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«En defensa de Israel», escuela de enceguecimiento

Fuentes: Rebelión

Estamos en un momento histórico en que, ya no podemos decir que en la guerra, la verdad es su primera víctima. Porque vivimos un presente mucho más complejo y líquido, para usar el concepto ofrecido por Zygmunt Bauman: donde estamos, por un lado, en un proceso de guerra de baja intensidad, de alta frecuencia y […]

Estamos en un momento histórico en que, ya no podemos decir que en la guerra, la verdad es su primera víctima. Porque vivimos un presente mucho más complejo y líquido, para usar el concepto ofrecido por Zygmunt Bauman: donde estamos, por un lado, en un proceso de guerra de baja intensidad, de alta frecuencia y deslocalizado, que al momento actual, noviembre 2014, podríamos ubicar en Colombia, México, Palestina, Siria, Líbano, Libia, Ucrania, Paquistán, Nigeria, Congo, Burkina Faso, para nombrar apenas algunos de los puntos más «calientes» de una guerra fría cada vez màs generalizada, y por otro, que la guerra como continuación de la política «por otros medios» se ha trasladado al campo de la información, al universo mediático, por lo cual las noticias han perdido la carga, siempre escasa, de objetividad que alguna vez tuvieran, y han pasado a ser, cada vez más, «partes de guerra».

Tomemos el atroz episodio del asesinato de tres jóvenes israelíes religiosos, en junio de este mismo año. En medio de los atropellos permanentes de israelíes sobre palestinos y la reacción a veces violenta de los ocupados, el gobierno israelí, sin necesidad de prueba alguna, provisto de su propia autoridad, dictaminó por sí y ante sí, que los autores del asesinato múltiple eran miembros de Hamas.

Ninguna organización o red palestina asumió el hecho, sin embargo.

Y para «crear el caos y confundirlo todo», una organización yihadista egipcia, del Sinaí, apareció haciéndose cargo del episodio, mejor dicho diversos sitios-e atribuyeron a dicha organización el secuestro y ulterior asesinato de los tres jóvenes, con los que se habría pretendido establecer un canje, fallido. Se trata de Seguidores del Estado Islámico (Bayt Al Maqdis – EIBM). Aunque al no presentarse pruebas de tal acto, han surgido múltiples interrogantes sobre la veracidad de tal autoría.

Pero al gobierno israelí, de gente como Netanyahu y Lieberman, le alcanzò y le sobró la convicción propia para descargar un ataque demoledor sobre la Franja de Gaza, territorio significativamente lejano del secuestro y posterior asesinato. Basta ver un mapa y conocer el grado de aislamiento mediante múltiples puestos de control que militares israelíes ejercen sobre los manchones palestinos que van quedando en el mapa histórico de Palestina tan cerebralmente deglutido por Israel, para darse cuenta que los habitantes de la Franja de Gaza no estaban en condiciones de surcar las decenas o centenas de km. necesarios para alcanzar desde la Franja de Gaza el lugar de semejante atentado (cercanías de Hebron).

¿Pero para qué investigar, si el poder israelosionista es absoluto (o al menos así se nos ha presentado hasta ahora)?

Acerca de la veracidad

En esta marejada informacional, usemos el neologismo para distinguirlo de lo informativo, se ha desparramado por quioscos de capital (y probablemente del país), un folleto-libro con formato de revista titulado En defensa de Israel en adelante, EddI), con un compilador-redactor que figura como Xavier Portillo, y que incluye textos que dicen ser testimoniales (véase un comentario preliminar mío en: «Arrecia la ‘Defensa de Israel’ en los medios de incomunicación de masas»).

No es un volumen pequeño; en un formato tradicional de libro se trataría de unas 200 páginas. Pero el gran formato, le permite acentuar su carácter propagandístico porque las primeras y las últimas páginas están totalmente o casi totalmente cubiertas por ondeantes banderas israelíes. Así mirado, el volumen no busca sino exaltar un chovinismo, y ya sabemos que es un «excelente» método para negar todo raciocinio, calentar cabezas y evitar toda pretensión ética de universalidad.

Pero si semejante «envoltura» es preocupante, el contenido agrava la penosa impresión.

