extracciones de objetos arqueológicos a pesar de las objeciones legales de la AP. Estas excavaciones han llegado a dejar sin agua durante tres semanas seguidas a pueblos cercanos. Además, aunque se trata de un asentamiento ilegal construido en tierras pertenecientes a la aldea palestina de Bil’in, en flagrante violación del derecho internacional e incluso de la legislación israelí, el gobierno israelí ha reconocido a Modi’in Illit como ciudad israelí. Otro sitio es el Acueducto de Biyar, una ruina romana de 2.000 años de antigüedad que si bien se comercializa como patrimonio israelí, está situado en territorio palestino ocupado, lo que refuerza la narrativa de la historia antigua judía para legitimar y continuar la ocupación de la tierra. Sólo en 2014, las visitas al acueducto generaron a Israel unos ingresos de 4,5 millones de dólares.

El Parque Nacional de los Muros de Jerusalén es otro ejemplo; construido en Jerusalén Oriental ocupada se ha utilizado en diferentes momentos para justificar la demolición de viviendas palestinas con la finalidad de despejar el camino para el “sendero de la Biblia”. Otro lugar es Tel Shiloh, un sitio arqueológico en territorio palestino ocupado que atrae a decenas de miles de turistas cristianos cada año, y donde se ha desarrollado un parque temático bíblico financiado por la familia Falic, de EEUU, que apoya a organizaciones derechistas de colonos y promueve el desarrollo de los asentamientos. La apropiación por parte de Israel de estos sitios –además de otros muchos en todo el territorio ocupado de Jerusalén Oriental, como la Ciudad de David (Silwan), el Jardín de Getsemaní (Monte de los Olivos) y la Vía Dolorosa (Ciudad Vieja)– para el turismo religioso, refuerza la narrativa sionista de la eterna pertenencia judía con el fin de negar la cuestión del desplazamiento de población palestina.

En ese sentido, los principales financiadores y partidarios sionistas del Estado israelí han garantizado durante décadas el turismo religioso a Israel bajo la bandera de las relaciones interreligiosas, el apoyo a Israel o la peregrinación. Figuras como Naty Saidoff, Sheldon Adelson, Steve Green, Ira Rennert, Roger Hertog, Simon Falic y la familia Falic, así como el actual embajador de Estados Unidos en Israel, David Friedman, forman parte de los importantes donantes y recaudadores de fondos que respaldan el desarrollo de los asentamientos israelíes, incluyendo explícitamente el desarrollo turístico (como la creación de bodegas) y la promoción y educación sionista pro-israelí en Estados Unidos. Merece la pena destacar que varios de estos donantes financian también a grupos islamófobos de extrema derecha en Estados Unidos, como ha quedado documentado.

Al participar en este desarrollo ilegal y racista, los turistas religiosos acaban por formar parte de la propagación de la estrategia colonial de los colonos sionistas, apoyando materialmente el robo y la ocupación de tierras palestinas y el continuo abuso de los derechos humanos de los y las palestinas. El siguiente estudio de caso ilustra el daño que causa a los palestinos la industria turística sionista cristiana.

Passages: un estudio de caso en el turismo sionista cristiano

Passages [Pasajes] es una empresa de turismo religioso de Estados Unidos que considera “un rito de paso para todo cristiano” visitar Israel y “hacer que la historia de Israel forme parte de uno mismo”. El programa está muy bien subvencionado por donantes conservadores cristianos y judíos, y se promociona en 157 universidades a través de organizaciones estadounidenses. Las universidades son en su mayoría cristianas aunque este programa también se promociona en algunas universidades públicas importantes como Texas A&M, la Universidad de Florida y la Universidad de Minnesota, entre otras. Passages cuenta asimismo con más de 7.000 ex alumnos en todo el país. No es sorprendente que Passages tenga conexiones explícitas con el gobierno israelí; es además, según se dice, un invento de Ron Dermer, embajador de Israel en Estados Unidos. Dermer fue el anfitrión en la inauguración del programa en la embajada israelí de Washington, DC en 2015. El evento también contó con la presencia del embajador estadounidense en Israel, David Friedman, y el ex-embajador israelí en Estados Unidos, Michael Oren.

La investigación sobre Passages que ha llevado a cabo Friends of Sabeel North America (FOSNA) junto con un grupo de organizaciones universitarias de solidaridad con Palestina, revela los controvertidos itinerarios de los viajes turísticos, los sitios que incluyen en las visitas de los turistas, así como la narrativa cristiana sionista que se transmite en ellas. 7 En sus viajes, Passages glorifica a Israel como Estado moderno que expresa una continuidad providencial con un pasado bíblico, volviendo invisible e irrelevante el desplazamiento y la opresión de los palestinos. Esta narrativa sionista es emblemática de la explotación del turismo religioso por parte de Israel, pues valida y favorece su proyecto colonial, y enmarca falsamente la situación como si se tratase de una disputa territorial (entre superiores y salvajes, nada menos) y no de una ocupación.

