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El voto de los blanquitos

Fuentes: Aloufok.net

Traducido para Rebelión por Caty R.

 Los «blanquitos», como se les denomina a menudo con desprecio, son los fogoneros de la colonización. Situados en lo más bajo de la escala de los colonizadores, son tanto más solidarios con la colonización en cuanto que saben que hay otros más abajo: los colonizados. De esta forma, ellos piensan participar en el reparto de la colonización.

Así funcionan las colonias de población y así funciona Israel, incluso aunque las condiciones sean diferentes.

Israel no es un Estado colonial al uso en el sentido de que no deriva de una metrópoli. Movimiento de conquista mucho antes que movimiento colonial, el sionismo tenía más como objetivo la expulsión de los indígenas de la tierra conquistada que su explotación. Pero para asegurar su política el sionismo necesitaba el apoyo de las potencias imperialistas, lo que le condujo a aliarse en primer lugar con Gran Bretaña y actualmente con Estados Unidos.

Movimiento nacionalista más que movimiento colonial, el sionismo necesitaba conquistar «su pueblo», es decir, a los judíos. Nacido como reacción contra el antisemitismo europeo, el movimiento sionista supo así aprovechar dicho antisemitismo para aparecer, tras la gran masacre de mediados del siglo XX, como la única defensa frente los antisemitas y propagar la creencia de que el Estado de Israel, nacido de la conquista de Palestina, era el refugio de los judíos. La jugada fue tanto más fácil en cuanto que la mayoría de los opositores al sionismo, los judíos ortodoxos, revolucionarios, comunistas o bundistas (1), habían desaparecido en el genocidio. Así, el sionismo se impuso como la única expresión judía en el mundo.

Entonces el Estado de Israel pudo reagrupar en su seno a la inmensa mayoría de los supervivientes del genocidio, convirtiendo de esta forma a los parias de Europa en un pueblo conquistador. Lo que resultó muy fácil, ya que el joven Estado gozaba del apoyo de Occidente, incluida la URSS, al mezclar el sentimiento de culpa europeo ante las consecuencias del antisemitismo y los intereses geopolíticos de las potencias.

De esta forma, los parias de Europa se transformaron en soldaditos del imperialismo, en la punta de lanza de la civilización frente a la barbarie, parafraseando a Herlz; este argumento, que seguramente no fue más que una declaración de conveniencia para lograr el apoyo de las potencias coloniales, en la actualidad se ha convertido en uno de los pilares del apoyo de Occidente a Israel. Para Occidente, por lo tanto, no se trata de apoyar a un Estado extranjero, sino de dar apoyo a una parte de sí mismo, y la reciente decisión de «fortalecer las relaciones» adoptada por la Unión Europea, nos recuerda que para ésta el Estado de Israel forma parte de Europa. Esa decisión que refuerza los acuerdos asociativos anteriores, marca la entrada oficiosa de Israel en la Unión Europea.

El resultado de las últimas elecciones israelíes señala una continuidad política, no tanto en el reparto de los votos entre los diferentes partidos como en la voluntad de seguir manteniendo «a distancia» a los palestinos, proseguir con la ocupación y la colonización y asegurar la hegemonía israelí en la tierra palestina. Para los palestinos, ¿qué diferencia hay entre un partido laborista calificado de izquierda, un partido llamado centrista y un partido denominado de derecha? Todos ellos contribuyen a reforzar la colonización y todos se unen en el rechazo a cualquier posibilidad de solución que reconozca los derechos de los palestinos. Sólo saben exacerbar el sentimiento de inseguridad de los israelíes para utilizarlos mejor para llevar a cabo su política.

Qué más da quién será el primer ministro de Israel, eso forma parte de la lucha de clanes entre los diversos partidos israelíes, pero no cambiará la política. Para entenderlo, es suficiente con mirar la historia de los diversos procesos de paz que se han desplegado en los últimos años. Hay una constante que marca los diversos procesos: la continuidad de la colonización. Se podría explicar públicamente que dichos procesos, para desembocar en una regulación general exigían, si no el desmantelamiento de las colonias, al menos el cese de su expansión, pero la colonización sigue en nombre de un crecimiento demográfico que se proclama natural. Y los palestinos ven encogerse todos los días el territorio del que disponían.

Por lo tanto, hay que entender que esa política no se refiere a un debate político entre los partidos, sino que se inscribe en la ideología que condujo a la creación del Estado de Israel en Palestina. Ese Estado nació de la voluntad de conquistar la tierra palestina y expulsar a sus habitantes. La única paz posible para los líderes del movimiento sionista sólo puede llegar si los habitantes de Palestina aceptan los dictados de los israelíes

La propuesta de Arafat que asumía el principio de dos Estados, el israelí y el palestino, proclamada en 1988, y que marcaba la aceptación de un hecho consumado, era inaceptable para el Estado de Israel, que jamás respondió -tampoco durante los Acuerdos de Oslo-. Y la continuación de la colonización también demuestra que los derechos de los palestinos no cuentan para los gobernantes israelíes, cualquiera que sea su color político.

El Estado de Israel está en guerra desde su creación, una guerra en nombre de su «seguridad», la consigna que define la política israelí. Y que resuena con más fuerza en tanto que no se trata solamente de la seguridad de un Estado, sino de la seguridad de todos los judíos del mundo. Así, esa guerra perpetua no se conforma con desarrollar un chauvinismo israelí, sino que además conduce a un chauvinismo judío que se pretende imponer a todos los judíos del mundo. Ya no se trata de convertir a la población de Israel en «blanquitos» en el sentido que apuntábamos más arriba, sino de transformar al conjunto de la población judía mundial en «blanquitos» solidarios con la política israelí. Esta solidaridad se predica en las oficinas sionistas, que en muchos casos se han convertido en organizaciones, y se erigen en representantes de las comunidades judías de todo el mundo, lo que permite reforzar la ecuación «judío igual a sionista» y de esta forma crear un sentimiento de solidaridad entre el conjunto de los judíos y la política israelí, tanto más cuando esta voluntad de «israelización» de todos los judíos cuenta con el beneplácito de quienes apoyan a Israel.

Ese es el sentido de la política israelí y también el sentido de un voto de confinamiento de los israelíes que han elegido, independientemente del partido por el que hayan votado, la continuación de una política criminal.

Nota de la traductora:

(1) Bundista, miembro del Bund, sindicato judío internacionalista fundado en 1897, que buscaba la unión de todos los trabajadores judíos del Imperio Ruso en un partido socialista. Se opuso al sionismo y acogió calurosamente la Revolución de Febrero, que supuso la abdicación del zar Nicolás II, pero no apoyó la Revolución de Octubre. Aunque oficialmente el Bund era una organización internacionalista, los judíos afiliados funcionaban en ella en calidad de judíos, lo que reforzaba la noción de grupo aparte.

Texto original en francés: http://www.aloufok.net/spip.php?article200

 

Rudolf Bkouche es miembro de la UJFP (Unión Judía Francesa por la Paz) y del movimiento IJAN (Red Judía Internacional contra el Sionismo).