A cada lector le resulta prácticamente imposible verificar cada una de sus múltiples afirmaciones, por ejemplo sobre el «terrorismo palestino», que es una constante, o las abnegadas muestras de bondad de los israelíes para con tan desagradecidos «vecinos» (ya adivinó; palestinos).

Pero si uno lee: «Un año después de la retirada unilateral del ejército de Israel de Gaza y del otorgamiento de la autonomía completa palestina a la zona, Hamas tomó el poder a la fuerza en 2006, asesinando públicamente a incontables miembros y simpatizantes del gobierno electo de Al Fatah, el partido del presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abbas, Abu Mazen. Hamas sembró desde entonces un régimen de violencia […].» el guiso resulta indigesto: difìcil escribir tantas falsedades en media docena de líneas pero el sr. Portillo lo logra. Veamos.

1. En enero de 2006 se celebraron elecciones democráticas y libres en los territorios palestinos (Cisjordania y Franja de Gaza, FdG). Bajo supervisión internacional. El expresidente James Carter las calificó de impecables. Fueron ganadas por Hamas (mala memoria, Sr. Portillo), para sorpresa del viejo y ya tradicional gobierno, laico, de Al Fatah y la OLP. Y para sorpresa del estado sionista que desde tiempo atrás ponía todas sus fichas en la domesticada dirección palestina oficial, a la que se la había instruido para formar una policía palestina que controlara a los refractarios, algo que a Mahmud Abbas no le costó en absoluto hacer. Esa policía quedó bajo asesoramiento de las fuerzas militares de EE.UU.

2. Al perder las elecciones la OLP y el gobierno sionista, éstos lanzaron una «caza del hombre» sobre los candidatos de Hamas recién electos, muchos convertidos en legisladores. En lugar de concurrir a los estrados legislativos, les tocó ser ingresados a veintenas, en centros de detención y cárceles.

3. Hamas resistió el golpe de estado, en la medida de sus posibilidades. No pudo asumir el gobierno en Cisjordania, porque la alianza de facto Al Fatah-gobierno israelí superó sus fuerzas, pero sí desalojó, seguramente con violencia, el gobierno espurio de Al Fatah en la Franja.

4. La violencia, entonces, fue sembrada por quienes violaron el resultado de las elecciones, Sr. Portillo, al reponer en el gobierno a los derrotados. La reacción de Hamas es comprensible (y esto poco y nada tiene que ver con su carácter confesional, que por cierto es problematizador).

Luego de este examen en detalle de un pasaje de EddI, (p. 58), surge una inquietud: el lector no suele conocer al dedillo los detalles de cada pasaje de lo que está leyendo: si hay algunos con tan manifiestas falsedades (hay varios, me consta), ¿qué hacer con todos aquellos pasajes que son lapidarios para con los palestinos y ante los cuales el lector no está en condiciones de juzgar?; ¿una actitud crédula, de aceptar lo escrito, o una desconfianza generalizada, ganada luego de verificar falsedades en varios pasajes (con lo que uno conoce fehacientemente)?

Entiendo que la segunda actitud es la más sensata; que el escrito no merece confianza.

El reflejo especular

Abordemos otro aspecto EddI que denominaremos lo especular y que bien se podría calificar como proyectivo: el escrito de marras no ahorra críticas a los palestinos y particularmente a Hamas.

1. Hablando del golpe de estado contra los Hermanos Musulmanes en Egipto, que ganaran las elecciones tras la renuncia forzosa de Mubarak, golpe a cargo de militares proestadounidenses y proisraelíes, dice EddI: «[…] el nuevo régimen cerró esos túneles [se refiere a túneles que intercomunicaban la FdG con Sinaí, que aprovechaban los palestinos para amortiguar el bloqueo israelí]. Ésta es una de las causas de la actual crisis económica en Gaza.» (p.21).