Además de las objetables visitas a los Altos del Golán ocupados y a los antiguos puestos de avanzada de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI), FOSNA informa que en el viaje se insiste en destacar la presunta persecución de los cristianos en Oriente Próximo y la supuesta vulnerabilidad de Israel, dedicando para ello varios días del viaje a mostrar los riesgos que corre Israel ante sus vecinos, con una visita a Sderot, la ciudad israelí con vistas a Gaza. Sderot, conocida por las posiciones de extrema derecha de sus residentes, carece de significado religioso para los viajeros cristianos. De hecho, Sderot es el lugar del lamentable incidente provocado por sus residentes cuando instalaron sillas de jardín para contemplar los bombardeos israelíes sobre Gaza en la ofensiva de 2014 que acabó con la vida de más de 2.000 palestinos y 73 israelíes.

Passages explicita su objetivo de promover el sentimiento pro-israelí entre los dirigentes cristianos estadounidenses. Se inspira en Birthright Israel, o Taglit, que ofrece viajes de propaganda subvencionados para que jóvenes judíos estadounidenses visiten Israel y que ha sido objeto en los últimos años de campañas de oposición a escala nacional por parte de organizaciones judías progresistas de Estados Unidos por la fraudulenta representación que hace de Israel. Sin embargo, los viajes de Passages no están siendo objeto de tanta atención crítica y, de hecho, son mucho menos los recursos destinados a documentar y contrarrestar sus cuestionables programas.

Lo que es más importante: aunque los viajes de Passages se centran en la experiencia religiosa cristiana en Tierra Santa, su objetivo explícito es conectar el hecho de estar en Israel con el apoyo al Estado israelí. En el itinerario de Passages se destaca la posibilidad de conversar con soldados israelíes, un recorrido por el Knesset israelí y experiencias culturales para entender la “emergente cultura israelí” y el “motor económico de Israel”. Al mismo tiempo, los itinerarios de los viajes pasan por alto –o tocan superficialmente– la historia musulmana y palestina de la región y obvian la ocupación ilegal de muchos de los sitios religiosos que se visitan en Cisjordania. La narrativa particular de la persecución de cristianos y judíos –y de Israel como refugio religioso– se prestan a la islamofobia que se practica en muchos medios de comunicación estadounidenses.

Los testimonios de ex-alumnos de los viajes de Passages reflejan cómo se asumen las perspectivas que mueve la empresa del turismo, por lo que no es sorprendente que Passages destaque esos testimonios en su web. Por ejemplo, un participante en uno de sus viajes escribe: “[…] No soy la misma persona que era cuando me fui a Israel. Me mueve un impulso nuevo para apoyar a Israel; siento que el plan de Dios para mi vida postuniversitaria es que apoye Tierra Santa desde mi futura ocupación. Mi corazón está lleno de pasión por estar unido a Israel gracias a Pasajes”. La aspiración política de “apoyar a Israel” implica la incompatibilidad de criticar al Estado israelí, y en tanto que programa basado en la fe, el viaje acaba por conseguir su objetivo de conciliar el compromiso bíblico o espiritual con Tierra Santa con el proyecto colonial sionista secular.

Otra participante en el viaje destaca que su viaje a Israel fue particularmente especial no sólo por las visitas a los lugares bíblicos, sino por la oportunidad de conocer Israel como “Estado moderno”. Esa caracterización remite al proyecto sionista de promover la visión de un Estado y un pueblo impresionantes y tecnológicamente avanzados que se contrapone normalmente a la visión orientalista de los árabes como subdesarrollado. Otro escribe que su viaje “ha colocado a Israel y al pueblo judío en el centro de mi mente cuando considero mi fe cristiana […] Me sorprendo hablando de Israel a cualquiera que esté dispuesto a escuchar”. Las declaraciones de algunos participantes hablan de un sentimiento de compromiso interreligioso con el “conflicto” a la vez que enfatizan constantemente la admiración por el Estado israelí moderno.

Lo que muchos de los testimonios comparten es una síntesis llamativa de la propaganda sionista sobre a su superioridad en Oriente Próximo, una narrativa que encarna a la providencia divina en el Estado judío, y una conexión explícita entre la historia antigua y bíblica y el Estado moderno de Israel, todo ello con poca o ninguna discusión sobre los dos mil años transcurridos en los que la historia islámica ha sido definitoria, ni sobre los desplazamientos de población palestina por parte de la colonización sionista. Este marco sigue ensombreciendo –de hecho, justifica– la opresión de Israel sobre los palestinos.

Passages ilustra la relevancia de la infraestructura del turismo religioso al servicio de la narrativa colonial sionista y del programa de construcción del Estado israelí. Esto es particularmente evidente en el contexto de la iniciativa de anexión ampliada de Netanyahu, quien ha cultivado fuertes vínculos políticos con sectores evangelistas estadounidenses, que en un 80% se identifican como sionistas cristianos. Passages es uno de esos programas que pretenden promover el diálogo interreligioso y al mismo tiempo movilizar de manera activa y explícita el apoyo al proyecto colonial histórico y actual de Israel en Palestina. Estos viajes no sólo sirven para silenciar e invalidar la historia y la narrativa palestina sino para respaldar materialmente a un sector turístico en el territorio palestino ocupado ilegalmente que impide sistemáticamente los propios intentos palestinos de desarrollar su viabilidad económica sostenible.

