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Sobre el fondo de la discusión de una zona de exclusión aérea

El vacío antiimperialismo de la izquierda respecto de la cuestión siria

Fuentes: Middleeasteye

Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García.

La incapacidad de muchos izquierdistas de ver más allá de las anacrónicas narrativas del pasado respecto de Siria ha impulsado el crecimiento de un innatismo reaccionario en Occidente.

Durante la última semana, algunos integrantes del mundo Twitter discutieron sobre la respuesta de la izquierda a la interminable crisis siria. Con ciertas dudas, participé brevemente en el debate, sabiendo desde el comienzo que no conduciría a nada. Aquí, intentaré explicar por qué pienso que es importante que continúen esas discusiones.

El acalorado intercambio no fue entre antiimperialistas y proimperialistas sino entre quienes no pueden ver más allá de una forma de imperialismo y quienes están luchando contra toda forma de imperialismo (o se esfuerzan por hacerlo). Sobre todo para nuestros propósitos, es típico que los primeros subestimen, o voluntariamente ignoren, la presencia del imperialismo ruso o del iraní en Siria, y lo mismo hacen en relación con las atrocidades de cada día del régimen sirio. En cambio, los otros ven como una necesidad el recordar a los primeros de lo que incontables sirios vienen repitiendo desde hace ya casi cuatro años, concretamente que no tiene el menor sentido hablar de luchar por la igualdad y la justicia cuando una dictadura fascista, neoliberal y propimperialista está aplastando a cualquiera que quiera luchar contra ella. En tanto este equilibrio de poder se mantenga como hasta ahora, todo lo demás es una ilusión cuyas repercusiones sobre el terreno son muy serias.

Yo llamo «antiimperialistas esencialistas» a los primeros; incluso he intentado proporcionar cierta definición de qué significa eso: «el antiimperialismo esencialista se define únicamente en relación con el propio gobierno en lugar de ser una oposición universal a todas las formas de imperialismo». Este antiimperialismo no le para los pies al imperialismo, todo lo contrario: enfrenta a las potencias imperialistas unas contra otras y algunas veces anima a aquella que casualmente no es la suya. En otras palabras, prioriza la política identitaria y solo puede sobrevivir inmerso en un mundo cuyo enfoque es grotescamente Occidental.

Hay en este momento un sector importante de la izquierda occidental que ha adoptado un esquema nativista; lo primero que ha hecho es excluir la voz de los sirios apenas su revolución se ha transformado en algo inoportuno. Sin dar nombres, muchos de nosotros podemos pensar en numerosos comentaristas -entre ellos, los llamados ‘expertos’, cuya credencial es el ser varón y blanco- que en principio apoyaban la revolución pero acabaron renegando de ella o incluso, en algunos casos, apoyando a las fuerzas fascistas e imperialistas en su sanguinario camino hacia la victoria con el ensordecedor silencio de una «comunidad internacional» inane. Esta situación resulta exacerbada con la participación de celebridades y facciones de la llamada Vieja Izquierda Árabe, la misma ‘izquierda’ que, con el disfraz de una cansina narrativa «antiimperialista», pactó alegremente con algunos partidos fascistas.

La pregunta que está en el fondo de este profundo descalabro es: ¿qué significa «luchar contra el imperialismo» si el ‘imperialismo’ es lo que puede salvar la propia vida y la de sus seres queridos? ¿Es realmente luchar contra el imperialismo la condena de hecho de los innumerables sirios que han pedido una zona de exclusión de vuelo desde al menos 2013 (y algunos tan tempranamente como 2012)?

¿Dónde tiene lugar la lucha contra el imperialismo y a quién combate? Esto hace que me acuerde del potente discurso de Jesse Williams en el reciente Premio BET cuando analizó la lucha de los afroestadounidenses y del cual pueden extraerse algunos principios universales, concretamente que «el sufrimiento del brutalizado no es la comodidad de quien pase por ahí». Después dijo una frase que debería ser un principio básico cuando está presente el sufrimiento humano: «Si tienes una crítica para la resistencia, para nuestra resistencia, mejor deberías tener un historial de crítica de nuestra opresión».

No estoy opinando a favor o en contra de una zona de exclusión de vuelo en Siria. En relación con esta cuestión, existen preocupaciones legítimas que deben ser tenidas en cuenta, unas preocupaciones que -lo sé bien- han quitado el sueño a los camaradas sirios. Sin embargo, eso plantea la cuestión de quiénes son los que se oponen a esa zona y por qué. Lo menos que puede decirse de muchos de los que apoyan esa idea es que se trata de un reflejo de unos sentimientos populares -léase desesperados- en el terreno y que la propuesta se hace con la esperanza de impedir lo que sabemos está detrás de la mayor parte del sufrimiento de los sirios: el bombardeo de zonas civiles por parte del régimen de Al-Assad, peores ahora debido a la participación del gobierno de Rusia.

Fuera de Siria, la incapacidad de muchos de ver más allá de unas anacrónicas narrativas ha propiciado el surgimiento de un nativismo reaccionario de derechas en Occidente. Las discusiones sobre Siria han ignorado a los sirios durante tanto tiempo que resulta fácil deshumanizarlos y satanizarlos cuando llegan en grandes contingentes a las costas de la Fortaleza Europa.

Con la participación de los sirios, entendemos el contexto de la crisis que ellos viven. Es devastadora pero, aun así, palpable. Puede ser racionalizada sin despojar de sus poderes a la gente que ya está viviendo en difíciles condiciones. No obstante, para nuestra vergüenza eterna, no fue solo la extrema derecha la que difamó a quienes tomaron las armas contra Al-Assad. De hecho, como escribió hace poco tiempo Robin Yassin-Kasab, autor de Burning Country: Syrians in Revolution and Warco, «Ha sido la izquierda la que difundió la idea de que los revolucionarios sirios eran todos de al-Qaeda antes de que la derecha hiciera su comentario sobre los refugiados sirios».

Esto se parece mucho a la muerte del internacionalismo. «Cuando el progreso no es universal, la reacción progresa», escribió el intelectual radical sirio Yassin al-Haj Saleh. Su reciente artículo sobre el aniversario de la masacre de Ghouta -por envenenamiento químico- es una acusación contra esa izquierda y un urgente llamamiento a una dura autocrítica.

Los sirios no olvidarán cómo les fallaron los ‘progres’. Ya que como tales les fallaron a los palestinos en gran parte de la historia de la Palestina post-1948 y solo recientemente han empezado a aceptar la noción radical de que los palestinos son seres humanos que luchan contra el salvajismo de una ocupación colonial -tanto que les llamamos PEP: Progresistas excepto para Palestina-; hoy repiten el mismo error con Siria.

Solo nos preguntamos cuándo veremos el fin de PES: Progresistas excepto para Siria.

Joey Ayoub es libanés; es editor de Global Voices e investigador. Vive habitualmente en Londres. Es fundador de Hummus For Thought y autor de notas que se ocupan sobre todo de Siria, el conflicto Israel-Palestina y Líbano.

Fuente: http://www.middleeasteye.net/columns/left-s-hollow-anti-imperialism-over-syria-1081590395

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión como fuente de la misma.