Seguramente la última frase es cierta, mejor dicho, tiene su átimo de verdad. Pero en rigor, «la crisis económica de Gaza» proviene del cerco que ha establecido el estado sionista sobre todo ese territorio, por aire, mar y tierra; bombardeando el aeropuerto construido por organismos de asistencia españoles; convirtiendo en escombros las zonas portuarias y hasta las embarcaciones, limitando los recursos pesqueros hasta el cuentagotas; bombardeando e inutilizando las usinas de potabilización, de electricidad, de depuración (y luego, eso sí, cableando «generosamente» alguna escasa provisión eléctrica desde Israel pocas horas al día; racionándolo todo, incluso los alimentos para toda la población «tasados» en no más de 2500 calorías per capita (con lo cual, cada habitante, difícilmente alcance las 2000…, lo cual significa un deterioro sanitario lento pero seguro, un hambreamiento que a medio plazo va afectando la nutrición; designio no confeso del gobierno israelí.

En resumen, le atribuye a lo egipcio un alcance que deviene ridículo respecto de la responsabilidad propia, en este caso el tratamiento lesivo de toda una población.

2. EddI puntualiza cómo los palestinos se han camuflado para sus incursiones sobre zonas israelíes aledañas a la FdG. «La boca del túnel estaba cubierta por arbustos. Estaban vestidos exactamente como los soldados [israelíes].» El pasaje nos muestra que los apaleados palestinos han aprendido la lección: durante muchos años, los sionistas se valieron de mistarvim, una suerte de espías sionistas; judíos que se mimetizaban con «lo palestino» (vestimenta, idioma, etcètera) para infligirles daños, a menudo mortales. Los mistarvim vienen de la década de los ’40, cuando los sionistas inician la expulsión violenta y masiva de palestinos, una vez que se desembarazaran de toda administración colonial (turca, inglesa), que podía querer «atender» a los natives palestinos…·

3. Avancemos una pizca con lo del razonamiento especular: en p. 32, Daniel Jonah Goldhagen, nos transcribe el «manifiesto asesino de Hamas» (de lo cual dudamos al menos que tal sea su título, pero concedamos que el resto del texto sea fiel): «Renunciar a cualquier parte de Palestina significa renunciar a parte de la religión, el nacionalismo del Movimiento de Resistencia Islámico forma parte de su fe, el movimiento enseña a sus miembros a adherirse a sus principios e izar la bandera de Allah sobre su patria mientras libran su yihad (art. 13).»

¿Qué es lo que predican los sionistas? No renunciar a parte alguna de Palestina, porque sería traicionar el mandato que su dios les ha impuesto, de dominar (por la espada) a toda la región sagrada.

En concreto, el libelo achaca a los islamistas de Hamas de usar la misma medicina que la Biblia le brinda «al pueblo elegido». Con una vuelta de tuerca: que el sionismo se presentó inicialmente como agnóstico, refractario casi, al discurso bíblico. Eso que ha llevado a decir: ‘−no creo en Yahvé, pero él fue quien nos entregó las escrituras de propiedad sobre el territorio palestino.’ No existe pero es escribano.

Si la mentalidad religiosa y fanatizante, tipo Ejército Islámico (EI), es preocupante, ¿qué hacemos con el híbrido judío que arranca como movimiento político laico, materialista incluso, pero recurre de inmediato a la investidura bíblica?

Hay muchos más penosos ejemplos de falsedades, escamoteos y de pensamiento doble de los autores de EddI, pero para no aburrir ni atosigar, opto por rematar con una única cuestión:

¿Qué hacer con el fanatismo religioso, que vemos en auge?

El EI, que no es Hamas, aunque tengan rasgos en común, acaba de estremecer a la opinión pública con una ejecución colectiva de soldados sirios, defensores de un régimen laico, no islámico. Fueron degollados simultáneamente en un acto público que pretende honrar algo; a la justicia, al Corán, a los musulmanes hiperreligiosos. Una atrocidad incalificable; ¡cuán puros y superiores deben sentirse los verdugos!

Las palabras de Mijail Bakunin sobre el daño mental de la creencia en un Ser Supremo, se hacen patentes: este filósofo, que ha sido identificado con el pensamiento anarquista (aunque él, a la vez, tenía una postura pastoril, muy similar a la de tantos otros socialistas «autoritarios», vilipendiados por él mismo), sostenía que la mera existencia de un dios, de un ser superior, omnipotente, amenguaba hasta hacer insignificante el papel de lo humano, destinado únicamente a ser instrumento de tales voluntades «superiores» (siempre mediadas, empero, por voces humanas, de sacerdotes, pastores, imanes o rabinos):

«La existencia de Dios implica la abdicación de la razón y de la justicia humanas, es la negación de la libertad humana y culmina necesariamente en la esclavitud no sólo teórica sino práctica.» (Antiteologismo).