Alternativas y recomendaciones

En 2019, la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI) hizo público un llamamiento a promover un turismo ético por parte de las organizaciones de la sociedad civil palestina. En la declaración se pide a los turistas que “no causen perjuicio” y eviten los lugares históricos o religiosos de los territorios palestinos ocupados administrados por las autoridades israelíes o que se publicitan como lugares israelíes. Asimismo grupos cristianos palestinos elaboraron una guía de viajes en la que se pide a los turistas cristianos que apoyen a las empresas turísticas palestinas, como las excursiones Walk Palestine Tours, ofrecidas por el Centro Siraj de Estudios sobre Tierra Santa, en Beit Sahur, y que eviten los paquetes turísticos israelíes o los sitios operados por Israel en el territorio palestino ocupado.

Grupos estadounidenses como Eyewitness Palestine ofrecen asimismo alternativas para que peregrinos y turistas visiten Palestina sin caer en la complicidad con la opresión y la ocupación israelíes. Además, cada vez hay más iniciativas de “Viaje a Palestina” en campus universitarios como Harvard, Cambridge y Berkeley, que ofrecen un turismo ético en Palestina sin las representaciones que pretenden blanquear a Israel a través de la fe [faithwahisng] y sin contribuir materialmente a la industria turística israelí. Estas alternativas, entre otras, refuerzan los derechos humanos y la dignidad de los y las palestinas y sirven de modelo para que la sociedad civil promueva otras alternativas.

Otras recomendaciones:

  • Las organizaciones de la sociedad civil, y en particular las organizaciones religiosas de Estados Unidos, deberían evaluar críticamente el papel que desempeña el turismo amigo de Israel en la legitimación de la anexión ilegal y el abuso de los derechos humanos de los y las palestinas.
  • Las organizaciones de defensa de Palestina en Estados Unidos pueden desempeñar un papel importante oponiéndose a los viajes de estudiantes a los TPO y a otros territorios ocupados. Passages puede servir como objetivo para denunciar la complicidad con la violación israelí de los derechos humanos como parte de una campaña más amplia a favor del fin de la ocupación israelí que condicione la ayuda militar de Estados Unidos a Israel al cumplimiento del derecho internacional.
  • Las autoridades que regulan y formulan acciones políticas deben reconocer que es necesario dejar de relacionarse con entidades israelíes más allá de la llamada Línea Verde. Se debería exigir a las empresas que operan en territorio palestino ocupado que, como mínimo, adopten medidas reglamentarias con efectos prohibitivos para garantizar que no contribuyen a los proyectos de asentamientos ilegales israelíes ni se benefician de ellos.

Notas:

1.- Léase en francés. Al Shabaka agradece los esfuerzos de los defensores de los derechos humanos para traducir sus piezas pero no se responsabiliza de ningún cambio de significado.

2.- Rashid Khalidi, The Hundred Year’s War on Palestine: A History of Settler Colonialism and Resistance, 1917-2017 (Nueva York: Metropolitan Books, 2020), 7.

3.- Benny Morris, Righteous Victims: A History of the Zionist-Arab Conflict,1881-2001 (Nueva York: Vintage Books, 2001), 91.

4.- Nadia Abu El Haj, Facts on the Ground: Archaeological Practice and Territorial Self-Fashioning in Israeli Society (Chicago: University of Chicago Press, 2001), 2.

5.- Edward Said, The Question of Palestine (Nueva York: Vintage Books, 1992), 158.

6.- Yara Hawari, “The Old City of Jerusalem; Whose Heritage? Tourism, Narratives and Orientalism” (tesis sin publicar, 2011) p. 22.

7.- FOSNA y algunos grupos universitarios anónimos de solidaridad tuvieron acceso a un itinerario de Passages y lo compartieron con la autora para el propósito de este artículo. El itinerario no está publicado pero la información de esta sección relacionada con los viajes de Passages proviene directamente del itinerario.

Halah Ahmad: Investigadora de Al Shabaka, Halah Ahmad, es máster en Políticas públicas por la Universidad de Cambridge y becaria de Lionel de Jersey, Harvard, en el Emmanuel College. Ha realizado investigaciones sobre política estratégica para organismos gubernamentales y ONG en Grecia, Albania, Berlín, Cisjordania, San Francisco, Chicago y Boston. Actualmente dirige el trabajo de Política y relaciones públicas en el Jain Family Institute, un instituto de investigación de ciencias sociales aplicadas de Nueva York. Sus propias investigaciones abarcan temas de desarrollo equitativo y bienestar social, que van desde la planificación urbana y el turismo hasta el desplazamiento, la vivienda y la justicia económica. Halah es graduada en Religión y Sociología comparada por la Universidad de Harvard.

Fuente: https://al-shabaka.org/briefs/tourism-in-service-of-occupation-and-annexation/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

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