«Mientras tengamos un amo en el cielo, seremos esclavos en la tierra.» (Dios y el estado).

Estamos presenciando una intensificación progresivamente acelerada de un islamismo militante y fanático (dejamos para otra nota el examen de dónde proviene este «giro islámico», que parece coincidir con el colapso soviético). El Islam no ha sido siempre así, pero siguiendo a Bakunin, podríamos decir que desde hace un tiempo está hipertrofiando sus rasgos dogmáticos. El avance de este Islam intolerante tuvo un primer capítulo contemporáneo en Afganistán en los ’70 cuando los comunistas procuraron «modernizar» el país. Allì se afirmaron quienes iban a resultar los primeros fanáticos de este último período: los talibanes.

El Islam, el teísmo musulmán, fue expandiéndose sobre todo a costa de los regímenes árabes laicos, como el de los palestinos de la OLP, el de la «Revolución Socialista y Popular» de Muammar Gadafi, y los de los regímenes Baath de Irak y Siria, destrozados primero con invasiones «occidentales» y en algunos casos luego con nuevos baños de sangre, de integrismo islámico.

Significativamente estamos viendo, cada vez más, un proceso correspondiente en Israel, otro estado fundado por «decisión divina». Los militares israelíes están procesando un avance cada vez más significativo en sus preceptos religiosos; y como lo expresa Coby Ben-Simhon citando una plegaria que entiendo significativa del proceso en curso:

«Oh Señor, Dios de Israel, haz de nuestro camino un éxito ya que estamos a punto de luchar por el bien de tu pueblo Israel contra un enemigo que blasfema tu nombre». («La guerra santa que se libra dentro del ejército israelí»).

Y otra observación del mismo autor: «el escalón de comando ve al soldado religioso como el soldado ideal.» (ibíd.)

Entendemos que tanto la variante yihadista como la de guerra santa israelí encarnan visiones del hacer militar con alto disciplinamiento y escasa o más bien nula autonomía: es dios quien resuelve lo que yo tenga que hacer [claro que mediado por alguna voz terrenal, obviamente] y yo solo cumplo, lo que tengo que cumplir. Hasta de dudas me exonero; no solo de discernimiento.

La religiosidad militarizada únicamente asegura una mayor intolerancia, una mayor cerrazón mental, un despotismo desplegándose con menos barreras o contrapesos aun que los existentes entre seres racionales.

Este proceso que acabamos de resumir entre islámicos y judíos también existe desde otras religiones; pensemos en aquellos energúmenos del Tea Party que se comunican a diario con su dios, por ejemplo, o en admiradores del sistema israelí como Anders Behring Breivik, el noruego que asesinara a varias decenas de jóvenes socialdemócratas de origen árabe y a noruegos, pacíficos y desarmados (en tales ejemplos resuena, a mi modo de ver, un ingrediente racista).

Rematemos con un par de citas:

De El Corán:

«Estoy con vosotros; dad firmeza a quienes creen. Yo infundiré el terror en los corazones de aquellos que no han creído, golpeadles, pues, en la parte superior de sus cuellos.» [sura 8, verso 13], citado por Peter Townsend, [1] quien nos «asesora» y remata: «En este capítulo se hace la profecía de que Alá daría a los musulmanes una gran victoria y que los bienes y posesiones de sus enemigos caerían en sus manos.»(ibíd.)

Y de la Biblia:

«Hoy comenzarè a poner tu miedo y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo; los cuales oirán tu fama y temblarán y angustiarse han delante de ti. […] Y tomamos entonces todas sus ciudades y destruimos todas las ciudades, hombres y mujeres y niños; no dejamos ninguno; solamente tomamos para nosotros las bestias y los despojos de las ciudades que habíamos tomado.» [Deuteronomio, cap. 2, vers. 25 y 34].

En ambos casos, cada dios les habla a «los suyos». ¡Oh maravillas de la comunicación!

Nota

[1] Quien esto escribe no pudo desentrañar una identidad más precisa de P. T. en la maraña de homónimos australianos, británicos y estadounidenses que portan tal identificación en internet.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.